El Palomitrón

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LA FIGURA DEL VILLANO EN EL CINE AMERICANO POSTCLÁSICO

LA EVOLUCIÓN DEL HÉROE

El villano, por definición en el cine clásico, es un personaje arquetípico, de moral reprochable cuya máxima función es interponerse en el camino del héroe y evitar que éste cumpla con su tarea. La figura del villano supone un reto, un obstáculo a superar, una motivación para que el héroe cumpla su misión. El villano es el motor de la historia, pues tal como dice el teórico William Indick: ‘El nivel de entretenimiento de una película no está basado en lo bueno que es el héroe, sino en lo malvado que es el villano’.

Si bien en este texto analizaremos los diferentes papeles que ha adoptado y puede adoptar el personaje antagónico en la industria americana, es importante hacer un pequeño análisis, a modo introductorio, de cómo el cine arrancó desde los mitos clásicos para narrar los enfrentamientos entre héroes y villanos, y de cómo poco a poco este referente ha dejado de ser indispensable a la hora de hablar de la dualidad moral.

El cine clásico ubicaba al héroe como centro del film. Siempre se trata de un relato deformado, ya que se nos priva del punto de vista del protagonista y solo somos espectadores de las hazañas de éste. Se trata de un héroe auténtico e inaccesible, con una moral firme, que representa el bien más absoluto, en contraposición a la rígida figura del mal.

Las narrativas cinematográficas evolucionan y la figura de este héroe clásico comienza a tambalearse, así como su tarea a cumplir. Ahora puede existir una tarea tramposa, que crea una desconfianza respecto al sistema de valores propuesto, que antes creíamos inquebrantable. Es común que se renuncie a simbolismos clásicos y los films comiencen a ser más explícitos en sus intenciones moralistas. Nuevos cineastas europeos de las vanguardias, tales como Alfred Hitchcock, Billy Wilder o Douglas Sirk,  comienzan a hacer cine en Estados Unidos, dando una vuelta al planteamiento de las historias clásicas y el diseño de personajes.

El cine postclásico se encuentra prácticamente vacío del simbolismo tradicional. Vemos la sangre, vemos la muerte, el sexo, la violencia. Esta vertiente moderna no establece un distanciamiento con la figura del héroe. Al contrario, busca una identificación total con el protagonista con el fin de conseguir una descarga emocional. El espectador es capaz de sentir en su propia piel los sufrimientos y obstáculos por los que ha de pasar el protagonista. Aquí la figura del villano se vuelve también tramposa, pues puede encontrarse escondida en otras figuras, como la de el Destinador (el personaje que encomienda la tarea al héroe). Ocurre en películas postclásicas como Kill Bill (2003) de Quentin Tarantino o Oldboy (2003) de Park Chan-Wook

El cine postclásico se trata de un cine desmitificado, acorde a los tiempos actuales. El mito del héroe griego que lucha contra las fuerzas del mal ya no tiene validez. La figura del villano adquiere otros matices, siempre dejando evidencias de que la vida real es más cruel y malvada que los personajes de los mitos.

American Psycho (2000) Mary Harron

UNA PERVERSIÓN MODERNA

El villano se vuelve una figura vital en el desarrollo del film, pues en torno a él se erigen todos los pilares y conflictos. Encontramos falsos destinadores que acaban siendo villanos, villanos como protagonistasLa maldad es profundamente caracterizada y llega a cobrar mayor importancia que el propio héroe.

En el cine postclásico, el héroe es representado como una figura vulnerable, mientras que el villano es el poder, la psicopatía, la temeridad. Representa todos los campos de rechazo de la humanidad y los explora, tales como la violencia, la muerte, el incesto, los abusos… Expone la verdad del horror que propone la vida real, lo que vemos a diario a través de los medios de comunicación. Esta característica hace aún más dura la tarea al protagonista, que encuentra todo en su contra.

En este caso, la cámara, el espectador, es capaz de llegar a meterse también en la piel del villano. Es un recurso novedoso, y nos habla de que el héroe no se encuentra en una posición superior, incluso colocándonos en la incertidumbre de que el mal puede ganar la batalla. La empatía se consigue a través del conocimiento y exploración de la motivación del villano y su análisis. ¿Por qué hace lo que hace y actúa como actúa? Se transmite un mensaje, el héroe tiene razones para cumplir su tarea, pero el villano también tiene sus motivos para impedirlo.

El villano es la antítesis, el dilema moral que propone la película y el responsable de que nuestro punto de vista vaya evolucionando a medida que el metraje avanza.

La guerra de los mundos (2005) Steven Spielberg

UN VILLANO QUE NO SE VE

Antes de profundizar en los tipos de villanos que nos propone el cine actual (entendiendo villano como un personaje único e individual), podemos destacar un tipo de antagonista muy frecuente en el cine postclásico, que merece una distinción aparte. Sobre todo en el cine bélico-político o en los films apocalípticos.

Por un lado podríamos hablar de entes desconocidos y seres sobrenaturales que presentan una amenaza para la población, como en La guerra de los mundos (2005) de Steven Spielberg, o colectivos incontables de villanos que cuentan con un poder incontrolable, como Guerra Mundial Z (2013) de Marc Forster. Estas películas exponen la amenaza de una invasión extranjera (sean alienígenas o zombies), y también promueven un mensaje de unidad entre la especie humana, ante una posible amenaza de la naturaleza (2012 (2009) de Roland Emmerich). Otras películas de este tipo hablan de un villano real, pero que también se encuentra oculto. Como en La carretera (2009) de John Hillcoat, en la que el verdadero mal se halla  de manera intrínseca dentro del propio ser humano.

Por otra parte el cine americano suele tender al patriotismo desbordado y la tradición a la hora de realizar films bélicos o con carga política. El villano no suele ser un único enemigo, sino que está diluido en unos ideales que representan una serie de personajes, como en Dunkerque (2017) de Christopher Nolan, o El instante más oscuro (2017) de Joe Wright. Aunque en algunos casos la encarnación del villano si puede recaer en un único antagonista, que destaca de los demás y sirve como representación. En otras películas el antagonista es directamente el sistema político y de valores que la sociedad impone y con el que el héroe no comulga, como en Hijos de los hombres (2006), de Alfonso Cuarón.

El señor de los anillos: La comunidad del anillo (2003) Peter Jackson

EL BIEN CONTRA EL MAL. LA LUCHA CLÁSICA

Si nos centramos en el villano como personaje individual y físico entendemos que no se puede separar al villano del contexto que le rodea y aún menos de su contrapartida vital (el héroe), pues es de esta manera como entendemos su psicología y motivación.

En el cine épico, y el cine de superhéroes sobre todo, podemos encontrar una villanidad común. La lucha mítica del bien contra el mal, recurso basado en el libro del Génesis, que representa al villano como el anticristo, que llega a la Tierra para destruirlo todo y dar castigo a los mortales. La figura del salvador es la que se opone a él.

Es habitual que este tipo de villano consista en una multiplicidad de personajes, con protagonismo especial de uno de ellos, que es un líder siniestro y oscuro que guía y motiva a sus esbirros. En estos films, el antagonista siente una gran fijación por el héroe, una obsesión que bien puede ser personal o circunstancial pero que siempre desemboca en una batalla final en la que el héroe siempre gana. El villano es derrotado aun siendo superior en fuerza y poder. Se trata de una nueva versión del villano clásico de los mitos, sin ninguna característica psicológica añadida. Su única función es representar el mal más puro y enfrentarse a un héroe que representa la esperanza y el sueño de que la sociedad mejore. Los héroes son muy buenos, los villanos muy malos, son valores canónicos, que también son frecuentes en, por ejemplo, películas infantiles de animación. En este punto encontramos a célebres villanos como Sauron de El Señor de los Anillos (2001-2003) de Peter Jackson, el Emperador Palpatine en Star Wars (1977-1983) de George Lucas o el Agente Smith en Matrix (1999) de las Hermanas Wachowski.

Siguiendo esta premisa del mito clásico podemos encontrar algunas pequeñas excepciones entre estos villanos puramente malvados. Si bien la importancia y las motivaciones del héroe en este tipo de relatos nunca se verán eclipsadas por las del villano, hay algunos casos excepcionales, en la mayoría de las ocasiones provenientes de la literatura u otros medios. Podemos mencionar el ejemplo de villanos como Voldemort en Harry Potter (2001-2011) o Magneto en X-Men (2002) de Bryan Singer. Es un tipo de villano que cuenta con una historia acerca de su origen, que lo dibuja como un individuo noble que evolucionó hacia el mal camino. En concreto, el personaje de Magneto define sus actos como un deseo de venganza hacia una sociedad humana que lo discriminó y torturó por sus dos condiciones, la de judío y la de mutante. Se trata de un villano bien perfilado, pero que por su condición debe oponerse a la vía de la paz.

Sin embargo es una corriente extendida que el villano sea simplemente, malvado. Una decisión de guion, que en un contexto de entretenimiento y declaración de unos valores básicos puede funcionar.

No es país para viejos (2007) Joel & Ethan Coen

EL MAL MÁS PURO Y RETORCIDO

En películas de otros géneros encontramos también a villanos que encarnan el puro mal y que no necesariamente deben contar con una justificación o historia para sus actos. Son personajes con una construcción muy compleja, que dentro de una humanidad no aceptan luces y sombras, solo oscuridad. Por esta razón pueden llegar a ser más terroríficos que los mencionados anteriormente. Encontramos seres humanos sin humanidad y con una frialdad animal.

Podríamos mencionar al coronel Hans Landa en Malditos Bastardos (2009) de Quentin Tarantino, o Anton Chigurh en No es país para viejos (2007) de Joel & Ethan Coen. Lo que los hace aterradores es que no se mueven por un deseo de venganza, como Magneto, o unas ansias por conquistar el mundo o castigar a la humanidad. Aplican a la sociedad su propio sistema de valores sin consecuencia (en el caso de que lo tengan).

La inmersión es mayor cuando encontramos la figura del antihéroe en el punto central. No existe un héroe en el relato, el villano es el protagonista. Establecen su propia ley y moralidad. El espectador establece un juicio en función de los actos del personaje principal, a pesar de que se nos suele mostrar como un personaje atrayente y carismático.

Patrick Bateman en American Psycho (2000) de Mary Harron, es un antihéroe con un trastorno narcisista. Tiene una falta total de empatía con cualquier persona que le rodea, en especial con las mujeres. Aunque veamos la historia a través de sus ojos, el espectador va cambiando su punto de vista. El personaje nos causa repulsión, hay una lejanía respecto al sistema de valores del personaje, y eso nos hace reflexionar acerca de nuestra propia condición. La problemática reside en cuando el film engaña al espectador o éste se deja engañar asumiendo la moralidad el antihéroe como legítima.

Saw II (2005) Darren Lynn Bousman

UN BUENISMO PELIGROSO

En el thriller, por ejemplo, el villano a menudo puede asumir un papel de “víctima” en última instancia. Muchos films o series descubren a su villano como un ser sufridor, que actúa o ejerce un odio sistemático hacia un sistema que lo ha tratado mal. El villano termina dibujándose como una víctima más. La sociedad cruel y sanguinaria, que crea monstruos, es la verdadera antagonista y el auténtico mal. Esta postulación defiende que no existen personas malas, solo personas corrompidas. Es diferente al tratamiento de villanos antes mencionados del estilo de Magneto, pues habitualmente estas películas no se limitan a una simple lucha del bien contra el mal, pues son complejas en su narrativa y requieren un villano a la altura.

Un buen punto de partida que nos ayude a entender este supuesto podría ser el diseño del personaje de Norman Bates, el villano de Psicosis (1960) de Alfred Hitchcock. Un personaje con un marcado perfil psicológico, provocado por los abusos que sufrió de pequeño, de índole psicológica y posiblemente física y sexual. Rechaza todo lo que concierne al género femenino, lo odia y sin embargo, le fascina. Desarrolla un trastorno de personalidad múltiple, un recurso algo inusual que se volvió habitual en el cine de crímenes posteriormente. Podría ser un recurso extremadamente simplista y banal, pero es algo a lo que el cine nos ha ido acostumbrando.

Encontramos otros personajes más actuales, que siguen este patrón: John Kramer/Jigsaw de la saga Saw (2003) de James Wan, perdió a su hijo pequeño, para más tarde ser diagnosticado de un tumor cerebral inoperable. Jigsaw castiga a aquellos que no valoran su vida, porque él no puede vivir la suya como le gustaría. El villano se encuentra en una posición de privilegio, en la cual nos pretende hacer crear que esas personas merecen un castigo. Aunque es una posición moralmente discutible siempre hay una redención, un justificante, una razón por la que el villano actúa como actúa.

En la reciente y aclamada Joker (2019) de Todd Phillips encontramos el origen del personaje, rodeado por el caos. Un hombre con un trastorno de la risa, a cargo de una madre enferma, al que la sociedad rechaza y humilla. La película busca durante todo el metraje hacer empatizar al espectador con el protagonista. Es una víctima que sufre las vejaciones de una sociedad lo considera un despojo. De alguna forma esa circunstancia legítima su comportamiento. La creación del villano vuelve a tener justificación. El gran público puede entender que Joker está haciendo justicia, es un asesino pero la sociedad lo vitorea y lo anima, el personaje encuentra su lugar.

Joker (2019) Todd Phillips

LO BUENO DE SER MALO

En muchos casos el espectador es fácilmente influenciable. Y si bien el cine es una herramienta para la diversión y el entretenimiento también tiene una función educativa y moralista. La industria del cine americano adopta una obsesión por la humanización de los villanos. Hemos comprobado que aquellos villanos más efectivos, los que verdaderamente son capaces de infundir temor son aquellos que no cuentan con un pasado, que no necesitan una razón para ser crueles, y que aun así lo son, por egoísmo, por valores, por convicción.

El villano no necesita un suavizado, que lo haga más amable y más humano, sino precisamente lo contrario. El que siempre exista una redención es innecesario, y justificar el mal no solo es ilógico desde un punto de vista argumental, sino también un mensaje peligroso. Pues el cine es la vida, y en la vida no se es indulgente con los malvados sólo porque hayan sido crueles con ellos en otros tiempos. No son precisamente ejemplos de superación.

En el cine, ser villano mola. Es el contrapunto de la historia y la historia en sí misma. El villano gana cuando gana la incertidumbre, cuando no somos capaces de adivinar cuál será el destino de nuestro héroe o el desenlace de la historia. Es necesario focalizar en los villanos adecuados, que nos den realmente la dosis justa de realismo para entender que el bien no siempre gana, pero la porción adecuada de ficción que nos haga pensar el verdadero mal, el más cruel y retorcido se acaba pagando, aunque sea a través de la pantalla. Eso nos hace sentir alivio.

Pablo Sánchez

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