El Palomitrón

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JOKER

LOS ANTECEDENTES

Por lo menos en España el estreno de Joker, no podemos negarlo, viene precedido por cierta polémica que se ha entablado en las redes por culpa de unas declaraciones de dos periodistas muy conocidas, a su salida del visionado en Venecia, donde por cierto el fime triunfó por todo lo alto llevándose el León de Oro, un reconocimiento hasta ahora a años luz de cualquier título relacionado con el mundo de los cómics. Y es este galardón el que debe poner realmente sobre aviso al espectador, que puede prescindir de las inflamables opiniones que se viertan en las redes (ya es usual que se pierda el respeto y que muchos ni siquiera sepan de qué se está hablando realmente y solo se apunten a la fiesta para lanzar piedras de la manera más gratuita y decepcionante posible) para enfrentarse a una película que es independiente casi plenamente y que no necesita de universo alguno para existir, embelesar y convencer.

LA PELÍCULA

Consultar la filmografía previa de su realizador bien puede regalar el primer tortazo a un espectador condenado desde el primer fotograma a comulgar con Joker. La maquinaria que despliega Todd Phillips es precisa como un reloj suizo, es efectiva y es efectista. La fotografía, la banda sonora, plagada de notas abrumadoras en una partitura in crescendo y temas populares muy acomodados en nuestra memoria musical, el cuidado diseño de producción y su montaje complementan y convierten en una maravilla las dos patas maestras de Joker, y en cierto modo su propia némesis: la dirección por un lado, mucho más brillante de lo que cabría esperar; y la trama de la cinta, tan conocida y revisitada en el cine, desde los trastornos mentales que asolan a  sus protagonistas (como la casi olvidada Birdman de Iñárritu) hasta las revoluciones generacionales (V de Vendetta). Y es en estas dos cualidades donde reside el espíritu que más conflicto puede despertar una vez la cinta se ha digerido y reposado. Porque Joker no deja de ser populista en su mensaje, y también adictiva y arrebatadora. Todo a la vez, ya que es la dirección de Todd Phillips la que conduce el proyecto hasta límites insospechados, enrolando al espectador en una nuevo motín contra el sistema. Otra vez el sistema. Siempre el sistema. Un sistema del que Joker (la película, no el personaje) es también una pieza más, y que vuelve a recordarnos que si no hay anarquía es el sistema el que siempre va a mandar, y éste es el escenario menos malo que nos podría tocar vivir. La solución es tan drástica y necesita de tanta violencia que da miedo solo de plantearla.

Y así el mensaje de la cinta se ve fortalecido por una labor en dirección encomiable y una notable gestión de todos los recursos, los aspectos técnicos y artísticos de la cinta, apuntando a granjearse la empatía del espectador y logrando que se rebasen las limitaciones de la historia para colarnos una revolución que ya hemos vivido una y mil veces, como si fuera nueva, como si nunca la  hubieramos reflexionado en los trillados pasillos de su relato.

Insólitamente hábil en su discurso, Joker golpea a todos lo niveles, y se permite además el lujo de noquear al espectador más reticente, orquestando un tramo final de 20 minutos en los que la conexión con el universo cómic es mucho más sólida que en el resto del metraje, e igualmente placentero, brindando una cadena de situaciones (la resolución de la secuencia final en el plató y ese Joker en el asiento de atrás del coche patrulla) que finalmente sí logran alinearse en tono y simbolismo con la obra maestra de Christopher Nolan  que es El caballero oscuro, algo prácticamente descartado durante el resto de la película.

Y es que al final, nada nos queda lejos ni nos es ajeno. Y quizá lo más brillante de Joker es ese poso en el que la película parece, con el pasar de los minutos, reirse de nuestro buenismo en tiempos en los que el postureo y la corrección política parecen haber tomado el control, en detrimento de la acción. Somos sujetos activos, y la pantalla es el espejo de nuestra sociedad. La sensación de que nadie está a salvo de su inteligente crítica (porque nos la mete doblada y odiamos lo que relamente somos) es demoledora.

Joker

ELLOS Y ELLAS

Pues poco que decir en este apartado. Joaquin Phoenix es el rey de la función, y soporta (y aquí sí se esperaba el resultado) sin muchos signos de fatiga el peso de Joker, de la película y del personaje. A su lado destacar a un Robert De Niro de maravilla y muy cómodo en su cínico rol, y esa sorpresa constante que es ver a Bill Camp en la pantalla, eterno peón de la ley en la ficción y un rostro al que ya se le dedica un cariño muy especial.

LA SORPRESA

Quizá la modélica sincronía de cada uno de sus elementos, y de manera muy especial el último tramo final, en el que la película sí parece abrazar con la cabeza bien alta el universo de los cómics de DC.

LA SECUENCIA / EL MOMENTO

La persecución en el metro. Y cómo Joker consigue con un pequeño gesto encender la mecha ¿de la revolución? ¿del caos?… Que cada espectador termine la frase.

TE GUSTARÁ SI…

Las actuaciones viscerales, la década de los 70, ver arder Troya y la cara más sucia de nuestro sistema, sí, pero también de nuestra sociedad.

LO MEJOR

  • Joaquin Phoenix. Soberbio y a la altura de las circunstancias.
  • La dirección de Todd Phillips y cómo nos lleva al huerto.
  • Los últimos 20 minutos finales. Puro delirio.

LO PEOR

  • Equivocarse y pensar que su relación con Batman y el universo DC clásico debe ser lineal a lo visto hasta ahora.
  • Que eso que nos incomoda y que vemos en pantalla pase todos los días y además delante de nuestros ojos sin que hagamos nada.

Alfonso Caro

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Alfonso Caro Sánchez (Mánager) Enamorado del cine y de la comunicación. Devorador de cine y firme defensor de este como vehículo de transmisión cultural, paraíso para la introspección e instrumento inmejorable para evadirse de la realidad. Poniendo un poco de orden en este tinglado.