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Pose Ryan Murphy El Palomitron

Es un hecho contrastado que Ryan Murphy no duerme. De lo contrario, resulta difícil imaginar de dónde saca el tiempo para producir la demencial cantidad de obras en las que está involucrado. Solo en lo que llevamos de milenio, Murphy ha sido responsable de éxitos internacionales como Popular, Nip/Tuck, Glee, American Horror Story, The Normal Heart, American Crime Story, Scream Queens, Feud o la adaptación cinematográfica de Come, reza, ama.

Su nueva serie, Pose, se estrena en FX este domingo 3 de junio (llegará a España un día después de la mano de HBO) y todo parece indicar que marcará un nuevo hito en la carrera del insomne Murphy. Con los datos sobre la mesa, Pose ya ha hecho historia: cuenta con más de 50 actores transgénero en su reparto (la mayor cifra jamás vista) y también detrás de las cámaras. Este hecho, lejos de ser anecdótico, puede entenderse como una reivindicación política en la era Trump.

Pose, que cuenta además con la presencia de Evan Peters y Kate Mara (Sarah Paulson, ¿qué te han hecho?), se sumerge en el underground neoyorkino de los años 80 y la Ball culture en la que miembros de diversas Houses compiten en categories donde el que exhibe el mayor realness se lleva el trofeo. No temáis: si esta última frase os ha dejado descolocados es porque aún no estáis familiarizados con el slang. Por eso hemos decidido elaborar una breve guía en la que os recopilamos los hechos y términos más relevantes para que, cuando llegue el domingo, podáis enfrentaros a Pose con un poco más de conocimiento, ¿ockurrrrr?

¡Ah! En un principio Donald Trump iba a figurar como personaje en la serie para retratar el auge del lujo en Nueva York, pero finalmente se decidió eliminar al personaje porque (palabras de Murphy, no nuestras), ¿quién quiere ver a ese idiota?

Pose Paris is burning el palomitron

CATEGORY IS…

1990 fue un año crucial en la vida de Ryan Murphy: no solo vendió el guion de Why Can’t I Be Audrey Hepburn? a Steven Spielberg (el rey Midas del cine y el futuro rey Midas de la televisión mano a mano), sino que, además, fue el año en el que declaró públicamente su homosexualidad durante la celebración de los BAFTA.

Pero tanto o más revelador para él fue el estreno aquel año de Paris Is Burning, el documental de Jennie Livingston sobre el Drag Ball Culture neoyorkino en el que se citaban drag queens y los miembros más marginados de la comunidad LGTBI+ (latinos, negros y personas en situación de pobreza extrema) para competir en numerosas categorías dentro de una pista de baile que les ofrecía la oportunidad de vivir durante unos minutos la fantasía de transformarse en aquello que anhelaban ser.

Las categorías a menudo incluyen el término realness, pues es esa ilusión de realidad lo que se persigue. Así, nos encontramos con variantes tan diversas como executive realness (los concursantes, que a menudo ni siquiera tenían un techo bajo el que dormir, debían representar sobre el escenario el comportamiento y la estética de un alto ejecutivo) o butch queen realness (los concursantes debían simular los gestos y actitudes asociados a la masculinidad), además de las categorías más comunes como beauty queen (reinas de la belleza), comedy queen (reina de la comedia) o el voguing (que Madonna popularizó más tarde, pues todas las grandes divas de la música se han inspirado a menudo en las drag queens para configurar sus estilos). Los balls eran diversión y eran una fuga ilusoria de la realidad, pero también eran una forma de protesta política: los concursantes desafiaban a una sociedad que predicaba el sueño americano pero se lo negaba a quienes no encajaban en sus ideales heteronormativos y supremacistas. Los balls, en definitiva, eran diminutos espacios donde el mundo adquiría otro sentido y los oprimidos podían encontrar un oasis de libertad.

“We are all born naked and the rest is drag” es una frase acuñada por RuPaul Charles, máximo exponente del mundo drag en la actualidad y presentador del programa de VH1 RuPaul’s Drag Race (del que hablaremos más adelante). Esa frase pretende hacernos a todos partícipes de la cultura drag, pues en mayor o menor medida todos nos construimos una identidad en base a una estética, una actitud y una filosofía de vida que adoptamos y mostramos al mundo como propia. Es la máscara que nos colocamos cada mañana antes de salir por la puerta de casa, el yo que decidimos representar ante el mundo. Puede, estimado lector, que no seas una queen, pero tú también haces drag.

Pose Pepper Labeija - El Palomitron

CALL ME MOTHER

En ese contexto de marginalidad y opresión, era frecuente que miembros de la comunidad LGTBI+ sufrieran abusos o fueran rechazados por sus familias biológicas. Afortunadamente para ellos, existían las House, familias de elección que ofrecían protección y sentimiento de pertenencia. Esas Casas tenían un líder al que se conocía como Mother (madre), y sus miembros eran sus Daughters (hijas). Tenemos ejemplos como el de Crystal Labeija, fundadora de House of Labeija y una de las pioneras en este sistema de casas que sigue existiendo en la actualidad (House of Velour, House of Edwards…).

Pose RuPaul - El Palomitron

SHANTAY / SASHAY

En 2009 se estrenó el reality competition Rupaul’s Drag Race en Logo TV y nadie podía esperar que fuera a convertirse en una revolución cultural masiva y en el programa más político (y anti-Trump) de la televisión junto a The Good Fight. La prestigiosa revista Empire nombró la final de la novena temporada de RuPaul’s Drag Race como el quinto mejor episodio de la televisión en 2017, resaltando su lucha política a través de un espectáculo vibrante que juega con las normas de la sexualidad imperante y se atreve a desafiar (desde la alegría y el descaro) a una sociedad en peligro de retroceso por el creciente auge de la extrema derecha.

En dicho programa, los concursantes compiten por alzarse con el título de Next Drag Superstar, que han ostentado desde Bebe Zahara Bennett (primera temporada) hasta Sasha Velour (novena temporada). En cada episodio, los dos concursantes que peor han realizado la prueba correspondiente deben enfrentarse en un lip-sync battle (batalla de playback) para salvarse de la eliminación.

El Drag Race ha servido para poner de relieve las situaciones profundamente dolorosas a las que aún se enfrenta la comunidad (desde el atentado de Florida a exorcismos de reconversión) y ha demostrado que, a veces, la violencia y la ignorancia pueden combatirse con purpurina.

Pose Divine El Palomitron

DRAG QUEENS EN LA PANTALLA

¿Era drag lo que Robin Williams hacía en Señora Doubtfire para recuperar la relación con su exmujer? ¿Y lo que hacía Anthony Perkins en Psicosis para… bueno, para matar a quien se le presentara en la puerta del motel? Sí y no. Teniendo en cuenta que el primero encarnaba a un personaje heterosexual y el segundo a uno metafóricamente castrado, podría decirse que ambos eran hombres travestidos, pero no necesariamente drag queens. En cambio, hay otros ejemplos claros en el cine que os resumimos en esta lista de clásicos.

Con faldas y a lo loco (Billy Wilder, 1959). Cierto que Wilder no pretendía hacer una apología del drag y que no puede evitar un tratamiento no exento de sorna, pero la memorable frase final (“Nadie es perfecto”) esconde una aceptación sin precedentes.

Pink Flamingos (John Waters, 1972). Divine siempre fue una figura política. Sus principios (empezando por ese emblemático “¡Matadlos a todos ahora!“) resuenan hoy con fuerza en un contexto social que exige salir a la calle y enseñar las garras.

The Rocky Horror Picture Show (Jim Sharman, 1975). I’m just a sweet transvestite from transexual Transilvania, cantaba alegremente Tim Curry en uno de los musicales más extravagantes y outsiders que ha dado el cine.

Paris Is Burning (Jennie Livingston, 1990). El ya mencionado documental es un must para… cualquiera. No hay que ser transformista, activista, ni siquiera miembro de la comunidad LGTBI+ para apreciar este pedazo de historia de Nueva York que reclama el sueño americano para aquellos que han sido privados de él.

Las aventuras de Priscilla, reina del desierto (Stephan Elliott, 1994). Clásico indiscutible por su eficacia a la hora de humanizar la figura del drag queen, tantas veces denostada, y por saber imprimir en pantalla la exultante alegría con la que estos artistas a menudo combaten las tragedias.

Pisando fuerte / Kinky Boots (Julian Jarrold, 2005). Antes de pasar 12 años de esclavitud, Chiwetel Ejiofor se enfundó unas botas rojas y se alió con Joel Edgerton para salvar una fábrica de zapatos y demostrar que asociarse con el mundo de las drag queens puede ser beneficioso no solo para entender el mundo, sino también económicamente.

Pose Sasha Velour - El Palomitron

DRAGTIONARY PARA PRINCIPIANTES

Fish: Se dice fishy de un drag queen que presenta una ilusión ultrafemenina.

C.U.N.T: Siglas que responden a Charisma (carisma), Uniqueness (singularidad), Nerve (nervio, arrojo) y Talent (talento), los cuatro requisitos de RuPaul para ser una estrella del drag.

Reading: “Leer” a alguien significa extraer todos sus defectos y exponérselos de forma que resulte divertida.

Shade: Similar al reading pero sin voluntad humorística.

Tuck: Acción que llevan a cabo las drag queens para ocultar sus genitales, a menudo valiéndose de cinta aislante, y ofrecer así una mayor sensación de realness.

Shantay / Sashay: El término popularizado en televisión hace referencia a la decisión entre quién permanece en la competición (Shantay, you stay) y quién debe abandonar (Sashay away).

Pose poster - El Palomitron

Confiamos en que esta breve guía (apenas un prólogo) haya servido para que el lector se enfrente a Pose con algo más de conocimiento sobre el contexto cultural de la época. Ya solo queda sacar brillo a los tacones, ajustarnos el tuck y decidir si le concedemos a lo nuevo de Ryan Murphy un shantay o un sashay.

Alex Merino Aspiazu

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