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Emitida en FX y Antena 3, American Crime Story: El asesinato de Gianni Versace ya está, a partir de hoy, disponible al completo en Netflix. Os recomendamos que, si aún no la habéis visto, optéis sin titubeos por la versión original. Escuchar a Penélope Cruz emulando la voz de Donatella Versace es un regalo, we promise.

Lo más criticado de esta segunda temporada de American Crime Story es el escaso protagonismo del propio Versace. Es cierto que el título puede llevar a abrigar expectativas irreales, pero rompemos una lanza a favor de Ryan Murphy. Esta serie antológica ha estado narrada hasta ahora desde la perspectiva de asesinos relevantes para la historia de los Estados Unidos. En la primera temporada, el protagonismo y la autoría recaían en la misma persona, O. J. Simpson. En este caso ocurre lo mismo, solo que el asesinato del famoso diseñador no fue sino un episodio más dentro de la (desgraciadamente) bastante más extensa carrera criminal de Andrew Cunanan. A pesar de esto, todo en la serie está en su lugar. Desde la ya citada Penélope Cruz hasta Ricky Martin como Antonio D’Amico (pareja de Versace). El ejercicio de ambientación, magníficamente reforzado por los hits retro que salpican el relato, tampoco tiene pega alguna. ¿Y qué hay del contenido? Los nueve capítulos que componen ACS: Versace, se basan en el libro Vulgar Favors, de la periodista Maureen Orth. Se publicó solo dos años después del trágico evento, y la familia Versace, que ya en su momento criticó su veracidad, se ha opuesto consecuentemente a la serie. A fin de arrojar un poco de luz sobre el asunto, nos paseamos por la crónica negra del suceso para reflexionar acerca de dos personajes poéticamente opuestos: Gianni Versace (Edgar Ramírez) y Andrew Cunanan (Darren Criss).

Este artículo fluctúa entre los hechos reales y la forma de retratarlos en la ficción, por lo que contiene spoilers

Era la mañana del 15 de julio de 1997. Como acostumbraba a hacer, Gianni Versace se despertó temprano para realizar varias llamadas y adelantar algo de trabajo antes salir a dar su habitual paseo matutino junto a la playa de South Beach. Al regresar a Casa Casuarina, un joven ataviado con pantalones cortos y una gorra de béisbol le salió al paso y le asestó dos disparos mortales antes de darse media vuelta e irse por donde había venido. Gianni tenía 50 años por aquel entonces y había comenzado hacía casi veinte a levantar con sus hermanos Santo y Donatella un imperio de la moda que trascendió a su figura y a su fatídica pérdida. El diseñador nació en Calabria, en un entorno humilde radicalmente opuesto a la opulencia de la que se rodeó, fruto de su fama creciente, hasta el día de su muerte. Con todo, y a pesar de las fiestas y la frecuente compañía de celebridades, Gianni no era un déspota egocéntrico, sino un hombre con las cosas claras, devoto de su trabajo. En su vida primaban los momentos de soledad, ya que no concebía el acto de creación sino en el más profundo aislamiento; sin embargo, era un tipo relativamente accesible y de costumbres cotidianas. Para Cunanan fue sencillo sorprenderlo mientras ascendía los escalones de su mansión, sin ningún tipo de compañía ni seguridad. Sencillamente, volvía de haberse comprado un café para llevar y un par de ejemplares de Vogue y The New Yorker unas manzanas más allá de su lugar de residencia.

Para entonces, Andrew Cunanan llevaba más de dos meses escondiéndose de la policía en Miami. Versace fue su quinta y última víctima (y la que realmente hizo a las autoridades ponerse las pilas) antes de quitarse la vida, sabiendo que el cerco se estaba cerrando en torno a él, y que era cuestión de días que lo atraparan. El joven, de 27 años, nació en San Diego en el seno de una familia de clase media que siempre lo mimó a él por encima de sus hermanos, colmándolo de caprichos que no se correspondían con su situación económica real. Estudió en un colegio privado, y tanto allí como en la universidad (que abandonaría pese a tener un cociente intelectual de 147) se esforzó por ocultar sus orígenes, inventándose todo tipo de historias acerca de una vida de lujos para encajar. Cuando dejó los estudios y se mudó a San Francisco, continuó con su historial de mentiroso patológico para granjearse la amistad y favores sexuales de hombres mayores a fin de mantenerse económicamente a su costa. No obstante, su errática actitud, llena de excesos y de farsas, lo llevó a ser abandonado a la larga por todos sus amantes y amigos. Algunos de ellos se convirtieron en sus víctimas, mientras que otras (al contrario de lo que se muestra en la serie) fueron fruto de crímenes de oportunidad. El perfil de Andrew era el de un hombre que, por encima de todo, perseguía el reconocimiento. Ni trabajaba ni se esforzaba en tener una vida de provecho por sí mismo. Tan solo presumía y se vanagloriaba de la fortuna y los privilegios que, por conveniencia, había logrado amasar.

Y aquí es donde entra en juego Gianni Versace. ¿Se conocían él y Andrew Cunanan antes de que este lo asesinara? El libro de Maureen Orth sostiene que sí, que coincidieron en un club de ambiente en San Francisco donde, supuestamente, el diseñador reconoció al muchacho de otra fiesta anterior. La familia Versace siempre se ha mantenido firme en negarlo categóricamente, así como también niega que Gianni tuviese VIH cuando se barajó como posible motivo del asesinato que Cunanan se habría vengado de él por contraer el virus a su cuenta. Si bien el verdadero móvil del crimen nunca se ha llegado a conocer, parece evidente descartar esta última hipótesis. Lo que no resulta en absoluto descabellado es que estos dos hombres hubiesen coincidido en algún momento. Se movían en los mismos círculos sociales, y ambos eran abiertamente homosexuales. Si, en efecto, se hubieran llegado a conocer, este habría sido el pretexto perfecto para que Cunanan se enorgulleciese de tal encuentro cada vez que podía. Gustaba de ser el centro de atención, y tener un “amigo” así hacía que se focalizasen las miradas sobre él. Al fin y al cabo, eso era lo que buscaba. Tenía tolerancia cero a pasar desapercibido o ser rechazado. Tal y como aparece representado en la serie, era como un chiquillo caprichoso al que no se le podía contrariar, pues precisamente la frustración que acumulaba a consecuencia de ello era la que le llevaba a quitarse de en medio (literalmente) a la persona que le había negado lo que él quería.

Conociese a Versace o no, directa o indirectamente, el diseñador se convirtió en el centro mismo de sus obsesiones. Gianni era la representación de todo lo que él no era y ansiaba ser. “En el fondo tu y yo no somos tan distintos, solo que tú has tenido suerte.” intenta autoconvencerse Andrew en una de sus alucinaciones. Versace, que se encuentra a su lado confeccionándole un traje a medida, encuentra una diferencia más crucial entre ellos: “A mí me quieren”. La triste historia de un joven cuya ambición y empeño en ser recordado lo llevó a la locura: eso es lo que cuenta American Crime Story: El asesinato de Gianni Versace. Un joven cuyo nombre vemos difuminarse hasta desaparecer entre otros tantos en el brillante cierre de temporada. Un joven que consiguió justo lo contrario a lo que andaba buscando.

 

Aitziber Polo

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