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En la crítica de los episodios 5 y 6 abría el texto afirmando que Steins;Gate 0 es demoledora. Atenta contra su propia obra pero también contra sus personajes. Incluso contra sus espectadores. Su drama no es casual, sabe cuando y como actuar. Y lo hace con tanto acierto que, de nuevo, es demoledora.

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Si digo esto es porque la intensidad de estos nuevos capítulos resulta tan abrumadora que cuesta encontrar una forma de iniciar la crítica. Sin embargo, hay un tono importante que se oculta bajo esa intensidad: el regreso de Okarin. El regreso de Steins;Gate.

Convergencia

Casi obrando en su propia contra, parece que Steins;Gate 0 busca la convergencia. Pese a que la obra ha tendido puentes (invisibles) hacia su original desde prácticamente su inicio, no había mostrado verdaderamente sus cartas hasta el final del sexto episodio. El momento en que ambas convergen en un mismo punto entendemos, al fin, que el pasado de Okabe es tanto como su presente y su futuro.

Es un momento duro, tenso, repleto de matices. Los ritmos lentos, los compases de su banda sonora… parece que el corazón se detiene por unos segundos antes de que Mr. Braun entre en escena para acabar con el problema.

Las sospechas, el hecho de que pueda ser Moeka la persona que se oculta tras el casco… todo eso pesa sobre un seguido de escenas —incluso las que continúan con Daru y Okabe— que cumplen un solo propósito: recordar que no hay lugar al que pueda escapar. No importa la línea temporal en la que se encuentre.

Reading Steiner

La forma en la que SG 0 abraza a su original se continúa en las siguientes escenas. En el hecho de que Okabe consiga desvelar el secreto de Mr. Braun, como si nada de lo que ha pasado lo alejase de la realidad que vivió en Steins;Gate. Pero incluso así la divergencia es notable. Consigue que el Rounder se una a sus planes, jugando sobre seguro, conociendo las piezas del ajedrez que es ahora su vida y su destino.

Con esto el objetivo es claro: reconocer quienes son los individuos que atacaron al grupo y quienes, conocemos, identifican a Kagari como “K-6205″. Un punto que, acompañado de las referencias a Mozart (quien fue reconocido masón) se siente algo fuera de lugar. El guión de Steins;Gate 0 nunca dispara al aire así que es fácil pensar que deberemos esperar por las respuestas necesarias, siempre que lleguen.

Pero en medio de esta situación ocurre una escena breve pero que es imposible no comentar. El hecho de que Rukako siempre quede fuera. Un hecho del que su propio autor se hace eco (casi como si rompiese la cuarta pared) con el personaje. La respuesta es simple. Y es que al parecer Okabe quiere mantenerlo “puro”, en el lugar y tiempo que le corresponde. Algo que se siente casi forzado, vago, y parece restar importancia al personaje. Pero, sin duda, se trata de un suceso que abre las puertas a su consecuente evolución.

Las pistas parecen guiar a Amadeus de nuevo —siguiendo con el juego de las composiciones de Mozart y su simbología masónica. Unas pistas que conllevan a misterios sin resolver y que se conectan entre ellos. Ya que Maho es incapaz de contactar al profesor Leskinen y a su vez no consigue dar con la IA. Pero antes de que se puedan resolver las incógnitas ocurre algo. Un terremoto en Rusia y, a la vez, un nuevo cambio.

Reading Steiner.

Makise Kurisu

Vamos a jugar con la recursividad, pero Steins;Gate 0 es demoledora. Sus cliffhangers son demoledores. Pero lo mejor es como, capítulo tras capítulo, la obra consigue conectar cada uno de esos cierres para extender su drama de forma coherente.

Y así, jugando de nuevo con el misterio (no sabemos en que línea temporal se encuentra esta vez Okabe) y las pausas nos encontramos con un elemento que destruye a Steins;Gate 0 por completo: Makise Kurisu.

La entrada de la joven es impactante. Porque es, precisamente ella, el principal hilo del que se desprende su argumento. De su muerte. Y en una historia de otros tintes, el hecho de negar esa muerte supondría también negar su argumento. Pero Steins;Gate 0 va mucho más allá. Hacia un elemento que se entrevé desde el primer segundo pero no coge peso hasta que las palabras cogen forma. Mayuri está muerta.

No importa cuantas veces cambie el pasado. No importa cuantas veces altere el futuro. Mayuri siempre muere. Es el mundo el que está mal. Es el mundo quien la mata una y otra vez.

Realidades alternativas

Steins;Gate 0 vuelve a hacer uso de la dicotomía Okabe/Okarin. Pero con este nuevo giro consigue un matiz diferente. Porque la dicotomía se muestra entre Okabe por partida doble. El que ha perdido al amor de su vida y el que ha perdido a la persona más preciada para él. No importa quien viva, no importa quien muera. Todo acaba igual.

Es una nueva forma de explorar a sus personajes. Una introspectiva en si mismo. Es mucho más que un “¿Y si…?”. Es un Okabe derrotado de nuevo, un Okabe que se odia a si mismo, que se ve forzado a abandonar lo que él era, lo que él es, para ser lo que es ahora. Momentos como el de Daru agarrándole del pecho tienen sentido porque Okabe ha vuelto a rendirse. No es solo otra línea temporal, es la propia divergencia la que le dice que no debe rendirse. Es una decisión de la Steins Gate.

La anatomía del dolor

En líneas generales este episodio no solo sirve para tender puentes (alcanzando al fin la unión entre ambas obras) sino también para mostrar la anatomía de Steins;Gate. Casi como si se abriese ante el espectador, completamente transparente. Desde el primer abrazo entre Okabe y Kurisu —que siente más de lo que había hecho toda la serie hasta ahora— hasta el beso de despedida, que se encuentran tan cargado de sentimentalismo y dolor que consigue arrollar a toda su obra con una fuerza inimaginable.

Pero hay tantos matices entre esas dos escenas que se convierte en un episodio complicado, difícil de seguir. Tenemos por un lado el hecho de que Kurisu instale un GPS en el móvil de Okabe (se entiende que lo hace para evitar que intente quitarse la vida), el momento junto a Daru, la escena de Okabe destrozado ante la tumba de Mayuri… Hay un gran número de puntos importantes en este episodio pero su dirección parece no querer apuntar a ellos, sino a los sentimientos. A su propia anatomía.

El beso entre ambos es una escena incluso demasiado poderosa. Una escena egoísta por parte de Kurisu pero a su vez se encuentra tan cargada de sentimientos que es imposible culparla. El momento del adiós, el momento del sacrificio. Porque al fin y al cabo Steins;Gate es solo eso, el ser capaz de afrontar el destino y romper las cadenas de la realidad.

«Estoy tan feliz de haberte conocido… (adiós)»

Pero incluso así, cuando todo se ha acabado, cuando creemos que el destino ha vuelto a jugar sus cartas, la vemos correr. Lee el mensaje, pero lo ignora y entra. Steins;Gate 0 ha empezado el verdadero juego.

Óscar Martínez

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