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Crítica del anime de Jujutsu Kaisen destacada - El Palomitrón
ANIME / MANGA CRÍTICAS REDACTORES

JUJUTSU KAISEN: EL ÚLTIMO HECHIZO ANIMADO DE LA JUMP

Si algo tiene la Jump es la capacidad de generar expectación con los títulos que se publican bajo su sello editorial. Y esa expectación no solo hay que ganársela al principio, debe mantenerse a lo largo de cualquier serialización. Si ese no es el caso, el gigante nipón no titubea a la hora de «guillotinar» cualquier obra que no cumpla con ciertos requisitos. 

El anuncio de cualquier adaptación animada suele suponer un buen augurio de cara a la salud editorial de la obra y, de paso, también a la de su autor/a. La animación es un medio que llega a mucha más gente, es mucho más directo y, en la gran mayoría de los casos, suele desencadenar un incremento en el nivel de las ventas de la fuente original. Pero claro, esto también depende de la calidad del tipo de adaptación. Porque no es lo mismo el trabajo de Pierrot con Black Clover que el de BONES con My Hero Academia. Hay adaptaciones que palidecen respecto al material original, que incluso lo denigran —como el alarmante caso de Tokyo Ghoul—. La diferencia entre una buena y una mala adaptación es fácil de esclarecer. Sin embargo, entre una buena y una excelente adaptación la cosa cambia. Entran en juego pequeños detalles, puntualizaciones donde la subjetividad de cada espectador marca esa diferencia. Y la adaptación de Jujutsu Kaisenal igual que lo fue en su momento la de Kimetsu no Yaiba— es uno de esos casos.

Fuente: sakugabooru

Expansión sensorial

Dejando atrás los temores que había frente a una producción que podía suponer un nuevo hit en la industria, el trabajo de MAPPA (Sarazanmai, Banana Fish, Dorohedoro) junto a la excelente dirección de Sunghoo Park (The God of High School) ha supuesto una nueva ruptura en este extraño y caótico 2020. Es cierto que si echamos la vista atrás hemos tenido series y películas de lo más interesantes a lo largo del año, pero bastante menos que épocas atrás. Así, la adaptación animada de Jujutsu Kaisen ha demostrado que existen producciones a la altura de la flamante Kimetsu no Yaiba, que Ufotable no es el único estudio en saber emocionar a través de la acción y que, sobre todo, la Jump ya está recogiendo los frutos económicos de una serie que no ha hecho más que empezar.

Si recordamos, esta primera temporada está planeada con un total de 24 episodios; 24 capítulos que posiblemente cubran los principales arcos de la obra pero que no llegarán, ni mucho menos, a su ecuador. Así que si esperábamos otra producción con la que compaginar la conmovedora Kimetsu no Yaiba de Ufotable, MAPPA nos dejará posiblemente cada año una dosis de este excelente trabajo. Un testigo que cae en múltiples manos pero que, ante todo, destacamos la intachable dirección de Sunghoo Park y el increíble trabajo de adaptación de Hiroshi Seko; pues entre ellos, y todo el equipo que les rodea, han conseguido que la obra de Gege Akutami incluso consiga una nueva perspectiva capaz de repuntar a lo más alto de la Jump. 

Crítica del anime de Jujutsu Kaisen galería 3 - El Palomitrón

Como decía, los tiempos cambian, y cada vez cuesta más encontrar obras tan longevas como las de antaño; la prueba más fehaciente de ello es que Jujutsu Kaisen, en publicación desde 2018, es la octava serie actual regular más larga con un total de 13 volúmenes. Si bien hay excepciones a la regla, como podría ser el caso de Chainsaw Man y su psicodelia demoníaca, lo cierto es que lo común es encontrar títulos con reminiscencias a otros. Esto es algo que también se percibe en el trabajo de Gege Akutami, quien a sus 27 años de edad ha crecido leyendo obras como Dragon Ball, Yu Yu Hakusho o Bleach. Y como tal, su estilo ha ido perfilándose fijándose en el de artistas de la talla de Tite Kubo o Yoshihiro Togashi. Por eso, Jujutsu Kaisen es moderadamente nostálgica en cuanto sensaciones, pero su ritmo y estilo directo demuestran que es consciente del contexto en el que ha sido concebida. Una sensación que, sin duda, también se traslada a su adaptación animada; una que sabe adaptarse al estilo de la propia obra y al género que hay tras ella, pero que al mismo tiempo apuesta por echar el freno en determinados momentos para, al igual que hizo Haruo Sotozaki en 2019 con Kimetsu no Yaiba, conseguir que los momentos más vitales queden para siempre en la mirada del espectador. Una mirada que vira en múltiples direcciones pero que también es capaz de atisbar cuando un producto destaca sobre el resto, y justamente este es el caso de la presente Jujutsu Kaisen. Una serie nacida con un sinfín de prejuicios pero que, desde el minuto uno, ha sido capaz de silenciar todos y cada uno de ellos

Una maldición infinita

Jujutsu Kaisen nos cuenta la historia de Yûji Itadori, un estudiante de instituto que, en lugar de sacar provecho a sus increíbles habilidades físicas en el club de atletismo, prefiere pasar tiempo con el par de miembros que forman el casi anecdótico club de ocultismo de la escuela. No es que sea afín a la mística de lo sobrenatural, pero pertenecer a dicho club le priva de menos tiempo para poder ir a visitar a su abuelo al hospital, el único miembro de su familia con el que mantiene relación. De un día para otro, la lobreguez de lo sobrenatural inunda las aulas y los pasillos de su instituto, fruto de la accidentada decisión de los miembros del club de ocultismo de despertar una terrible maldición que ejerce de punto de atracción para multitud de horrores. Itadori, guiado por Megumi Fushiguro, un joven estudiante de hechicería, y por las palabras de su abuelo en su lecho de muerte, acude rápidamente a las instalaciones para cumplir la última promesa familiar: utilizar su fuerza para ayudar a los demás. Sin embargo, la situación termina complicándose y se ve obligado a ingerir uno de los dedos de Ryômen Sukuna, el talismán maldito origen del desastre. Itadori logra revertir la situación, pero el precio a pagar es el de su propio cuerpo y alma.

Al menos, en parte, pues el joven resulta ser un recipiente humano capaz de resistir la extraordinaria influencia de Sukuna: una deidad de dos caras y cuatro brazos que ha sobrevivido durante milenios gracias a su descomposición y posterior conversión en talismán. «El rey de las maldiciones» que tantos contratiempos ha causado al mundo de la hechicería parece tener ahora los días contados; si reúnen los veinte dedos de Sukuna e Itadori los consume, la ejecución del joven marcará el punto final del mito, del terror. La obra de Gege Akutami comienza casi con una declaración de muerte, con una afilada hoz que marca el sino del protagonista. Una decisión marcada por una sociedad de hechiceros que le brindará los conocimientos y habilidades necesarios, así como la oportunidad de elegir: morir ahora en vano o hacerlo en un futuro por el bien común. 

Crítica del anime de Jujutsu Kaisen Sukuna - El Palomitrón

La dualidad entre Itadori y Sukuna es una constante dentro del guion, a menudo mostrándose desde el propio subconsciente del joven, pero también desde un plano puramente mundano y explícito; es decir, a través de la posesión. La mística y lo hermético que cubren la figura del dios maldito apuntan directamente a la imprevisibilidad de sus actos y objetivos, ligeramente definidos, pero con espacio para la sorpresa. Su representación dista de grandilocuencias y diseños pomposos, es ni más ni menos que una versión de Yûji Itadori con unos muy ligeros cambios en el diseño. Esta decisión de diseño consigue que la interacción entre ambos sea más creíble y natural, una relación «de tú a tú» pese a la mastodóntica diferencia de poder. La representación visual de Sukuna se aleja, sin embargo, de la de las diferentes maldiciones y enemigos que hacen acto de presencia en los primeros compases de la obra. Gege Akutami abraza lo creepy y se acoge al folclore en torno a los yokais para desplegar unos diseños que, sin ser revolucionarios, sí tienen un estilo muy definido y marcan el tono de la obra. Se integran a la perfección dentro de un apartado artístico que, sin duda, se alza como el mayor punto de interés de Jujutsu Kaisen. Un punto que, tal y como decía previamente, se mantiene a la perfección en la serie animada y no duda en mantener todos los rasgos creados por el mangaka; trazos que, además de guardar la pureza original, quedan envueltos en un ambiente oscuro y lúgubre capaz de trasladarnos a la esencia más personal e intimista de Jujutsu Kaisen

Evolucionando entre la versatilidad y el dinamismo

Con un planteamiento similar al de títulos como Noragamila obra de marras toma las emociones humanas negativas como origen del mal. Sin embargo, también emplea este recurso como fuente de poder, como único catalizador a través del cual los hechiceros —en la actualidad diezmados a un grupo muy reducido— pueden disipar la oscuridad que acecha el plano mundano. Se trata de entender, canalizar y subyugar los temores y traumas propios, no dejar que suceda a la inversa. Un proceso complejo que lleva consigo un buen tiempo de aprendizaje. Y es ahí donde Jujutsu Kaisen emula ciertos tropos de sus congéneres, presentando grosso modo su mundo, el funcionamiento básico de la escuela de hechicería y el equipo formado por Itadori, Megumi Fushiguro, Nobara Kugisaki y, por supuesto, Satoru Gojô. Un elenco protagonista construido a base de ideas que ya se han tratado una y otra vez: protagonista de buen corazón que prima la fuerza sobre la razón, co-protagonista melancólico parco en palabras, mentor excéntrico rodeado de un halo de misterio… Akutami no arriesga en cuanto a la construcción inicial del elenco, pero el impacto negativo que podría existir es menor gracias a lo ágil que es su narrativa y la orgánica interacción entre todos los personajes.

Crítica del anime de Jujutsu Kaisen personajes - El Palomitrón

Del mismo modo que Jujutsu Kaisen se asienta objetivamente sobre una base de tópicos, en su evolución hay cierto dinamismo y versatilidad. Una faceta positiva que beneficia al ritmo y la estructura de la propia serie, pero también una de vital necesidad para mantenerse en las páginas del magazine donde se publica y crear tal fervor con cada capítulo emitido. Tal y como sucede en títulos similares recientes como, por ejemplo, Kimetsu no Yaiba, en la obra de marras se percibe esa exigencia de no poder permitirse no enganchar al público desde prácticamente los primeros compases. Hay diferencias, por supuesto, y creo que el trabajo de Akutami es, al menos en su comienzo, más interesante y con mayor empaque que el que Koyoharu Gotôge. La situación del protagonista puede ser un escenario más o menos visitado, pero la celeridad con la que se imprime todo a posteriori permite no caer en la fatiga. De igual forma, el background de la serie va enriqueciéndose a través de una serie de elementos y conceptos que no solo gozan de interés, sino también de una atractiva evolución. Es el caso del «sistema de poderes», cuyas primeras pinceladas demuestran que su concepción y funcionamiento no son únicamente interesantes, sino que también atesora cierta presumible profundidad y complejidad que, si se explota con eficacia, puede consolidarse como otro de los puntos fuertes de la obra.    

Gege Akutami asienta las bases narrativas de la obra recordando a muchos trabajos análogos, pero no tarda en acelerar el ritmo de un guion que ya presenta y desplaza muchas de sus piezas y que gesta una serie de ideas y objetivos que germinan en el arco actual del manga. Hecho que ratifica un desarrollo coherente y no dado a la improvisación. Pero donde más destaca, tanto en su trabajo homónimo como en su adaptación animada, es en su propia puesta en escena. Lejos del fino trazo de Gotouge o la sutileza de Posuka, tanto Gege Akutami como MAPPA apuestan por unos diseños «más sucios» y repletos de detalle frente a unos escenarios algo más simplistas y vacíos. Un recurso que dará más fuerza a los personajes y, en esta ocasión, a una acción prendada de la mayor de las escenificaciones. Pues no solo tuvimos grandes actos en los primeros episodios de la serie —entre los cuales incluimos sus fantásticos OP y ED—, sino que todo esto prosigue y se incrementa conforme avanza la temporada.

Nos quedan grandes batallas que luchar y MAPPA tiene un gran reto por delante, pero si consiguen preservar todo lo que han apostado desde el principio, podemos contar con una serie más que segura y totalmente disfrutable. Una serie que pone en tela de juicio a Kimetsu no Yaiba o The Promised Neverland, y no por su argumento o puesta en escena, cada una luce especialmente bien en su vertiente, sino por convertirse, tal y como decía al inicio del texto, en la nueva promesa de la Jump frente a un futuro en el que cada día quedan menos obras destacables. 

Jujutsu Kaisen es una obra nostálgica, con reminiscencias a estilos y relatos ya existentes. A pesar de ello, Akutami no tarda en dotar a la obra de ciertas características que la convierten en una de las más ágiles, frenéticas y sobresalientes a nivel artístico que pueden encontrarse dentro del género en la actualidad. Un título que crece con fuerza conforme se desarrolla y que, sobre todo, denota conciencia acerca del contexto de su origen. Es una obra muy recomendable para todos aquellos que busquen disfrutar de las bonanzas de su narrativa y, más importante, un punto de entrada muy satisfactorio para todo aquel ajeno al género. Un punto que, además, podréis encontrar tanto en el trabajo original o en el planteado por MAPPA, pues ambos consiguen crear en el lector/espectador un sensación maravillosa a la par que atractiva dejando atrás los papeles más complejos y centrándose en pilares como unos personajes de lo más carismáticos y una puesta en pantalla repleta de acción y altas dosis de entretenimiento.

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Marisol Navarro

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Publicista aficionada de las películas, las series y el cómic en general. No tengo un género preferido, pero todo lo gore me apasiona. Adoro viajar, y si algún día consigo ir a Japón, sin duda para el trayecto tendré preparada toda la obra de Sui Ishida.