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Reseña de Chainsaw Man destacada - El Palomitrón
ANIME / MANGA REDACTORES RESEÑAS

BIBLIOTECA: CHAINSAW MAN

De una manera u otra, el ser humano está condenando a sellar una serie de contratos a lo largo de su efímera existencia. En ocasiones se persiguen, se lucha por ellos, pero éstos no necesariamente deben concebirse como un documento físico minuciosamente redactado donde cada una de las partes interesadas deja su respectiva impronta, como podría ser cualquier contrato laboral, de propiedad o un expediente matrimonial. En ocasiones, son intangibles, acuerdos que carecen de forma corpórea pero que representan de igual forma un vínculo, un enlace con alguien o algo. Son aquellos que, por ejemplo, surgen al forjar un tipo de relación con otra persona o cuando se experimenta un sentimiento de pertenencia a un grupo o un credo. Necesarios e inevitables, su existencia también traspasa el plano real para convertirse en objeto de ficción. De esta forma, múltiples autores plasman y se recrean en variedad de visiones y concepciones, difuminando barreras y normalizando lo imposible. Así lo hace Tatsuki Fujimoto, quien tras finalizar su anterior obra, Fire Punch, abraza la oscuridad, lo creepy y lo bizarro de su nuevo imaginario para hablar precisamente de eso: de pactos. De vínculos y necesidades emocionales. Todo ello confeccionado, por supuesto, bajo un personal e inconfundible estilo narrativo.  

Hay un panel en el primer capítulo de Chainsaw Man que, creo, recoge a la perfección el espíritu de la serie. Es una escena que tiene lugar en la oscuridad de la noche, fruto del insomnio que conlleva el hambre y las carencias alimentarias asociadas a la pobreza. En la misma, Denji, un humano endeudado hasta las trancas cuyo trabajo consiste en la erradicación de demonios, comparte sus anhelos y sentimientos con su perro y fiel amigo demonio, Pochita. Untar con mermelada una rebanada de pan, intimar con una chica, jugar a un videojuego con ella y terminar durmiendo abrazados. No es más que un sueño dicho en voz alta, una utopía si se tiene en cuenta su estatus; uno que roza la indigencia debido a los pecados de su padre, a la herencia de una deuda que él nunca contrajo. El tono íntimo del momento se evapora cuando la mafia local que le extorsiona requiere de sus servicios para acabar con una bestia del inframundo. A las pocas páginas se destapa la verdad: la organización criminal lo único que quiere es librarse del muchacho y, bajo el control de un demonio, terminan masacrando y arrojando los pedazos del joven y su mascota a un contenedor de basura. Un tanto de ironía para Fujimoto.

Reseña de Chainsaw Man Denji Pochita - El Palomitrón

La catastrófica situación da un vuelco total cuando Pochita decide dar el último remanente de vida para salvar a su amigo humano. Su corazón por los sueños de Denji, ese es el trato. El sacrificio del pequeño demonio insufla de vida el cuerpo humano de su amigo, quien se convierte en una existencia a caballo entre mundos de naturaleza muy dispar: mitad humano, mitad demonio. Un híbrido al que todos conocerán bajo el sobrenombre de Chainsaw Man, debido a las sierras que brotan de su cuerpo y que esgrime como armas. Pese a la pérdida y la incertidumbre existencial del momento, existe un halo de tristeza y melancolía que viene de más atrás. Y es que creo que, desde el principio, Fujimoto teje una analogía poco sutil con el capitalismo que resuena con mayor fuerza en el trayecto en coche de Denji hacia su funesto fin. «Al menos podrían dejarme soñar…», se dice a sí mismo en el asiento trasero, justo después de compartir con su único ser querido sus anhelos. Es un golpazo de realidad, otro más. Ni siquiera puede soñar; ni siquiera se le permite soñar. Para los de su clase no es siquiera una posibilidad.

El «renacer» de Denji es un elemento narrativo de inflexión, de cambio de paradigma, pero aunque a primera vista puede resultar un acontecimiento propiamente liberador por destrozar, literalmente, las cadenas que le ahogaban, que dictaminaban su posición social, la idea de que la libertad es una quimera vuelve a asomar con fuerza con intención de aferrarse. Quien porta ahora el mensaje es el personaje de Makima, importante cargo de la sede central de «Devil Hunters» de Tokio, quien le da a elegir entre dos opciones: morir como un demonio a sus manos o ser una persona y convertirse en su mascota

Reseña de Chainsaw Man Denji - El Palomitrón

La inflexión que aporta su nueva condición queda dilapidada cuando acepta el trato. Cuando, guiado por sus instintos más primarios, cree que obedecer las órdenes de la atractiva Makima es mejor opción que la muerte. Denji tiene ahora más poder, incluso es alguien especial, pero en realidad lo único que ha hecho ha sido cambiar unas cadenas por otras. Sustituir un amo por otro. Porque él sigue siendo un activo en manos de alguien intentando sacar provecho de él. A cualquier precio, y sin importar las consecuencias psicológicas del proceso

Chainsaw Man se sustenta en la fantasía oscura y la acción más visceral para moldear una ficción que, en realidad, no difiere en fondo de algunos títulos recientes de la revista como Jujutsu Kaisen o Kimetsu no Yaiba. La presentación y el desarrollo narrativo de los primeros compases de la obra están muy sujetos al género y demografía en cuestión, sin embargo, se dejan entrever los mimbres de algo que sí puede llegar a despuntar y diferenciarse a nivel formal. Porque hablamos de Tatsuki Fujimoto, un autor que ya demostró sus habilidades narrativas en una obra tan genuina e irrepetible como Fire Punch. Porque a pesar de todo el macarrismo del que hace gala y una violencia explícita que se desata y lo pone todo perdido en las splash pages, Chainsaw Man encuentra en su elenco y en la interacción entre el mismo el activo creativo de mayor valor. Lo sobrenatural, la oscuridad y la acción bombástica son simplemente un aderezo, puro maquillaje para captar la atención. Una vez dentro, con el tiempo y la confianza necesarios, la obra se desviste para buscar ahondar en el espectro psicológico de sus personajes, destapándose como una narrativa que es, ante todo, humana.   

Reseña de Chainsaw Man Makima - El Palomitrón

Las similitudes entre ésta y la anterior obra de Tatsuki Fujimoto también derivan en la construcción de sus protagonistas. Sus objetivos difieren, por supuesto: mientras uno busca consumar su particular venganza en un mundo post-apocalíptico sin un ápice de moral, al otro parece no importarle demasiado masacrar a unos cuantos demonios si una chica guapa promete darle de comer y, además, tiene la oportunidad de palpar por primera vez unos pechos femeninos. El comportamiento y la personalidad de Denji es pueril, pero esto no es algo baladí. Es un joven que ha pasado por la etapa de crecimiento más importante del ser humano sin referentes educativos o sociales. Es increíblemente primario porque se ha criado como un animal, sin recibir ningún tipo de enseñanza. La inmadurez y la falta de educación son aspectos que comparte con Agni —protagonista de Fire Punch—, y son un caramelo narrativo para un Fujimoto que trabaja con suma eficacia la inversión de los roles a través de personajes femeninos sólidos y fuertes. Si Togata era quien llevaba la batuta en Fire Punch y quien manipulaba a Agni, en Chainsaw Man es Makima quien lleva las riendas de Denji.      

Aspectos como la manipulación y el tratamiento de las relaciones de poder son llevados con increíble acierto por un joven artista al que no le tiembla el pulso a la hora de ejecutar giros de guion que acostumbran a subvertir la narrativa. Y aunque sería caer en el engaño si afirmo que en el primer volumen de Chainsaw Man ya podemos encontrar todo esto, sí puedo adelantar que el estilo y las inquietudes de Tatsuki Fujimoto forman parte del código genético de esta extravagante historia de diablos y humanos. Sin embargo, lo que sí se le puede achacar a sus primeros compases es la falta de detalle y coherencia de su universo. Porque a pesar de esbozar ideas interesantes como un contexto geopolítico donde la Unión Soviética aún existe, el empleo de demonios con fines militares o el significado en torno al nombre de los mismos, lo cierto es que su universo se siente vacío. Toda la iconografía demoníaca y el estilismo gore y grotesco parece dispuesto de tal forma que parece impostado. A diferencia de títulos similares a nivel de tono como, por ejemplo, Dorohedoro, la actual obra de Fujimoto parece más preocupada en deleitar a través de lo explícito que en mostrar cohesión y significado a cada uno de sus elementos

Reseña de Chainsaw Man Power 2 - El Palomitrón

Probablemente este sea el mayor problema que adolece una serie que, repito, a pesar de seguir a pies juntillas la estructura de tantas y tantas obras del género, tiene los mimbres para despuntar, para alzarse como una de esas rara avis que surgen en un magazine de las características de la Weekly Shônen Jump. En su apartado artístico surgen pocas dudas, el ritmo frenético de la acción baila a través de una composición de página y un trazo áspero, imperfecto y de abundantes líneas que demuestran su eficacia tanto en las escenas más explosivas como en las de corte más reflexivo e intimista. La capacidad que tiene su guion a la hora de alternar entre diálogos socarrones y escenas de pura comedia a momentos de corte más personal y reflexiones existencialistas se apoya en un apartado visual dinámico y polivalente que, además, hace gala de un diseño de personajes y criaturas tan sobresaliente como extravagante. Un estilo muy similar a la anterior obra del autor, pero con varias nuevas capas y prometedoras posibilidades. 

Pese a un inicio que no es especialmente rompedor y un acercamiento a géneros y temas muy manidos, Chainsaw Man es una auténtica bomba de relojería que no sabes cuándo va a explotar. Makima es la dueña de Denji, quien mueve los hilos de sus títeres, pero quien lleva el detonador, quien se ha propuesto llevar a la obra por derroteros imposibles de predecir, es Tatsuki Fujimoto. Chainsaw Man promete ser un oscuro viaje de psicodelia demoníaca y retazos de humanidad y reflexión entre bambalinas. A los que ya conocen a Fujimoto, poneos cómodos, esto solo puede ir hacia arriba. A los que no, dadle una oportunidad. Porque la valentía de este autor es algo que, lamentablemente, no suele verse en este medio.

Cómo es la edición de Chainsaw Man #1


Lanzamientos Norma Editorial septiembre 2020 Chainsaw Man - El Palomitrón

Chainsaw Man comenzó su publicación a través de la Weekly Shônen Jump el pasado 2018. Dos años después, y con más de ocho volúmenes a sus espaldas, Norma Editorial comienza su publicación en España. Una publicación que se hacía de rogar por los seguidores de la obra en Manga Plus y de la que se espera una grata acogida. Chainsaw Man #1 está compuesto por un total de 192 páginas en blanco y negro. Presenta un formato C6 —clásico tankoubon pequeño—, rústica con sobrecubierta y una dimensión de 11,5 x 17,5 cm

La edición se presenta siguiendo el esquema de Jujutsu Kaisen, Jigokuraku o Guardianes de la noche, por ejemplo. Uno que respeta en todo momento el original y, además, hace uso del diseño de la portada nipona. En esta ocasión se ha apostado por mantener el título original de la obra sin necesidad de añadir ningún título de subtítulo. La localización del título y el diseño de la sobrecubierta respetan los de la versión original, destacando por una composición que se ayuda de unas tonalidades muy vívidas de colores como el naranja, amarillo o verde para captar la atención del ojo humano.

Chainsaw Man #1 se puso a la venta el pasado mes de septiembre a un precio de 9,00 €. Este primer volumen cuenta con un total de 7 capítulos que presentan el nuevo universo de Tatsuki Fujimoto. A nivel de diseño e impresión del volumen no hemos encontrado ningún inconveniente o errata. Tanto el entintado, como el sangrado y las viñetas gozan de una perfecta armonía en el tomo. Por último, mencionar que la localización a nuestro idioma está realizada por Judit Moreno (DARUMA Serveis Lingüístics, SL).

Edu Allepuz

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Intento de muchas cosas y una de las piezas que hacen funcionar la sección manganime. Ávido lector de manga, enamorado de la tinta y de la tragedia de Sui Ishida. Firme defensor de la industria como arte y la abolición de estúpidas etiquetas.