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Reseña de Dorohedoro #1, de Q Hayashida principal - el palomitron

La obra de la autora Q Hayashida es un ennegrecido diamante dentro de la tan extensa variedad de títulos que conforman la industria del manga. Se trata de una ficción irreverente, oscura, sucia y visceral. Pero, a su vez, consigue aunar ciertos tintes de fantasía, magia y humor que hacen del conjunto un auténtico cóctel explosivo. Dorohedoro hace acopio de su propia personalidad, convirtiéndose en una puñalada contra el convencionalismo. Es un oasis en el que parar a reposar y frotarse los ojos para cambiar de perspectiva, de visión, y dejarse llevar por lo surrealista de su propuesta. Así, se convierte en un alarido de desfase y brillantez que retumba con tanta energía que resulta complicado no sentir —como mínimo— cierto grado de curiosidad.

El título que nos ocupa es un seinen que comenzó su publicación en la revista nipona Monthly Ikki en 1999 y perduró en la misma hasta 2014. Tras su paso por este magazine pasó a formar parte de la revista Hibana, también propiedad de la editorial Shōgakukan. Finalmente, tras poco más de dos años en publicación, terminó engrosando las páginas de la Monthly Shōnen Sunday hasta día de hoy. Abierta y con 22 volúmenes publicados, Dorohedoro se postula como una apuesta arriesgada por parte de ECC Ediciones en nuestro territorio. Un riesgo que vale la pena correr con el fin de adentrarse y destapar todo el ocultismo alrededor del título; un cometido para descubrir la que, para muchos, es una auténtica obra de culto. Así pues, comenzamos la reseña de Dorohedoro #1. Un análisis donde no destriparemos detalles sustanciales de su argumento e intentaremos ir más allá de lo que vemos a primera vista.

Reseña de Dorohedoro #1, de Q Hayashida cartel reseña - el palomitron

El primer panel de Dorohedoro ya sorprende al lector tanto por el elevado nivel de detalle del que hace gala como por lo absurdo de la situación que plantea: un hombre con cabeza de saurio engullendo el cráneo de otro mientras este último observa a un individuo en el interior del reptil que le susurra las palabras «no eres tú». El argumento principal de la ficción sigue los pasos de Caimán en su búsqueda personal por encontrar al hechicero que le embrujó y transformó su rostro en el de un reptil. Bajo un estado total de amnesia e inmunidad mágica, Caimán debe encontrar junto a su amiga Nikaidô al mago que le convirtió en un ser antropomórfico, todo ello mientras lidia con la enigmática figura humana que habita en sus entrañas y descubre poco a poco retazos de un misterioso y confuso pasado. Sus particulares cacerías de magos perpetradas en la corrosiva y hedionda urbe conocida como ‘Hole’ corren como la pólvora entre los oídos de importantes representantes del mundo de los magos. Una cacería contrarreloj está a punto de dar comienzo en un universo donde violencia y sangre frecuentan cada recoveco del mismo.

Reseña de Dorohedoro #1, de Q Hayashida Caimán - el palomitron

Acción, ciencia ficción, horror o fantasía son algunos de los géneros que convergen en esta obra, quedando todo este revuelto sazonado por condimentos de humorismo y absurdo. La construcción del universo ideado por Q Hayashida bebe de la fantasía urbana oscura y de cierta ambientación postapocalíptica, y eso es algo que el lector puede atisbar desde los primeros compases de la lectura, tanto en términos de worldbuiding como de personajes. Hole es, literalmente, un agujero donde se cobija la peor calaña de la sociedad que carece de la aptitud para utilizar magia. Así, se produce una clara divergencia entre dos mundos: el de los humanos sin ningún tipo de habilidad sobrenatural y el de aquellos que sí gozan de ellas, los magos. Hole se convierte en el patio de recreo de estos últimos, un laberinto para ratones donde poder experimentar con las vidas de estas “cobayas” a completa merced. En Dorohedoro #1 ya se puede comenzar a vislumbrar la disonancia entre estos dos mundos y la marginación y el abuso imperantes.

Reseña de Dorohedoro #1, de Q Hayashida En - el palomitron

La ficción se nutre de esta ambientación postapocalíptica para hiperbolizar todos los elementos que la componen. Los personajes y escenarios que se pueden encontrar están totalmente desfigurados y descompuestos. Las taras y la psique retorcida de los personajes casa a la perfección con el entorno que les rodea, con un escenario donde la devastación, corrosión y nocividad moldean un decorado totalmente hermético. Estas características sirven y ejercen de vehículo para que la oscuridad y visceralidad tan impregnadas en el ADN de la obra se intensifique y mantenga una total coherencia con lo que se quiere narrar. Dorohedoro es puro fango donde no hay lugar para filtros o censuras. Un lodo en el que se sumerge una retahíla de personajes que parecen no oscilar únicamente entre blancos y negros. La mayoría de personajes que se presentan en este primer volumen de Dorohedoro comparten un elemento tan característico como predominante en la obra, la locura. Su comportamiento en ocasiones puede llegar a resultar incluso inverosímil, pero esta conducta o actuación siempre es coherente con las características intrínsecas del marco ficcional presente en la obra. Todas las partes están perfectamente integradas, al unísono y sin discordancias. Reseña de Dorohedoro #1, de Q Hayashida Kaiman - el palomitronCaimán es el personaje sobre el que recae gran parte del peso argumental de los primeros capítulos, pero la autora no duda en presentar y poner en movimiento a otros cuyo protagonismo irá en aumento paulatinamente. De igual forma que el factor humano de la ficción comparte locura y surrealismo a partes iguales, el diseño del mismo también está en sintonía, con una presentación de modelos y estilos  extravagantes y con cierto aire Punk llevados al extremo. El predominio de personalidades masculinas en la obra queda patente desde los primeros compases, pero Q Hayashida realiza una labor encomiable a la hora de introducir varios personajes femeninos en un mundo tan peculiar como el que crea. Así, la autora empodera a la mujer por medio de una serie de figuras que denotan fuerza tanto en sus palabras como en sus acciones. No dudan ni temen, no están sublevadas al poder del hombre.

Dorohedoro #1 en términos de narrativa tiene un muy remarcado carácter de introducción y presentación de su universo. El lector puede ir olvidándose de encontrar grandes dosis de acción, importantes píldoras argumentales o giros de guion. Q Hayashida se nutre de cierto costumbrismo para narrar el día a día de sus personajes y para construir y delinear poco a poco el camino para que la trama se desarrolle correctamente y que todos los elementos que la conforman comiencen a aglutinarse. La deslocalización de los acontecimientos en función de los diversos grupos de personajes es uno de los alicientes de una estructura y un ritmo narrativos que pueden antojarse algo pausados e insustanciales para muchos lectores, a pesar de poseer una tan interesante como descabellada premisa.

Reseña de Dorohedoro #1, de Q Hayashida Shin - el palomitron

Dorohedoro es una perfecta simbiosis donde el nivel artístico juega también un papel primordial. El peculiar estilo de Q Hayashida dota de gran personalidad esta surrealista ficción donde la suciedad y las tonalidades oscuras imperan en los paneles que componen este primer volumen. La violencia y la excentricidad no pueden lucir mejor a través de un trazo sucio y un dibujo artesanal sin apenas espacio para el uso de las tramas. A pesar de contar con un estilo que recuerda al de autores como Tsutomu Nihei en una de sus obras más reconocidas, Blame!, la mangaka necesita saturar todos los paneles con multitud de detalles para dejar la menor cantidad de colores blancos posibles. Q Hayashida rehúye de lo pulcro y lo limpio para alentar y dar rienda suelta a todo el acervo de peculiaridades de su ficción bajo un excéntrico y depurado estilo gráfico.

Reseña de Dorohedoro #1, de Q Hayashida cartel edición - el palomitron

Reseña de Dorohedoro #1, de Q Hayashida Cubierta Manga - el palomitron

Durante la celebración del 35º Salón del Cómic de Barcelona ECC Ediciones anunció por sorpresa la licencia de Dorohedoro. Una obra y una autora irreverentes y desconocidas en nuestro país, una propuesta tan interesante como arriesgada por la temática y el estilo del manga. Dorohedoro #1 está compuesto por un total de 170 páginas en blanco y negro de las cuales, cinco de ellas, son a color. La edición de Dorohedoro #1 mantiene un formato B6 y rústica con sobrecubierta de medidas 13×18 cm. La calidad de los materiales que conforman este tomo es indiscutible, en la línea de otro tipo de obras de la editorial como Gift Plus MinusLa portada logra un gran impacto visual tanto por su diseño, como por su composición. El diseño de la cubierta respeta al máximo al original japonés, respetando la ubicación del título y la tonalidad de colores empleada. Para conseguir un mayor énfasis tanto en el título como en el protagonista la editorial ha decidido seguir el empleo del material retractilado, destacando así ambos elementos y enriqueciendo la calidad de la sobrecubierta. El diseño de la portada, inclusive los colores empleados, casan a la perfección con las características de la obra, dejando claras sus intenciones desde la primera toma de contacto. Además, la contraportada cuenta con diversos elementos gráficos bajo un efecto de distorsión que puede tener una relación directa con la confusión y dualidad a la que está sometido el protagonista de la ficción.

Dorohedoro #1 salió a la venta el pasado 30 de enero de 2018 a un precio de 9,95 €. Este primer tomo cuenta con un total de seis capítulos y un pequeño extra bautizados bajo el apelativo de “hechizos”. Este primer volumen no cuenta con ninguna errata a nivel ortográfico o de maquetación. Sin embargo, una vez más, hemos de incidir en el aspecto económico de la edición. A pesar de contar con una calidad superior a la media, la editorial fija un precio algo elevado para una obra que, a pesar de tener calidad y potencial, es probable que no tenga una gran acogida debido a su estética y desarrollo. Un precio de diez euros por una edición que ronda las 170 páginas se antoja como un obstáculo más para el consumidor indeciso. Al margen del precio de la edición, y para concluir, mencionar que la localización a nuestro idioma está perfectamente lograda gracias a la labor de Gabriel Álvarez Martínez.

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Edu Allepuz

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