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El Palomitrón

LOS ANTECEDENTES

Probablemente, el fenómeno de la saga Millennium que escribió Stieg Larsson sea el último nexo del posmodernismo en el que público y crítica se dieron la mano. El éxito literario, como no podía ser de otra forma, tenía que ser adaptado a la gran pantalla. Y así lo planeó la compañía sueca Yellow Bird, que en 2009 contrató a Noomi Rapace para que se pusiera en la piel de la chica con el dragón tatuado. Originalmente, solo la primera novela tendría un estreno cinematográfico, pero el triunfo fue tal que la toda la trilogía original se vio en cines.

Dos años más tarde, llegó la inevitable versión norteamericana con Rooney Mara y Daniel Craig como vertiginosos protagonistas. El resultado no fue el esperado, por lo que se decidió comenzar a adaptar las nuevas entregas. Por causas de agenda, y tras 2 años en el cajón, por fin ve la luz Millennium: lo que no te mata te hace más fuerte, la adaptación del cuarto libro de la saga (ya sin Larsson) y que cuenta con la reina más reina de todas, Claire Foy, en el papel de Lisbeth Salander. Además, dirige el uruguayo Fede Álvarez (No respires, Posesión Infernal). Poco puede salir mal.

LA PELÍCULA

Bien está lo que bien acaba, dice el refranero español. Y, aunque vago, sería un muy buen epílogo para la nueva entrega de Millennium. Como enfrentarse al éxito que supuso la primera tanda de películas resultó precario y minimizó a una actriz de la talla de Rooney Mara, lo más sabio era adaptar el nuevo material: ya saben, lo que la editorial de Larsson ha escrito para seguir recogiendo los huevos de oro de la gallina. Así el estado de la cuestión, la historia que presenta el siempre fiable Fede Álvarez nos devuelve una película menos dura, menos sucia, sí, pero mucho más disfrutable, mucho más entretenida.

Limitado, posiblemente por el estudio, a caber en las dos horas de rigor, el trabajo del uruguayo es toda una declaración de intenciones: por un lado, es capaz de dominar la trama psicológica y desarrollar a los personajes para hacer que nos importe su vida, y por otro se postula como un gran director de acción, como si Millennium: lo que no te mata te hace más fuerte fuera su oposición personal a dirigir una nueva entrega de James Bond.

Allá donde en las entregas suecas lo turbio del hampa nórdico era una loza, aquí se vuelve un ligero tentempié para mantener la atención morbosa del espectador. Por fin, entre la dirección y la estupenda presencia de Claire Foy, nos es devuelta una Lisbeth Salander en la que importa más su apellido que su orientación sexual y su habilidad como hacker más que su dominio del látigo. A la nueva entrega de Millennium solo se le podría pedir más concreción, pero se entiende todo en los tiempos del franquiciado.

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ELLOS Y ELLAS

Claire Foy, reina de Inglaterra, sus colonias, y nuestros corazones, es la actriz que necesitaba el papel. Donde Noomi Rapace resultaba muy dura y Rooney Mara muy blanda, la británica sabe explotar todas las facetas de un personaje tan difícil de interpretar como Salander. Además, pasan por allí Sverrir Gudnason, que firma un Mikael Blomkvist bastante soso, y Lakeith Stanfield, que sí parece cumplir a la perfección con su cometido de gris entre tanto blanco y negro.

LA SORPRESA

Cuando uno tiene un buen guion, una gran protagonista y un director excelente, la sorpresa se resume en que todo salga bien. En Millennium: lo que no te mata te hace más fuerte, todo es exquisitamente correcto y divertido, de ahí que lo inaccesible de anteriores entregas aquí se vuelva puro comercio.

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LA SECUENCIA/EL MOMENTO

Huyendo de las autoridades suecas, la chica con el dragón tatuado tendrá que escabullirse por los pasillos del aeropuerto de Estocolmo al tiempo que intenta liberar a un aliado de las manos de la CIA. El resto, pura tensión made in Uruguay.

TE GUSTARÁ SI…

Obvias una campaña publicitaria confusa y entras sin miedo en la cara oculta del mundo desarrollado.

LO MEJOR

  •  Claire Foy, que firma a una Lisbeth Salander perfecta.
  •  La madura dirección de Fede Álvarez.
  •  La banda sonora, trabajo de Roque Baños.

LO PEOR

  •  Quizás se alargue demasiado en su preámbulo.
  •  La accesibilidad no es un punto fuerte de las novelas nórdicas.

Matías G. Rebolledo

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