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HANS ZIMMER PRESENTA UN NUEVO ESPECTÁCULO. REPASAMOS LA OBRA DEL COMPOSITOR

Hemos querido hacer un recorrido por la vida y obra del compositor Hans Zimmer, que visitará Barcelona y Madrid los próximos días 5 y 7 de abril de 2019 presentando el espectáculo The world of Hans Zimmer – A symphonic celebration. No es tarea fácil resumir el trabajo de tan prolífico artista, con más de 150 creaciones desarrolladas durante las tres últimas décadas. Trataremos de centrarnos en aquellas que aportaron elementos diferenciadores a su estilo o que supusieron un hito en la carrera del músico. Os dejamos a continuación una playlist de Spotify con todos los temas del autor mencionados en el artículo para complementar la lectura.

UNA INFANCIA ENTRE DOS PAÍSES

Hans Florian Zimmer nace en los alrededores de Frankfurt en 1957, en el seno de una familia judía de clase media. Su madre había tenido que refugiarse en Inglaterra durante el periodo de la Segunda guerra mundial, donde aprendió el idioma que luego enseñaría al pequeño Hans. Su padre, ingeniero e inventor alemán, transmitió a su hijo el gusto por la experimentación y la tecnología. Animado por su madre, el compositor asistió a clases de teoría musical y piano desde muy pequeño, aunque nunca se sintió motivado por este tipo de aprendizaje formal, que dejó pasados unos pocos años.

La infancia del autor quedaría muy marcada por el prematuro fallecimiento de su padre. Este hecho motivó el traslado de la familia a Londres, donde el joven dedicaría una buena parte de su tiempo a la música, “un lugar donde refugiarse y mi mejor amiga” según sus propias palabras. Sería la mezcla entre este nuevo afán autodidacta y la heredada fascinación por la innovación lo que fue canalizando al joven Zimmer hacia las nuevas corrientes musicales del panorama británico. Comenzaba la década de los 70, época de explosión del sintetizador y el New wave.

EL INICIO DE UNA CARRERA MUSICAL (70-80s)

En el año 1970, Zimmer se une a la banda británica Helden como teclista. Poco después colaboraría con el famoso grupo de synthpop The buggles, que saltaría a la fama con la canción Video killed the radio star, todo un himno generacional. Poco a poco, el músico se fue haciendo un nombre en la industria. Participó en grupos de similar estilo musical como The camera club, Krisma o incluso Mecano, grupo español con el que colaboró puntualmente tocando el mítico teclado Memorymoog.

La década de los 80 fue clave en la vida profesional del artista. Animado por algunos músicos cercanos, se unió como aprendiz al equipo de producción del compositor de bandas sonoras Stanley Myers. Por aquella época Myers había alcanzado la popularidad con la música de la película El cazador de Michael Cimino en 1978 y tenía muchos encargos pendientes. Trabajando duro durante casi 10 años, Zimmer alcanzó un buen entendimiento de la industria cinematográfica y empezó a desarrollar su propio estilo de producción.

Oficialmente, la primera banda sonora firmada por Zimmer en solitario fue la de Un mundo aparte, relato intimista sobre el apartheid en la Sudáfrica de los años 60. Fue el primer contacto del compositor con la música africana (con especial atención a la percusión), a la que fusionó con su particular estilo electrónico. Este trabajo llamó la atención de la industria Hollywoodiense y permitió al compositor afrontar la banda sonora de Rain Man en 1988, su primer gran éxito internacional y por el que recibiría su primera nominación al Oscar. Sin ser su mejor trabajo, Zimmer sorprendió fusionando el sonido étnico de flautas de Pan con la tradicional orquesta sinfónica.

LA CONSOLIDACIÓN (90s)

El repentino reconocimiento del compositor a finales de los 80 motivó su traslado definitivo desde Londres a la meca del cine en California. Una vez allí, cada vez más productores y directores de renombre empezaron a llamar a su puerta. En 1991, Ridley Scott confiaba en Zimmer para la banda sonora de Thelma y Louise, un pequeño proyecto que uniría a los dos artistas para siempre. Como todos sabemos, el resultado fue una película generacional, un clásico que no ha perdido ni una pizca de atractivo a día de hoy. La música de Zimmer, dominada en esta ocasión por un inteligente uso de la guitarra eléctrica, ayudó a hacer memorables algunas secuencias, como la conclusión del relato.

Curiosamente, ese mismo año se producía otra alianza importante en la carrera de Zimmer. En este caso, Ron Howard llamaba a la puerta con la película de acción Llamaradas en busca de una banda sonora pequeña, de corte incidental. Lo que podría haber sido un trabajo rutinario se convirtió en el origen de lo que algunos denominarían como el sonido Zimmer. Con una mezcla de marcha militares (percusión recurrente y el color del viento metal) y toques de sintetizador, las clásicas escenas de los bomberos luchando contra el fuego ganaron fuerza dramática y dinamismo.

El mayor éxito de la carrera de Hans Zimmer llegaría con la banda sonora de El rey león en 1994, que le daría su primer y único Oscar. Según reveló el artista, cuando conoció el proyecto de Disney, su principal interés era el de trabajar en algo que pudiese compartir con su hija Zoe, fruto de su primer matrimonio. Una vez que profundizó en el proyecto, se sintió identificado con el sentimiento de pérdida del protagonista y con la posibilidad de profundizar en los ritmos africanos que ya había explorado en trabajos anteriores. A la producción se unirían posteriormente el solista africano Lebo M., el célebre letrista Tim Rice y Elton John. Bajo la coordinación de Zimmer, todos ellos crearían uno de los mejores trabajos musicales de las últimas décadas, un clásico que perdurará en la historia.

La avalancha de trabajos y su pasada experiencia personal con Stanley Myers motivó a Zimmer a establecer su propia compañía (Remote control productions) en Santa Mónica, California. La idea principal era la de mentorizar a jóvenes talentos que a su vez lo ayudarían a producir más música de calidad (por ejemplo, el muy de moda Ramin Djawadi, que triunfa actualmente con Juego de Tronos y Westworld). Fruto de esta nueva iniciativa, espectaculares y trabajadas creaciones como Marea roja en 1995 (una nueva colaboración con la productora de los hermanos Scott) o La delgada línea roja en 1998 verían la luz. Sobre la primera de ellas, ganadora de un Grammy, se puede decir que consolidaría el ya introducido sonido Zimmer. Con respecto a la obra del visionario director Terrence Malick, merece la pena mencionar el tema Journey to the line, un verdadero referente de la industria musical en lo sucesivo.

EN LO MÁS ALTO (00s)

El nuevo milenio empezaría con fuerza para el compositor. De la mano de su amigo Ridley Scott, Zimmer presentaba la banda sonora de Gladiador en el año 2000. Un festín de sonido Zimmer, aderezado con bellísimos ritmos étnicos (de nuevo con tintes africanos) y la hipnotizante voz de la cantante australiana Lisa Gerrard. Una fórmula similar se utilizaría en la siguiente obra de Scott en 2001, Black Hawk derribado, en la que destacaría el inolvidable tema Gortoz a Ran donde al dúo Zimmer-Gerrard se añadiría el solista francés Denez Prigent.

El año 2003 daría comienzo una nueva colaboración de Zimmer con Disney para la saga Piratas del Caribe. Dado que fue una decisión de última hora (sustituiría a Alan Silvestri por diferencias creativas con el director Gore Verbinski), el compositor tuvo encerrarse en su estudio para esbozar el tema principal en tiempo récord. A partir de esa base, su colaborador Klaus Badelt y otros aprendices fueron capaces de organizar una banda sonora completa en pocas semanas, algo inédito para una producción de ese calibre. El resultado fue un éxito incontestable, una buena cantidad de sonido Zimmer mezclado con melodías juguetonas, mucho sintetizador (por falta de tiempo para usar una orquesta) y la vuelta de instrumentos antes utilizados, como la guitarra acústica y la flauta. A día de hoy, esta es una de las creaciones más famosas y utilizadas de la discografía de Zimmer.

Sin duda 2003 fue un año de alta actividad para el artista. Cuando llegó el encargo de Disney para Piratas del Caribe, el artista se encontraba inmerso en la creación de la música de El último samurái. Zimmer escogió ese proyecto para adentrarse en la música y ritmos orientales, que no eran su especialidad por aquel entonces. Después de casi un año de trabajo, el resultado fue una refinada creación, ampliamente alabada por la crítica especializada. El uso de instrumentos japoneses como la flauta de bambú o el koto (un arpa horizontal) consigue crear una relajante atmósfera tradicional que se mezcla con energéticos temas de acción, donde los tambores Taiko toman el relevo. Como ya había mostrado en trabajos anteriores, la fusión de temas étnicos es una de las marcas de la casa del compositor.

Después de un par de años sin muchos aciertos, en 2006 se estrenaba El código Da Vinci, una nueva colaboración de Zimmer con Ron Howard. La composición, con un marcado fondo de música sacra y coral, sirvió para reposicionar al autor como el principal referente de la industria. Para terminar el repaso de esta década, debemos mencionar la relación de Zimmer con Christopher Nolan. Esta asociación, casi al nivel de la de Williams-Spielberg (palabras mayores), tuvo su primer gran éxito de público y crítica con El caballero oscuro, en 2008. Al igual que en la película, todos los temas asociados al Joker están brillantemente resueltos. En palabras del autor, se intentó crear una especie “sinfonía del caos” que añadiera confusión a la ya perturbadora actuación de Heath Ledger y que funcionara como antítesis del tema de Batman, una contundente y simétrica melodía con mucho sonido Zimmer.

CONTINÚA LA INNOVACIÓN (2010 EN ADELANTE)

Después de 20 años en la cumbre de las creaciones musicales de Hollywood, se podría esperar que Zimmer decidiese relajarse con la llegada de una nueva década. Nada más lejos de la realidad; nuevas iniciativas, como la gira The world of Hans Zimmer, acuerdos con productoras de TV y colaboraciones con sus directores fetiche lo han mantenido extraordinariamente ocupado. Empezaremos mencionando la banda sonora de la película Origen de Nolan en 2010. Varios factores convirtieron a este disco en un verdadero hit de la época: la famosa base musical desarrollada en Journey to the line volvió a funcionar a la perfección en el tema Time, la introducción de frenéticos ritmos étnicos en escenas de acción (tema Mombasa) y la invención de un nuevo sonido, similar al de una bocina y que sería imitado hasta la saciedad en lo sucesivo.

El camino de la innovación no tiene fin y los dos siguientes proyectos Nolan-Zimmer así lo demuestran. Primero sería Interstellar, en 2014. Para esta banda sonora, el autor decidió desarrollar una música de complejas texturas con base de órgano sacro, juegos temporales y una presión sonora aplastante. No podemos dejar de recomendar el análisis de Jaime Altozano sobre esta ingeniosa composición, que dejamos en un vídeo a continuación. El siguiente proyecto sería Dunkerque en 2017. Este fue un trabajo de estrecha colaboración entre compositor y director, en el que el diseño musical jugó un papel fundamental a la hora de contar las tres tramas sobre las que trascurre la historia. La creación de una atmósfera tensa y agobiante, totalmente alejada de cualquier planteamiento melódico, se apoyó en el uso de fenómenos sonoros como El tono Sheppard (un ilusorio aumento de tono infinito).

Aunque podríamos extender este análisis a otras estupendas composiciones de la época, como la roquera música de Rush en 2013 o la revisión de la secuela de Blade Runner en 2017, preferimos comentar el acuerdo entre la productora de Zimmer y la BBC, que supondría su primera incursión en televisión. Esta nueva iniciativa dio su primer fruto con la banda sonora de la serie documental Planeta Tierra II en 2016, seguida de Planeta azul II en 2018. Ambas son poderosísimos e inspiradores trabajos de Zimmer y su equipo, que contribuyeron a que sendas series documentales se convirtieran en apabullantes espectáculos audiovisuales.

Hasta aquí el resumen de la vida y obra de un gran músico, que sigue tan activo como siempre y al que deseamos que nunca deje de crear e innovar. Esperamos con expectación sus nuevos trabajos, con especial atención a la esperadísima Dune de Denis Villeneuve y, como no, al nuevo proyecto de Nolan (sea el que sea). Algo nos dice que volverá a sorprendernos.

Pedro Figueiras

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