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CRÍTICA. LOBO FEROZ

ANTECEDENTES

Gustavo Hernández es un director uruguayo experto en el género de terror. Logró gran éxito internacional con su primer largometraje, La casa muda, seleccionada por Uruguay en la carrera de los Oscar. La película se convirtió en un suceso de críticas y ventas en el mundo y logró la realización, por primera vez en el cine uruguayo, de un remake en Hollywood: Silent House.

Ahora regresa de nuevo a los cines con Lobo Feroz, una versión renovada de una de las películas más aclamadas del cine iraní, Big Bad Wolves, ganadora del premio a la mejor dirección en Sitges entre numerosos festivales internacionales y nombrada como mejor película por el mismísimo Quentin Tarantino.

Este remake, que llegará a los cines este viernes 27 de enero, cuenta con actores de renombre del panorama español, como Adriana Ugarte, Javier Gutiérrez, Rubén Ochandiano y Juana Acosta. Antonio Dechent, Manu Vega, Fernando Tejero y Luna Fulgencio completan el reparto.

LA PELÍCULA

Lobo Feroz arranca con una escena de lo más escalofriante, no solo por lo que se ve, tan sutil como directo, sino por las decisiones técnicas que la componen: en blanco y negro y una cover de Creep (Radiohead) sonando como música extradiegética. En ella, unas niñas acaban topándose con un policía borracho. Esa simple escena conecta con el espectador y le sujeta a su butaca durante el resto del filme. A partir de ahí viajamos al presente, donde “un policía al borde de la ley (Javier Gutiérrez) y una mujer en busca de venganza (Adriana Ugarte), cruzan sus caminos obsesionados con descubrir al asesino que se esconde tras los brutales crímenes de varias niñas. Ambos están dispuestos a hacer lo que sea necesario para lograr su confesión, aunque para ello tengan que tomarse la justicia por su mano. Una modélica detective (Juana Acosta) luchará contrarreloj para evitar que se cometan errores irreparables y que esa desesperada búsqueda de la verdad se convierta en el más feroz de los lobos”.

Venganza o justicia. Ese es el gran dilema que se nos presenta en Lobo Feroz y que nos hará cuestionarnos hasta dónde seríamos capaces de llegar si nos quitan lo que más queremos. La protagonista, Matilde, es el ejemplo perfecto de una madre dispuesta incluso a secuestrar al supuesto asesino de su hija y hacerle sufrir hasta conocer la verdad.

Es una película con toques de terror y humor negro que se nutre de lo mejor de los thrillers, presentando un escenario oscuro y asfixiante, al igual que sus personajes. No son personas de luz, ni siquiera se atisba en ellos una pizca de remordimiento por sus actos ni se pretende que sintamos compasión por ellos. Salvo el presunto culpable Elías (Rubén Ochandiano), que, con su actitud tan noble y aparentemente normal, nos hará cuestionarnos también si realmente ha sido capaz de cometer tan atroces crímenes. De esta manera, el director sabe muy bien jugar con esa ambigüedad para hacernos partícipes de la historia y querer llegar hasta el final.

Final que, sin embargo, se queda a medias y nos hace desear que dure un poquito más para resolvernos algunas preguntas que se han dejado sin resolver. Esto, junto a las escenas de más violencia no recomendadas para personas sensibles son quizás lo puntos más negativos de una película que sorprende positivamente y consigue su objetivo, descolocar al espectador y hacerle reflexionar sobre su lobo feroz interior, sobre esos actos al margen de la ley que nos importaría cometer por proteger a los que más queremos.

ELLOS Y ELLAS

Uno de los puntos fuertes de Lobo Feroz es la construcción de los personajes y la interpretación que los actores hacen de estos. Adriana Ugarte, protagonista absoluta de esta historia, se come a su personaje de una manera tan brutal que hace que nos cueste mucho reconocerla. Un personaje muy complejo, muy oscuro y totalmente distinto a todo lo que habíamos visto anteriormente de la actriz. Pero que sin duda nos demuestra su magnífico trabajo, no solo físico sino también emocional. Por su parte, Javier Gutiérrez vuelve a meterse en la piel de un policía, un tipo de personaje que le queda como anillo al dedo y que ya ha interpretado anteriormente, aunque en este caso, utilice métodos que se alejen de la legalidad. Siempre es un placer verle en pantalla y le deseamos lo mejor en los Goya de este año, que seguro que serán buenas noticias. Rubén Ochandiano no se queda atrás con un personaje muy desconcertante que nos hará dudar hasta el final de su inocencia e incluso ponernos la piel de gallina con cada mirada y palabra. El resto de los actores también destacan con sus personajes, pero no nos gustaría acabar sin mencionar a la pequeña Luna Fulgencio que, aunque en esta película tenga un papel pequeñito, estamos ante una joven promesa que nos sorprenderá mucho en el futuro.

LA SORPRESA

Sin duda, la mayor sorpresa es ver a Adriana Ugarte en un papel tan complejo y distinto a ella, pero llevado a la perfección.

LA SECUENCIA / EL MOMENTO

La primera secuencia, en blanco y negro y sonando una versión acústica de la magnífica Creep de Radiohead, consigue ponerte los pelos de punta y que la recuerdes incluso cuando el filme ha llegado a su fin.

TE GUSTARÁ SI…

Te gustan los thrillers que te dejan clavado en la silla

LO MEJOR

  • La gran actuación de Adriana Ugarte, tan diferente a lo que hemos visto antes de ella.
  • La condena a la pedofilia.
  • El mensaje que lanza: una madre es capaz de lo que sea por su hija.

LO PEOR

  • Hay escenas muy violentas que pueden resultar desagradables
  • El final te deja con ganas de más y preguntas sin resolver

Lucía Ruiz Mateo

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