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THE CASE FILES OF LORD EL-MELLOI II: DICOTOMÍA DE PASADO Y PRESENTE

La magia siempre ha sido un elemento recursivo dentro del medio. Uno de los pilares de la fantasía y la ficción en sí misma, no escapa de los entresijos de un espacio con importante dedicación a este tipo de obras. Las formas de verla son tan variadas como la capacidad de pensar de quien empuñe la pluma que le de forma, pero incluso en esas, siempre ha habido una obra que ha sabido brillar por encima del resto.

La franquicia Fate siempre ha sido un mundo demasiado vasto como para sentirme cómodo en sus líneas. Sin embargo pasé por Fate/Zero en su día y, pese a su brevedad —si lo comparamos con el tamaño de su universo— siento que la originalidad del mismo supone una de las grandes travesías del género a lo largo y ancho del medio. Su regreso, gracias a Lord El-Melloi II Sei no Jikenbo: Rail Zeppelin Grace Note supone una reafirmación sobre este conjunto. Pero también un cambio de concepto que muestra la capacidad de la franquicia por ir más allá de lo ya conocido.

La magia más allá de la magia

La principal particularidad de la magia en el género, de nuevo, es la forma en que la observa cada autor. En Danmachi, por ejemplo, es simplemente un poder al que acceder en forma de habilidad. Sin embargo, en The Ancient Magus’ Bride nos encontramos con todo un sistema de leyes y posibilidades dictaminadas por las fuerzas de la naturaleza en un esquema que bebe directamente de la mitología e historia humana.

Fate traza un arco similar, llevando un punto más allá esta idea con su Guerra del Santo Grial y suponiendo la idea de que sean héroes ancestrales, y no los propios magos como tal, quienes se unan a la espiral del conflicto que genera su propia narrativa. Un contraste que le ha ganado el afecto de miles de seguidores y que, ahora, demuestra ser capaz de explotar para ir más allá.

Y es que Lord El-Melloi II se atreve a ir más allá de la magia como concepto. Más allá de lo que proponía la propia Fate/Zero. Por supuesto, hay elementos conocidos que sirven de conexión con la realidad —convirtiendo nuestro propio mundo en lienzo. La Asociación de Hechicería se encuentra en el Museo Británico, mientras que la Torre de Londres también tiene, de nuevo, una especial importancia en el desarrollo de su mundo. Una visión que enriquece la nuestra propia y que se sostiene sobre un pilar clásico de la fantasía que la obra esgrime con gran naturalidad y coherencia.

Con todo, y de nuevo, más allá de esto, la serie toma nota de creencias y ritos para tejer su propio universo mágico. Dejamos de lado a los Servants, pero no tardamos en encontrar cientos de referencias a los mundos mágicos y místicos que el propio ser humano ha diseñado a través de creencias a lo largo de los siglos. Es un tono diferente, más pausado, pero también más amplio. Uno donde la propia mitología toma fuerza y se atreve a romper el velo que la separa del mundo real con la aparición de nigromantes y donde hay espacio para criaturas mágicas como las hadas o el advenimiento de un perro negro en referencia al Cŵn Annwn de Gales.

El pasado en el presente

Así Lord El-Melloi II se caracteriza por su potencial apartado de worldbuilding, escenificando un mundo mágico especialmente amplio donde todo tiene una explicación mística y la fuerza de la naturaleza es más que combustible para cuentos y leyendas. Un espacio que no resulta aislado sino que cuenta con su propia conexión con los eventos de Fate/Zero, suponiendo todo un salto emocional en cuanto a sus personajes se refiere.

El hecho de que Waver vuelva a la acción supone una toma de contacto que, pese a suponerse como una conexión leve, resulta todo un salto emocional que no irrumpe tan solo en la figura del chico, sino en todo lo que el representa en función del resultado de la Cuarta Guerra del Santo Grial. Su primer episodio es mucho más que una simple introducción. Su juego narrativo, de saltos temporales y pausas estipuladas, sirve para construir el futuro de un chico que lo ha perdido todo.

La pérdida de Iskandar —Alejandro Magno— supone un cambio radical para el mismo. El fin de todo lo que había logrado y el comienzo de una nueva vida. Con todo, la obra juega con su pasado entrelazando todos sus cabos, dibujando este futuro atópico en el que es Waver, el débil y pequeño Waver, quien debe convertirse en sucesor de Kayneth (tras haber puesto la primera piedra en caída en desgracia y posterior asesinato) y obtener el título de Lord en la Torre del Reloj.

Un punto de partida que la obra da por hecho al escenificar otro de sus saltos temporales y demostrando su portento narrativo con un tira y afloja que juega con todos sus personajes por igual y toma por núcleo la relación entre el pasado y el futuro. Entre Waver Velvet y Lord El-Melloi II. Entre Iskandar y una soledad opresiva que lo aleja de una realidad que apenas puede ya entrever en sus sueños.

Y es que Lord El-Melloi II Sei no Jikenbo: Rail Zeppelin Grace Note es mucho más que que un simple spin-off. Pero también es mucho más que una secuela. La obra habla del error de la guerra en un nuevo plano. Tiene ese tono distintivo que comparte con To The Abandoned Sacred Beasts en el plantel de la temporada pero incluso así sobrepasa las barreras del drama y lo hace suyo, bailando sobre la desgracia y escenificando un mundo que, pese a alejarse de la guerra, la añora.

No la batalla como tal. Tampoco las vidas perdidas, incluyendo la de Kayneth, sino su figura. La dicotomía emocional de Waver se extiende en numerosos planos a lo largo de la obra, suponiéndose como la principal motivación y conflicto de la misma pero ocupando el suficiente poco espacio como para que su espacio narrativo tenga tiempo de brillar sin necesidad de tomarlo todo prestado de su antecesora.

Un plano de la sociedad mágica

Es así como Makoto Kato, sobre las líneas de Sanda Makoto, se atreve a escenificar una perspectiva diferente. A ese juego que muestra Sui Ishida con Tokyo Ghoul. A no hablar solo del conflicto y lo que lo envuelve, sino también de su escenario: de la ciudad. Porque Lord El-Melloi II tiene mucho de ello. De un formato slice of life que se deforma para extender sus ramas a través de un escenario tan amplio como los límites que plantea su propio autor.

La dicotomía de Waver sirve de anunciadora de su propia desgracia pero los actores y actrices se multiplican en cada acto. Entran y salen, ofrecen su discurso y marchan para volver bajo una nueva personalidad. Un formato que le sienta especialmente bien a la serie, enmarcando todo un universo mágico sobre el lienzo en blanco que resulta nuestro mundo y realizando una radiografía sobre la sociedad del ocultismo y como sus disputas afectan a nuestra vida.

Un formato episódico que no olvida a los suyos, sino que funde sus relaciones interpersonales de cada uno de sus representantes con los tantos casos que la obra nos muestra en su avance. Reines resulta ser una de las piezas más enigmáticas del rompecabezas, dejando entrever dos caras de la misma moneda. Gray, sin embargo, es la mano derecha de Waver, pero su pasado la arrastra a lo más profundo de su abismo personal en una dualidad de identidad que le obliga a llevar siempre una capucha sobre su rostro, sabiendo que porta el rostro del Rey Arturo, Saber, y los recuerdos que evoca ello en su maestro. Incluso Flat y Svin tienen su propio arco de personajes diluido entre los entresijos de su argumento, incluyendo el torpe enamoramiento del segundo sobre Gray.

Un nuevo exponente

Incluso ante lo poco que hemos podido ver de la obra hasta ahora, Lord El-Melloi II se supone como un gran exponente en el género. Una obra capaz de dedicar todo un episodio al conflicto interpersonal que se genera a varias bandas por el simple hecho de que la cafetería preferida de Waver cierre, por motivos extraños durante unos días. Ese es el nivel que maneja la última entrega de la franquicia.

Una obra de secretos, misterios y elementos místicos que bailan al compás sobre un escenario que tiene el mismo protagonismo que los elementos que lo acompañan, dando lugar a un resultado multidimensional con una capacidad innata para sorprender. Algo a lo que debemos sumar la excelente puesta en escena de TROYCA, que toma el testigo de su producción con un Makoto Kato que trae con él toda la fuerza de las pausas de Bloom into You y que suma el acompañamiento de la laureada Yuki Tajiura, que da forma a su mundo con composiciones que van más allá de lo visto en Princess Principal o Sword Art Online.

Lord El-Melloi II es una obra que pide a gritos ser descubierta. Una entrega que supera cualquier alabanza que puedan dedicarle estas líneas y que, de nuevo, toma de la mano el misterio y el misticismo, pero también el terror y el romance, para escenificar con ello una obra que resulta tan mágica como las pretensiones que la acompañan.

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Óscar Martínez

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.