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BLOOM INTO YOU, AMAR NO SIEMPRE ES LA META

Rascal Does Not Dream of Bunny Girl Senpai ha supuesto un punto y aparte este año. Una obra que habla de la presión social y de cómo vivimos atados a nuestros complejos y temores. Por otro lado Iroduku: The World in Colors se ha convertido en un paso adelante; en algo valiente. Una obra que atreve a utilizar la acromatopsia como elemento narrativo y el uso de los colores como un referente emocional.

Dos grandes apuestas que, junto a Bloom into You, forman una trinidad tan sentida que han conseguido cerrar el año con el listón por encima del límite antes establecido. Y es que, aunque la última se desmarca de los tonos ficticios de las anteriores, su movimiento va más allá de lo establecido para enfocarse en una entrega romántica que deja de lado el romanticismo para hablar con el corazón. Bloom into You es la cara de la naturalidad.

El vértigo de sentir amor

El concepto, por el que ya hemos pasado antes, no deja de ser algo simple. Yuu es incapaz de sentir amor. No lo hace en el sentido más literal de la palabra —y, de hecho, no es precisamente la estructura principal de la obra, como ocurre en Iroduku: The World in Colors— sino en forma de metáfora haciendo referencia a un punto universal: la confusión de la adolescencia. El descubrimiento personal.

Porque Yuu no sabe si puede, o no, sentir amor. Su problema va más allá. Yuu no sabe lo que es el amor. Un sentimiento complejo, que podemos plasmar a través de obras y canciones pero que no podemos reproducir bajo el amparo de las mismas. La exploración de ese concepto, entonces, es parte fundamental del guion que acompaña a las chicas en una evolución que se cuece a fuego lento y que no pretende más que mostrar la naturalidad del día a día.

Que Bloom into You sea un puro Slice of Life es, seguramente, la mejor decisión de diseño narrativo con el que cuenta la obra. No necesita más. Solo un pequeño escenario, un grupo de actrices y actores y un guion que fluye por sí solo, bajo unas líneas tan simples como reconocibles que invitan la reflexión e identificación más puras.

La identidad bajo las máscaras diarias

Partiendo de este ideal tan simple, donde Bloom Into You se toma el permiso de explorar conceptos ajenos a lo que se espera dentro del romanticismo. Porque, insisto, la obra se enfoca en esos primeros momentos. Cuando descubres a alguien que consigue acelerar tu corazón. Cuando reconoces el olor de su colonia o cuando el roce de su piel con la tuya produce ligeros escalofríos. Pero también es un espacio repleto de miedos, de inseguridades. Y es aquí donde entra en juego.

Porque la relación entre Touko y Yuu no es más que un producto de esas inseguridades. No de ellas per se, sino de cómo las trata la otra persona. Touko se muestra siempre bajo una máscara que solo es capaz de apartar cuando se encuentra cerca de Yuu. Porque la calma. El vértigo desaparece al sentirse arropada por la calidad de alguien que le acepta tal y como es. Con sus miedos, sus inseguridades. Sus defectos.

Es un concepto que se extrae más bien del conjunto oriental pero que, además, se mezcla con una amarga responsabilidad impuesta. Porque se entiende, en Touko, el sentido del deber más característico de la cultura japonesa. Pero, sobre ello, la chica se ve obligada a convertirse en marioneta del ídolo de su hermana fallecida. No solo no es quien quiere ser, sino que realmente no sabe quien ni porque es. Bajo la búsqueda la aceptación —quizás también del cariño— de sus padres, del entorno social y escolar, la chica adopta una figura a la que idolatra sin conocer más que una cara visible de la misma.

Entonces el concepto del romance para Nio Nakatani, para Yuu, representa parte de ese entendimiento implícito que conlleva el querer a alguien. La chica se ve aceptando a Touko poco a poco. Se da cuenta de que se preocupa por ella, de que le importa. No calma su ansiedad, como si pasa de forma contraria, pero el vértigo de no sentir se disipa poco a poco bajo la idea de proteger y sentir la intimidad de ver a esa persona abandonando la ansiedad entre sus brazos.

Ambas se descubren la una a la otra. La idea de amar siempre se muestra como algo abstracto y rara vez se le cita como tal. La evolución a través del descubrimiento —de sí mismas y también de forma recíproca— es la verdadera fuerza que les impulsa. Cuando Touko le pide a Yuu que no le ame porque sería incapaz de amar a quien haga lo propio con lo que odia (ella misma), la respuesta se convierte en el todo de la obra.

«No me digas que odias lo que tanto me gusta»

Caminamos juntas, poco a poco

Al final del día, Bloom into You no es más que una muestra de su propio escenario. La declaración se produce en su primer capítulo pero, cuando acaba, no hay siquiera un punto aparte. Y esa es, precisamente, su mayor virtud. Porque incluso aunque el camino no termine en su décimo tercer episodio, tampoco se intuye siquiera un final como tal para esta primera parte. Yuu no ama a Touko y ella no solo no se quiere aún a sí misma, sino que además sigue observando la bondad de la chica como un objeto frágil al que teme aferrarse y romper.

Y esto es así porque la obra no nos muestra más que parte de sus pasos. Pequeños pasos sobre un camino largo que no requiere de prisas para avanzar. Lejos del romanticismo implícito en el género, Bloom into You explora una faceta mucho más natural y tierna del amor. De cómo aprendemos a amar. De cómo aprendemos a coger la mano de la otra persona cuando nos caemos. De que nos queda mucho por avanzar.

Pero hay más. Porque en ninguno de estos pasos están solas. A medida que avanzan, su mundo lo hace con ellas también. Sayaka encuentra en Touko su propio antídoto personal y, a diferencia de Yuu, ha aprendido a amarla y entenderla. Riko y Miyako ejercen de brújula moral y emocional sobre el triángulo amoroso que se cierne sobre las chicas. Pero, incluso así, sirven como demostración de que el amor viene y va, que es un ser abstracto de desidios difíciles de pronosticar, sin importar la edad en la que se presente.

Pero Maki también forma parte del guion, marcando sus propios ritmos junto a las chicas, aprendiendo y entendiendo. Y ocurre lo mismo con Kano, que resulta ser capaz de leer la situación de Touko e identifica su falta de identidad a través de la obra de teatro que escribe para la misma, como si el propio escenario ideado fuese, precisamente, el que Yuu y ella misma viven en su día a día.

Toda esa maraña de matices, de ideas, de personajes y relaciones las que forman Bloom into You. Una pequeña muestra, insisto, del día a día. De como es y cómo puede ser. Del cómo una persona puede llegar a tu vida para cambiarla por completo. Pero también de que no siempre, por no decir que no suele, es fácil. Más allá de lo que nos vendió el arte, la obra de Nakatani entiende el amor como parte imprescindible. Pero nunca como protagonista. Ese espacio lo dedica camino. Al como ellas avanzan y como nos permite hacerlo con ellas. A ese pequeño antídoto contra el agotamiento del día a día que se resume en unas líneas tan maravillosas como las suyas.

Óscar Martínez

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.