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Crítica de Iroduku The World in Colors imagen destacada - El Palomitrón
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ACROMATOPSIA Y MAGIA SE UNEN EN IRODUKU: THE WORLD IN COLORS

Crítica de Iroduku The World in Colors principal - El Palomitrón

6 de octubre de 2018. 28 de diciembre de 2018. Toca empezar la cuenta atrás. Han pasado tres meses desde que la obra de Yuuko Kakihara hizo sonar sus primeros compases. Unos que se antojaban algo lentos pero necesarios. Unos donde se planteaban ideas que, hasta entonces, no parecían latentes en la industria. Unos que nos hablaban de la acromatopsia. Es el conjunto de todo ello lo que nos hace volver al primer episodio nada más acabar Iroduku: The World in Colors. Una vuelta necesaria para entender cómo empezó todo. Un regreso que nos hará ver a través de tonos grises ese color que, poco a poco, va desprendiendo la obra. Ha llegado el momento de volver a los fuegos artificiales y viajar a través del pasado, presente y futuro

Una escala de grises 

Yuuko Kakihara consigue abrir Iroduku: The World in Colors de forma singular. «Me pregunto cuando pasó… ¿cuándo dejé de disfrutar de los fuegos artificiales?». Estamos ante un mensaje claro que funciona a la par con un apartado técnico extremadamente delicado. La cámara toma un plano cercano primero, hacia los pies. Distante luego, de espaldas a Hitomi. Es un momento reflexivo, que nos habla de cómo es ella sin necesidad del uso de narradores. Es una constante. El mundo es secuestrado por una escala de grises y la obra presenta su juego. Un mundo de colores frente a un mundo gris. En apenas unos segundos Iroduku nos grita, de forma silenciosa y prudente, todo lo que necesitamos saber sobre la obra. La protagonista, Hitomi, no puede ver los colores. Sufre acromatopsia. Ella vive su día a día a través de una escala de grises y se mueve, por inercia, como si fuese una hoja al caer del árbol. Se balancea de un lugar a otro, pero no tiene un objetivo fijo.

Crítica de Iroduku The World in Colors fuegos artificiales - El Palomitrón

Pero es en ese primer episodio experimental que ejecuta a la perfección P.A. Works (Maquia, una historia de amor inmortal) donde, gracias a su abuela, Hitomi viaja 60 años atrás en el tiempo para buscar ese rumbo que parece inexistente en su vida. Un viaje que podríamos catalogar de búsqueda personal. Un periplo que le servirá para conocerse a sí misma, dejar de lado el tono grisáceo que le envuelve y empezar a sentir los colores de la vida.

Un rumbo sin determinar

Iroduku: The World in Colors se nos presenta como una historia diferente, una donde los viajes en el tiempo y la magia se conjugan sobre un mismo plano para presentarnos el día a día de Hitomi, su familia y sus amigos. Es cierto que en los primeros episodios de la serie el objetivo se difumina e incluso no se llega a ver con claridad qué mensaje pretenden contarnos. Pero es gracias a esa pausa y a esa delicadeza —elementos complicados, pero ejecutados a la perfección— donde podemos ver el trasfondo real de Iroduku. No sólo percibimos la importancia de la enfermedad de Hitomi sino que empezamos a entender el por qué está junto a Kohaku (su abuela del pasado). 

Yuuko Kakihara consigue, a través del día a día, contarnos esos pequeños detalles de su historia. Conseguimos sumergirnos en la enfermedad de Hitomi e incluso llegamos a ver en blanco y negro. Se habla de acromatopsia, pero se entiende como tristeza. Una que encierra a la propia Hitomi y construye en su ser un mundo teñido de gris. Un mundo que, gracias a la magia de Kohaku, el arte de Yuito y la compañía de sus nuevos amigos, poco a poco, se va tintando de nuevos colores. De este modo se va entendiendo el por qué de ese viaje en el tiempo y la importancia de esa magia que desprende la obra cada segundo.

Crítica de Iroduku The World in Colors plantel completo - El Palomitrón

Podemos entender Iroduku como un viaje de búsqueda, una en la que Hitomi debe encontrarse consigo misma y descubrir hacia dónde debe conducir su vida. Gracias a los flashbacks comprendemos mejor al personaje, sus sentimientos y sus reacciones. Una chica tímida y pusilánime frente a un mundo repleto de colores. El gris parece que ha sido su pausa durante muchos años, pero parece que ha llegado el momento de purgar esa mezcolanza de blanco y negro para dar paso a los sentimientos reprimidos. Unos que irán apareciendo gracias a los encuentros fortuitos del pasado. 

Lágrimas de tinta

Bajo una escala de grises que asciende al color más puro, nos encontramos ante una Hitomi totalmente nueva. A través de 13 episodios logra entender a qué se debe ese viaje que, en un principio, no tenía explicación alguna. La magia consigue tener cabida en su vida, sus sentimientos dejan de estar sujetos a los recuerdos tristes y borrosos de su pasado, y el amor llama modestamente a su corazón. Un conjunto de factores que construyen Iroduku y la llenan de esa ternura y esa magia que desprendían los primeros segundos de la misma. Por ello, es importante retroceder al segundo uno tras ver el último. Comenzamos en blanco y negro, acabamos en color. 

Es cierto que una enfermedad como la acromatopsia no tiene una cura tan loable, pero gracias al trabajo de Yuuko Kakihara podemos entenderla como una represión de la felicidad. Al fin y al cabo, una forma de entender la depresión y, a su vez, la manera de lograr salir de ella. El corazón es nuestro músculo más caprichoso y en ocasiones cuesta dar con el sentimiento perfecto para conseguir hacerle latir. Hitomi llevaba muchos años con el corazón “pausado” pero gracias a este viaje consigue encontrar la fórmula para accionarlo constantemente. Una que nos hará latir junto a ella y emocionarnos con la obra.

Crítica de Iroduku The World in Colors Hitomi magia - El Palomitrón

Como sucede en cualquier viaje, éste debe acabar, y tras 13 episodios Iroduku también llega a su final. Hitomi logra cerrar aquello que comenzó en el futuro, trasciende hasta el pasado y se retoma en su presente. Deja de lado ese mundo teñido de gris y da paso a una escala mucho mayor que contempla colores como el cian, magenta o cobrizo. Tal vez sea casualidad, pero el destino ha unido a la obra de Toshiya Shinohara junto al trabajo de Nomada Studio (Gris) en una misma escala temporal haciendo una analogía frente a un mismo puerto: la salida del abismo personal. En muchas ocasiones es relativamente fácil unir diferentes campos, pero es realmente complicado hacerlo cuando se tratan temas tan delicados. Pero ha sido en este viaje donde el paralelismo de ambas obras me han hecho llegar a una misma salida. Puede que la protagonista de Gris y Hitomi sean diferentes, pero las dos comparten objetivo. Uno que puede derivar en una travesía de píxeles o en el encuentro con unos fuegos artificiales teñidos por la inmensidad del firmamento. 

Un periplo mágico 

Dicen que en un concierto el director de orquesta es aquel que dirige a los músicos para que la melodía se ejecute a la perfección. Una melodía que debe sonar de principio a fin. Sin fallos; sin confusiones. Toshiya Shinohara toma dicha definición como partitura y en esta ocasión usa tres batutas para ejecutar a la perfección Iroduku: The World in Colors. Con un guion que corre a cargo de Yuuko Kakihara, la música de Yoshiaki Dewa y el trabajo de P.A. Works, la dirección de Toshiya Shinohara se desliza como el agua por la arena. Algunos la tacharán como paulatina, otros como hastiada, yo prefiero definirla como perfecta.

Desde un primer momento la obra nos habla a través de la música, de los colores —ya sean amarillos, verdes, azules o grises— y de los sentimientos. Tres elementos que Shinohara sabe acompasar sin temer a la velocidad o al detalle. No solo estamos ante una obra que está sujeta a una belleza constante, sino que tenemos el placer de compartir espacio con el corazón, la magia y el tiempo. Iroduku: The World in Colors no significaría lo mismo sin el telón que tiene tras ella. La obra no podría hablar sin toda la orquesta. Pero lo hace, une todos sus elementos y se comunica con nosotros gracias a ellos. 

Crítica de Iroduku The World in Colors Hitomi y Yuito - El Palomitrón

La obra juega constantemente a través de una metáfora. Una alegoría que se sirve de los sentimientos, el tiempo, los colores y la magia para ser real. Hitomi es el eje principal de Iroduku, y es gracias a ella cómo podemos ir girando la rueda de la vida a lo largo de toda la historia. Se entremezclan sentimientos y tonalidades, pero al final, ambos fluyen en una misma dirección para hacernos ver a través de los ojos de Hitomi cómo podemos encontrar la luz en un mundo oscuro. Tal vez el cierre de Iroduku se antoje algo predecible, pero es gracias a su ejecución donde podemos viajar junto a Hitomi y entender, junto a ella, la liberación que se presenta en su corazón. 

«Este mundo está lleno de tantos colores… me pregunto de qué color soy yo»

Marisol Navarro

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2 COMENTARIOS

  1. Preciosa obra, para mi gusto la mejor de la temporada invierno, seguida de Bunny Senpai y Bloom Into You.

    Me parece extraño como se ha quedado afuera de los top anime de 2018 y de la temporada que han creado varios youtubers y varios medios especializados.

    Gracias por ese análisis. Me gustó.

  2. Me gustó mucho la verdad. Aunque al acabarla tuve sentimientos encontrados, me quedó como una pequeña sensación de “Falta algo” para hacerla redonda, pero muy recomendable. El apartado técnico es una PASADA en todos los aspectos (Color, Música, Dibujo)

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Publicista aficionada de las películas, las series y el manganime. No tengo un género preferido, pero todo lo gore me apasiona. Me encanta viajar, y si algún día consigo ir a Japón sin duda para el trayecto tendré preparada toda la obra de Sui Ishida.