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No tenía pretensiones para esta temporada de otoño. Cuando nos reunimos para realizar la guía de este cuatrimestre me di cuenta de que apenas encontraba nada con lo que me sintiera cómodo. Me entró un nerviosismo odioso, del que hace que sientas como la ropa se te pega al cuerpo. Cuán equivocado estaba.

Si abro con estas palabras es, primero, porque —tras lo que parecen ya horas— no he parado de borrar una y otra vez estos dos párrafos iniciales. Creo que es el enfoque más apropiado. Porque han habido sorpresas. Mis compañeros me han descubierto Radiant o Run with the Wind. Pero yo también he tenido la oportunidad de enfrascarme en obras de un tono tan cálido y cercano como lo son Bloom into You o Rascal Does Not Dream of Bunny Girl Senpai.

Iroduku: The World in Colors cierra una trinidad que considero tan pesada a nivel emocional que ha conseguido hacerme daño. Me he sentido reflejado. Pero también incómodo. Nervioso. Incluso ahora mismo siento una enorme presión al hablar de ellas. Porque las obras que he mencionado antes son especialmente personales. E Iroduku no es una excepción.

¿De qué color ves el mundo?

«Era una mañana tan fría que si hubiera clavado en la Tierra un picador de hielo, ésta se habría partido por la mitad». Adoro a Nagaru Tanigawa. La forma que tiene de hacer entrar al espectador en sus novelas siempre destila extrema simpleza. Pero es contundente, una forma de escenificar su mundo de forma breve.

Yuuko Kakihara consigue abrir Iroduku: The World in Colors de forma similar. «Me pregunto cuando pasó… ¿cuando dejé de disfrutar de los fuegos artificiales?». Es un mensaje claro que funciona a la par con un apartado técnico extremadamente delicado. La cámara toma un plano cercano primero, hacia los pies. Distante luego, de espaldas a Hitomi. Es un momento reflexivo, que nos habla de cómo es ella sin necesidad del uso de narradores.

Es una constante. El mundo es secuestrado por una escala de grises y la obra presenta su juego. Un mundo de colores. Un mundo gris. En apenas unos segundos Iroduku nos grita, de forma silenciosa, todo lo que necesitamos saber sobre la obra. Que Hitomi no puede ver los colores. Que su vida ha tomado el color de la depresión. Nos habla de cómo vive una vida distante. Por inercia, como si fuese una hoja al caer del árbol. Dejándose llevar hasta caer al suelo.

El color de la distancia

Que la obra juegue con la acromatopsia como punto narrativo nos deja hacernos una idea de donde ha puesto el listón P.A Works. Se entiende que la dolencia de Hitomi no es más que producto de su propia mente. Pero, a su vez, sirve como metáfora. Una idea de cómo vemos el mundo cuando nos sentimos incapaces de seguir adelante. Ella se abraza a sus carencias, a sus incapacidades e inseguridades. Pero no es capaz de avanzar.

El hecho de que su abuela la mande sesenta años al pasado es desconcertante. No sabemos nada de ella, ni tampoco de ese pasado. Parten de la idea de la improvisación narrativa, de que la historia se construya entorno a los sucesos y no al revés. Una idea que funciona especialmente bien con esos tempos pausados, sus planos amplios y su acercamiento al slice of life.

Porque, en términos generales. Iroduku parece querer hablar de cómo llevar la magia al día a día. No queda claro aún el por qué debe retroceder sesenta años en el tiempo para lograrlo, pero sí que la obra lo usa como excusa para hablar de relaciones. De cómo ella se relaciona con el mundo. Pero también de cómo el mundo se relaciona con ella. Es una exploración similar a la que hace Rascal Does Not Dream of Bunny Girl Senpai pero trazada desde un plano más amplio.

Aoi, por ejemplo, es presentado como una persona solitaria. Ajeno a un mundo que por razones que desconocemos, no entiende. Sin embargo, y con un punto intermedio que representan Asagi y Chigusa, nos encontramos con otros como Sho y Kurumi, que representan personajes mucho más notables a nivel emocional y con un objetivo y sueño claros. Es un choque constante que no quiere servir más que como una exploración de estas personas y su vida.

Un planteamiento que no deja claro sus esquemas. Cuesta discernir dónde comienza y aún no sabemos nada de cómo acabará. Pero es en eso donde reside precisamente su magia —y no es que seamos ajenos a las prácticas del estudio, ahí tenemos ejemplos como Angel Beats o Another—, en esas pausas que se alargan y le dan forma. En permitirnos descubrir a paso lento todo lo que P.A Works nos quiere mostrar.

Un despliegue emocional

Es precisamente el trabajo del estudio lo que más potencial ofrece a la obra. No es una novedad el hecho de que P.A se dedique en alma y corazón a sus títulos originales, pero Iroduku: The World in Colors necesita de ellos en exceso. La escena en la que Hitomi consigue ver los colores por primera vez ya se hizo con el medio con ese primer tráiler, pero la obra va mucho más allá de eso.

Su juego de planos y el cómo trata la iluminación hace de su mundo algo maravilloso. Un punto que el propio estudio ha transformado en una mecánica narrativa. Porque Hitomi es incapaz de ver todo ese potencial. Ella está ciega frente al mundo que pinta Toshiya Shinohara. El hecho de que la chica decida aprender magia y empezar a comprender aquello que le rodea sigue siendo parte de esa metáfora, de cómo podemos encontrar la luz en un mundo oscuro.

Cierro con un toque amargo. Siento que no he podido decir tanto como me gustaría, pero si hay una obra que invita al descubrimiento esta temporada, sin duda estamos hablando de ella. Iroduku: The World in Colors es una obra extremadamente personal e, igual que los colores que usa como herramienta para narrar, tiene un tono diferente para cada persona que pase por ella.

Una obra especialmente contemplativa. Que vive de pausas y hace del slice of life un arte. Pero también una que posee una gran connotación emocional, que habla sobre ese mundo gris al que todos nos hemos enfrentado alguna vez. Pero lo hace con una vista diferente, con la idea de que tras esa escala de grises hay todo un mundo repleto de color. Con la idea de que siempre hay esperanza para quien la busca.

Primeras impresiones anime otoño 2018 (inferior) - El Palomitrón

Óscar Martínez

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2 Comentarios

    • Nagi no Asukara no la tenía en mente pero Shinsekai Yori está entre las principales de mi lista desde hace como años. Personalmente, y a falta de otras referencias, veo el acercamiento a Angel Beats y me estoy oliendo el drama y los lloros, pero veremos que pasa. ¡Gracias por pasarte! El próximo comentario no vendrá de mi mano pero puedes esperarte algo mucho mejor que esto, seguro :3

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