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impresiones de Radiant Seth - el palomitron

Radiant es algo más que otro shōnen de temporada. Es la prueba viviente de que las fronteras existen, que ahí están, pero que pueden traspasarse. El viaje de Radiant y, por extensión, el de su autor Tony Valente, es uno que comienza en tierras francesas y que termina su ruta en el otro lado del globo, en el país del sol naciente. La obra iniciada por el autor originario de Toulouse en 2013 irrumpió en el mercado nipón dos años más tarde, consagrándose como el primer manga francés publicado en Japón. Galardonada y laureada en muchas ocasiones, incluso por artistas nipones de la talla mediática de Hiro Mashima (Fairy Tail) o Yusuke Murata (One Punch Man), Radiant da un paso más allá y consigue su propia adaptación animada. Que Francia sea la segunda potencia mundial en cuanto a industria del manga se refiere no es ningún misterio, y tal vez Radiant sea el nombre propio a años y años de un eficiente y constante trabajo.

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Radiant bebe mucho de las influencias y patrones de tantas y tantas obras del género. Presenta un universo fantástico donde, por algún extraño motivo, eventualmente caen desde el cielo una serie de malvadas criaturas conocidas como “Némesis”. Estas bestias suponen una gran amenaza para el ser humano, quien no tiene ninguna posibilidad de hacerles frente. O, al menos, casi cualquier ser humano. Porque existen excepciones. Los magos se postulan como los salvadores, humanos que han entrado en contacto con los Némesis y han sobrevivido. Personas que han mirado a la misma muerte sin titubear y han sido bendecidos —o malditos— con el poder de la “Fantasía”, lo que comúnmente llamaríamos magia. El protagonista, Seth, es un aprendiz de mago de carácter afable y actitud enérgica que descubre su propósito en la vida. Exterminar a todos los Némesis para lograr la paz, velar por el bienestar de las personas. Y, para ello, se sumerge en un viaje de mitos y leyendas para dar con el nido de estas criaturas y exterminarlo. Destruir el “Radiant”.

No hay glamour en el noble acto de salvar vidas

Bajo esta breve sinopsis el espectador ya puede hacerse una idea de qué va a encontrar en la adaptación del estudio Lerche. Los tres primeros episodios de la serie no muestran nada nuevo, nada que no haya visto cualquier seguidor del género. Su propio protagonista no es más que otra figura prototípica; su apariencia, personalidad o propósito ya han sido explorados en incontables ocasiones. A pesar del uso de ciertos tropos la obra de Tony Valente se desmarca en cierto grado. Juega con algún que otro recurso para enriquecer su narrativa. Y el resultado es óptimo. Radiant desmitifica la profesión del héroe. Estamos acostumbrados a universos ficticios donde ser un ninja o un superhéroe no solo es una profesión remunerada, sino que también recibe una aprobación social. Los sujetos reciben el aplauso de la gran masa, escuchan las fervientes palabras de agradecimiento por un encomiable trabajo. Su labor y persona es glorificada, idolatrada. Sin embargo, Radiant no supedita el sistema societario al papel del mago como héroe. Ofrece un giro de 180 grados. Lo margina, lo expropia, lo apalea. ¿Por qué? Por una simple cuestión de prejuicios. ¿Os resulta familiar, no?

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Aquí el hechicero es un mal necesario. Necesario porque es el único capaz de destruir al enemigo de los humanos “normales”, los Némesis; y mal porque es un ser diferente, maldito. El contacto con el enemigo le confiere habilidades especiales, pero también un precio a pagar. Una contraprestación que varía según el usuario, pero que en cualquier caso lleva consigo una connotación negativa. La manifestación de dolores, enfermedades o el afloramiento de características no humanas en el cuerpo son ejemplos de ello. Este es el principal motivo de su estigmatización. Porque de nada sirve un noble corazón si dos pequeños cuernos asoman por el cabello. Radiant construye el oficio del mago de una forma muy similar a la del brujo del novelista polaco Andrzej Sapkowski en su magnum opus, La saga de Geralt de Rivia. Su protagonista es un marginado social debido a sus habilidades y aptitudes sobrehumanas, sin embargo, los mismos que muestran repulsión por su presencia le contratan para hacer el trabajo sucio, para zambullirse en el fango. Porque Geralt no es un héroe, es un mercenario. Y en cierto modo la obra de Tony Valente acoge esa concepción —siempre teniendo en cuenta las características de su público—.

El peor Némesis es la falta de humanidad

La idea de que el equivalente al héroe en cualquier otra producción aquí se trate como un paria, un nómada que nunca puede establecerse en un lugar si quiere sobrevivir, es lo que más despunta en la serie. Y es algo que se manifiesta en la personalidad y actitud de algunos de sus personajes. Seth aún es joven y guarda esa tan característica esperanza de cambiar las reglas, de buscar el equilibrio y la paz global. Sin embargo, en Alma es fácil atisbar el perfil de alguien que conoce la realidad tal y como es, que sabe lo difícil que es para el ser humano medio algo tan simple como aceptar lo diferente. Derrumbar los prejuicios que nos dominan y que tantos obstáculos crean entre nosotros. Pero, aun así, en ningún momento condiciona la actitud de Seth. Su relación es orgánica y natural.

Son el inquieto alumno y la maestra que trata de educar de la mejor forma posible. El ahijado y su guardiana protegiéndole de la crueldad del mundo. No solo hay naturalidad en su vínculo, también humanidad. Un mensaje que se ve fuertemente incrementado a través del flashback que permite conocer más sobre su pasado. Porque al final los elementos fantásticos carecen de importancia. Se trata de personas que lo perdieron todo, incluso sus recuerdos, y que solo se tienen el uno para el otro. Una breve historia que muestra cómo las “cargas” pueden convertirse en apoyos vitales.

impresiones de Radiant Seth y Alma - el palomitron

Los tres primeros episodios de Radiant ejercen de pequeño prólogo. El equipo presenta las bases de un universo que puede llegar a ser rico en matices si el desarrollo lo permite. Hay un énfasis en dejar patente ese reflejo de nuestra sociedad en cuanto el trato hacia lo diferente y los prejuicios, así como el papel del héroe. Personajes como los hechiceros del Bravery Quartet están ahí para mostrar la otra cara de la moneda, aquella que expone la conducta de aquellos que son demonizados por el pueblo, que aceptan la realidad pero actúan en beneficio propio, llevando a cabo acciones contra sus “jueces” de muy dudosa legalidad. Como decía, los elementos para hacer de Radiant un shōnen de aventura y fantasía con cierto toque especial son varios, pero todo depende de cómo los sepan explotar de ahora en adelante.

No es un adiós, es un hasta pronto

Los primeros compases de la serie se centran en Seth y Alma. Cómo el primero encuentra un propósito y decide embarcarse en una gran epopeya. El colofón es la despedida entre ambos, la marcha y la aceptación más compungida. Es un momento que pretende ser emotivo, y no seré yo quien niegue lo evidente, pero el equipo de dirección ha optado por alterar los sucesos de la obra original e impregnar un clima de sentimentalismo que, quizá, puede resultar algo excesivo para algunos. Mientras leía el primer volumen del manga homónimo notaba naturalidad en el desarrollo y coherencia con los hechos. Su autor no necesita adornar la obra para convertirla en algo más digerible para el gran público. La labor de Motoo Fukuoka (Danganronpa 3) y Seiji Kishi (Asobi Asobase) en términos de dirección ha virado en una dirección enfocada totalmente al consumidor habitual de este tipo de títulos. Se añaden algunos componentes para edulcorar un contenido que suprime cualquier rasgo de imprevisibilidad y enfatiza en el factor dramático para embelesar a su público. Para no arriesgarse.

impresiones de Radiant pasado - el palomitron

Y es una auténtica pena, porque tiene cualidades para, precisamente, despojarse de alguna que otra atadura del género. Aportar una bocanada de aire fresco. Como sea, Radiant no es ni mucho menos una mala producción. Todavía es pronto para dictaminar si es una pésima o una sobresaliente adaptación. No hay que exigir una reproducción exacta de la obra original, pero sí mantener cierta identidad y no pecar de exceso de complacencia. El universo que plantea la obra es ilustrado bajo una composición cromática que hace uso de tonos pasteles y coloridos. Una decisión que potencia el efecto de que todos los acontecimientos suceden en la inmensidad del azul del cielo. Una sociedad compuesta por islotes flotantes en lo ancho y largo del firmamento y un estilo artístico más cercano a Occidente que Oriente hacen de Radiant una serie llamativa a nivel visual. La balanza todavía no se decanta por un lado u otro, veremos si con el paso del tiempo la intención de hacer un producto para la gran masa tiene menos peso que la propia identidad del mismo.

«Las personas no nacen humanas. Se convierten en humanos»

Primeras impresiones anime otoño 2018 (inferior) - El Palomitrón

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