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crítica de To the Abandoned Sacred Beasts
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TO THE ABANDONED SACRED BEASTS: DE DIOSES Y BESTIAS

La llegada del ferrocarril supone un cambio esencial. La conquista del Salvaje Oeste, de una etapa que tantas veces hemos romantizado en la cultura clásica. El fin de una era y un cambio total que suponía el nacimiento de una nueva etapa y el olvido de la anterior. Un concepto que no juega al favor de todos y que rompía esquemas de muchos usuarios.

La Diligencia, de John Ford o incluso Grupo salvaje, de Sam Peckinpah son dos de esos clásicos que toman como partida esa característica salvaje que se llevaba consigo la llegada de las vías. La idea de unas figuras que no volveríamos a ver caminando por esas tierras ante la imposición del progreso. Una idea que, de una forma u otra, se encuentra especialmente presente en To the Abandoned Sacred Beasts.

Bajo la influencia de un cambio de era

Quizás la idea de los últimos días del Western no es la que más se adapta a las líneas de la abanderada de Crunchyroll durante esta temporada de verano de 2019. La reminiscencia de la Guerra de Secesión norteamericana es un chascarrillo que se entiende mucho mejor. Sin embargo, siento que MAPPA —y especialmente MAYBE, sobre un trabajo original que facilita dicha relación con un juego de tiempos diferente— estructura su trabajo con ese concepto como cimiento.

Bien, la idea del ferrocarril es efímera. Existe en la obra dirigida por el veterano Jun Shishido, pero se mantiene de forma secundaria, como un recordatorio prácticamente inexistente que se entiende antes como metáfora que como mecánica. Y es que el guion de Shigeru Murakoshi brilla por un juego de realidades que cuenta más cuando calla que cuando habla. Una obra que no pretende que pienses sobre sus luces y sombras, sino que entres en sus líneas y vivas su presenta. To the Abandoned Sacred Beasts es un cuenta-cuentos a la luz de una hoguera jugando con los conceptos clásicos del género para ofrecernos la historia que busca.

Lo hace, sin embargo, trazando una línea argumental harto conocida. Ante una guerra civil ficticia con claras influencias históricas que ve su fin cuando uno de los bandos —la realidad es que su inicio deja claro que la política es un trasfondo que no considera necesario para narrar su drama— trasciende las leyes de la realidad al conseguir la transmutación de humanos en bestias a las que llaman Incarnates. Pseudo-dioses con toda clase de poderes con la capacidad, por supuesto, de poner fin a una guerra que supone mucho más que el conflicto en sí mismo.

La originalidad como moneda de cambio

Y es que, bajo la simplicidad de su propio título, resulta que la obra parte de ideas claras y de trasfondos que dibujan una historia que esboza emociones desde los primeros minutos. Un título conciso y poderoso, que resume toda su ingeniería imaginativa en un conjunto único de palabras, robando la fuerza de la sorpresa y dejando claro, una vez más, que su historia no necesita de segundas intenciones.

Es un estilo particular, que no puedo evitar relacionar —en un espacio mucho más minimalista— con ONE y sus obras; con la idea de jugar con realidades tan obvias que golpean incluso con más fuerza al ser relatadas. Lo hace así con un cruce de realidades que nos llevan al mismo camino. Con el fin de un era, pero también con el fin de la guerra; de la vida de tantos. Un inicio que se cuece a fuego lento y nos deja dos cosas claras: que en la guerra muere gente y que los Incarnates no tienen sitio en la sociedad.

Son puntos que el espectador da por hecho en un primer momento, pero que la obra retuerce hasta hacer daño. Recuerda a esos primeros episodios de Shingeki no Kyojin, a la aspereza de muertes seguras; de suicidios ante la idea de la muerte. Un sentimiento amargo que vuelve cuando descubrimos (¡sorpresa!) que los Incarnate son incapaces de mantener el control de sus formas llegados a cierto punto. O que Elaine, la doctora al cargo del experimento y amante de Hank, líder del escuadrón e Incarnate en sí mismo, cede ante el peso de conciencia y decide asesinar a todos sus miembros. Algo que incluso se da cuando Cain, el segundo al mando y —de nuevo, ¡sorpresa!— tercer implicado en el trío de protagonistas con conexiones del pasado, traiciona a la doctora y acaba con su vida para evitar la muerte del escuadrón.

To the Abandoned Sacred Beasts es un desfile de clichés desde el primer momento. Sin embargo, e insisto, es una simplicidad que juega a favor de la obra y la eleva, sorprendentemente, a un plano en el que el conocimiento de dicho avance hace más doloroso aún su desenlace. Murakoshi obliga al espectador a posicionarse, a sentir cada una de sus escenas y tomar parte por un bando. El de la sensatez o el de la justicia. Y lo consigue, incluso sabiendo que ambas partes acabarán demacradas cuando se cierre el telón.

El cambio de ritmos sobre el material original se convierte en un tira y afloja para el flujo narrativo de la obra, pero juega a favor del drama incandescente que se lee en cada una de sus tomas para conseguir esa inmersión que la obra tanto necesita. Para que una parte grite al ver como los Incarnates, dioses y adalides del cambio, de una paz que han ganado con sus manos, se ven traicionados por ese mismo periodo de calma, mientras que la otra grite al ver como la vida de Hank se escapa entre sus manos al perecer su amor y verdugo al mismo tiempo.

La paz no es para todos

To the Abandoned Sacred Beasts es una obra que se cuenta por el final. Y esa es su gran particularidad. La promesa de Hank, la de que si uno solo de ellos pierde el control, será el propio escuadrón quien le quite la vida, sella el destino cruel de aquellos que dan su alma y su vida por el fin de un mundo en guerra que les rechaza cuando han cumplido su papel.

La obra se convierte en crítica de sí misma, en lienzo y pintura de un mundo frío y cruel, habitado por actores y actrices que esconden sus rostros bajo la máscara de la paz. Uno que arroja al frío olvido a aquellos quienes dieron la vida por salvarlo. Y sobre el mismo Hank se convierte en testigo y ejecutor. En la única persona capaz de caminar por ambos caminos —tomando ciertas notas del viaje vengativo/redentor de Dororo—, sabiendo que su destino se encuentra bajo la misma guillotina que deberá ejecutar a cada uno de sus compañeros y compañeras.

Si bien, la idea del cambio es una especialmente presente y se siente capaz de utilizar metáforas como la de la llegada del ferrocarril, el concepto reinante es el del soldado que regresa a casa tras la guerra, sin conocer más lugar que el frente de batalla. Uno que habla sobre cómo aquellos a los que amabas te dan la espalda. A como la soledad puede volver loca a una persona. Y es que en To the Abandoned Sacred Beasts no hay héroes ni dioses. Solo bestias.

El viaje de Hank no es más que una recopilación de encuentros. Un paso más, y otro, y otro, hacia el pozo más oscuro donde se construye su propia redención, la que ganará con su propia muerte. Y así, cada historia es una punzada más. El pasado, no solo de un compañero, sino también de un amigo. La paz que consigue John William Bancroft antes de perder la su capacidad de raciocinio, capaz de regresar al orfanato que dirige su hija; la vida de forajido de Daniel Price, que representa su lado más Western y la incapacidad de adaptación social del soldado…

«¿No habría sido mejor… morir como dioses en batalla?»

Pero especialmente, la locura obsesiva de Theodore Sherman, que hace tributo al Toro de Minos, Minotauro, de la mitología griega tras encerrarse en su propio laberinto. Y es que Sherman es, hasta ahora, con la emisión de sus primeros tres episodios, la sublime muestra del potencial de la obra. De cómo el hombre pierde todo atisbo de sanidad antes los horrores de la guerra y la idea de perder su propia vida en el conflicto. Pero también de como Hank debe enfrentarse a sí mismo, a sus enseñanzas y soportar el peso de los pecados de todos sus soldados antes de poder poner fin a su propio sufrimiento.

Una muestra de cómo la paz no siempre se encuentra tras el fin de la guerra y que adereza con Schaal, hija del fallecido William y acompañante de Hank a través de su travesía al abismo más personal de la obra y que forma una perfecta dualidad al mostrarse reticente al asesinato que persigue el hombre. Una idea que sirve las veces de brújula moral y que contrarresta cualquier idea que rompa con la ética que propone su drama.

De dioses a bestias

To the Abandoned Sacred Beasts no es perfecta. Maybe trae consigo el fanservice de otras de sus obras, como Tasogare Otome × Amnesia rompiendo con la frialdad de su mundo y atentando contra Lyza, un personaje que ya demuestra gran fuerza propia —si obviamos que hemos tenido dos escenas de Schaal en la ducha, rompiendo con los tantos detalles emocionales que arrastra la huérfana— y MAPPA no parece estar tan en forma como ha demostrado en otras ocasiones, dejando tras de sí un apartado visual a medio fuego.

Sin embargo, esto no lo es todo. Y la obra, con sus luces y sombras, tiene todos los números para convertirse en una de las grandes sorpresas del verano. La dualidad de su narrativa azota a sus personajes con una fiereza sin compasión. Quienes fueron dioses antes ahora no son más que bestias. Soldados que pierden la vida en la oscuridad de la noche, lejos de ojos ajenos y bajo la mirada compasiva de un ejecutor que espera con la soga en el cuello.

Una dirección narrativa de talla, que —y repitiendo sus influencias western— casi parece tomar nota de Sergio Leone y la tensión de duelos como el de Hasta que llegó su hora. Pese a su notable tono Shonen, no es el duelo lo que la hace brillar, sino los minutos antes de que uno de los bandos presione el gatillo. Porque, de nuevo, siempre sabemos quién caerá al suelo, sin vida.

Porque el potencial de To the Abandoned Sacred Beasts no está en ese disparo final. Sino en aguantar hasta él. En acompañar a Hank en cada paso. En el momento de silencio antes de la calma final. En la llegada de una retorcida tranquilidad —para ellos; para el mundo— que no tocará fin hasta que sea el propio capitán quien deje de ser una bestia. Un dios.

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Óscar Martínez

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.