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THAT TIME I GOT REINCARNATED AS SLIME: UN MERECIDO DESCANSO

La llegada de That Time I got Reincarnated as a Slime fue algo apoteósico. Una obra que demostraba que si los muros existen es para derribarlos y que, sin necesidad de romper con todo lo que su género representa, conseguía deformarlo y obtener esa visión en formato deconstructivo que nos ofrecía una nueva dimensión en un espacio tan saturado como resulta ser el que presenta el Isekai.

La adopción de la ternura como marco de su aventura supone la encarnación de un nuevo tipo de obra, donde no prima tanto el hecho del viaje dimensional —la reencarnación en este caso— sino el efecto de esa presencia en el nuevo mundo. Pero incluso así, Slime jugaba con las bases del género para mitigar este efecto y reducirlo a su mínimo exponente para ofrecer una envoltura de dulzura que no olvida el resto de sus componentes pero que, sin duda alguna, lo tiñe de un carisma imprescindible.

El preludio a su nueva aventura

Ahora esa llegada inesperada se ha convertido en una de las obras del momento y, pese a que la espera no será demasiado larga, nos tocará ser pacientes hasta los inicios de 2020 para poder enfrascarnos en las nuevas aventuras de Rimuru y compañía — si no apostamos por hacerlo con su manga.

Precisamente por ese motivo la obra decide ofrecernos un pequeño bocado de frescura veraniega para ponernos en situación y olvidarnos de si un Rey Demonio o el mismo fin del mundo amenaza con destruir todo lo que conocemos. Porque, al fin y al cabo, de esto va That Time I got Reincarnated as a Slime, ¿no?

Ternura por bandera, y con este colorido motivo estacional, sus creadores nos enfrascan en una pequeña aventura que no olvida sus raíces pero se convierte en todo un capítulo spinoff pensado para aliviar tensiones antes de los próximos enfrentamientos. Un hecho que choca de forma directa con la última entrega de la obra, que nos ponía en la piel de Shizu en uno de sus enfrentamientos más temibles, indicando el nivel de profundidad de la malicia que habita en el mundo.

Cómo conectamos

Sin embargo, el conflicto ahora se reduce al simple hecho del carisma de Rimuru como slime y a la necesidad de conseguir una suplencia temporal para que Shion y Shuna (o ya puestos, todo el poblado) puedan seguir su vida sin necesidad de partir en dos al desgraciado protagonista. El inicio de un breve viaje que trae consigo estas pequeñas particularidades que tanto hacen brillar a la obra.

Una puesta en escena que parte de los clichés más clásicos del género pero que Slime masteriza y hace suyos con pasmosa facilidad para potenciar su comedia. Y es que, como tal, la escena de la OVA se centra en la exageración. Una que repite, insisto, particularidades y nos pone frente al desastre culinario de Shion, que provoca la ira de un monstruo marino, desarrollando el conflicto principal de la breve entrega.

Sin embargo, la obra consigue cerrar el verano con los deberes hechos y convierte este pequeño episodio especial en una muestra más de su juego. De cómo habla sobre la necesidad de sentir, de conectar. De no estar solos. Un espacio que no puedo evitar comparar con el trabajo de Eiichiro Oda en momentos tan absurdamente emocionales como el reencuentro de Brook y Laboon. Un pequeño espacio que se acoge a la ternura de la obra y nos sirve de elemento introspectivo para hacer un repaso general a todo lo ocurrido hasta ahora. 

Eso no es todo, por supuesto, porque la obra vuelve a atentar contra el fanservice en un espectro que no había mostrado hasta ahora y realiza su particular sátira, jugando con conceptos tan oxidados como los capítulos de “playa y bikini” o los tentáculos. Un conjunto que la obra pasa por su lado más cómico y transforma con pequeñas sorpresas que dan forma a un capítulo especial que se mueve entre lo más emocional y cómico.

En esencia, nos encontramos ante una breve entrega que no supone más que otro pequeño paso hacia la llegada de la ya esperada segunda temporada que volverá a poner los engranajes de su mecanismo en marcha. Deberemos esperar un poco más, por supuesto, pero es innegable que esta tierna exposición hará su espera mucho más entretenida.

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Óscar Martínez

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.