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José Altozano mencionaba en su crítica de Cowboy Bebop un recurso del que suelo hacer uso. Repasar el primer capítulo de la obra. No tiene porque ser algo decisivo, por supuesto. Pero la forma en la que se plantea esa primera puesta en escena puede decir mucho de su mundo.

En el caso de Princess Principal, siento, es todo lo contrario. Abren con un narrador en voz en off, pero su introducción da paso al excelente tema de The Other Side of the Wall y todo se tiñe del color de la duda. Porque Masaki Tachibana pinta toda la obra de misterio y suspense y ese primer episodio no iba a ser menos.

«Somos espías» es la cita que explica el porqué nos encontramos en medio de una persecución en una suerte de versión steampunk del Londres del siglo XIX. Sin embargo, Tachibana sabe como jugar con el worldbuilding y escenifica una introducción que dice mucho de la obra sin revelar apenas nada. Porque Princess Principal funciona así. Es un batiburrillo de historias, de lugares y sucesos de un mundo separado por un gran muro. Uno que, a su vez, cuenta con infinitas de estas estructuras. Unas invisibles, que separan a la gente, aislándola en su propio ser.

Tras las máscaras sociales

Al terminar ese primer episodio entendemos varias cosas. La primera, y quizás más importante de ellas, es que Ange es una mentirosa. Promete no matar mientras aprieta el gatillo. Pero incluso antes de que pueda mostrarse ante nosotros, sabemos que la mentira es ella en sí misma; no es más que una máscara. Su constante cita, en la que asegura venir del “Black Lizard Planet” me recuerda en exceso a Okabe Rintaro en Steins;Gate y el uso de su alter ego, Hououin Kyouma.

Una forma de esconder el dolor, de evitar demostrar lo que siente. Quizás no por miedo a lo que puedan pensar de ella, sino más bien a lo que ella piensa de si misma. Denota poco amor propio — más bien nulo. La idea de que Ange es incapaz de ser Ange, si es que podemos considerar esa faceta como algo más que una máscara, para sobrevivir.

Pero no solo entendemos eso. Si leemos entre líneas se pueden llegar a entender más cosas. Que todas ellas son producto del muro. No en el sentido estricto de esa referencia al Muro de Berlín, sino a lo que representa. Guerra, política, ambición territorial. Males contemporáneos —y no tan contemporáneos— que han azotado su mundo particular. Todas ellas son personas rotas que han acabado sucumbiendo a los efectos de una revolución que no piensa en las personas.

La importancia de las pequeñas historias

No puedo evitar sentir que Studio 3Hz tiene mucho menos espacio del que necesita a la hora de narrar su historia —y esto es algo que el propio Tachibana quiso dar a entender al anunciar su secuela. Pero el estudio sabe cómo apropiarse de ello y lo utiliza a su favor. Lo hace con ese batiburrillo de historias. Porque cada capítulo es un caso diferente, sin necesidad de que sean servidos de forma cronológica. Es algo caótico pero también genuino y sirve las veces como recurso argumental.

Y lo hace especialmente bien. Porque todos sus personajes, todas las chicas, tienen ese pequeño arco argumental que las enmarca. La obra responde a todas las preguntas que plantea de forma silenciosa en ese primer capítulo. El porqué son espías, porque huyen de esa forma de la sociedad y se convierten en sombras, meras observadoras y actrices que juegan con el devenir de la historia bajo el mando de un gobierno que solo las utiliza y manipula en función de sus propios intereses.

Son historias cortas, que no suelen desarrollarse en profundidad por falta de espacio. Pero que tienen un enorme peso que roza siempre lo ético y moral. Dorothy, una favorita personal, pasa por un enorme acto de introspección y redención cuando se reencuentra —por última vez— con su padre. Y Chise pasa por el mismo tipo de arco exacto, pero la narrativa se reduce a un nivel tan personal que sus historias difieren completamente

La idea, al final, es la misma. La pérdida. El fin también es el mismo: la muerte. Pero la obra parece querer hablar antes que eso de cómo es perder a alguien cuando aún sigue con vida. El padre de Chise es un remanente del Shogunato japonés y perece ante las manos de su hija —una muestra de cómo la obra trata constantemente la idea del cambio, de la revolución. Sin embargo, el de Dorothy pierde la vida en el momento más álgido de su vida, en el reencuentro con su hija. Pero sus historias, insisto, hablan de cómo uno se convierte en asesino, mientras que otro toma la bebida por compañera ante la falta del amor y futuro.

Redención. Evolución, diría. Quizás simple supervivencia. Pero siento que Princess Principal quiere hablar a un tono más cercano. La guerra fría entre el reino de Albion y la Mancomunidad es importante, por supuesto, pero no deja de ser la excusa perfecta para su trasfondo. Porque la obra realmente muestra todo su potencial en episodios como el de la lavandería o cuando descubren que una de sus antiguas compañeras es un agente doble. Son esos, los pequeños dramas, los que la elevan.

El muro invisible

Pero no olvida su núcleo. Porque Ange es una mentirosa. Pero hay una razón para ello. Y aunque la obra finalice con un episodio totalmente abierto y se centre antes en esas pequeñas historias en vez de un todo, la chica tiene espacio para su pequeño periplo.

No es algo que se extienda sólo a su final, donde demuestra todo su potencial narrativo, sino que va dando pequeños pasos a lo largo de toda la obra. Son detalles incluidos en diferentes puntos. Pequeñas muestras que nos cuentan cómo es ella, el porqué es así. El más revelador, sin duda, es ese en el que reconoce que antes de conocer a la princesa, la verdadera Ange, pretendía suicidarse. Saltar de ese muro invisible que la aprisiona y no le permite respirar.

Así, la idea del muro invisible, esa teoría que cita Ange en su último episodio, no es tanto algo propio de la obra sino una metáfora mucho más generalizada. Princess Principal habla sobre gente que es incapaz de abrirse, de reír con otras personas o sentirse cómoda fuera de sus propios muros. Gira entorno a la guerra, a la idea de la revolución y el trabajo de las chicas como espías, pero al final es la relación entre Ange y Charlotte lo que despunta en la obra.

Una relación que salva la vida de ambas. Del suicidio y de la pobreza. De la soledad. No consiguen tirar abajo el muro que separa ambos países, pero si lo hacen con el muro invisible que delimita la vida de Ange, de Charlotte. Pero que hacía lo propio con Dorothy, Chise y Beatrice. Fall of the Wall habla de ellas, de cómo tiran abajo los muros que las separan, que las aíslan en su vida.

Pero también habla de nosotros. De cómo, incluso en un mundo donde estos muros han cesado casi por completo, somos incapaces de relacionarnos. Del cómo nos ocultamos ante muros invisibles, mentimos a otros y nos mentimos a nosotros mismos. De cómo, al final, los muros que se interponen entre las personas no son más que productos de nuestra propia consciencia.

«Siempre ha habido un muro invisible entorno a tu corazón, pero yo me encargaré de romperlo.»

Óscar Martínez

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.

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