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crítica final de Steins;Gate 0

En la crítica del último episodio de Steins;Gate 0 me tomaba el permiso de abrir de forma personal. Y es que la obra original hizo mella en mí. Okabe es un avatar cercano, resulta fácil identificarse con él, incluso en sus manerismos. Pero pasa por un arco evolutivo tan marcado que se convierte en uno adalid de la auto-superación, del sacrificio y la fuerza emocional de una persona.

Pasa por un infierno cíclico, pero consigue superar las adversidades y alcanza Steins Gate. Un término tan difuso que puede entenderse como algo la propia meta personal a nivel metafórico. Sin embargo, Steins;Gate 0 es todo lo contrario. Separadas por un fino muro de cristal, ambas obras distan tanto y tan poco una de la otra que llegan a abrazarse para dejarnos clara la importancia de la determinación.

Aunque hemos analizado Steins;Gate 0 de forma individual, capítulo a capítulo, esta crítica pretende no centrarse en cada una de sus piezas, sino realizar una introspección a lo largo de toda la maquinaria. Sobre sus temas más importantes, sus luces y sus sombras. Un recorrido a lo largo de toda la obra.

Fragmentos de un mundo roto

Steins;Gate siempre jugó con la determinación. El esfuerzo es un punto constante dentro de la obra. No importa cuantas veces Okarin cambie sus hechos, la convergencia hace su trabajo y Mayuri muere. Una y otra vez. La historia de Steins;Gate es un símil bíblico, el de la batalla entre un ente divino y el propio hombre.

Pero Zero abre dejando de lado esa épica. La Operation Skuld ha sido un fracaso y Okabe yace en el lecho de su propia pena. Esta es una constante, la dicotomía entre pasado y presente. Entre Okabe y Okarin. Entre Amadeus y Kurisu. Es una rotura. Rompe con todo lo que la obra conseguía. Pero también olvida a Kurisu y olvida a Okarin. Olvida a Hououin Kyouma.

La primera escena ya es demoledora. La obra nos pone en contexto, es Navidad. Mayuri se calienta las manos y nos recuerda algo: es invierno. El verano ha dado paso al otoño y este a la época más fría del año. Es un recurso débil, pero nos pone en situación con unos pocos detalles. Se entiende que ha pasado tiempo, que las cosas han cambiado. Y cuando vemos a Okabe por primera vez no solo sorprende el hecho de que haya olvidado a su alter ego, sino que no queda nada de su persona. Solo un hombre de ojos vacíos, sometiéndose a terapia psicológica.

Todo está perdido. Zero deconstruye a la obra original. Pero la rompe en pedazos tan pequeños que es imposible recomponerla. El concepto del cambio es constante. Se tratan más los planos amplios —y se olvidan los centrados en las personas, especialmente en el laboratorio—, su protagonista cambia la bata blanca por ropas negras… El luto se apodera de la obra.

Hay una declaración, la idea de que este ya no es el mundo que conocemos.

Deconstruyendo el amor

Incluso así, Steins;Gate 0 se atreve a utilizar paralelismos incluso en su primer capítulo. La escena que protagoniza Hiyajo no es más que una versión descafeinada del momento en que todo empezaba, con la muerte de Kurisu.

Y entonces se entiende que Zero no es más que eso, una deconstrucción. Va mucho más allá del “y si…”. No es un condicional, es una sentencia, en todo momento. No es más que parte de ese infierno cíclico. Pero su mayor problema es que la obra falla en su ejecución. No sabe definir sus tempos —aunque suene a un vago recurso metafórico sobre el estado mental de su protagonista— y presenta episodios tan distintos entre sí que resulta fácil identificarlos. Sin embargo, el amor sigue muy presente en el mismo.

Amadeus surge como parte de la tensión. Es introducida de forma engañosa, como si se tratase de Kurisu. Pero jamás se pretende eso. Al final Amadeus no es más que una llave para llegar a Steins Gate. Es su sacrificio quien permite romper la convergencia y superar su barrera. Pero es algo que tiene claras connotaciones de tributo, de paralelismo. Porque también era el sacrificio de Kurisu quien les llevaba al final de la obra original.

Incluso así, la obra aprovecha también esas tensiones amorosas. Porque Amadeus sirve de ancla. Es la unión entre Okabe y Okarin. La pérdida de Kurisu provoca esa brecha emocional pero la aparición de Amadeus —lejos de términos románticos— hace las veces de parche. Es ella quien le salva en el 2025, es ella quien se sacrifica. Y, especialmente, es ella quien le motiva cuando todo está perdido.

Así su deconstrucción también se aplica a términos amorosos. Porque en Zero Okabe es incapaz de reunir la fuerza necesaria para salvarla, pero sigue amándola. Si el Okabe de la obra original luchaba por salvarla, en este caso lucha por mantener su legado. Es similar al conflicto que vive Kyon en La Desaparición de Haruhi Suzumiya. Porque es precisamente la falta de ese afecto la que lleva a Okabe a su autodestrucción pero también la que lo hace cambiar. Es su sacrificio final quien le da el empujón que necesita, quien lo acerca un poco más a Steins;Gate.

Ruinas de un mundo distópico

Esta dicotomía no solo se extiende a su personaje principal, sino que forma una distopía general. Todos se ven atrapados. Daru, Hiyajo, Suzuha, Faris… Pero especialmente Mayuri. Casi podría entenderse como una versión inversa a la original. Porque por mucho que los paralelismos acechen y lleven a Okabe a buscar una forma de salvarla, es ella quien debe cambiar las tornas.

Es ella quien juega con la metáfora de Altair y Vega. Es ella quien viaja entre las líneas temporales para pedirse, a si misma, que salve a Okabe. Que salve el futuro.

Y es que, en líneas generales, Steins;Gate 0 dedica un pequeño espacio a cada uno de sus personajes. Kurisu tiene su propia aparición, donde nos da a entender que la otra opción —la muerte de Mayuri— sería devastadora para el hombre, cerrando así esa posibilidad. Pero también sirve para forjar ese legado que el hombre quiere proteger. Daru se ve atrapado entre Suzuha y Okabe, en un remolino que aúna depresión, destrucción y el advenimiento de un futuro devastador en el que él mismo será una pieza clave.

Y Hiyajo, pese a ser un personaje introducido en esta nueva obra, también cuenta con un gran espacio. En como la chica no puede evitar compararse con su compañera. En el peso que siente sobre sus hombros, la idea de ser incapaz de proteger su legado. Incluso juega con la perspectiva de la idea de convertir el amor en datos. El peso de Steins;Gate 0 cae, especialmente, sobre Okabe. Pero lo cierto es que nadie se salva de su deconstrucción.

Incluso Kagari, con la fuerza que demuestra al principio, resulta no ser más que una esclava del destino. Una pequeña huérfana que solo busca volver a los brazos de su madre y descansar. Todo lo que busca es afecto en un mundo roto, perverso y gélido.

Hay dos puntos en los que el Okabe del presente viaja hasta el futuro —aunque el primero de ellos se entienda antes como un sueño, una suerte de presagio— pero la verdadera ruina del mundo se encuentra en el presente. Su dualidad emocional es tal que incluso en un futuro basado en la Tercera Guerra Mundial, sus personajes se encuentran más unidos en ese punto que en el presente.

Ese es el nivel de Steins;Gate 0. El potencial de su destrucción, de como la obra toma la depresión y la escenifica en cada uno de sus compases. Y, si bien es cierto que falla en su ejecución, si se observa desde un plano general ahora, tras su cierre, es mucho más fácil vislumbrar las piezas del puzzle que la forman.

Steins Gate no existe

Hay algo especial en el tema principal de Steins;Gate. Quizás escribo estas líneas porque ahora mismo suena, creo que en bucle. No importa. El caso es que sus notas casi resultan una escenificación de la propia obra. Misteriosa primero, con bajadas y subidas después. Y es que ese es el verdadero núcleo de la obra.

Al fin y al cabo la obra parte del realismo épico, de la idea de juntar a un puñado de personas corrientes y enmarcarlas ante un destino no tan corriente. Es normal que Steins;Gate 0 sea demoledora. Es normal que su tema principal tenga esas bajadas. Todos las vivimos en algún momento de nuestra vida.

Okabe también. Pero esta es la historia, de nuevo, de como el hombre es capaz de superar todos sus miedos. Supera a Dios, supera al destino, al tiempo. Pero incluso así lo más importante es que se supera a si mismo.

El arco final de Steins;Gate 0 es posiblemente el más intenso que las obras hayan conseguido escenificar. Pero todo eso ya lo hemos hablado antes así que me quiero remitir a una única escena, a un único momento. Al preciso instante en que Okabe se supera a si mismo.

«Salva Kurisu, alcanza Steins;Gate. Yo mismo le puse ese nombre a la línea objetivo así que ya sabes que quiere decir. Realmente no significa nada»

La revelación de que Steins Gate no existe es una simple forma de conectar con su yo del pasado. No niega a Kyouma, no se niega a si mismo. Al contrario, consigue entenderse y superarse. Es ahí donde radica el verdadero significado de la Operation Skuld. En un Okabe que ha conseguido pasar por miles de líneas temporales con la razón de desafiar a Dios, de cumplir con un cometido personal.

Solo con esa línea se entiende todo el potencial de Steins;Gate 0. No es una realidad alternativa, no es la historia de un Okabe roto. Esa la verdadera historia, todo lo que pasó antes de que Okarin pudiese ver el vídeo que le llevaría hasta Steins Gate.

Y precisamente por eso, esa cita es extremadamente importante. Porque representa un sello, el fin de todo un ciclo que se ha extendido más allá del tiempo tal y como lo conocemos. El punto en que Okabe deja de luchar contra si mismo, se acepta y decide enfrentarse al destino.

Muro de cristal

La convergencia de la que huye Okabe durante toda la obra es al final su redención. Los paralelismos se realizan durante toda su extensión y no es fruto de la casualidad que su episodio definitivo sea el número 23, coincidiendo con Milky Way Crossing. Todo es fruto del paralelismo. Todo estaba calculado desde un principio, nada se deja a la aleatoriedad. Ese muro de cristal se rompe para dar paso a la realidad.

Steins;Gate 0 cambia su título por el de Steins;Gate porque ambas convergen. El presente da paso al futuro y ese ya lo conocemos. La Suzuha que vemos en su último episodio viajará al pasado llegado el año 2036 desde un mundo en el que Okabe ya no existe y Mayuri evitará que se produzca la dicotomía Okabe/Okarin.

Así, si la analizamos, de nuevo, en un plano general, Zero es una obra extraña, que vive en sus confines. Pero es que es lo que realmente representa. El pasado y el futuro están escritos dentro de la original, por lo que al final se convierte solo en un paso más para alcanzar Steins Gate.

Una demostración de lo que un solo hombre es capaz de hacer por amor. Desafiar a Dios, engañar al mundo y partir en búsqueda de las personas a las que ama. Steins;Gate es una referencia personal, una obra importante. Un símbolo de autodeterminación que ahora crece bajo el amparo de una persona capaz de luchar por romper ese muro de cristal y abandonar la dicotomía de la depresión para abrazar a un nuevo día.

Óscar Martínez

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