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LOS ANTECEDENTES

En la sabana keniata, como en el resto del continente africano, se encuentran reductos y mafias de cazadores furtivos que encuentran en la mutilación de animales la explotación de sus recursos, como el marfil en los colmillos de los elefantes. Por otro lado, los grupos organizados de rangers luchan para evitar a toda costa que la fauna autóctona se destruya de una forma tan atroz. Y aquí comienza When Lambs Become Lions.

LA PELÍCULA

El problema a la hora de afrontar un documental de esta magnitud y con este discurso es de qué forma se va a hacer, sobre todo teniendo en cuenta que el director, Jon Kasbe, decidió mostrar el día a día tanto de los traficantes como de los rangers que se dedican a detenerlos. Más que nada porque el resultado puede tacharse de maniqueo. Sin embargo, el resultado es interesante cuando menos.

Cuando los rangers encargados de controlar la actividad criminal sobre la mutilación de los colmillos de elefante operan, estos lo hacen con una gran severidad. Sin pestañear se aventuran a afirmar que a todo aquel que ose cazar furtivamente se le debe colocar un tiro en la nuca. Es entonces cuando vemos como operan ante un furtivo, mientras de forma paralela observamos al traficante de marfil comportarse como un auténtico gánster en la sabana… para que después nos muestren la otra cara de la moneda en ambos sentidos.

Tanto los rangers como los traficantes tienen unas razones para hacer lo que hacen: todos buscan estabilidad económica, sentir que forman parte de algo más grande y mandar dinero a sus familias. Sin embargo, los rangers llevan meses sin cobrar. Y, por mucho que sus ideales sean nobles, nadie puede trabajar gratis. Es entonces cuando el traficante y un familiar suyo convertido en uno de esos sufridos rangers verán el uno en el otro una vía de escape. Así, el legal se convierte en ilegal. El cordero se convierte en león y entendemos por fin por qué se llama When Lambs Become Lions.

Ni un solo rasgo de maniqueísmo. La historia que se nos presentaba como una dicotomía de blancos y negros se va convirtiendo cada vez más en gris, donde el espectador debe despertar su conciencia ética propia y decidir qué bando escoger, si es que ve alguno.

LA SORPRESA

Cuando la presentación de ambos mundos se comienza a tornar de forma grisácea para ambos, y cuando los “buenos” no se presentan tan buenos y a los “malos” se les puede llegar a comprender, es cuando nos enfrentamos a un discurso totalmente nuevo, sorprendente y lleno de frescura. A pesar de que su pesadez rítmica puede hacer del visionado algo bastante costoso, el tratamiento formal, visual y su nueva arista le confieren una tridimensionalidad al relato bastante interesante.

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

Dos que señalar: por un lado, el tratamiento que le dan un grupo de hombres a una pobre cría de cebra temblorosa a la que intentan cuidar y dar el biberón; por otro, el proceso de detención de un cazador furtivo. Este último momento es reseñable por lo acongojante y claustrofóbico que resulta que un grupo de varios hombres armados y uniformados con adiestramiento militar te acosen y te atosiguen sin que puedas ni siquiera defenderte con palabras. El resultado emocional del hombre en aquella situación deja un poso bastante amargo en el espectador.

TE GUSTARÁ SI…

Eres un asiduo a la no-ficción convencional, si quieres ver una historia corta pero no por ello menos intensa (no llega a la hora y media, pero sientes una gran conmoción al llegar a los veinte minutos) o si quieres despertar una conciencia sobre un tema del que hace tiempo que no se habla.

LO MEJOR

  • Su apartado visual.
  • El ofrecimiento de varios puntos de vista.

LO PEOR

  • Se desinfla a lo largo de su segunda mitad.
  • Su posible visión etnocéntrica.

Álvaro Salas

Reseña Panorama
Nuestra valoración:
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Soy ese tío que va solo al cine y aplaude cuando la peli termina. Cuando estoy triste me veo una peli de Bergman y, o se me pasa, o me pongo peor. Defiendo las precuelas de Star Wars (a excepción de El Ataque de los Clones) y El Consejero como la mejor película de Ridley Scott desde Thelma y Louise. Las pelis de Béla Tarr se me pasan volando. Si crees que ser guapo y tener un talento inconmensurable no van de la mano, piensa en Paul Thomas Anderson.

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