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CRÍTICA: ALEGRÍA

Historias para no contar

ANTECEDENTES

Violeta Salama se estrena en la gran pantalla dirigiendo su ópera prima ambientada en la ciudad en la que se crió, Melilla. Habiendo comenzado como directora de segunda unidad en producciones como Los favoritos de Midas, Adiós o Crematorio, Alegría le está ofreciendo a Salama su gran oportunidad. Y es que, a pesar de no haberse estrenado todavía (tendremos que esperar hasta el 10 de diciembre para ello), esta joven directora ya ha sido premiada con su primer galardón en la sección Ópera Prima dentro del XX Festival Internacional de Cine de Almería (FICAL). Además, Alegría ha pasado por la sección oficial del Festival de Cine Europeo de Sevilla y por el Festival Internacional de Cine de Guadalajara (México), y ha sido apoyada por el Festival de Cannes en un programa pionero que promueve el mejor cine dirigido por mujeres.

Dentro del reparto también nos encontramos con un elenco muy femenino protagonizado por Cecilia Suárez (La casa de las flores), Laia Manzanares (Merlí), Sarah Perles (El Cid) y Mara Guil (Caronte). También se cuenta con la colaboración de Leonardo Sbaraglia (Legado en los huesos).

LA PELÍCULA

Al igual que hiciera Manu Gómez con Érase una vez en Euskadi, Violeta Salama recurre a las vivencias de su infancia para contar en Alegría esa convivencia de culturas característica de la ciudad de Melilla, todo ello tratado como en una especie de fábula. Es decir, no se centra en los conflictos que puede haber en el lugar al ser un punto de acceso entre España y Marruecos, sino más bien en mostrar una ciudad idealizada, llena de luz y color. Por lo tanto, nos encontramos con una feel-good movie, es decir, una película que incita al optimismo y a la felicidad.

De esta forma, nos encontramos con cuatro mujeres, cada una de una cultura y religión diferentes, pero que, sin embargo, aprenden a dejar sus diferencias de lado y a convivir unidas. Todas ellas se unen por algo en común: la boda judía de Yael (Laia Manzanares), que llega a la casa de su tía Alegría (Cecilia Suárez) para poner en marcha todos los preparativos. Sin embargo, Alegría hace tiempo que reniega de sus raíces judías y poco a poco irá comprendiendo que no hay nada malo de ello. También tendrá que hacer frente a la distancia, física y emocional, que sufre con su hija.

Por otra parte, tenemos al personaje de Sarah Perles y al que conocemos con el nombre de Dunia, una joven musulmana que tiene que luchar contra su religión y su familia para poder tener un futuro mejor y cumplir su sueño: ser una gran pintora. Personalmente, es el personaje que más me ha llamado la atención y me hubiese gustado conocer más sobre él. Sin embargo, la película no nos introduce muy bien a los personajes por lo que no llegamos a empatizar del todo con ellos. De igual forma, para alguien que no pertenezca al mundo árabe o judío puede no entender algunos aspectos porque tampoco se profundizan en ellos. Quizás ese es el problema de Alegría, dar por sentado algunas cosas que el espectador necesitaría saber.

En general es una película un poco lineal y en algunos momentos puede hacer que el espectador se desentienda de ella. Aunque hay que reconocer que la elección del tema y el mensaje que quiere transmitir Violeta es muy bueno y positivo: esa convivencia de culturas que hace que el mundo sea aún más rico. Además de reflejar una cultura no tan desarrollada en el cine como es la judía.  

ELLOS Y ELLAS

Cecilia Suárez encabeza este reparto de mujeres, siendo ella la más reconocida por participar en un gran número de series y películas. Su último gran éxito ha sido La Casa de las Flores. Llama la atención el hecho de que se ha desprendido de su acento mexicano para dar vida a una mujer melillense, aunque con grandes resultados. También es de destacar el viaje emocional que realiza su personaje, siendo en un principio una mujer fría y distante a una mucho más alegre a medida que va avanzando la trama. Por otro lado, tenemos a dos jóvenes actrices que debutan en el cine como son Laia Manzanares, conocida por Merlí, y Sarah Perles, de El Cid, cuya actuación en Alegría es digna de mención.

LA SORPRESA

En un principio, Yael (Laia Manzanares) viaja a Melilla para casarse con Jacobo (Emilio Palacios). Es evidente para el espectador que la joven se siente incómoda con su futuro marido, e incluso se lo hace saber a él, diciéndole que no tienen nada en común. Aun así, y por la propia presión que siente tanto por su familia como por su religión, acaba casándose, algo que puede desconcertar al espectador.  

LA SECUENCIA / EL MOMENTO

En el momento de la boda, Yael, Cecilia (Mara Guil), la mejor amiga de Alegría y Dunia, se ponen a celebrar el momento cantando una canción, cada una en su idioma, y es un ejemplo perfecto de esa convivencia y felicidad entre las tres culturas.

LO MEJOR

  • El mensaje que la directora quiere transmitir: esa convivencia de culturas.
  • El personaje de Dunia, interpretado por Sarah Perles.

LO PEOR

  • La poca profundidad en los personajes y en las diferentes religiones que se reflejan, quizás algo alejadas de los espectadores que no pertenezcan a ellas.

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