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Llega a Netflix el 10 de agosto, y arrastra expectación y polémica a partes iguales. La veterana estrella de la televisión mexicana, Verónica Castro, ha elegido La casa de las flores para volver al ruedo después de ocho años alejada de la actuación. La acompañan entre otros, sus paisanos Cecilia Suárez, Aislinn Derbez, Darío Yazbek Bernal (hermano del maestro Gael), y nuestro Paco León. Y es precisamente la participación de este último la que más está dando que hablar, ya que interpreta a un personaje transexual en la ficción y esto ha levantado ampollas al abrigo del reciente revuelo Scarlett Johansson/Rub and Tug.

Os contamos qué podéis esperar de La casa de las flores, la nueva ficción mexicana original de Netflix dirigida por Manolo Caro (La vida inmoral de la pareja ideal).

En la década de los ochenta, Dallas, Falcon Crest y Dinastía nos engancharon con los enredos familiares de un puñado de gente con una gran fortuna. La casa de las flores trae esas referencias a la memoria automáticamente: tenemos una familia de clase alta, una mansión, y líos, muchos líos. Sólo que no del modo que cabría esperar, y sin que esto sea necesariamente algo negativo. Lo nuevo de Manolo Caro se viste de culebrón por su procedencia, pero su tono y su guión (también escrito por Caro) se acercan más a una sitcom, fresca y actual, que a un interminable jardín de minas y venganzas.

“La normalidad es un camino pavimentado: es cómodo para caminar, pero nunca crecerán flores en él.” Esta cita de Van Gogh hace de telonera al primer episodio de La casa de las flores, y encuadra a la perfección la moraleja de la historia. Los De la Mora, son una influyente familia de Ciudad de México, uno de esos clanes idolatrados por la sociedad del país. Regentan una floristería y en los primeros compases del piloto, Roberta (amante del patriarca de la familia) nos narra en voz en off su intención de hacer caer la máscara de los floristas. ¿Qué cómo lo hace? De la forma más tragicómica que se nos ocurre. El arranque, puro humor negro, seguido de los artísticos títulos de crédito, dan paso a los acordes de Me colé en una fiesta de Mecano, y a estas alturas ya sabemos que compramos la propuesta.

A partir de aquí se descubre el pastel, o más concretamente, las dos vidas en paralelo del cabeza de familia, Ernesto De la Mora. Con sus tres hijos legítimos por un lado, y dos ilegítimos por el otro. Los unos al cargo de La casa de las flores (floristería), y los otros propietarios de La casa de las flores (cabaret). Ambos mundos colapsan en una vorágine de libertad y diversidad sexual, racial, y de género, que encuentra a Virginia (Verónica Castro) como centro de gravedad. La matriarca se ha esforzado toda su vida en correr un tupido velo sobre los escándalos de su familia de cara a la galería, pero en los trece capítulos que conforman esta primera temporada (el final queda lo suficientemente abierto como para poder darle continuidad a través de una segunda entrega), tanto Virginia como su prole nos deja claro que para ellos lo importante son los lazos de sangre, y la aceptación y respeto de los seres queridos, sea cual sea su condición.

El importante mensaje inclusivo que transporta La casa de las flores, es el verdadero corazón de la serie junto a sus actores, todos de una fuerza y personalidad arrolladoras. Mención especial merece Paco León, que aunque se hace esperar hasta bien entrada la serie, firma un papel maravilloso, sabiendo estar en su sitio en todo momento de un modo formidable. Ya sea por la curiosidad de verlo encarnar a María José (anteriormente José María), o porque busquéis una serie liviana con unos valores dignos de aplaudir, La casa de las flores es un título muy a tener en cuenta entre los estrenos de agosto.

Aitziber Polo

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