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La historia es más o menos la misma que hemos visto ya varias veces: chico conoció a chica, ambos se enamoraron y tuvieron un espléndido romance de juventud, hasta que, ¡oh, disgusto!, algo los obligó a separarse y nunca más supieron el uno del otro, pero entonces, ¡ah, sorpresa!, muchos años después vuelven a encontrarse y, aunque ha pasado la tira de tiempo (¡25 años, nada menos!) nunca han dejado de pensarse y, ¡por supuesto!, cada uno monta su propio paripé para demostrarle al otro lo fenomenal que le va en la vida pero, ¡venga ya!, la verdad es que lo único que jamás han querido ha sido el uno al otro y, ¡snif!, ya pueden ponerse manos a la obra para reconectar porque una oportunidad como esta solo se presenta una vez en la vida.

Como el lector habrá adivinado a estas alturas, La vida inmoral de la pareja ideal no sobresale por su originalidad argumental. Sin embargo, para ser justos con el director Manolo Caro, hay que añadir, y cuanto antes mejor, que la película sí destaca por otros aspectos. La comedia funciona gracias a algunos diálogos bien trenzados, jugando siempre al límite del exceso y emulando el estilo del primer Almodóvar. Los actores, por su parte, parecen cómodos nadando en el desmadre colectivo y ofrecen interpretaciones notables (ellos) y ciertamente sobresalientes (ellas). Si añadimos a esto que la historia encuentra un hábil equilibrio entre el pasado y el presente y que en su recta final se atreve con un giro oscuro, no es disparatado afirmar que, si bien no gloriosa, la película resulta lo suficientemente satisfactoria y divertida.

El cine mexicano sigue sumando talentos a su cosecha patria. En algún lugar entre los Cuarón, Iñárritu y Del Toro, y los más festivaleros Ripstein, Reygadas y Escalante, Manolo Caro se instala en la comedia de personajes para explorar la cotidianidad no exenta de lirismo de su país. A un ritmo que solo puede considerarse como woodyallenesco, Caro ha rodado cinco películas desde 2013 (con títulos tan rocambolescos como No sé si cortarme las venas o dejármelas largas o Elvira, te daría mi vida pero la estoy usando) y tiene pendiente de estreno La casa de las flores, la serie que ha realizado para Netflix.

El estilo almodovariano al que hacíamos alusión antes ve su plasmación directa en el personaje interpretado por Paz Vega, que parece (o pretende parecer) directamente extraído de un libreto del director manchego. Vega, quien pese a la percepción general no ha parado de trabajar durante los últimos años (¡incluidas cuatro series de televisión desde 2015!), activa aquí el modo Penélope Cruz con relativo éxito: demuestra que Penélope solo hay una y es inimitable, pero que Paz conserva intactas sus habilidades para la comedia. Su personaje da oxígeno a la historia cuando esta se va volviendo más densa, y la actriz sevillana entrega con precisión y gracia cada una de sus líneas de diálogo.

Pero si hablamos de actrices tenemos que detenernos unos segundos para alabar a las dos protagonistas, que encarnan a la protagonista femenina en los 90 y hoy en día. Ellas son Ximena Romo (pasado) y Cecilia Suárez (presente), dos actrices que el público español medio probablemente no tenga el placer de conocer. Impresionantes ambas, cubriendo el espectro de registros de la tragicomedia con soltura y dedicación. Mención especial para Sebastián Aguirre, quien interpreta al protagonista masculino en el pasado con una valentía y naturalidad asombrosas.

La vida inmoral de la pareja ideal resulta, en fin, un entretenimiento agradable salpicado de enredos en el que la comedia consigue abrirse paso gracias a sus actores y a un guion que apuesta desacomplejadamente por el disparate para llegar al núcleo dramático. Una grata sorpresa que, además, hará que el espectador vuelva a casa y se ponga a registrar Internet en busca de vuelos baratos a la preciosa ciudad de San Miguel de Allende. Nota: nosotros ya lo hemos hecho y hemos comprobado que, por unos 800 €, uno puede permitirse ir y volver desde Madrid. Allá el bolsillo de cada uno.

LO MEJOR:

  • El conjunto de actrices.
  • La habilidad para conjugar el disparate cómico con el drama.

LO PEOR:

  • La película es peor cuanto más en serio se toma a sí misma.

Alex Merino

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