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El 30 de enero cumplirá 45 años, y a partir de mañana copará nuestras carteleras con El vicio del poder, película que ya le ha granjeado un Globo de Oro. Drásticos cambios de peso aparte, Christian Bale destaca por ser una apuesta segura interpretativamente hablando. El galés salva airosamente cualquier papel en el que se embarque, cosa que no garantiza que su filmografía no haya tenido algún que otro bajón; así como tampoco le ha dado un número de nominaciones y galardones que hagan justicia a su talento. En más de treinta años como actor, únicamente ha sido candidato al Oscar y los Globos de Oro en cuatro ocasiones, alzándose como vencedor en sólo una. Sin embargo, todos los méritos que ha ido haciendo durante su carrera parecen haberlo situado por fin en la liga que merece. Y es que 2019 podría ser su año.

El jovencito Bale

Los comienzos de Bale en el mundo del espectáculo no fueron ni mucho menos resultado de un sueño infantil. Comenzó a aparecer en anuncios publicitarios con tan solo ocho años, y siguió actuando para ayudar económicamente a su familia. A los diez años se estrenó sobre las tablas en una obra de teatro de Rowan Atkinson (en su época pre- Mr. Bean), y tras algún que otro telefilme, dio el gran salto al cine de la mano de Steven Spielberg. Christian contaba con 12 años cuando lo escogieron entre más de 4000 niños para interpretar al chaval rico que pierde a sus padres en plena Segunda Guerra Mundial en El imperio del sol. Así es como este joven, nieto del doble de John Wayne en Hatari, y que se hizo vegetariano con sólo seis años a consecuencia de haber leído La telaraña de Carlota, llamó la atención de la crítica e incluso se ganó una mención especial de los National Board of Review a la mejor interpretación de un actor juvenil.

A raíz de su éxito en el filme de Spielberg, importantes ojos del panorama cinematográfico se posaron en él. Así llegó Enrique V de Kenneth Branagh, en la que compartió cartel con Emma Thompson y Judi Dench; la película musical Newsies; o ya en 1994, la más popular adaptación de Mujercitas. La propia Winona Ryder fue quién insistió en Christian Bale para el papel de Laurie, el encantador vecino de las hermanas March. También fue ella quien presentó a Bale a su asistente personal, Sibi Blazic, con la que el actor lleva casado casi veinte años. Más tarde (y para ir cerrando los noventa) llegarían Retrato de una dama, protagonizada por Nicole Kidman, o El sueño de una noche de verano de Michael Hoffman.

Color hueso, fuente Silian Rail

El cambio de siglo llegó acompañado de una pequeña revancha personal a Leonardo DiCaprio. Y es que Leo fue quien se alzó (y triunfó) con el papel de Jack Dawson en Titanic, papel por el que también luchó Christian Bale. No obstante, nuestro protagonista acabó adelantando a DiCaprio por la derecha en American Psycho. En esta pequeña joya de culto basada en la novela de Bret Easton Ellis, Bale comienza a mostrarse como el actor camaleónico y del método que conocemos. Tras la máscara de cuestionable cordura del sádico yuppie Patrick Bateman, se encuentra sin duda una de las interpretaciones más memorables del actor, que fue imperdonablemente obviada por la Academia.

Pese al punto de inflexión que supuso American Psycho para la popularidad y reconocimiento de Bale, su carrera se fue estancando en los años inmediatamente posteriores tras participar en cintas de escasa repercusión como La mandolina del capitán Corelli, Equilibrium o La calle de las tentaciones. Tanto fue así que el galés se tomó un año sabático antes de volver al celuloide como protagonista de la película que le daría su primer doblete de nominaciones al Oscar y los Globos de Oro: El maquinista. A base de una taza de café, una manzana, y una lata de atún diarias, bajó 28 kilos en tres meses para encarnar al raquítico e insomne Trevor Reznik. Cuenta la leyenda que se quedó en 55 kilos aunque él quería llegar a los 45; por suerte los productores le pararon los pies. Con todo, esta extrema transformación fue la que definitivamente lo situó en el punto de mira de la industria hollywoodiense, y la que haría que Christopher Nolan levantase el teléfono para proponerle ser su caballero oscuro.

El ascenso de una leyenda

Batman tiene mucho que agradecer a Nolan y Christian Bale, y del mismo modo ambos tienen mucho que agradecer al vigilante de Gotham. La trilogía de El Caballero Oscuro es de lo mejor que se ha hecho en el cine en materia de superhéroes, y sirvió para encumbrar del todo a su protagonista (a pesar de que para ello tuviese que renunciar a la posibilidad de ser el nuevo James Bond en lugar de Daniel Craig). Para haceros una idea, Batman Begins se estrenó en 2005, y no hay más que ver los cineastas con los que se codeó hasta que El caballero oscuro: La leyenda renace (2012) puso fin a su andadura como el hombre murciélago: hizo de la tercera punta del triángulo amoroso en El nuevo mundo de Terrence Malick (lo más parecido que hay hasta la fecha de un live action de Pocahontas, en la que por cierto dobló a otro personaje); repitió con Nolan en El truco final; custodió al forajido encarnado por Russell Crowe en El tren de las 3:10 de James Mangold; estuvo en I’m not there, biopic sobre Bob Dylan dirigido por Todd Haynes; dio vida al hombre que atrapó al mítico John Dillinger en Enemigos Públicos de Michael Mann, y ese mismo año 2009, también se convertiría en el John Connor ya crecidito de Terminator Salvation (la cuarta de la saga).

Y llegó 2010, y con él la temporada de premios. Para Christian Bale a la segunda fue la vencida, y se llevó su primer Oscar y Globo de Oro a casa por su interpretación en The fighter de David O. Russell. En esta película vuelve a lucir muy demacrado (aunque no al extremo de El maquinista), fruto del enganche a la cocaína del personaje al que interpreta: el boxeador Dickie Ecklund que entrenó a su hermano Micky Ward a quién dio vida en pantalla Mark Wahlberg. También en el reparto encontramos a Amy Adams como la pareja de este último.

La leyenda continúa

Como decíamos más arriba, mientras que Christian Bale fue Bruce Wayne, y también desde que lo dejó atrás, no hemos dejado de verlo en proyectos interesantes. Después de colgar la máscara no ha parado, con uno o dos proyectos por año. Y por fin parece haberse asentado como un habitual de la alfombra roja. En 2013 volvió a estar nominado (con veinte kilos más, nada nuevo bajo el sol) por La gran estafa americana en la que repitió con David O. Russell a los mandos, y Amy Adams, Bradley Cooper y Jennifer Lawrence como compañeros de reparto; lo que viene siendo un pelotazo para los Oscar. No ganó, aunque sí rascó el premio del Sindicato de Actores. Volvería a asomar en la temporada de premios en 2015, habiendo protagonizado entre medio la bastante decepcionante Exodus: Dioses y Reyes de Ridley Scott y el drama romántico Knight of cups. Las nominaciones regresaron con La gran apuesta, la apabullante incursión de Adam McKay en la crisis económica, protagonizada por Bale junto a Brad Pitt, Steve Carell y Ryan Gosling.

En 2016 y 2017 pasaron sin hacer mucho ruido La promesa y Hostiles respectivamente, teloneras del último hito en las transformaciones de Christian Bale. Y no nos referimos a que sea Bagheera en Mowgli: La leyenda de la selva (estrenada en Netflix recientemente), sino a su metamorfosis en el ex vicepresidente estadounidense Dick Cheney para El vicio del poder. La pasada madrugada del domingo, mientras recogía su Globo de Oro, dio gracias a Satanás por haberlo inspirado para el papel. ¿Podemos tener más ganas de ver la interpretación que podría darle la segunda estatuilla de su carrera el 24 de febrero? Lo que está claro es que nos alegramos de que esté en lo más alto, y ya seguimos la pista de su próxima película, Ford v. Ferrari de James Mangold con Matt Damon y Caitriona Balfe (Outlander).

Por el momento tendremos que conformarnos con disfrutarlo en la piel de Cheney, con un trabajo de caracterización que recuerda al Churchill que coronó como mejor actor a Gary Oldman el año pasado. Curiosamente, Bale ha confesado que Oldman ha sido su mayor inspiración desde que era un crío; y que incluso cuando detestaba ser actor por necesidad más que por vocación, se decía que si algún día alcanzaba a tener en alguien el impacto que Gary Oldman tenía en él, habría merecido la pena. ¿Sabes qué, Christian? Lo has conseguido.

Aitziber Polo

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