El Palomitrón

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LA ESTAFA

LOS ANTECEDENTES

2002 y 2004 son años ya lejanos. Eran tiempos de un presente perpetuo sin futuro, aquel en el que los festivales de Eurovisión seguían sucediéndose cada vez más variopintos, aquellos en los que nuestro país entero nadaba en cemento y dinero y respirando todavía el polvo de las Torres Gemelas de Nueva York mientras los Estados Unidos dominaban el mundo desde su trono de hierro. En esa época de un futuro resplandeciente más de vidrio que de diamante, de dinero continuo que no veía su propio fin es en la que se ubica la última producción de HBO, La estafa.

LA PELÍCULA

Los biopics suelen ser material altamente inflamable. Bien sea por contar desastrosamente en pantalla historias que nunca nadie planteó repetir, bien sea por caracterizaciones que dejan más lugar a la imaginación que al encuentro con el personaje real, por falsear datos en aras de un buen argumento o por avivar fuegos que ya habían sido extintos. En definitiva, para realizar un biopic se debe ser muy consciente de cuál es el peligro real del material que se lleva entre manos.

La nueva película de HBO vuelve a caminar por la senda que la llevó a producir otros biopics como The wizard of lies (Bernie Madoff, 2017) o Brexit (Toby Haynes, 2019) llevando ahora a la pequeña pantalla una película sobre la mayor estafa de la educación pública de los Estados Unidos. Bautizada con el nombre en español de La estafa, la nueva película de Corey Finley (Purasangre, 2017) narra la estafa llevada a cabo por Frank Tassone (Hugh Jackman) el superintendente del distrito escolar de Roslyn, Nueva York. Mientras el prestigio del centro no cesaba de crecer y sus alumnos eran aupados a las más importantes universidades del país, Frank Tassone y parte de su equipo directivo se enriquecían y vivían en un lujo constante con casas a pie de playa, apartamentos en Nueva York, trajes a medida y vacaciones a lugares de ensueño que se vieron súbitamente frenados cuando en 2004 estalló todo el escándalo que hundió el prestigio del centro y su superintendente, un escándalo que ya había afectado en el año 2002 a la superintendente auxiliar de negocios, Pamela Gluckin (Allison Janney).

Aparte de un trabajo actoral de grata solvencia sostenido por los mencionados Hugh Jackman y Allison Janney, La estafa se convierte en una genialidad de película gracias a un guion escrito, precisamente, por Mike Makowsky, quien fue uno de los estudiantes de secundaria en el momento en que se destapó el caso. El ritmo del guion es frenético y no permite tomar más descansos que cuando se detiene para examinar las vidas privadas de los personajes con el fin de convertirlos en humanos, y no en meros recolectores de dinero sin escrúpulos. Los momentos familiares de los dos protagonistas principales les dan una profundidad con la que entendemos cómo han acabado ahí, pero también quiénes son más allá de las cifras cada vez más desorbitadas de dinero que pasan por delante de la mirada cortocircuitada del espectador. Aparte de otorgar esta vertiente humana a la corrupción, el guion es un puro caramelito que suelta pequeñas bombas de humor aquí y allá alejándolo de los grandes biopics que se toman a sí mismos demasiado en serio. De esta forma, la película se acercaría a la ya mencionada Brexit o a la tristemente olvidada Phillip Morris ¡Te quiero! (John Requa, Glenn Ficarra, 2009), pero la alejaría de biopics serios como Secretos de estado (Gavin Hood, 2019) o Todo el dinero del mundo (Ridley Scott, 2017).

Curiosos son también los temas que se llegan a abordar durante toda la película. Los precios en alza de las viviendas de la zona, el lujo asociado a una forma de vida escandalosamente cara, las calificaciones de las escuelas y la competitividad entre todas ellas o el dinero inagotable son sólo algunos de los temas que constantemente se hablan y que dejan en un segundo plano el propio papel de los estudiantes y la educación. La estafa significa también un potente mensaje sobre la corrupción no sólo económica, sino también moral, en un mundo que ha convertido a la educación en un producto más sujeto a la mercantilización, un mensaje que clama por valorar hasta qué punto cualquier cosa puede ser comprada y vendida.

ELLOS Y ELLAS

Como ya hemos mencionado, la película entera se sostiene sobre dos pilares como son Hugh Jackman (Mr. Link: el origen perdido, El candidato) en el papel de Frank Tassone y Allison Janney (El sótano de Ma, Troop Zero) en el papel de Pamela Gluckin. Les acompañan Geraldine Viswanathan (Hala, El paquete) en el papel de Rachel Bhargava, la estudiante de primero de Bachillerato aprendiz de periodista que logra destapar el caso, Annaleigh Ashford (Younger, Día de lluvia en Nueva York) en el papel de Jenny Aquila, sobrina de Pamela Gluckin y otra de las implicadas en la estafa, y Ray Romano (El irlandés, Paddleton) en el papel de Big Bob Spicer, miembro de la junta directiva de Roslyn.

LA SORPRESA

Descubrir que nuevamente es el periodismo el que se encarga de señalar con el dedo a los culpables, una lección a aprender en cualquier parte del mundo.

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

El preciso instante en que se destapa el primer aviso de todo lo que está por venir. Ese momento, ese preciso instante en que el equipo directivo es consciente del agujero que hay en las cuentas, se convierte también en el exacto momento en que por primera vez somos conscientes de lo que pasa, pero se hace más suculento a medida que avanza la trama y nos damos cuenta de que sólo nos hemos asomado a una pequeña parte de todo el fraude.

TE GUSTARÁ SI…

Eres amante de los biopics gamberros o de un Hugh Jackman en estado de gracia.

LO MEJOR

  • El ser un biopic cargado de una mala leche que logra canalizar muy bien a través del guion.
  • Los personajes principales, seres totalmente normales y anodinos, pero carismáticos y humanos, que logran llenar la pantalla con su sola presencia, especialmente los dos protagonistas principales.

LO PEOR

  • Que el hecho de tomarse a sí misma en clave de humor puede generar rechazo en algunos espectadores.
  • Un ritmo que, con el fin de llegar a profundizar en la humanidad de los personajes, puede llegar a resultar irregular a algunos.

Javier Alpáñez

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