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Se decía de Jean Paul Getty, figura sobre la que gira Todo el dinero del mundo, la nueva película de Ridley Scott, que sus arterias eran de acero y que por sus venas corrían torrentes de petróleo. También se decía, para cerrar dicha afirmación, que aunque el crudo se arrastrara por sus vísceras, sus bolsillos estaban soldados como cajas fuertes. Tanto es así que esta versión fílmica del secuestro de su nieto John Paul Getty III retrata la negativa del gran magnate a pagar el rescate, alegando que tenía catorce nietos y pagar el secuestro de uno de ellos significaría tener catorce nietos secuestrados. Esto, claro, en voz y presencia de un Christopher Plummer que es, sin duda alguna, lo mejor de este thriller mediocre, que en ocasiones se viste de drama familiar wellesiano.

Después de eso, y tal vez sintiéndose profeta de la justicia, avalado por su posición como hombre más rico del mundo, Getty camufló su rechazo a pagar el precio del rescate como un compromiso con el mundo. Que acceder a demandas de criminales y terroristas solo garantizaba el aumento y la dispersión de la ilegalidad y la violencia, dijo. Sin duda, Todo el dinero del mundo trata de enfocar a la monstruosa mente del magnate del petróleo, así como su avaricia y sociopatía evidente, y llega a cuestionar el papel y la naturaleza de Getty en la historia… aunque la sutileza se tira por la borda a la primera de cambio (con Plummer musitando en su voz más áspera los mejores aforismos de los que disponía el guionista sobre el poder y el dinero), declarando sin rodeos que el porcentaje de la gente muy rica, el 1 %, se encuentra tan lejos de la realidad que es casi como si fuera otra especie. El nuevo filme de Scott no explora las implicaciones ni la tragedia inherente a esa declaración en un completo insulto hacia la inteligencia del espectador y dinamita cualquier posibilidad de análisis o reflexión.

Sin duda es una pena que, en una película rodeada de polémica durante su producción, lo más destacable sea dicha polémica; primero por el cambio de Kevin Spacey por Christopher Plummer (del que siempre nos quedará la duda de si fue por compromiso a la lucha contra los abusos sexuales o por motivos de marketing) y luego por la caótica situación vivida en los reshoots con Mark Wahlberg (quién sabe si imbuido por el espíritu de Jean Paul Getty) pidiendo 1,5 millones más que luego donó, recogiendo cable, al movimiento Time’s Up para aprobar la contratación de Plummer, mientras Michelle Williams recibía menos del 0,1 % por el mismo trabajo. El ritmo del filme es mayormente estático, algo que Scott nunca consigue traducir en tensión dramática; las actuaciones no pasan del bidimensionalismo en el mejor de los casos (y de Wahlberg mejor no hablamos); y la película termina con una persecución algo operística en las calles de un idílico pueblo italiano que nunca se siente como un clímax merecido para esta historia, que paga los errores de planteamiento en su primer acto.

Sin embargo, no todo es gris y triste: visto lo visto, y sea cual sea el motivo, debemos estar contentos viendo como los productores han manejado el tema de los depredadores sexuales en Todo el dinero del mundo, y abandonar toda esperanza de que la película sea mínimamente interesante y entretenida. Y además, nos hemos ahorrado tener que soportar durante dos horas ese Kevin Spacey pasado por ordenador que tan mala pinta tenía en los trailers.

LO MEJOR:

  • La actuación de Christopher Plummer.

LO PEOR:

  • La malograda dilución del personaje de Getty en un thriller de telefilme.
  • La actuación de Mark Wahlberg.
  • El clímax.

Pol Llongueras

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