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El Palomitrón

LOS ANTECEDENTES

Bajo el sugerente título de La enfermedad del domingo, el director español Ramón Salazar envolvía de un aura de autor su nuevo trabajo. Además, el filme fue seleccionado en la sección Panorama de la Berlinale y esta semana vive su puesta de largo, tanto en la capital alemana como en los cines españoles. Aquí llega pues, Salazar, sin ser desconocedor de ninguno de los ámbitos y un valor por el que se puede apostar ya sin mucho temor a equivocarnos. No en vano, el realizador ya estuvo en la Sección Oficial del Festival con Piedras y su inmersión en “lo de autor” con 10 000 noches en ninguna parte fue bastante aplaudida. Sumen al cóctel dos actrices consagradas y pónganle todo el interés que puedan.

LA PELÍCULA

Hay una palabra, letargo, que utilizamos cuando nos queremos referir a algo que estaba dormido y cuyo despertar traerá consecuencias inciertas. En La enfermedad del domingo, el letargo adquiere un nuevo significado. En la película de Salazar, el letargo es un estado mental y pandémico que toma el protagonismo hasta infectar toda la película. Salvando las distancias, le ocurre algo parecido al tremendo trabajo de Paul Thomas Anderson, El hilo invisible, en la que un aura de lo añejo y lo fantasmagórico inunda la pantalla para intentar conectar con el espectador en tercera persona. El encuentro forzado y forzoso que viven las protagonistas, sin adelantarles nada, es tan pasivo que parece una ensoñación. Una apuesta por lo onírico que nos invita a dejarnos caer en el letargo del que les hablábamos, que nos da la mano con fuerza en pos de un secuestro tan cómplice como complicado. Una muestra de soberbia.

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ELLOS Y ELLAS

Hablar de la nueva película de Ramón Salazar es hacerlo de sus actrices. El dúo protagonista, Susi Sánchez y Bárbara Lennie, se enfrenta en una lucha sin cuartel contra sus propias limitaciones. Ensayo, error y método para componer un duelo al sol gris que propone el director. Dos de las mejores intérpretes con las que cuenta nuestro imaginario dramático para tomar el maravillosamente débil guion de Salazar y elevarlo a un mastodonte titánico.

Se puede decir, sin miedo a equivocarnos, que lo mejor de la película es el duelo de actrices que nos regala. Porque es tan grande que no deja apenas sitio para nada más. Lo demás del reparto nos sobra y nos estorba en nuestro sueño, en nuestra pesadilla, o como quieran llamarlo. Dos buenos cimientos en forma de dos actrices en estado de gracia nos bastan y nos sobran.

LA SORPRESA

Autor hasta la sepultura, con todo lo bueno y lo malo que ello implica, Salazar nos tenía acostumbrados a perspectivas que, si bien no iban aceleradas, tenían un ritmo alto. La enfermedad del domingo apaga todo tipo de tensión, pese a tratar un tema tan dramático como la muerte, y nos deja anestesiados finalizado su disfrute. La película es una dosis de calma en ese mar de explosiones en la cara que suele ser la taquilla.

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

El final. El filme se construye en base a un secreto a voces y a una palabra concreta que flotará en ese sueño al que se invita al espectador. Su revelación, su pulsión y su puesta en práctica son la carta oculta del director. Disfrútenla.

El Palomitrón

TE GUSTARÁ SI…

Puedes y quieres dejarte arrastrar por un ritmo tan onírico como pausado. Es cine que exige un espectador dispuesto a la pasividad cómplice.

LO MEJOR

  • El duelo interpretativo entre una Bárbara Lennie que vuelve por sus fueros más independientes y Susi Sánchez, madura y exquisita.
  • La dirección de fotografía, sublime en lo gris del bosque pirenaico.
  • La tensa intención del director de exponer temas de manera velada para invitar a una reflexión nada impostada.

LO PEOR

  • La misma autoría del filme puede resultar cargante en determinados planos, sobre todo en el inicial, que nos predispone de manera visceral. La amas o la odias.

Matías G. Rebolledo

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