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Reseña de Route End #1 destacada - el palomitron
ANIME / MANGA REDACTORES RESEÑAS

BIBLIOTECA: ROUTE END #1

En pleno año 2019, en un impepinable periodo de globalización, innovación y avances tecnológicos que «facilitan» nuestro día a día, la soledad es un intangible con la capacidad de materializarse y llevarse, por medio de una colosal fuerza, multitud de vidas año tras año. Invisible, lenta, pero inexorable. Con la capacidad de engullir a cualquier ser humano en un profundo foso, echar tierra encima e impedir que cualquier ápice de luz —o contacto humano— ejerza de mano salvadora. Es una realidad, un fenómeno, que pasa en multitud de países del mundo, pero que en Japón azota con una particular y temperamental fuerza. Tanto, que en el país del sol naciente recibe hasta el título de Kodokushi o Muerte Solitaria. Un fenómeno que, tristemente, se ha convertido en una auténtica problemática social. El Kodokushi es, como su traducción indica, el proceso en el que una persona fallece en absoluta soledad, siendo hallado su cadáver días, semanas o incluso meses después de la defunción. Normalmente por un aviso de impago por parte del banco, o por el de unos vecinos atónitos ante la existencia de fuertes olores en las inmediaciones. Generalmente se trata de varones de edad longeva; hombres que no tienen familia o cuyos vínculos familiares se han disuelto con el paso de los años. Sin embargo, durante los últimos años se ha visto incrementado el caso de personas jóvenes o dependientes que experimentan también este funesto fin. Se calcula que cada año cerca de treinta mil japoneses mueren bajo el amparo del más absoluto de los silencios. Una cifra que no parece aminorar, en parte fruto de las condiciones de vida del país nipón. Y de este fenómeno nace una necesidad y una oportunidad laboral: las empresas de limpieza especializadas.

Es un negocio en alza; y sus empleados los testigos más próximos a una lacra cuyo fin se antoja muy poco probable. Con un característico mono del color de la pureza y con una máscara protectora que cubre parcial o totalmente sus rostros, los encargados de la limpieza deben lidiar con escenas no aptas para estómagos sensibles. Montañas de basura, olores inhumanos e insectos pululando por los residuos de alguien que fue y ya no es. Reseña de Route End #1 Kodokushi - el palomitronSu labor es la pulcritud, la limpieza total y absoluta de los escenarios para eliminar cualquier vestigio de vida anterior. Es un trabajo duro, de hecho solo unos pocos son capaces de llevarlo a cabo. Por eso, su recompensa es elevada. Entre dos mil y ocho mil euros por servicio, decenas de miles de empresas se sustentan sobre el Kodokushi. En cierto modo, y adentrándonos en un terreno más espiritual, estos trabajadores se encargan de purificar, de brindar un último adiós y dedicar una última oración que tal vez nunca habría llegado a pronunciarse. Su llegada es silenciosa, así como también lo es su marcha. Pero su labor es duradera, perdura en el tiempo. Son el otro elemento de una ecuación de realidad que molesta. Y molesta por el profundo desamparo de sus consecuencias. Kaiji Nakagawa parte de ese elemento, de esa costosa labor para construir una ficción de suspense en el que un maquiavélico asesino en serie no para de dejar su particular sello en los lugares donde sacia su voraz inhumanidad. «END». Un nombre, una firma grabada con las vísceras y los miembros amputados de sus víctimas.

Route End comenzó su andadura en la Shônen Jump + en 2017, cobijandose entre otros títulos como Fire Punch, Summer Time Render, Ao no Flag o Astra: Lost in Space. Con un total de ocho volúmenes, el thriller de Kaiji Nakagawa alcanzó su respectivo final hace escasas semanas. La investigación y caza al asesino en serie que aterrorizó Japón parece haber llegado a su fin, y ahora es cuando Norma Editorial brinda la oportunidad de que el público español se sumerja en ella. Que sea partícipe. Porque como en todo buen thriller que se precie, la barrera tangible entre ficción y realidad parece diluirse por completo. Es fácil adentrarse en esas escenas de crimen fruto del más sombrío de los odios, barajar qué cartas están sobre la mesa e intentar planificar el siguiente movimiento. Nos convertimos en un jugador más. En otro elemento de la obra. Y por cierta afinidad personal hacia este tipo de obras que siempre agradeceré que su presencia en el mercado editorial sea mayor.

Reseña de Route End #1 limpieza - el palomitron

«Mi nombre es Taji Haruno, y mi trabajo consiste en limpiar las estancias donde perecieron hombres y mujeres. Los motivos de sus muertes son variados, pero en realidad carecen de importancia. Mi labor es eliminar, limpiar y ordenar. Purificar dichos espacios para que otros puedan vivir en ellos; para que el incombustible círculo de vida y muerte no se detenga. Nunca es fácil, a veces cuesta digerir, incluso entender. Veo los resquicios de lo que fue soledad, depresión, enfermedad o actos de violencia llevados a su máximo exponente. Remanentes de muerte, de un fin y un principio. Alfa y omega. Pensaréis que mi trabajo es raro, excéntrico cuanto menos, pero soy feliz con él. Por raro que parezca, me gusta lo que hago. Me gusta la idea de pensar que ayudo a otros a recuperar sus vidas. A honrar a los que ya no están entre los vivos. Mentiría si dijera que acabé aquí por casualidad. Siempre hay un porqué. Y el mío tiene que ver con un acontecimiento que viví con diez años de edad: el suicidio de mi madre. No entendía la razón, maldecí y algo dentro de mi corazón cambió. La ira y la rabia se apoderaron de mi ser. Me marcó, y eso me hizo ser quien soy a día de hoy; supongo que es algo normal. Llegué a pensar que no valía la pena vivir, pero cuánto me equivocaba. Un asesino en serie apodado END se ha cobrado otra víctima. Una más. Para él es un juego, de alguna manera enfermiza se divierte escenificando y jugando con las partes de sus víctimas. El otro día tuve que limpiar los restos de su “obra”, las manchas de un tétrico “cuadro” donde sangre es pintura. Entre el festín de lo macabro, encontré algo tan enigmático como perturbador: el cráneo y los huesos de alguien socavados bajo su obra. Otra víctima, otra alma que dejó este mundo. Un misterio que tiene que ver con Tachibana, mi mentor. No sé su paradero actual, ni siquiera si está relacionado con END. Mi mente es un nido de preguntas sin respuesta, nadie puede dármelas. Tal vez END. Tal vez esa retorcida mente capaz de segar almas como quien arranca el tajo de una flor. Voy a por ti, END. Esto es solo el principio».

Reseña de Route End #1 asesinato - el palomitron

Kaiji Nakagawa realiza un espléndido trabajo de presentación a la hora de ilustrar otra de las caras de un crimen, la del trabajo sucio y que tiende poco a observarse. Los focos suelen estar en las persecuciones y la acción, en la investigación policial, en esas pizarras repletas de garabatos, fotografías e hilos rojos con chinchetas que, en conjunto, conforman un mural, un mapeado con multitud de posibilidades. Que Route End comience desde el otro prisma, desde cualquier día normal para un trabajador cualquiera de este tipo de industria de limpieza es meritorio. No hay glamour en lo que hace Taji Haruno, y es algo que ya se puede apreciar en las primeras páginas por la opinión pública. Sin embargo, y como mencionaba líneas atrás, es de una necesidad vital. Y precisamente por eso, por ser tan necesario y ejemplificar a la perfección una dura realidad que asola Japón, el detallismo que profesa cada una de las viñetas donde se lleva a cabo esta labor es digno de mención. Los distintos actos o fases de limpieza, el ritual de «purificación», los actos o síntomas de respeto a la hora de entrar o salir del lugar, etc. Es como si el lector estuviera observando un documental en televisión.

Pero hay que crear suspense, y el autor nipón no tarda en hacerlo al incorporar la figura de END. Y no solo eso, sino relacionarlo con un caso de limpieza para la compañía donde trabaja el protagonista. El hallazgo del esqueleto de un antiguo cadáver que falleció años atrás supone un enigma más, preguntas sin respuesta que apuntan directamente a Kouji Tachibana, gerente y maestro de Haruno, que se ha esfumado sin dejar el más nimio rastro. Reseña de Route End #1 END 2 - el palomitron¿Fue Tachibana el asesino de aquel hombre del que solo quedan sus huesos? ¿Está END relacionado con el mentor de Haruno? ¿Tal vez sea su próximo objetivo? Las primeras preguntas comienzan a poblar y dibujar el desarrollo de la obra. La investigación policial entra en escena y los detectives comienzan a mover ficha. Así conocerá Haruno a la detective Igarashi, una mujer tenaz con la que compartirá algún que otro momento de corte más introspectivo. Aunque, para variar, sus visiones y acciones apuntan a ser diametralmente distintas.

Si algo deja claro el primer volumen de Route End es que no busca regocijarse en el morbo. El «espectáculo» que lleva aparejada la firma de END es explícito, pero ni se muestra en abundancia ni se recrea. A falta de ver cómo evoluciona la trama, la narrativa de la obra parece querer bailar entre las distintas personalidades de la ficción y sus relaciones. Kaiji Nakagawa podría confeccionar múltiples paneles de asesinatos, desmembramientos y de las frívolas elucubraciones de un despiadado asesino. Sin embargo, prefiere tomar otras vías, otras rutas. Rebajar varios peldaños en lo explícito y profundizar en la psique de sus personajes. Reseña de Route End #1 Haruno 2 - el palomitronAlgo que le sienta realmente bien al título a nivel de contenido, pues al final son estos últimos los actores principales de esta alocada función. Por otro lado, la muerte es tratada como nexo de unión, como eje donde distintos elementos orbitan. El acercamiento entre el protagonista y la detective Igarashi no se produciría de igual manera sin esos previos respectivos «coqueteos» con la muerte, siempre en relación a seres queridos. En cierto modo, es algo que les une. Que les ayuda a desnudar sus sentimientos, a comprenderse. De igual forma que la pareja de compañeros de trabajo de Haruno tiene su peculiar modo de llevar el duelo, o cómo el hijo de una de las víctimas de END encuentra en la muerte una vía para lucrarse económicamente.     

Los primeros compases de Route End son un perfecto punto de entrada para conocer con mayor detenimiento un trabajo tal vez desconocido para muchos. La inclusión del sádico asesino en serie END como ente que hace mover los hilos de la trama funciona con bastante acierto, generando diversas incógnitas que se acrecientan capítulo tras capítulo y permiten que su lectura sea una tan ágil como dinámica. Kaiji Nakagawa bifurca la investigación hacia dos sentidos que en algún momento deben converger: la policial y la perpetrada por el propio protagonista de la obra. Esto, sumado a alguna que otra sorpresa, permite al lector alternar entre los dos «bandos» mientras el mangaka termina cada capítulo con la inclusión de algún elemento narrativo en forma de cliffhanger. Destacando, sobre todo, el del último capítulo del tomo. Otro de los factores más llamativos de este primer volumen es la construcción del protagonista y su posible evolución. Nakagawa presenta a un personaje que, pese a su pasado y los posibles prejuicios que podría generar su trabajo, se muestra cálido y cercano. Se podría haber optado por fraguar una personalidad mucho más oscura, con un trauma mucho más presente, pero no es así. A pesar de ello, es un personaje que durante muchos años ha acumulado toneladas de ira en su interior. Ira y rabia interiorizadas, presas de unas ficticias cadenas. Unas que pueden erosionar y llegar a partirse por el estruendo emocional de cierto suceso. Y ahí, en ese río desbocado de ira, es cuando Haruno puede erigirse como un antihéroe. Como un ente guiado por su propia moralidad.

Reseña de Route End #1 END - el palomitron

El ambiente oscuro de este tipo de ficciones suele ir acompasado por un apartado artístico opresivo, explícito en cuanto a nivel de detalle y con un claro predominio de tonalidades oscuras. Sin embargo, el caso de Route End no es exactamente así. La trama y los temas que aborda son para un público adulto, pero su apartado visual podría ser mucho más visceral y explícito. En determinados paneles se muestran cuerpos mutilados y la escenografía de END está presente en diversas ocasiones, pero como decía líneas atrás, el autor nipón podría regocijarse mucho más para causar un mayor impacto. Ya sea de forma deliberada o por una mera cuestión de habilidad, lo cierto es que el punto fuerte de Route End no recae en el apartado del arte, sino en el narrativo. Su arte, pese a no considerarse «malo» ni mucho menos, mantiene un perfil bajo, sin destacar en demasía. Estático en ocasiones, Nakagawa se sirve de un fino trazo para moldear a sus personajes, así como de múltiples líneas de trazado para conformar el sombreado tanto de los escenarios como de los protagonistas de la ficción. En determinadas circunstancias, es ese trazo el que suma cierto componente de acongoja y opresión ambiental

Puede que Route End no sea el mejor thriller de los últimos años, pero su lectura inicial es altamente satisfactoria y casi necesaria para los seguidores de un género que no destaca por su abundancia en nuestro país. Su arte, pese a cumplir con ciertos estándares, no quedará grabado a fuego en ninguna retina. Sin embargo, la composición de página y narrativa visual de la obra acompañan de manera sobresaliente un hilo argumental que va in crescendo y cuyo seguimiento se antoja necesario al terminar este primer volumen. Solo por eso, ya vale la pena brindar una oportunidad al enigmático y despiadado caso de END.

«Brotaron las lágrimas que no me habían salido cuando murió mi madre. Fue la primera vez que lloraba por la muerte de alguien»

Reseña de Route End #1 cartel - el palomitron

Lanzamientos Norma Editorial mayo 2019 route end - El Palomitrón

En la pasada edición del Salón del Manga de Barcelona Norma Editorial anunció una amplia variedad de licencias entre las que se encontraba Route EndUn thriller que recientemente ha llegado a su fin en Japón y que promete hacer las delicias de aquellos que busquen una trama adulta, con énfasis en sus personajes y un despiadado asesino en serie como maestro ceremonial. Con un total de ocho volúmenes, Norma Editorial amplía catálogo con un título cuya lectura deja con ganas de saber más. Route End #1 está compuesto por un total de 192 páginas, ninguna de ellas a color. Presenta un formato B6, rústica con sobrecubierta y una dimensión de 13 x 18,2 cm. La calidad de los materiales de la edición está en la línea de otras obras de corte similar de la editorial. El diseño de la portada respeta al máximo el original japonés, respetando tanto el título original como la ubicación del mismo. Por otro lado, el diseño de la misma logra con muy pocos elementos llamar la atención del usuario. De colores claros y bajo el empleo de un pulcro blanco tintando las letras de su título, la figura de Haruno emerge con total serenidad. Con el mono de trabajo puesto, máscara y guantes inclusive, el semblante del joven consigue transmitir cierto aire enigmático. La elección de contar con portadas protagonizadas por los personajes de la obra sin ningún elemento más es un claro signo del énfasis en el factor humano por parte del autor.

Route End #1 se puso a la venta el pasado 5 de abril a un precio de 8,50 €. Este primer volumen cuenta con un total de seis capítulos que dejan claro el cariz principal de la obra, presentan el conflicto que empuja al protagonista a alcanzar su nueva meta y comienzan las distintas vías de investigación del caso del asesino en serie END. A nivel de diseño e impresión del volumen no hemos encontrado ningún inconveniente o errata. Tanto el entintado, como el sangrado y las viñetas gozan de una perfecta armonía en el tomo. Por último, mencionar que la traducción a nuestro idioma está perfectamente lograda gracias a la labor de Marc Bernabé (DARUMA Serveis Lingüístics, SL).

Edu Allepuz

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Intento de muchas cosas y una de las piezas que hacen funcionar la sección manganime. Ávido lector de manga, enamorado de la tinta y de la tragedia de Sui Ishida. Firme defensor de la industria como arte y la abolición de estúpidas etiquetas.