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Carolina Jimenez- Efectos- El Palomitron
Fotografía de Kerp Photography

Sigo oyendo hablar de magia y efectos especiales, decía Izal en uno de sus temas. Pues a nosotros, si hablamos de magia y efectos especiales, nos viene a la mente el nombre de Carolina Jiménez. Quizá por su nombre no la conozcáis, pero si os decimos que es una gran profesional de los efectos especiales del séptimo arte y que ha trabajado en películas como Tomb RaiderGuerra Mundial ZStar Trek: Más alláLiga de la JusticiaGuardianes de la galaxia Vol. 2Power Rangers El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos seguro que os irá sonando más. Empezó estudiando Arquitectura, pero supo que lo suyo era el cine: ver los extras de cierta película (que os desvelaremos más adelante) le hizo saber que eso era a lo que se quería dedicar en su vida profesional. Dicho y hecho, se armó de valor, de trabajo y de sacrificio, y dio el gran salto. En la actualidad vive en Vancouver, Canadá, y es, como se dice en inglés, una gran Senior Layout Artist en Scanline VFX.

Pasaste de estudiar Arquitectura a una escuela de animación y 3D para aprender a hacer los efectos especiales en las películas. ¿Cómo te atreviste a dar ese paso? ¿Te apoyaron tus familiares y amigos? La versión extendida de El señor de los anillos tuvo la culpa, ¿no?

Carolina Jiménez: Así es. Los DVD de la versión extendida de La comunidad del anillo marcaron el camino. Yo ya había dejado la carrera de Arquitectura desencantada un par de meses antes y me encontraba en un punto en el que no sabía qué hacer con mi vida. Siempre me gustaron el cine y la tecnología, pero no se me ocurrió que fuera posible que hacer cine tras un ordenador fuera una profesión viable con la que se pudiera uno ganar la vida. Cuando vi los extensos y detallados documentales que venían con aquellos DVD se me encendió la luz. Nunca había visto con tanto detalle cómo se hace el cine, especialmente en la parte de los efectos digitales, hasta que vi a aquellos entusiastas artistas ganarse el pan dando vida a Gollum con programas de ordenador similares a los que yo había descubierto en la carrera de arquitectura modelando casas. No me lo pensé dos veces: busqué una escuela en la que estudiar 3D y animación y allá me lancé.

No fue fácil dar el paso, porque nada me aseguraba que pudiera llegar algún día a ganarme la vida con ello, pero tenía que intentarlo. Al menos intentarlo. Mi madre fue un gran apoyo desde el principio. Ella me conoce mejor que nadie y sabía bien que la arquitectura no me estaba haciendo feliz, y que como me propusiera algo no iba a parar hasta conseguirlo, así que siempre conté con su complicidad y ayuda.

¿Es posible acceder a este mundo del cine sin tener contactos en un principio? ¿Qué te aconsejaron en tu escuela cuando lo comenzaste a estudiar?

C. J.: Claro que es posible. Yo comencé sin contacto alguno. No sabía nada de nada sobre esta profesión y tuve que empezar de cero. En la escuela me dieron toda la base técnica y teórica necesaria para comenzar a comprender las herramientas a fondo. Pero el camino lo tuve que andar por mi cuenta. Sin duda fui poco a poco aprendiendo más, colaborando en tantos proyectos como podía, cobrando o no, mandando mi currículum y portfolio a medio mundo con insistencia y haciéndolos poco a poco. Mucha gente me ayudó y apoyó respondiendo a mis preguntas, dándome consejos y brindándome mis primeras oportunidades laborales.

Tu primer proyecto fue en Ilion Animation Studios con Planet 51. ¿Cómo recuerdas ese primer trabajo, en el que estarías llena de ilusión?

C. J.: Fue un gran paso para mí. Llevaba varios años trabajando en todo tipo de proyectos y empresas tratando de ganar experiencia y de mejorar mi portfolio para avanzar hacia donde yo quería ir. Bancos, arquitectos, empresas de telefonía… hasta dentistas. Cualquier cosa que me enseñara algo que no sabía y me ayudara a dar el siguiente paso. Finalmente uno de esos proyectos fue participar en la recreación de los entornos virtuales de la serie de TVE Águila Roja. Ese fue mi primer proyecto audiovisual importante y el que me abrió al fin las puertas al cine. Cuando me llamaron para trabajar en Planet 51 no me lo podía creer. Al fin estaba trabajando en cine, en un estudio de animación de gran tamaño. Aprendí muchísimo y fue una experiencia inolvidable. Le tengo mucho cariño a esa película.

¿Y el paso del cine de animación español al internacional?

C. J.: El siguiente paso, salir al cine internacional, también costó tiempo y esfuerzo. Estuve otros 3 años trabajando en todo tipo de proyectos en España mientras bombardeaba al mundo entero con mi currículum y mi reel buscando otra ocasión de volver al cine. Al fin la oportunidad llegó desde Australia, cuando me llamaron desde los estudios Dr. D en Sídney para unirme al equipo que se encontraba trabajando en la película de animación Happy Feet 2, de mi admirado director George Miller. La oferta era solo de unos pocos meses de trabajo, ya que estaban acabando la película, y yo en aquel momento tenía un trabajo fijo bien pagado a 2 manzanas de mi casa en Madrid. Aun así, y no sin vértigo y temblor de piernas, lo dejé todo para irme al otro lado del mundo a trabajar con cientos de pingüinos bailarines.

Happy Feet 2- Película- El Palomitrón

¿Cómo es vivir en 5 países en menos de 6 años? ¿Cómo resumirías tu experiencia?

C. J.: Tan fascinante como estresante. Gracias a aquella primera experiencia en el cine internacional conseguí nuevas oportunidades, ya fue más sencillo. Aun así había que trasladarse allí donde hubiera trabajo. Tras España y Australia llegaron Inglaterra, Nueva Zelanda y Canadá. No es una vida fácil: interminable burocracia de inmigración, mudanzas por avión y barco, estar lejos de familia y amigos, inseguridad laboral… Quizá no sea para todo el mundo. Pero a cambio tengo la suerte de tener una profesión que me ha permitido ver mundo, conocer otras culturas, dominar otros idiomas, hacer amigos maravillosos por medio planeta… mientras trabajo en lo que más me gusta. Me siento profundamente privilegiada.

¿Qué tipo de cine te gusta a la hora de trabajar? ¿Y como espectadora?

C. J.: Me gusta trabajar en películas, como es lógico, con mucha carga de VFX. Las de superhéroes, fantasía, aventuras, catástrofes… Y al contrario de lo que pudiera parecer, cuanto menos taquilleras mejor, porque los proyectos de gran calado y presupuesto cuentan con mucho más control creativo por parte de la productora, lo que nos deja menos libertad artística. Los grandes blockbusters son retos geniales, pero donde mejor los pasamos es en los proyectos menores en los que tenemos más ocasión de improvisar, aportar y proponer nuestras ideas.

Como espectadora mi género favorito siempre fue la ciencia ficción, aunque últimamente soy muy partidaria y consumidora de cine de autor e historia, más independiente. Siento fatiga de tanta precuela, secuela, remake y saga, y echo de menos el arte de una buena historia bien contada. Disfruto mucho del cine más arriesgado, creativo y original.

Efectos-Prometheus-El Palomitron

¿Eres de las que (inevitablemente) no para de ver los fallos y aciertos, en tu caso de los efectos especiales, cuando ves una película, ya sea en casa o en el cine?

C. J.: Cuando es una película en la que he trabajado yo, sí. Después de meses trabajando en una misma secuencia, viéndola plano a plano cientos de veces, es difícil desconectar y no analizar lo que quedó bien, lo que se pudo mejorar, aquel día en que tal detalle no salía… Es inevitable. Y en el resto del cine a veces sí es complicado relajar y no pensar en cómo están hechas las cosas. Para bien o para mal. Porque a pesar de que los fallos o detalles mejorables son quizá más evidentes para mí que para el resto del público, también valoro más cuando las cosas están bien hechas, que suele ser cuando el efecto visual es invisible, y el esfuerzo que conlleva hacerlas así de bien por parte de otros compañeros de profesión. 

¿Qué factores hay que tener en cuenta a la hora de plantearse escenas de efectos visuales?

C. J.: Casi cualquier producción hoy en día lleva efectos visuales en mayor o menor medida. Nuestro trabajo se complica si durante el rodaje no se tienen en cuenta los factores necesarios para poder terminar cada escena digitalmente. Esto incluye que todos los fondos y elementos verde (o azul) croma estén en su sitio, que las marcas de tracking estén bien colocadas, que la iluminación sea la adecuada, que los sets y props estén bien medidos, escaneados y fotografiados, etc. La mejor manera de asegurarse de que todo está lo mejor preparado posible antes de rodar es contar con el supervisor de VFX y su equipo tanto en la preproducción como en el rodaje. Esto no siempre se logra como nos gustaría, por lo que a veces nos toca hacer malabares para salvar planos. Pero bueno, es parte de los gajes de este oficio.

VFX-Esquema-El Palomitrón

¿Cómo es un día a día en el trabajo de Carolina ahora en Vancouver en Scanline VFX? ¿Vas a los rodajes o solamente estás después del rodaje tras el ordenador? ¿Cuántas personas os dedicáis a los efectos visuales, cuánto tiempo tenéis y cómo os organizáis el trabajo?

C. J.: Nuestro trabajo se realiza enteramente tras el ordenador, y salvo la excepción del supervisor de VFX, el resto del equipo no tenemos contacto directo con el rodaje. Nuestra tarea se lleva a cabo separada en tiempo y espacio de los rodajes. A menudo más de un estudio de VFX trabaja en una misma producción, en países distintos.

Los estudios de VFX pueden tener entre 200 y 1000 trabajadores, normalmente enfrascados en más de una película a la vez. Dependiendo de la complejidad de la producción o del número de planos que nos hayan tocado, podemos estar trabajando en una película entre un par de meses a más de un año. Y debemos estar bien organizados para ser productivos y que el trabajo salga bien. El trabajo en un estudio de VFX es secuencial, es decir, los diferentes departamentos trabajamos por turnos, como en una cadena de montaje. Cada equipo debe esperar a que el anterior remate su labor para usar el producto resultante como materia prima. Así, primero trabajan departamentos como modelado y match-move, luego keying y rotoscopia, a continuación layout, animación, texturizado, iluminación, FX, compositing

¿Hay una clasificación a la hora de dividir los efectos visuales o todos se agrupan en el mismo lugar?

C. J.: Además de la organización por departamentos dentro del pipeline de trabajo de un estudio de VFX, estos pueden variar ligeramente cuando se aplican a películas de imagen real, cine de animación pura o videojuegos, ya que estos tres campos difieren en detalles técnicos y método porque el resultado que hay que obtener es diferente. Pero internamente están organizados de manera muy parecida y muchos de los departamentos son comunes en todos ellos.

Peter-Carolina-El Palomitron

Has trabajado en diecinueve películas. Si tuvieras que elegir una, ¿cuál sería la más dura y cuál la más divertida de hacer?

C. J.: Las que supusieron el reto más duro, y también la satisfacción más gratificante, fueron las de la trilogía de El hobbit. Fue un proyecto faraónico en todos los sentidos, no solo por la expectación que nos rodeaba, o porque fueran 3 películas seguidas de gran complejidad, sino porque todo el trabajo lo hicimos en un mismo estudio, Weta Digital, en Nueva Zelanda. Fue el equipo más grande en el que he trabajado (llegamos a ser más de 1000 artistas de plantilla), y con diferencia el que más horas extras de trabajo lleva. Para mí fue un sueño hecho realidad poder trabajar con Peter Jackson reconstruyendo la Tierra Media en el mismo estudio que años atrás me había inspirado a elegir mi profesión. Pero fue el trabajo más arduo que recuerdo.

Y de las más divertidas, de entre las últimas en las que he trabajado, está por ejemplo Power Rangers. No solo porque tuvimos bastante libertad creativa y menos presión de lo habitual, sino también porque el equipo humano fue maravilloso y trabajar juntos fue una gran experiencia.

¿Cuál es el proceso que hay que seguir (desde que se diseña el boceto hasta que el espectador lo ve en la pantalla) a la hora de hacer un efecto especial, por ejemplo cuando el dragón Smaug arrasa la Ciudad del Lago con su fuego, o el propio dragón?

C. J.: El proceso de trabajo en VFX, lo que llamamos “pipeline“, es un camino secuencial que comienza en preproducción, con el diseño de todos los elementos que se van a necesitar, continúa desde el rodaje, y sobre todo está presente durante la fase de posproducción del filme. Grosso modo, primero comienzan a trabajar los departamento de I+D y arte, dando forma gráfica a las ideas del cineasta y diseñando los recursos técnicos que van a ser necesarios para hacerlos realidad. A partir de ahí, los modeladores esculpen digitalmente cada elemento, cada entorno, cada personaje, cada prop… Todo lo que ha de tener presencia tridimensional. El departamento de Rigging genera las estructuras internas móviles que permitirán que todo elemento que vaya a requerir animación lo haga correctamente. Los animadores imprimen ese movimiento a todo ello. El departamento de Tracking nos proporciona cámaras digitales que imitan a las de rodaje, y el de Match Move genera dobles digitales móviles de los personajes reales del plano imitando sus movimientos con detalle. Con estos elementos, el departamento de Layout monta el plano colocando ante la cámara todo lo que deba estar ahí, viste el plano y, sobre todo, trabaja en la cámara final. Mirando a través de esta trabajan los departamentos de Lighting recreando la iluminación, y de FX añadiendo el fuego, el humo, la nieve, la niebla, la simulación de fluidos… Y finalmente el departamento de Compositing toma todos esos renders y los une inapreciablemente en lo que será el plano final. 

A mí me tocó trabajar en las secuencias iniciales en la Ciudad del Lago, entre otras muchas, colocando los edificios, vistiendo las calles y plazas, llenando los canales de placas de hielo… Y durante la secuencia del ataque de Smaug fui una de las encargadas de generar las cámaras estereoscópicas, es decir, la transformación de 2D al 3D para las salas de cine.

VFX-Hobbit-El Palomitron

¿En algún momento de tu proceso de trabajo tienes contacto directo con el director de la película?

C. J.: En persona normalmente no. El trabajo de VFX comienza mayoritariamente cuando acaba el rodaje, y normalmente separados de este y del director en tiempo y espacio. Es el director el que sigue supervisando nuestro trabajo y dando las indicaciones necesarias hasta que aprueba el resultado final, pero este proceso se hace en remoto, ya que en una misma película puede haber muchos estudios de VFX trabajando a la vez, cada uno en una ciudad, e incluso país diferentes. 

En mi caso, Happy Feet 2 y la trilogía de El hobbit fueron 2 excepciones, ya que en ambos casos toda la posproducción se realizaba en un mismo estudio, que además era propiedad del mismo director, por lo que sí trabajábamos con ellos mano a mano, pero no es lo habitual.
¿En algún momento te has parado a pensar que eres como “una maga” del cine? Porque si ves un rodaje de una película siempre suele decepcionar descubrir cómo en realidad es, pero con vuestra labor conseguís efectos realmente mágicos…

C. J.: Hay gente que siente decepción cuando se le desvela cómo se ha hecho algo que puede parecer magia. A mí en cambio siempre me picó la curiosidad no solo por saber cómo se hacen los trucos, sino también por retarme a ser capaz yo también de hacerlos. No es para mí en absoluto decepcionante, sino tremendamente fascinante. Dominar la tecnología para lograr imágenes que hacen dudar al ojo de qué es real y qué no lo es, llevando al espectador a un mundo diferente y contarle una historia única, a mí me parece un privilegio y un reto constante.

Eso sí, a quienes prefieran no saber cómo logramos esos efectos mágicos que veis en el cine, que no me sigan en redes sociales, porque me encanta desvelarlo y explicarlo. Creo que cuando el público entiende el esfuerzo, el tiempo y la tecnología necesarios para hacer nuestro trabajo, lo valoran y aprecian mucho más. Y creo que el fascinante trabajo de todos mis compañeros merece ese reconocimiento.
Arañas-Efectos-El Palomitrón
¿Cuál es uno de los efectos visuales que recuerdas más costoso? ¿En qué película?
 C. J.: Recuerdo con especial cariño y orgullo la secuencia de las arañas en el bosque de Mirkwood, en El hobbit. Todas esas telarañas fueron creadas por dos compañeros más y yo. Entre los 3 pasamos varios meses generando cientos de telarañas con un simulador que nosotros mismos estábamos desarrollando junto al equipo de programadores. Fue todo un reto apasionante, y cada vez que veo la secuencia se me pone una sonrisa de orgullo en la cara. No fue fácil, pero ahí están. El trabajo fue tremendamente gratificante, aunque fue un trabajo durísimo.
¿Crees que si pasa desapercibido el efecto visual con respecto a la realidad es que habéis hecho un buen trabajo?
C. J.: Sin duda. Es fácil criticar el efecto no demasiado bueno, porque nuestros ojos están entrenados para distinguir realidad de lo que no lo es, y son estos los que primero llaman nuestra atención. Pero prácticamente todas las películas hoy en día llevan muchos más VFX de lo que el espectador puede apreciar. Y no los puede apreciar en lo que valen porque cuando están bien hechos parecen reales. Ahí es cuando os hemos engañado con éxito y cuando a mí me dan ganas de contar cómo está hecho para que no solo se hable del trabajo regular, sino del excepcionalmente bien hecho, que es el que menos se ve.
Escena-Star Trek-El Palomitron
En cuanto a las filtraciones, ¿tenéis mucho control? ¿No te cuesta el estar con tus amigos, familiares y no poder contar ni un pequeño detalle de la película en la que estás trabajando?
C. J.: Estamos acostumbrados. El control es muy riguroso. Estamos sujetos a fuertes contratos de confidencialidad, se usan nombres clave para títulos y personajes, hacemos cursos de privacidad regularmente, tenemos restringido el uso de aparatos propios, incluidos los teléfonos móviles, carecemos de conexión a Internet en los ordenadores de trabajo para evitar filtraciones… Os puedo hablar de mi profesión y de parte del trabajo realizado en las películas ya estrenadas. Pero de los proyectos en los que estamos trabajando solo os puedo dar el título, y no antes de que el estudio lo haga público.
¿Puedes contarnos alguna anécdota y curiosidad de alguna de las películas en las que has trabajado? 
C. J.: Guardo con mucho cariño en la memoria la ocasión en la que Ian McKellen nos visitó en los estudios de Weta, en Nueva Zelanda, y me lancé a sus brazos a charlar con él y hacernos una foto juntos. O cuando buscando en Nueva Zelanda un diseñador que me ayudara a dar forma a un tatuaje en élfico para conmemorar la experiencia en El hobbit se acabó ofreciendo para hacerlo el calígrafo y cartógrafo oficial de las 6 películas, Dan Reeve, con quien desde entonces guardo una estrecha amistad. O la vez que al salir de los aseos en Dr. D, en Australia, el estudio en el que trabajé en Happy Feet 2, me choqué de bruces con nada menos que con George Miller, el director con quien acabé riendo de la absurda situación. Aventuras e historias sí que llevo unas cuantas acumuladas.
Ian-Carolina-El Palomitron
¿Has tenido algún momento en el que digas “Tierra, trágame”, ya sea por un efecto complicado o falta de tiempo?
C. J.: No siempre los efectos que realizamos quedan como a nosotros nos gustaría. A veces es por limitación en los recursos a nuestra disposición, pero la mayoría de las veces es por falta de tiempo. Las fechas de estreno son inamovibles y nuestra labor lleva mucho tiempo de duro trabajo. A menudo se cambian cosas en el último momento, se toman decisiones cruciales a las prisas y no siempre disponemos del tiempo y las energías necesarias para acabar el trabajo como nos gustaría. Con la tecnología actual casi cualquier efecto puede dejarse perfecto si se tiene el presupuesto y el tiempo necesarios. Por eso, incluso cuando no queda bien me gusta puntualizar que mis compañeros siempre lo hacen lo mejor que pueden con los recursos de que disponen. Y el más preciado es el tiempo, que siempre nos falta.
Suponemos que con tu larga e importante trayectoria ya te surgirá un proyecto tras otro, pero al principio no sería así… ¿Hay que tener paciencia en esta profesión, no tirar la toalla si es lo que te gusta?
C. J.: En esta profesión, y en cualquier otra, la constancia, la paciencia y el trabajo duro son siempre los ingredientes necesarios para avanzar y llegar lejos. Todos los principios son duros y lentos en cualquier actividad o profesión que queramos desempeñar. Yo siempre digo que yo no tengo ningún talento especial, salvo el de quizá ser muy cabezota. Yo tardé 3 años tras salir de la escuela hasta conseguir trabajar en mi primera película, y otros 3 años hasta trabajar en la segunda. Después las cosas empezaron a agilizarse un poco más, pero mis comienzos no fueron fáciles. Creo que merece la pena intentar hacer de aquello que te gusta la profesión a la que dedicarse, y con tesón y esfuerzo se puede llegar muy lejos.
Power-Rangers- El Palomitrón
¿En cada proyecto tienes que volver a “venderte” al estudio como si fuera tu primer trabajo o ya es un boca a boca?

C. J.: Los artistas de VFX trabajamos para un estudio bajo contrato, y trabajamos en las películas que le son asignadas a este estudio. En ocasiones los contratos van ligados al proyecto, pero con el tiempo vas consiguiendo contratos más largos, de manera que mientras el estudio tenga proyectos, formas parte del equipo. En otras ocasiones el contrato acaba con el proyecto y toca buscar nuevas oportunidades en otros estudios. Eso nos ha pasado a todos, especialmente en los comienzos.


Sin duda la experiencia acumulada y el trabajo realizado son cartas de presentación que mejoran con el tiempo a fuerza de trabajar. Lo difícil es empezar y meter la cabecita en la industria. Una vez que estás dentro, ya conoces gente, entiendes cómo moverte, aprendes a dirigirte a estudios y recruiters, conoces gente que te echa una mano.
La moneda tiene dos caras, ¿cuál es la negativa de dedicarse a esto?

C. J.: Todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes, y cumplir un sueño no sale gratis ni mucho menos. Sin duda salir de tu entorno y tu zona de confort para lanzarte a perseguirlo conlleva muchos buenos y malos ratos. Hacer las maletas para cambiar de trabajo, de país, de idioma y de hemisferio todo a la vez, varias veces seguidas, puede dar mucho miedo y te obliga a enfrentarte con situaciones complicadas y a ponerte a prueba a ti mismo. Una vez superados esos retos, te enfrentas a la inestabilidad laboral y geográfica, a los inconvenientes burocráticos y limitaciones legales de ser inmigrante allá donde estés, a tener a la familia y los amigos lejos… Todo eso mientras debes dar la talla para seguir mejorando y avanzando en tu profesión.

Sencillo no es, pero sin duda merece la pena por las muchas cosas buenas que recibes a cambio: ver mundo, conocer gentes maravillosas de diferentes culturas, trabajar con los mejores, la satisfacción del reto superado… Y yo tengo la suerte de tener el apoyo de mi familia, y de que mi chico, que es fotógrafo, no ha dudado nunca un minuto en lanzarse a la aventura conmigo y disfrutarla al máximo. ¿A qué fotógrafo no le gusta ver mundo? Haberlo vivido todo con él ha ayudado también mucho. Reconozco que esta vida quizá no sea para todo el mundo, pero yo no lo cambiaría por nada.

Efectos-Star Trek-El Palomitron

¿Qué diferencias hay en la profesión de cuando estuviste trabajando en España a fuera? ¿Se valora menos en España?

C. J.: En España hay menos oportunidades laborales para profesionales de mi campo, y también estamos menos valorados en general. Mi experiencia trabajando en España ha sido casi en su totalidad en empresas y estudios pequeños, por lo que la comparación nos es muy equivalente. Pero sí, efectivamente hay menos posibilidades profesionales ahora mismo. El cine en el que me gusta trabajar se hace principalmente fuera.

¿Crees que dentro del mundo del cine vuestro campo está valorado todo lo que debería? ¿Y el espectador crees que lo valora?

C. J.: No. El espectador no lo valora como merece, principalmente porque no lo conoce. Aún existen esas nociones generales del tipo “claro, lo han hecho por ordenador, que es lo fácil”, o “pues cuando lo hacen de verdad queda mejor que cuando lo hacen digital”. Ese tipo de actitudes surgen del desconocimiento del arte que son los VFX. En mi experiencia, cuando explicas a alguien cómo está hecho tal o cual efecto, qué requiere, cuánto tiempo lleva, o por qué se hizo digital y no real es cuando empiezan a valorarlo y a disfrutar del trabajo que realizamos, aunque no haya quedado perfecto. Por eso me empeño en explicar cómo funciona lo que hacemos, porque me encanta mi trabajo y quiero que otros lo entiendan y valoren como merece, que todos mis compañeros son grandes artistas que trabajan muy duro por intentar que la película quede lo mejor posible.

Y dentro del mundo del cine también estamos cada vez más reconocidos, porque los cineastas cada vez comprenden mejor que los VFX son una herramienta muy útil, casi imprescindible hoy en día. Trabajar con un director que comprende los procesos de VFX y valora nuestra aportación es cada vez más común y tremendamente satisfactorio.

Smaug-VFX-EL Palomitrón

Tú mejor que nadie sabes que los sueños se cumplen, y trabajar en la trilogía de El hobbit fue uno de los tuyos. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Mientras trabajabas en el proyecto viste que era más lo que te imaginabas que lo que era o era tal cual lo habías imaginado?

C. J.: La experiencia fue alucinante. Fue sin duda la experiencia profesional en mi carrera que marcó un hito para mí. Llevaba años mandando mi currículum al equipo de Weta, en Nueva Zelanda, prácticamente desde que salí de la escuela, con la esperanza de que un día se fijaran en mí y me dieran una oportunidad. Cuando finalmente contestaron a mi enésimo e-mail queriendo entrevistarme para unirme al equipo de El hobbit, no podía creérmelo. Los preparativos para mudarnos al otro lado del mundo, dejándolo todo atrás, fueron extenuantes. Pero la experiencia completa, tanto personal como profesional, fue increíble. En muchos sentidos fue tal y como me esperaba, o mejor.

Carolina-Jiménez-El Palomitrón
Fotografía de Kerp Photography

Pero claro, lo que fue durante años para mí un sueño que perseguir, una vez alcanzado y pasada la primera oleada de emoción, se fue convirtiendo poco a poco en mi rutina y mi vida diaria. También tuve que aprender a adaptarme a eso, para lo que curiosamente no estaba preparada. Llevaba tanto tiempo y energía dedicados a alcanzar una meta que me costó un tiempo aprender a reconducir todas esas energías, disfrutar reposadamente del logro alcanzado y buscar nuevas objetivos que lograr. Eso de hacer sueños realidad es una potente arma de doble filo. También aprendí mucho sobre mí misma en lo que fue un viaje inesperado para mí, curiosamente como lo fue para Bilbo en la primera de las películas de la trilogía.

Has aprendido que lo importante es el camino para conseguir el sueño y no el sueño cumplido. ¿Se lo aconsejarías a cualquier persona, independientemente de a lo que se quiera dedicar o hacer en su vida, tanto a nivel personal como a profesional?

C. J.: He aprendido muchas lecciones al respecto de luchar y conseguir sueños en el camino de hacer el mío realidad. Una de ellas es que no debemos obsesionarnos con una meta, sino disfrutar el camino. Porque la meta puede no ser del todo ese concepto idealizado que tenemos cuando la perseguimos una vez la alcanzamos. Porque podemos sentirnos vacíos de propósito una vez la alcancemos. Y porque puede perfectamente que no la alcancemos nunca, y tenerla como solo objetivo puede producirnos una profunda e injusta sensación de fracaso.

Después de lo vivido, mi discurso a la hora de dar consejos ha cambiado ligeramente. Sí, sin duda podemos ser lo que queramos ser, debemos intentar hacer lo que nos hace felices, pero también ser felices con lo que hacemos. El objetivo no debe ser lograr algo concreto en el tiempo, sino sentirse satisfecho con el día a día y disfrutar de los logros y los avances menores. Eso de “persigue tu sueño sea el que sea, sin rendirte nunca hasta que lo logres” está peligrosamente sobrevalorado. Persigue lo que desees lograr, y si por el camino cambias de idea, no pasa nada. Y si fracasas y debes cambiar de dirección, no pasa nada. Y si en cualquier momento decides cambiar de sueño, tampoco pasa nada. Debemos darnos permiso para equivocarnos, para fracasar, para cambiar de idea y perdonarnos por ello. Debemos aprender y enseñar que la felicidad no está en el éxito rotundo, sino en las pequeñas satisfacciones; que no hay nada que demostrar, ni siquiera a nosotros mismos, ya que a menudo somos nosotros mismos los que nos imponemos la más fuerte de las presiones. Esta vida no es una competición contrarreloj y hay mil caminos posibles para cada uno que pueden llevarnos a la satisfacción personal y profesional.

Además de los efectos visuales, ¿qué otro campo del cine te fascina?

C. J.: Me entusiasman la dirección y la escritura. Ser capaz de escribir una historia que atrape, y después contarla visualmente, dominando el lenguaje cinematográfico, el ritmo o la luz me parecen capacidades fascinantes. Me gusta mucho escribir por diversión, y tengo algunos guiones de cortometrajes en proceso. Quizá, si el tiempo lo permite, me anime a dirigir alguno un día de estos.

Carolina-Youtube-ElPalomitrón

Hemos echado un ojo a tu canal de YouTube, muy interesante, por cierto. ¿Te gustaría centrarte en el futuro en la enseñanza de los efectos visuales?

C. J.: Me gustaría seguir combinando ambas cosas. Mi trabajo diario en el estudio me gusta mucho y me obliga a mantenerme al día y aprendiendo cosas nuevas constantemente. Y a la vez compartir lo que aprendo y ayudar a los que vienes detrás de mí, como otros me ayudaron a mí cuando yo comenzaba, me es muy gratificante. Espero poder seguir combinando ambas actividades, además de muchas otras, mientras el tiempo lo permita.

¿Ahora en qué película estás trabajando? ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

C. J.: Acabamos de terminar de trabajar en Ant-Man y la Avispa y estamos enfrascados en Aquaman ahora mismo. El próximo proyecto será Capitana Marvel. Y después ya no os puedo contar más.

Captain Marvel-Proyecto- El Palomitrón

¿Te queda algún sueño por cumplir en el cine? ¿Próximos retos?

C. J.: Me gustaría seguir avanzando dentro de la cinematografía y el Layout dentro de los VFX para ser algún día supervisora y poder aportar aún más a cada proyecto. Y quién sabe, tal vez consiga dirigir al fin algunos cortos y avanzar dentro del cine también en esa dirección.

¿Te replanteas volver a España?

C. J.: De momento no. Nunca se sabe qué depara el futuro, y los planes a veces cambian sin avisar, pero de momento en Canadá estamos muy bien: hay trabajo de sobra y el país en general nos ha acogido con los brazos abiertos. De momento seguiré por aquí, aunque os visito cada año para ver a la familia y liarla con varios proyectos regularmente. Por allí nos veremos pronto.

Muchas gracias y enhorabuena por tu fantástico trabajo

C. J.: Muchas gracias a vosotros mil veces.

 María Páez

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