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El Palomitrón

LOS ANTECEDENTES

15 años. Ese es el tiempo que hemos estado sin que Lara Croft desfilase por nuestras carteleras repartiendo a diestro y siniestro. La última vez que Angelina Jolie se puso en la piel de la heroína del videojuego, muy pocos se cuestionaban asuntos como el sexismo o el colonialismo de rostro amable. Eran otros tiempos. Con ganas de derribar tópicos a flechazos, la oscarizada Alicia Vikander asociaba su ilustre carrera al proyecto de revitalización de Tomb Raider con casi 100 millones de dólares como presupuesto. Huelga decir que lo hizo poco antes de empezar a recibir los reconocimientos que merecieron sus trabajos en Ex Machina y, sobre todo, La chica danesa. Con Roar Uthaug, una celebridad del cine noruego, a los mandos y por delante el casi siempre imposible reto de adaptar a la gran pantalla un juego. Ahí lo intentó Silent Hill; ahí fracasó Street Fighter. Señora Croft, la estábamos esperando, adelante.

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LA PELÍCULA

Seguro que conocen, por viral en tiempos del clic, la ancestral costumbre japonesa del kintsugi. Para lo que nos interesa: se trata de reparar utensilios rotos para que se puedan volver a usar, pero sin la intención de que parezcan nuevos. Apreciar la belleza del error, si quieren. En Tomb Raider, Alicia Vikander se aplica al máximo a su kintsugi particular. La sueca lo deja todo y sufre como nadie en la selva oriental predeterminada que le ponen delante, en un ejercicio en el que suda más entregando frases de guion sin metralleta que ejecutando saltos de diez metros. Y algunos seguimos esperando un cameo de The Rock. La sensación es la de la ira pasiva. El privilegio blanco se pasa de padre a hija, en una nota femenina (que no feminista) en la que una cultura no occidental no es más que una excusa. Total, qué más da un patrimonio milenario que otro. A partir de ahí, azúcar y castañuelas. Bombazos a diestro y siniestro y la moralidad rampante del arma de fuego inútil. Lara Croft no tiene intereses amorosos. Bien. Pero que no dependa emocionalmente de otro hombre, pues casi mejor, ¿no?

ELLOS Y ELLAS

Como hemos mencionado ya, el mero entretenimiento que proporciona ver a Alicia Vikander hacer contenta su trabajo y, además, de manera fantástica, les compensará el precio de la entrada. Si no, más allá de la actriz no hay mucho más. Ni siquiera un irreconocible Dominic West que no es el moralista amoratado que recordamos en The Wire ni el sátiro inconsciente de The Affair. Simplemente pasa por allí, espectral. Hasta el malo, una especie de esbirro supremo interpretado por Walton Goggins, sufre de marvelismo y se queda en fantasma. Alicia en el país de las medias tintas.

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LA SORPRESA

Sin lugar a dudas, la sorpresa es negativa. La torpeza de Roar Uthaug para llevar a buen puerto el regreso de Tomb Raider es frustrante. Una actriz reconocida y preparada a conciencia, un presupuesto suculento y unas localizaciones que solo hacen volar a la imaginación: la nueva versión de Lara Croft es la prueba viviente de que aquel Barça de Guardiola no se entrenaba solo. Sumen la analogía que quieran.

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

Como siempre, sin intentar estropearles nada: una Lara Croft desesperada por saber qué ha sido de su padre se embarca (literalmente) en una misión suicida. El pesquero en el que va montada encalla en las rocas de una playa y, a partir de ahí, lo mejor que el CGI actual y las expresiones de Vikander nos puedan ofrecer. Violencia arrítmica y caos desencadenado. El punto álgido de la acción del filme.

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TE GUSTARÁ SI…

Si puedes apagar ciertas alarmas sociales para disfrutar de una cinta de acción tan palomitera como sin ritmo. No se puede hacer cine sin pretensiones cuando cuentas con una de las mejores actrices del mundo. Inténtalo, al menos.

LO MEJOR

  • Lo sufrido del papel de Vikander y lo bien que defiende un guion pobre.
  • Los efectos especiales. Puede ser una obviedad, pero estamos viendo como muchas superproducciones (véase Liga de la Justicia) flaquean en este punto últimamente.

LO PEOR

  • Seguimos sin encontrar una adaptación del videojuego que no haga aguas.
  • La dirección flaquea como acción, como drama y como un todo.
  • No encontrar un reparto que pueda envolver a Vikander.

Matías G. Rebolledo

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