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Roger Ebert, aclamado crítico cinematográfico de Illinois, afirmó que ninguna película en la que Harry Dean Stanton tuviera un papel de reparto podía ser realmente mala. Más tarde, en 1989, vio Una chica de ensueño y cambió de opinión. “Una clara violación a la regla”, reconoció. Por fortuna, el mundo olvidó aquella película, como sucede en la mayoría de los casos dentro de una industria, la cinematográfica, que produce miles de obras al año en todo el mundo. No resulta sencillo hacerse notar, labrarse un nombre. Hay quien por menos ha viajado hasta París, en el condado de Lamar, Texas. Hay quien se ha lanzado al espacio exterior con siete pasajeros y una sorpresa para alcanzar el reconocimiento. Hay quien en su búsqueda de la inmortalidad se ha empadronado en Twin Peaks, población 51 201 habitantes.

Harry Dean Stanton intervino en 204 obras a lo largo de más de 60 años de carrera. El estreno de Lucky supone su canto de cisne, el testamento de una leyenda que nos dejó en septiembre del año pasado, a los 91 años de edad, cuando falleció en un hospital de Los Ángeles, a 3500 km de su Kentucky natal. Este recorrido por su filmografía es nuestro cariñoso homenaje al veterano de guerra, beatnik confeso, gurú de los hípsters y actor con una de las miradas más tristes de la historia del cine.

LOS 50: UN DEBUT APADRINADO POR ESTRELLAS

Películas destacadas: Falso culpable (Alfred Hitchcock, 1956), El rebelde orgulloso (Michael Curtiz, 1958) y La cima de los héroes (Lewis Milestone, 1959).

No supuso su debut en el cine y ni siquiera constaba en los créditos de la película, pero rodar Falso culpable a las órdenes de un Hitchcock que ya contaba con Extraños en un tren y La ventana indiscreta en su historial supuso para Stanton un esperanzador primer paso en su carrera. Un año después, el maestro del suspense confió en él para un papel de mayor envergadura en Las cuatro en punto, un episodio de la serie Sospecha (Suspicion) que contó con solo una temporada.

En 1958 llegó El rebelde orgulloso, en la que Harry Dean se puso en manos de un Michael Curtiz que ya hacía dieciséis años había estrenado el clásico de los clásicos: Casablanca. En este wéstern ambientado en la guerra de Secesión, un niño emprende un viaje con su padre para tratar de recuperar el habla tras quedarse mudo al presenciar como los soldados de la Unión asesinaban a su madre y quemaban su casa.

Y para rematar la década de su debut, tras su paso por los géneros del suspense y el wéstern, Stanton probó fortuna de nuevo en el wéstern con La cima de los héroes, cuyo reparto lideraba un Gregory Peck que ya tenía la vitola de estrella (había estrenado obras inolvidables como Duelo al sol y Moby Dick) y se preparaba para inmortalizarse definitivamente tres años después dando vida a Atticus Finch en Matar a un ruiseñor.

LOS 60: LA FORJA DE LA LEYENDA

Películas destacadasLas aventuras de Huckleberry Finn (Michael Curtiz, 1960), La conquista del Oeste (John Ford, George Marshall y Henry Hathaway, 1962), En el calor de la noche (Norman Jewison, 1967) y La leyenda del indomable (Stuart Rosenberg, 1967).

Llegaron los 60 y Michael Curtiz decidió volver a contar con Stanton en una simplona pero efectiva adaptación de Huckleberry Finn, la popular novela de Mark Twain. Novela que, por cierto, merecería de una vez por todas una adaptación cinematográfica a la altura y no esa cosa que nos vendió Stephen Sommers, director de La momia (1999), con Elijah Wood y Courtney B. Vance, el multipremiado actor de American Crime Story: The People vs. O. J. Simpson, y que, casualidades de la vida, tenía un papel en la última versión de La momia que protagonizó Tom Cruise.

Y llegó 1967, el año que Harry Dean Stanton recordaría con un cariño especial por las dos películas que estrenó. En el calor de la noche, de Norman Jewison, un drama sureño con asesinato que se llevó cinco premios Oscar, incluyendo el de Mejor película, en una edición en la que los nominados incluían El graduado, Bonnie and Clyde, y…

…La leyenda del indomable. El drama carcelario de Stuart Rosenberg, con el que Paul Newman volvió a demostrar que era uno de los mejores actores de la historia, ofreció a Stanton la posibilidad de brillar en su especialidad: personajes secundarios cubiertos de amargura a los que dotaba de una humanidad que trascendía la historia.

LOS 70: LA MAFIA Y EL PASAJERO INCÓMODO

Películas destacadas: Los violentos de Kelly (Brian G. Hutton, 1970), Patt Garrett y Billy el Niño (Sam Peckinpah, 1973), El padrino. Parte II (Francis Ford Coppola, 1974) y Alien, el octavo pasajero (del director Ridley Scott, 1979).

Los 70 dieron al actor de Kentucky la posibilidad de participar en dos de las películas más famosas de la historia del cine, pero antes Harry Dean hizo parada en el bélico con tintes humorísticos junto a Clint Eastwood y Donald Sutherland. Era Los violentos de Kelly, de Brian G. Hutton.

Tres años después trabajaría a las órdenes del maestro de la violencia Sam Peckinpah en Patt Garrett y Billy el Niño. El director no necesitaba presentación, pues venía respaldado por dos obras maestras: Grupo salvaje y Perros de paja.

Y entonces llegó El padrino II. Su papel no resultaba especialmente trascendente, pero Coppola le ofreció a Stanton formar parte de un elenco tocado por los dioses que, tras el éxito de la primera entrega, dio lo mejor de sí para crear una película monumental e insuperable. Al margen de las preferencias del espectador (algunos prefieren la primera entrega, otros la segunda y casi nadie la tercera), El padrino II dobló el número de premios Oscar de la original (seis por tres) y marcó uno de los hitos en la carrera de Harry Dean.

Pero los 70 aún tenían una sorpresa reservada para el actor. El seminovato director Ridley Scott, que apenas había debutado dos años antes con la notable Los duelistas, le ofreció a Harry Dean Stanton la posibilidad de formar parte de la expedición espacial que más pasiones ha levantado (con permiso de Kubrick): Alien, el octavo pasajero. Stanton no necesitó mucho diálogo para quedar grabado en nuestras retinas. Al fin y al cabo, ya eran casi 30 años de carrera a sus espaldas y había aprendido a utilizar su mejor arma: su mirada.

LOS 80: TODOS QUIEREN A HARRY DEAN

Harry Dean Stanton El Palomitron

Películas destacadas: La muerte en directo (Bertrand Tavernier, 1980), 1997: Rescate en Nueva York (John Carpenter, 1981), Corazonada (Francis Ford Coppola, 1982), Christine (John Carpenter, 1983), Repo man (Alex Cox, 1984), París, Texas (Wim Wenders, 1984), Locos de amor (Robert Altman, 1985), La chica de rosa (Howard Deutch, 1986) y La última tentación de Cristo (Martin Scorsese, 1988).

A estas alturas a nadie se le escapaba el talento de Stanton y los mejores directores de la época querían incluirlo en sus repartos. El prestigioso director lionés Bertrand Tavernier contrató sus servicios para La muerte en directo, una sátira acerca de los medios de comunicación en la que un hombre (Harvey Keitel) con una microcámara instalada en el cerebro sigue a todas partes a una enferma terminal (Romy Schneider) para retransmitir las imágenes en antena.

En esta década trabajó con algunos de los directores estadounidenses más talentosos, maestros cada uno en su terreno. Hizo dos películas con John Carpenter (1997: Rescate en Nueva York y Christine), una con Robert Altman (Locos de amor), repitió con Coppola (Corazonada) y fue San Pablo para Martin Scorsese en su película más polémica (La última tentación de Cristo).

Pero fue un alemán, Wim Wenders, quien le ofreció el que fue, sin ninguna duda, el papel de su vida. París, Texas supuso un antes y un después indiscutible en la trayectoria de un secundario consagrado que dio en esta película un paso al frente para brillar como nunca. Travis Henderson camina, desmemoriado, por el desierto de Texas. La escena telefónica, la plasticidad de los colores y Nastassja Kinski hacen el resto. La película ganó la Palma de Oro en Cannes, pero su impacto en la cultura va más allá, aupándola a la categoría de película de culto y consolidando a Harry Dean Stanton como un icono.

LOS 90: BIENVENIDO, MR. LYNCH

Películas destacadas: Corazón salvaje (David Lynch, 1990), Twin Peaks: Fuego camina conmigo (David Lynch, 1992), Una historia verdadera (David Lynch, 1999) y La milla verde (Frank Darabont, 1999).

Los 90 nos regalaron una de esas alianzas actor-director que dejan huella. La formó el actor con otro cowboy, el maestro de las pesadillas David Lynch. Y es que el idilio era inevitable. Si el director de Montana requiere actores valientes que no se sobresalten con las ideas que produce su mente retorcida, ¿quién mejor que el actor que ha pasado por las manos de la mafia, de un alien y de Alfred Hitchcock y se ha mantenido impertérrito?

Ambos habían trabajado juntos en un cortometraje, El vaquero y el francés, pero su primera colaboración en la gran pantalla fue una violenta y perversa revisión de El mago de Oz. Su título era Corazón salvaje, estaba protagonizada por Laura Dern y Nicolas Cage y se hizo con la Palma de Oro en Cannes. Un inicio fantástico para una colaboración que se mantuvo hasta que la muerte puso punto final.

Dos años después llegó Twin Peaks: Fuego camina conmigo, la película que servía de precuela para la serie que había revolucionado la televisión. Lynch, en su línea, respondió pocos interrogantes y abrió muchos nuevos. Los fans quedaron insatisfechos (y hasta más tarde la película no fue reivindicada culturalmente), pero lo importante era que Harry Dean había pasado a formar parte de la familia de los Cooper, Diane, Audrey y compañía.

Para cerrar el milenio, actor y director se volvieron a reunir para la que es la película más sentimental y entrañable de Lynch, Una historia verdadera. Inspirada en la vida real de Alvin Straight (Richard Farnsworth), relata cómo un anciano recorrió cerca de 500 kilómetros a bordo de una máquina cortacésped para visitar a su hermano (Stanton), con quien llevaba diez años enemistado.

El broche a la década lo puso con La milla verde, de Frank Darabont. La adaptación de la fantasía carcelaria de Stephen King fue un éxito masivo (con cuatro nominaciones a los Oscar) y nos regaló la enésima demostración del talento del actor para exprimir cada minuto en pantalla.

LOS 2000: ¿QUÉ PASÓ, HARRY DEAN?

Películas destacadas: El juramento (Sean Penn, 2001), Sonny (Nicolas Cage, 2002), Ejecutivo agresivo (Peter Segal, 2003), Inland Empire (David Lynch, 2006), Alpha Dog (Nick Cassavetes, 2006).

El nuevo milenio dio comienzo y, antes de darnos cuenta, Harry Dean se estaba diluyendo en producciones de poco empaque artístico. Lynch acudió en su rescate con Inland Empire en 2006, pero ni siquiera aquel rompecabezas infernal pudo salvar unos años que poco aportaron a su filmografía. Sean Penn también le brindó la oportunidad de maquillar el rumbo decreciente que tomaba su carrera, pero El juramento, encabezada por Jack Nicholson, si bien se trataba de una película sólida, no llegaba a despuntar más allá del thriller convencional.

Lo más destacable fueron sus apariciones en Ejecutivo agresivo, la comedia de Adam Sandler y Jack Nicholson que cosechó un gran éxito comercial, y el enérgico thriller Alpha Dog, de Nick Cassavetes (hijo de John Cassavetes y la actriz Gena Rowlands). Sin olvidar Sonny, la primera y hasta la fecha única película como director de su antiguo compañero de reparto Nicolas Cage acerca de un gigoló, encarnado por James Franco.

2010-2017: EL ÚLTIMO RODEO

Películas destacadas: Un lugar donde quedarse (Paolo Sorrentino, 2011), Siete psicópatas (Martin McDonagh, 2012), Twin Peaks: El regreso (David Lynch, 2017) y Lucky (John Carroll Lynch, 2017).

En la última etapa de su vida, Harry Dean Stanton mantenía intacto su olfato para el talento. Así, se puso a las órdenes del italiano Paolo Sorrentino (La gran belleza), que venía de cosechar buenas críticas por Il divo pero aún no había alcanzado la popularidad que le brindó La gran belleza. Un lugar donde quedarse, una road movie sobre una excéntrica estrella del rock encarnada por Sean Penn en una trama de venganza con el Holocausto como telón de fondo, fue recibida de forma mayoritariamente positiva.

Otro al que Stanton echó el lazo fue Martin McDonagh, hoy en día tan de moda gracias a su reciente Tres anuncios en las afueras. Cuando Stanton recibió la oferta de participar en Siete psicópatas, McDonagh solo tenía Escondidos en Brujas en su historial, pero eso no impidió que aceptara y que juntos rodaran una de las comedias negras más infravaloradas de la década.

2017. El año de su despedida. El actor estrena dos películas: Lucky, que no llega a la hora y media de metraje, y Twin Peaks: El regreso, que dura cerca de 18 horas. Son dos obras trascendentales en su filmografía y no solo porque fueron las últimas, sino por lo que significa cada una.

Twin Peaks: El regreso era su parada obligatoria antes de encaminarse definitivamente a la muerte. Suponía despedirse de su amigo Lynch, el loco de Montana, y despedirse además en su propio terreno, en el pueblo y el mundo que él había creado. Una despedida agridulce que nos deja con la imagen de Stanton haciendo lo que más le gustaba: tocar la guitarra al aire libre. Lynch lo expresó sencillamente tras su muerte: “Era fantástico estar con él”.

Y por último llegó Lucky, de otro Lynch, John Carroll. La historia de un ateo nonagenario que emprende un viaje de autodescubrimiento. Un personaje hecho a medida de un hombre que, de todos modos, afirmaba: “Me interpreto a mí mismo constantemente, dentro y fuera de la pantalla. ¿Qué otra cosa puedo hacer?”. Un papel perfecto para que Harry Dean se despidiera con el sombrero puesto.

Nunca se casó, aunque alguna vez afirmó que probablemente tenía uno o dos hijos en algún lado. Era un firme defensor del no hacer nada. “Deja que las cosas sucedan, no lo intentes”, afirmaba. Era músico, pero no grabó ningún disco porque “no quería”. Pudo interpretar más papeles protagonistas, pero “elegí no ir por ese camino”. Parece que lo que a Harry Dean Stanton le gustaba era la vida sencilla y despreocupada. Llegó al cine de la mano del maestro del suspense, pero se fue como a él le gustaba: en paz. Al fin y al cabo, como él mismo afirmaba, si no hubiese hecho ninguna película después de París, Texas, tampoco le hubiese importado.

 

Alex Merino Aspiazu

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