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ELENA ANAYA - EL PALOMITRÓN

Han pasado ya varios meses desde la última vez que pudimos deleitarnos viendo a Elena Anaya en pantalla grande, pero su próximo cumpleaños nos sirve de excusa (vamos, como si hiciese falta una excusa) para comentar la carrera de una de nuestras actrices más internacionales. A continuación repasamos una filmografía en la que hay cabida para todo tipo de géneros y nacionalidades.

Los comienzos 

ELENA ANAYA EN FAMILIA - EL PALOMITRÓN

No todas las actrices pueden debutar en el cine con una película que lleva por título el nombre de su personaje. En África, el retorno al cine de Alfonso Ungría tras diez años sin dirigir un largo, Anaya interpreta al despertar sexual de un protagonista que, con su ayuda, decide vengarse de su padre. El moderadísimo éxito comercial de la cinta no frenó un futuro más que prometedor.

Poco después sería una de las protagonistas de una de las cumbres del cine español de los años 90 en Familia, el debut de Fernando León de Aranoa, interpretando a la hija de un padre muy peculiar (y hasta aquí podemos escribir sin spoilear la cinta). Varios papeles bastante destacados a finales de los 90 (Finisterre, El invierno de las anjanas o Lágrimas negras) la ayudarían a labrarse un nombre que, definitivamente, recordaremos gracias a varios de sus papeles en el nuevo siglo.

Trabajar con gente importante

ELENA ANAYA EN LUCIA Y EL SEXO / EL PALOMITRON

No se puede decir que Anaya no haya sabido aprovechar el nuevo siglo: en apenas cinco años, la actriz participó en cintas de directores tan reconocidos como Jaume Balagueró, Pedro Almodóvar, Julio Medem o Agustín Díaz Yanes. Sus pequeños papeles en cintas tan populares como Lucía y el sexo o Hable con ella le abrirían las puertas para otros proyectos no tan de culto pero sí muy interesantes.

En 2005 formaría parte del reparto de Frágiles, la cinta de Jaume Balagueró protagonizada por Ally McBeal Calista Flockhart, en la que interpretaba a una enfermera preocupadísima y puesta de Xanax hasta las cejas. A partir de ahí le cogería el gusto a los papeles en inglés y formaría parte de los repartos internacionales de Miguel y William, Cairo Time o Savage Grace, con medio Hollywood haciendo desnudos integrales.

En 2009 sería una madre preocupadísima por su hijo en la muy interesante y poco reconocida Hierro, y al año siguiente se pasaría un par de horas hablando desnuda en su reencuentro con Julio Medem en Habitación en Roma.

La villana en EE. UU.

ELENA ANAYA VAN HELSING - EL PALOMITRÓN

Van Helsing supuso la primera incursión de Anaya en una gran superproducción hollywoodiense, y a pesar de unas críticas nefastas, su considerable éxito comercial (más de 300 millones en todo el mundo) nos dio razones para creer en un futuro dorado en el territorio yanqui. Es verdad que en la cinta del temible Stephen Sommers interpretó a una de las tres novias de Drácula (las otras dos apenas tenían bagaje cinematográfico previo), un papel bastante anecdótico y florero, pero, y siendo objetivos, la actriz es lo mejor de la película protagonizada por Hugh Jackman.

El siguiente proyecto norteamericano de Anaya sería una comedia que ya nadie recuerda protagonizada por Meg Ryan y Kristen Stewart. A lo mejor, y tras semejante despropósito, es precisamente esa la razón por la que tardó casi diez años en regresar al país de Donald Trump. Un pequeñísimo papel en Infiltrado, protagonizada por Bryan Cranston, supuso su comeback norteamericano, pero ese mismo año también ejercería como villana absoluta para el Universo DC en Wonder Woman. La directora, Patty Jenkins, es una gran fan de Pedro Almodóvar, y los puntos en común (la máscara, vamos) entre el personaje de Anaya en la superproducción de DC y La piel que habito no son casualidad.

El papel de una vida 

ELENA ANAYA LA PIEL QUE HABITO - EL PALOMITRÓN

Basada en la novela policíaca Tarántula, escrita por Thierry Jonquet e influenciada por Los ojos sin rostro, de George Franju, Almodóvar le proporcionaría a la actriz el papel más importante de su carrera interpretando a Vera en La piel que habito, allá por el 2011. Las entusiastas críticas se entremezclaban con aquellas que tachaban la cinta del director manchego como una gran tomadura de pelo, pero sí hubo consenso absoluto en reconocer el trabajo de Anaya.

La piel que habito le proporcionó, tras un par de nominaciones previas, el ansiado Goya a Mejor actriz, en una de las decisiones más justas que recordamos por parte de la Academia. Es complicado ahondar en el trabajo de la actriz sin spoilear la cinta, pero, al margen de polémicas sobre sus giros argumentales, Anaya se mimetiza perfectamente con su partenaire interpretativo y deja para el recuerdo uno de los personajes más interesantes de la cinematografía española. Básicamente podemos asegurar que, como Bárbara Lennie en 2014, Elena Anaya fue la reina indiscutible del 2011.

Lo que va después de surfear la ola

ELENA ANAYA EN TODOS ESTAN MUERTOS / EL PALOMITRON

Tras el filón que supuso La piel que habito, la actriz se tomaría unas merecidas vacaciones y volvería hasta un par de años después con la argentina Pensé que iba a haber fiesta. La poca repercusión de la cinta en nuestro país es el común denominador con el resto del cine que ha venido haciendo los últimos años. Sí logró una nominación al Goya por Todos están muertos, pero pocos pudieron apreciar su talento en la cinta, porque pocos la vieron. La memoria del agua o Swung pasaron fugazmente por nuestras carteleras, y Lejos del mar tardaría hasta tres años en aparecer en algunas (pocas) plateas.

En 2017 pudimos disfrutarla en Wonder Woman y, todavía en menor medida, en La cordillera, pero seguimos sin noticias de próximos proyectos. A la espera seguimos de algún otro gran (o pequeño) filme que vuelva a ponerla en el ojo público o que, sobre todo, le proporcione otro gran papel a la altura de su indiscutible talento. Porque todavía queda mucha Elena Anaya por explotar.

 

Jose Cruz

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