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“Bryan Cranston se sumerge, para deleite de los millones de seguidores de Breaking Bad, en los crudos detalles del papel más importante de su carrera”, reza la contraportada de Secuencias de una vida: Bryan Cranston (Ediciones B). Y decir sumergirse es decir poco. A lo largo de más de 300 páginas de libro, el actor estadounidense archiconocido por su papel de Heisenberg nos relata retazos de toda su vida y del camino que recorrió hasta convertirse en el curioso (o tontaina, como decían en los estudios de AMC) padre que fue el Hal de Malcolm in the Middle (plataformas del mundo, ¡reponedla de una vez!) y el todavía más curioso padre Walter White. Pero lo mejor de este libro no es leer sobre la vida de Cranston desde su infancia, sino que todo lo que estamos leyendo nos viene de primera mano, narrado en primera persona por el mismísimo Bryan Cranston. Y si hay algo mejor que una biografía de alguien a quien admiramos, es una autobiografía.

Sin embargo, Secuencias de una vida va mucho más allá de ser una biografía en la que Cranston expone los datos que le han parecido reseñables para rellenar 300 páginas. Ni mucho menos. Secuencias de una vida es, como apunta el mismísimo Tom Hanks sobre el libro, un documento sobre cómo una persona acaba transformándose en actor, cómo va labrándose su trayectoria, sus logros, sus decepciones y, sobre todo, los sentimientos y sensaciones que tiene un actor a la hora de enfrentarse a un personaje. Es imperdible, en este sentido, el inicio del libro en el que el actor habla sobre una de las escenas que más le han marcado personalmente a él (y podemos afirmar con seguridad que también al público): “Y entonces, mientras se iba apagando, sucedió que la chica ya no era ella. Ya no tenía delante a Jane, la novia de Jesse, ni a la actriz Krysten Ritter, sino que miraba a Taylor, mi hija, mi hija de verdad. Yo ya no era Walter White. Era Bryan Cranston y estaba viendo morir a mi hija”. 

Sentimientos así durante un rodaje son los que conforman la maestría de un buen actor y son los responsables de que ciertas escenas nos estremezcan de la manera que nos estremecen. En Breaking Bad, Cranston demuestra esta maestría durante los 62 episodios de la serie, y ahora, gracias a sus propias palabras, sabemos realmente lo difícil que fue para él ponerse en la piel de uno de los personajes televisivos más difíciles de construir de todos los tiempos: “Yo era un homicida y capaz de un gran amor a la vez. Era una víctima atrapada en mis circunstancias, y yo era el peligro. Era Walter White”. Ahora, si cabe, Breaking Bad nos parece todavía un poquito mejor.

Y si dejamos la serie de Vince Gilligan aparte (que entendemos que es costoso, incluso el propio Cranston le dedica prácticamente cincuenta páginas), Secuencias… sigue siendo un imprescindible para cualquier persona interesada en el mundo de la actuación, en sus luces y en sus sombras. Y, por supuesto, también para los fans del actor: a través de epígrafes con diferentes frases, y sobre todo facetas que Bryan Cranston ha ido adoptando (amante, hijo distanciado, vigilante de seguridad, vagabundo, Walt, productor, actor…), aunque no siempre literales, el intérprete narra cronológicamente el camino desde su difícil infancia, pasando por sus dudas en la universidad (¡que casi se nos hace policía!), su vida amorosa, o los papeles que le llevaron hasta su ascenso con el personaje de Walter White, que aunque ha podido ser el más conocido, no es el único que le ha otorgado reconocimiento, pues sus papeles en Argo y All the Way (a la que dedica las últimas páginas del libro) también le valieron galardones, y sus interpretaciones en Malcolm in the Middle y Trumbo, varias nominaciones.

Secuencias de una vida: Bryan Cranston es la vida de un actor contada por un actor. Pasión, naturalidad e incluso miedo son algunas de las sensaciones que rezuman en cada uno de los pasajes de un libro al que recomendamos echar un ojo en cuanto se tenga un momento relajado para hacerlo. Nadie podría haber expresado mejor los altibajos de una vida y una carrera tan exitosa como la de Bryan Cranston que el propio Bryan Cranston. Y nosotros, por supuesto, agradecemos poder ser testigos.

Silvia Martínez

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