El Palomitrón

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Ethan Hawke + Crítica Sin piedad + El Palomitrón
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SIN PIEDAD

LOS ANTECEDENTES

En 1987, Vincent D’Onofrio sorprendía al mundo con su interpretación del soldado Patoso en La chaqueta metálica de Stanley Kubrick. Ya saben: el tipo se volvía loco por la presión del ejército y mandaba al sargento Hartman al otro barrio, para, a continuación, seguir su camino. Más tarde, en 1994, se ponía a las órdenes de Tim Burton para recrear a Orson Welles en esa breve secuencia que casi parece un sueño o un invento de la extraña mente del propio Ed Wood. El interés de D’Onofrio por el western no es nuevo (participó en el remake de Los siete magníficos), así como su amistad con Ethan Hawke, con quien ha coincidido en cinco producciones desde 2009. Su camino como director antes de llegar a Sin piedad se compone de dos películas que no llegaron a reclamar demasiada atención de la crítica: Five minutes, Mr. Welles (2005) y Don’t go in the woods (2010).

A Ethan Hawke se le recuerda sobre todo por su participación en la saga Antes de amanecer, pero lo cierto es que ha trabajado con directores de renombre como Peter Weir, Robert Redford, el propio Richard Linklater, Alfonso Cuarón, Sidney Lumet, Pawel Pawlikowski o Alejandro Amenábar. Su presencia en el western tampoco es nueva, pues también le vimos en Los siete magníficos (junto a Chris Pratt, a quien también encontramos en la película que hoy nos ocupa) y en esa especie de broma de mal gusto que es El valle de la venganza. Con estos antecedentes, Vincent D’Onofrio se dispone a dar el salto definitivo a la dirección con esta película independiente.

La relación entre Billy el Niño y Pat Garrett también la hemos visto en el cine, a manos, por ejemplo, de Howard Hughes y Sam Peckinpah.

LA PELÍCULA

El título en inglés (The kid) hace referencia, como es lógico, a un niño. A Billy, pero también a otro que recibe el nombre de Rio (denominación casi mítica en el western) y que se ve obligado a crecer a marchas forzadas y a hacerse fuerte ante la violencia que empapa todo lo que le rodea. La brutalidad se presenta en su vida y en la de su hermana sin preguntar por la edad de cada uno. Rio parece un invitado a la fiesta de Pat y Billy, una de esas parejas míticas del Oeste americano como lo puedan ser Wyatt Earp y Doc Holliday o Butch Cassidy y Sundance Kid.

La película empieza fuerte y te atrapa desde el principio. No es fácil que uno permanezca indiferente ante lo que se cuenta y el ritmo que propone el director. Quizá no sea inolvidable pero sin duda se trata de un buen entretenimiento. Chris Pratt hace aquí de malo, aprovechando al máximo sus 188 centímetros de altura y con una barba poblada que le confiere aspecto de oso para crear un villano arquetípico: malvado y bruto.

Chris Pratt, Jake Schur+ Crítica Sin piedad + El Palomitrón

ELLOS Y ELLAS

En Sin piedad, este Pat Garret de Ethan Hawke tiene un brillo especial en los ojos. Véanla, y sabrán de qué hablamos. Está rodeado de Dane DeHaan (Billy el Niño) y Chris Pratt, del que casi extraña no encontrarlo entre superhéroes o dinosaurios, además del propio Vincent D’Onofrio que se reserva un papel pequeño. Asistimos también al debut del joven Jake Schur, que está bien pero que no deslumbra. El director también cuenta con su hija, Leila George, que tiene aquí el papel más importante de su carrera (al ser el tercero, no es que fuera un gran reto).

LA SORPRESA

Dane DeHaan. Le hemos visto en películas realmente variadas, igual peleando contra Spider-Man como El Duende Verde, que luchando en tiempos de Lincoln. Aquí, dota al personaje de Billy el Niño de esa actitud vacilona, ese romanticismo del bandido que vive como quiere y que cuya simpatía nos hace creer que no es malo del todo.

Ethan Hawke, Dane DeHaan + Crítica Sin piedad + El Palomitrón

LA SECUENCIA / EL MOMENTO

Casi al principio, Pat Garrett ha detenido, por fin, a la banda de Billy el Niño. Los agentes del sheriff se encuentran comiendo con los presos encadenados. Vemos cómo Billy, que acostumbra a alardear de su habilidad para esquivar la soga, comienza a abrir los grilletes mientras los demás tranquilamente comen sin sospechar nada. Así, una conversación corriente se vuelve trascendental utilizando lo que Hitchcock denominaba la bomba debajo de la mesa.

TE GUSTARÁ SI…

Te gusta el cine del Oeste. Es así de sencillo (y complicado al mismo tiempo). Sabes que no vas a ver a Gary Cooper, a John Wayne o a Henry Fonda, pero vas a volver a esa tierra salvaje de guardapolvos y espuelas donde la ley la impone el más rápido con el revólver. Hay un buen puñado de buenas muestras de este cine en el siglo XXI: Valor de ley, Django desencadenado, El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, o la reciente La balada de Buster Scruggs… No es descabellado pensar en incluir Sin piedad en esa hipotética lista de películas estimables y actuales sobre el Oeste.

LO MEJOR

  • Para los amantes de este género, siempre es una buena noticia la vuelta del western, uno de los más recurrentes en el pasado siglo y que sin embargo parece haber caído en el olvido en nuestros días.
  • El posible despegue como director de D’Onofrio.

LO PEOR

  • La sensación de estar ante un género de un tiempo ya olvidado. Todo hace pensar que las mejores películas del Oeste que van a existir ya se han hecho. Tardaremos (quizá toda la vida) en ver algo siquiera similar a Ford, Hawks o Eastwood.

Pablo Núñez Noriega

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Walter Murch tiene la teoría de que la felicidad es dedicarse a lo que te gustaba con diez años, y yo tengo un problema porque en mi caso no recuerdo con exactitud de qué se trataba. Mientras tanto, hablo por la radio y escribo en sitios. No confirmo que fuera lo que me gustaba con diez años pero tampoco lo descarto.