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Crítica de El amor está en el agua (Ride your Wave) destacada - El Palomitrón
ANIME / MANGA CRÍTICAS REDACTORES

EL AMOR ESTÁ EN EL AGUA

El amor está en el agua (Ride Your Wave) es el último proyecto cinematográfico de un Masaaki Yuasa que regresa al formato serial televisivo; uno en el que se siente infinitamente más cómodo y donde su irreverente estilo narrativo y visual fluye de una manera tan orgánica como sorprendente. Quien confeccionara años atrás auténticas joyas como Ping Pong The Animation, The Tatami Galaxy o la más reciente Devilman:Crybaby, afronta nuevos proyectos como Keep Your Hands Off Eizouken! —actualmente en emisión y disponible a través de Crunchyroll— o Japan Sinks 2020 tras cerrar un circuito cinematográfico que tenía como principal intención dirigirse a un público objetivo más generalista. Y del mismo modo que Yuasa cierra temporalmente su periplo como cineasta, Selecta Visión hace lo propio con su particular ciclo de largometrajes en los que el agua como recurso fantástico copa parte del protagonismo. Mientras la lluvia de El Tiempo Contigo y el océano de Los niños del mar servían para tejer un relato con implicaciones a mayor escala, el oleaje del mar de El amor está en el agua apunta hacia la calidez de una historia mucho más cercana, íntima, con una carga sentimental y un mensaje que, pese a no reinventar nada, permea con increíble eficacia

La cinta del reputado realizador nipón no es más de lo que parece a primera vista, y tampoco muerde más de lo que puede abarcar. El amor está en el agua es un romance con tintes de comedia muy vívido y muy en la línea de los estándares del género. Sin embargo, el mensaje subyacente, las diversas lecturas que pueden extraerse tras su visionado, comienzan a coger fuerza a partir del segundo acto del filme, uno que abraza el drama más desesperanzador para desarrollar a sus personajes. Masaaki Yuasa deja a un lado la psicodelia y frenesí propios de sus producciones para esbozar un relato lozano sobre amor y pérdida, aderezado por un halo de fantasía que en ningún momento resta valor a su mensaje. Un mensaje que apunta hacia la necesidad de aprender y madurar. Porque Yuasa se sirve del oleaje marino como una metáfora de la vida, de sus constantes vaivenes y la necesidad de afrontarlos, superarlos y no temer dejar de mirar atrás para afrontar el futuro. 

Crítica de El amor está en el agua (Ride your Wave) Hinako Minato 3 - El Palomitrón

Hinako es una joven estudiante cuya relación con el mar siempre ha sido especial. Desde pequeña, siempre ha sentido una febril pasión por cabalgar su indómito oleaje, pues cuando lo hace no siente temor por nada, no piensa acerca de un futuro que es incierto. Por eso mismo, Hinako se traslada a una localidad costera para seguir en contacto con aquello que le aporta calma, sosiego: el majestuoso mar. Un día, un incendio asola el edificio en el que vive y tiene que ser rescatada por Minato, un joven miembro de la brigada de bomberos de la ciudad. A partir de ese encuentro fraguado por los caprichos del destino, se construirá una tierna relación de amor entre dos polos opuestos que terminan atrayéndose. Confidencias, momentos, recuerdos, canciones y una afición ahora compartida: los dos toman las olas del mar, doman el oleaje de una vida que ya comienza a ser común. Desgraciadamente, el esbozo de planes de futuro y la alegría propia del primer amor se ven truncados por la fatídica muerte de Minato. Sin embargo, aún hay algo que le ata a este mundo; si Hinako entona su canción, Minato aparecerá en cualquier superficie que contenga agua. ¿Podrá perdurar el amor en tales condiciones?

Bajo tres actos claramente diferenciados, El amor está en el agua despliega toda la artillería romántica en unos primeros compases que narran la fragua de la relación entre Hinako y Minato. El tema musical «Brand New Story» (Generations from Exile Tribe) que suena en su primera cita quedará grabado a fuego en la narrativa, pero también en el oído del espectador. Yuasa se sirve de la musicalidad para decorar una sucesión de escenas propias del romance más cálido y alegre. De descubrimiento, interés y aprendizaje mutuos; de ese querer compartir y hacer mejor a la otra persona. El apartado artístico se baña en tonos cálidos para transmitir la alegría del mensaje, con unos planos cuidados hasta el más mínimo detalle para que perduren en la memoria. Porque volverán a repetirse, pero con unos matices totalmente opuestos.

Crítica de El amor está en el agua (Ride your Wave) Hinako Minato - El Palomitrón

Yuasa hace de la música un elemento narrativo indispensable para hacer avanzar la trama, para impregnar de fantasía su romance. Acostumbrados a un uso extradiegético de la misma en la gran mayoría de las producciones, el realizador japonés convierte la melodía y letra de «Brand New Story» en un elemento intradiegético que ejerce de llave, de nexo entre planos. Esto cobra una mayor expresión cuando El amor está en el agua alcanza cierto punto de no retorno y las tornas cambian por completo. Lo hace a partir de su segundo acto, y donde antes había brillo, calidez y amor en cada uno de los frames, ahora hay desesperanza, melancolía y tonalidades frías que colorean el nuevo acervo sentimental. Y es también a partir del segundo acto cuando el largometraje deja entrever las diversas lecturas que pueden hacerse de El amor está en el agua

El espectador asiste a una pasarela de secuencias que intentan impregnar de alegría fantástica sus pasajes pero que, en realidad, estremecen por la desolación y la frustración subyacentes. Porque a pesar de que Minato pueda estar con Hinako siempre y cuando haya agua por medio, la cinta juega con la dualidad de dicho recurso fantástico. Con la ingenuidad de creer que es real y el pensamiento de que podría ser producto de su imaginación, de la manifestación de una locura causada por la pérdida de alguien a quien ama. El amor está en el agua juega muy bien con esta y otras tantas dualidades, mientras sus personajes evolucionan y los secundarios cobran poco a poco mayor protagonismo en el filme. Así, llega a un tercer acto donde todo termina cobrando sentido. Donde el destino muestra sus cartas, conecta sus hilos y ofrece una visión del conjunto. Y, también, donde el mensaje que quiere transmitir Masaaki Yuasa en el largometraje alcanza el cénit tras un tramo final frenético a nivel emocional. Porque El amor está en el agua no es solamente un romance dramático que explora la fase del duelo y cómo aprender a afrontar el futuro; es también un canto al sentimiento más solidario, a la exploración de las diversas connotaciones que tiene «salvar» a alguien.  

Crítica de El amor está en el agua (Ride your Wave) Hinako Minato 2 - El Palomitrón

El último largometraje del estudio de Masaaki Yuasa, Science Saru, está confeccionado bajo un estilo de animación reminiscente a anteriores trabajos del realizador como Devilman:Crybaby o Lu Over the Wall. Fiel a un inconfundible sello, el movimiento es, sin lugar a dudas, el factor que vuelve a brillar en una producción que no solo se recrea en la kinestesia del cuerpo humano, también en el comportamiento de elementos primigenios como el agua o el fuego. Un auténtico placer para los amantes de la animación que se nutre de una fotografía y una dirección de arte a cargo de Fuminao Akai que sabe poner en todo momento la guinda visual a una montaña rusa emocional aún más difícil de olvidar debido a su enorme fuerza pictórica. Un alarde en términos de producción que pese a no ser tan portentoso como el trabajo detrás de Los niños del mar, se sitúa entre lo mejor que ha dado el medio durante estos últimos años —así lo avalan galardones como el del Festival de Sitges 2019 a mejor película de animación—. 

El amor está en el agua puede pecar de ser un relato propiamente predecible pero, pese a ello, Yuasa es capaz de diseñar una historia que versa sobre el amor, la pérdida y el autodescubrimiento repleta de matices y sustentada en una relación pura, sincera y real. El reputado director abandona algunos de sus dejes para hilvanar un producto mucho más convencional, pero que igualmente rebosa calidad e identidad propia por cada una de sus costuras. Es la sincera muestra de uno de los creativos más polivalentes de la industria, tan capaz de crear una psicodelia demoníaca como de conmover con una entrañable historia de amor adolescente. El oleaje metafórico de El amor está en el agua se mueve entre la dulzura y la angustia, la sonrisa y la lágrima, pero es, en última instancia, un canto a la esperanza. Su mensaje es una lección vital que permea, que deja poso en un espectador que cae en la cuenta de algo que no siempre está presente: qué necesario es salvar a los demás y, también, a uno mismo.

LO MEJOR

  • La relación de Hinako y Minato es una de las más naturales, bien construidas y bonitas del medio.
  • El estilo de animación tan idiosincrático. El comportamiento de los líquidos y el movimiento humano son una delicia visual.
  • El discurso que emplea para tratar el amor, la pérdida y la superación.
  • El mensaje de la obra; tan simple como eficaz.

LO PEOR

  • La elección de localización del título pierde cualquier connotación respecto al mensaje de la obra.
  • Se echa en falta algo del surrealismo propio de Masaaki Yuasa.

Edu Allepuz

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Intento de muchas cosas y una de las piezas que hacen funcionar la sección manganime. Ávido lector de manga, enamorado de la tinta y de la tragedia de Sui Ishida. Firme defensor de la industria como arte y la abolición de estúpidas etiquetas.