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Crítica de Keep Your Hands Off Eizouken destacada - El Palomitrón
ANIME / MANGA CRÍTICAS REDACTORES

KEEP YOUR HANDS OFF EIZOUKEN!: UNA CARTA DE AMOR AL MEDIO

Hay varias líneas de diálogo en uno de los capítulos de Keep Your Hands Off Eizouken! que me parece que son sutilmente reveladoras. En un determinado momento surge un pequeño conflicto de intereses entre dos de las protagonistas a la hora de dar forma al corto de animación que deben mostrar al comité de la escuela. Mientras una de ellas pone especial énfasis en una animación grandilocuente, vistosa y que no deje indiferente a nadie, la otra defiende otro estilo de animación; uno de corte más realista, que se cimienta sobre esas acciones corrientes que una vez animadas lucen estupendamente. «La animación es movimiento», defiende ésta última. «No quiero hacer solo anime, quiero hacer animación». Creo que ese grito lanzado al aire define a la perfección no solo el estilo, sino la visión del propio Masaaki Yuasa, director de la adaptación del trabajo original de Sumito Ōwara. 

La particular impronta del realizador nipón ha ido refinándose a lo largo del tiempo y de sus producciones. Desde aquel debut en 2004 como director del largometraje Mind Game todo ha cambiado: el medio y el propio Yuasa. Sin embargo, el cambio de éste último no ha sido uno propiciado por el capitalismo más feroz, sino más bien por un proceso de mejora y depuración de un estilo y unas formas que poco a poco han ido calando dentro del público  más generalista. El nicho explotaba sobremanera tras el mejunje alucinógeno y crítico de Devilman: Crybaby y su distribución a través de Netflix. Y ahora, tras múltiples series de gran calidad como Ping Pong The Animation o The Tatami Galaxy, además de largometrajes como Lu Over the Wall o Ride Your Wave, vuelve al escenario con Keep Your Hands Off Eizouken!, un proyecto que parecía estar hecho al milímetro para alguien como él. Para alguien que no tiene límites creativos y que representa a las mil maravillas aquello de «La animación es movimiento».

De sueños y creación de mundos

Midori Asakusa siempre quiso ser aventurera. Aquello de rebasar horizontes, airear secretos sepultados mucho tiempo atrás y descubrir mundos era algo demasiado exótico y sugerente como para mirar hacia otro lado. Cuando se mudó con su familia a un nuevo hogar, el simple hecho de que el bloque de edificios estuviera confeccionado bajo un estilo arquitectónico complejo y se elevara sobre las aguas de un río fueron motivo suficiente para perderse entre sus pasillos de hormigón e infinitos recovecos. Para, por supuesto, improvisar un cuaderno de bitácora en el que ilustrar y apuntar todo aquel mundo, todos los elementos que lo conformaban. Y, también, aquellos que no. Aquellos de corte imaginativo que quedarían tan bien en la realidad de su mundo. Estaba descubriendo un nuevo universo. Era una aventurera. Sin embargo, Asakusa se percató de algo durante una fría noche de intensa lluvia a la luz de la pantalla del ordenador. Las series de animación, aquellas que había consumido durante tanto tiempo, no eran más que mundos inexplorados creados por otros. El vasto mundo repleto de aventuras que tanto anhelaba estaba delante de sus ojos. En ese instante se percató de que alguien hacía las series que tanto amaba. Alguien era capaz de crear mundos. Aventureros. Ese momento de claridad serviría para que Asakusa se pusiera como meta una profesión tan creativa y sacrificada como, lamentablemente, mal pagada a día de hoy: ser animadora

Y tras varios años de aprendizaje, infinidad de bocetos, diseños y sketchbooks desgastados, Midori estaría cada vez más cerca de hacer su sueño realidad. Ese que serviría para crear mundos, para animarlos y que la gente se sumergiera en ellos. Pero claro, su sueño no es uno fácil de lograr, y menos sin contar con ayuda de nadie. Y ahí es donde entran los otros dos pilares que sostienen Keep Your Hands Off Eizouken!: Sayaka Kanamori y Tsubame Mizusaki. La primera, una joven de personalidad fría y seria, pero con increíbles dotes financieras. La segunda, una promesa del modelaje que también está enamorada de la animación y que proviene de una familia adinerada que no le deja cumplir su sueño. Así, el trío protagonista partirá de cero en su periplo por hacer anime, por llevar a cabo un sueño que rezuma un espíritu de lozanía y frescura capaz de contagiar al público. Porque, a fin de cuentas, Keep Your Hands Off Eizouken! no es más que una carta de amor al medio.   

Crítica de Keep Your Hands Off Eizouken protagonistas 2 - El Palomitrón

Keep Your Hands Off Eizouken! es una obra cuyas raíces, cuyo sustento principal, son sus personajes. Hay un objetivo, claro, y su dirección, narrativa y expresión artística son absolutamente sobresalientes, pero el jovial grupo de amigas es lo suficientemente poderoso como para acaparar toda la atención; para que tú, como espectador, te preocupes por cada una de ellas mientras la química y las dinámicas de grupo no cesan de enriquecerse entrega tras entrega. Su espíritu traspasa el formato —y esto ya no es únicamente mérito de Yuasa, sino también de Sumito Ōwara— contagiando al público. Porque son una perfecta simbiosis, una amalgama de personalidades que se complementan entre sí, que potencian los puntos fuertes y aminoran los débiles. Midori es una artista a la que le encanta imaginar y recrear escenarios y objetos, pero que se le da terriblemente mal ilustrar personajes. Tsubame, en cambio, está versada en el diseño de personajes y en el más pulcro de los detalles. Por eso, cuando cada una de ellas pone sobre una ventana sus respectivas hojas de trabajo y se funden, es fácil ver el germen de algo. De la materialización del trabajo en equipo y unos roles que terminan conformando un único output. No es más que un ejemplo propiamente austero —como casi cualquier inicio, vaya— pero tremendamente ilustrativo y eficaz.   

Desdibujando realidades a golpe de imaginación

Pero, si Midori porta la batuta del arte conceptual y Tsubame la del diseño de personajes, ¿qué rol ejerce Sayaka? Pues, a decir verdad, podría decirse que el más importante. El de ejercer de guía, trazar hojas de ruta y captar la financiación necesaria para llevar a buen puerto el proyecto. Porque detrás de esa afilada mirada y tono sombrío se esconde una mente brillante para los negocios. Sayaka vendría a ser la productora de cualquier proyecto, alguien que aprende junto a sus amigas sobre animación, pero que no aleja su mirada de lince de esos jugosos futuros beneficios. Las tres protagonistas son el eje sobre el que orbita todo. Impulsividad, inocencia y firmeza amparadas bajo una expresión artística que hará las delicias de los seguidores y no tan seguidores del reputado director japonés.

Keep Your Hands Off Eizouken! no deja de tener un regusto a slice of life adolescente, de ese anécdotas de la vida de tres jóvenes que luchan por alcanzar un sueño. Su premisa es simple, pero es en su desarrollo y en la manera que tiene de trastear con los propios elementos de su universo lo que la convierte en una pieza de enorme valor. Midori y compañía ingresan en el club de cine de su instituto; uno que se encuentra en horas bajas, sin apenas recursos y que cuenta con un supervisor empeñado en que no hagan anime. Una sucesión de obstáculos que interfieren directamente en una carrera de fondo. Un fiel reflejo de lo que es la industria en realidad, pero a través de un relato edulcorado desde el punto de vista de tres jóvenes estudiantes rebosantes de pasión.

Y es en ese reflejo de la industria donde Keep Your Hands Off Eizouken! también se postula como un conductor de conocimiento. Como una fuente didáctica que disemina en pequeñas dosis parcelas y aspectos del mundo de la animación para que los más ajenos a ella puedan hacerse una mejor idea de su funcionamiento. Producción, técnicas, métodos de trabajo… Del mismo modo que obras recientes publicadas en España como Act-age o Blue Period, u otras no tan recientes como Bakuman, lo hacen con el mundo de la actuación, las bellas artes o la industria del manga, respectivamente, la producción de Yuasa hace lo propio con este medio. Y, como decía, lo hace desde un punto de vista pasional y lozano. Uno ciertamente purista y romántico, pero que se sirve de las situaciones que crea para lanzar algún que otro dardo de crítica hacia el sistema. Sutil, sin levantar ampollas, el equipo protagonista abre en diversas ocasiones un debate interminable que tiene mucho que ver con las condiciones laborales de los trabajadores de la industria. 

Crítica de Keep Your Hands Off Eizouken protagonistas - El Palomitrón

Pero si algo tiene de distintivo y genuino el nuevo trabajo de Masaaki Yuasa es su forma. La manera en la que su mensaje permea, diluyéndose a través de una serie de sensaciones puramente experienciales. Es en esa fina línea que separa realidad y ficción donde el realizador japonés dedica un mayor énfasis. Donde explora y explota. Donde hace que la imaginación de las chicas desborde el plano mundano, convirtiendo cualquier acto anodino en un máximo ejercicio de creatividad y osadía. Science SARU juega con los diseños laberínticos de su mundo, con los elementos que componen su diégesis retorciéndolos. Les da las vueltas necesarias para que el mensaje cobre una mayor fuerza expresiva. Y cuando el imaginario, todo aquello que palpita en las mentes creativas de las jóvenes promesas emerge, el mismo actúa como un vendaval, como un torrente de inimaginable poder que engulle al espectador. Se sirve de componentes extradiegéticos para colmar de frenesí, expresividad y dinamismo la narrativa. Para reflejar, a fin de cuentas, que si Keep Your Hands Off Eizouken! versa sobre la animación y cómo hacerla, sus formas deben ser necesariamente tal y como son: impredecibles, indómitas y salvajemente divertidas. La faceta artística de la producción se retroalimenta de diversos estilos y técnicas mientras los storyboards cobran vida y se superponen sobre la realidad con enérgicos ritmos y melodías como aderezo. 

Keep Your Hands Off Eizouken! es un alarido de juventud imposible de reprimir. Un torrente de imaginación que derrocha un enorme respeto y pasión por el medio. Masaaki Yuasa y Science SARU plasman como solo ellos podrían hacer la visión del trabajo original de Sumito Ōwara bajo un estilo y una narrativa que no conoce imitador. Como digo en el propio titular del texto, el nuevo trabajo del estudio es una carta de amor al medio, realizada por alguien que ama el medio. Alguien que, tras una larga trayectoria, ha alcanzado el circuito mainstream pese a un poseer un estilo tan inusual como irreverente. Pero es su visión, sus formas y su amor por el trabajo lo que mejor le definen. Lo que mejor definen a alguien que siempre ha llevado por mantra eso de «La animación es movimiento».  

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Intento de muchas cosas y una de las piezas que hacen funcionar la sección manganime. Ávido lector de manga, enamorado de la tinta y de la tragedia de Sui Ishida. Firme defensor de la industria como arte y la abolición de estúpidas etiquetas.