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Vivimos en un tiempo de avances en lo tecnológico y retroceso en lo humano. La literatura y el cine han venido creando realidades alternativas a modo de reflejo y crítica del rumbo que estamos tomando como sociedad global, y esas manifestaciones han proliferado, más si cabe, de un tiempo a esta parte. Las series han sido las últimas en subirse al carro: The Handmaid’s Tale, Black Mirror o The Man in the High Castle son excelentes ejemplos de ello, pero queremos hablaros de otra ficción reciente que ha pasado relativamente desapercibida. Se trata de 3%, la primera serie brasileña de Netflix, que el viernes estrena su segunda temporada.

Con ecos al darwinismo y la preservación de la raza aria, 3% está ambientada en un futuro distópico no demasiado lejano, en el que existe una división abismal (tanto literal como figurada) entre ricos y pobres. Una vez en la vida, cada persona tiene la posibilidad de demostrar sus capacidades en El Proceso: un sistema creado para seleccionar al 3% “superior” de la población y hacerlo salir de la pobreza para siempre, pasando a una especie de paraíso llamado Mar Alto. El visionado de 3% lleva implícita la sensación (casi) constante de déjà vu, y no por ello es menos disfrutable. Al contrario. A continuación, repasamos los pilares fundamentales de esta distopía, relacionándolos con otras obras clave dentro del género.

Atención: Este artículo contiene spoilers de la primera temporada de 3%

EL INTERIOR

La acción de la serie nos sitúa en Brasil, y en ningún momento se menciona si la precariedad reinante se ha extendido al resto del mundo o si otros lugares tienen su propio Proceso. Tan solo conocemos El interior, una ciudad del continente devorada por la pobreza y la masificación de favelas, cuyos habitantes aspiran a pasar al otro lado. Su modo de vida raya en lo marginal; se asemejan al concepto de los abandonados o sin facción que plantea la saga Divergente, con la salvedad de que en este caso no representan una minoría, sino el 97 % de la población. Tampoco hay grados de riqueza en función de los recursos, como ocurre con Los juegos del hambre y sus distintos distritos. La debacle es generalizada, y quien no pertenece al 3 % no tiene más posibilidades que los demás.

La causa

Como es lógico, en todo sistema divisorio y elitista existe un grupo de oposición que persigue la equidad de oportunidades. El corredor del laberinto tenía al Brazo Derecho para alzarse contra CRUEL; Los juegos del hambre, a los rebeldes apostados en el arrasado Distrito 13 de Panem. En 3%, la resistencia está representada por La Causa. Para la élite no son más que terroristas que luchan por la igualdad: a su entender, un constructo tan inexistente como hipócrita.

EL PROCESO

El proceso de selección es la puerta que comunica El Interior con Mar Alto, y es en este rito de tránsito en el que se centra la primera temporada de 3%. Los candidatos no son elegidos por un sorteo azaroso, como en La Cosecha de LJDH, sino que es una “ceremonia” a la que acuden voluntariamente, al igual que lo hacían los dieciseisañeros a la Prueba de Aptitud en Divergente. La edad marcada en este caso son los 20 años, y esa es la única (e irreversible) oportunidad que cada individuo tendrá en la vida para poder pasar a formar parte del 3 %. Por ello, a semejanza de los profesionales de LJDH, hay muchachos que llevan preparándose toda su vida para pasar las pruebas.

Las pruebas

La realidad que nos presenta 3% nos retrotrae a las ya citadas y consabidas sagas distópicas juveniles. Sin embargo, se diferencia de todas ellas en su planteamiento: los candidatos no son sujetos de ningún experimento (amén de El corredor del laberinto o Divergente), ni son lanzados a un campo de batalla con la filosofía de liquidar a los oponentes hasta que solo quede uno en pie (LJDH o Battle Royale). El Proceso ni es tradición, ni es espectáculo, ni es deporte nacional (para más señas, consultar La larga marcha, de Stephen King). Tampoco se elimina literalmente a los suspendidos, simplemente son descartados. En ese sentido, 3% está más próxima a El método (Marcelo Piñeyro), pues no es necesaria la fuerza bruta para desbancar a la competencia a base de las más bajas argucias.

Los participantes son testados en lógica espacial, razonamiento inductivo y deductivo, memoria o trabajo en equipo. La finalidad de someterlos a estas pruebas reside en decidir quién es poseedor del mérito que se requiere para vivir como un privilegiado perteneciente al 3 %. La eficacia (y “justicia”) de este método es equiparable a cualquier examen de conocimiento: todo el mundo puede tener un mal día, y eso no debería ser determinante (especialmente cuando lo que está en juego es una vida digna). La película de corte adolescente The Thinning ya nos lanzaba esta disyuntiva de eliminar a los jóvenes menos inteligentes, solo que lo hacía en el marco de las medidas de control poblacional.

La evaluación

3% nos dibuja un sistema totalitario cuyo entramado de vigilancia hace pensar en el Gran Hermano de 1984. Las cámaras son omnipresentes tanto dentro de las instalaciones del Proceso (limitándose a la supervisión) como a pie de calle para asegurarse de mantener a raya a La Causa. Por su parte, el criterio de los evaluadores es tan relativo como arbitrario y cuestionable. Del mismo modo que no hay cabida para el más mínimo escrúpulo si verdaderamente se quiere ser parte de la élite, se legitima el pisar a los demás candidatos en beneficio propio (aunque sea a base de trampas). Buscan algo muy específico: gente que esté dispuesta a todo.

Los sacrificios

El último paso del Proceso es la llamada Purificación. En esto, 3% incluye una idea bastante innovadora: aquellos que son finalmente seleccionados para acceder a “la vida mejor” en el extranjero son esterilizados antes de ir allí. Vemos que es una idea que se desmarca directamente de distopías como El juego de Ender, cuya sociedad (que restringía la natalidad a dos hijos por familia) permite excepcionalmente que el protagonista sea engendrado agarrándose a la garantía que supone que sus dos hermanos mayores fueran unos cerebritos. En 3%, la herencia se presume caprichosa: nadie asegura que la prole de los elegidos vaya a merecer estar dentro del 3 % al cumplir los 20, y por eso se suprime la posibilidad de descendencia.

MAR ALTO

Conocedores de El Capitolio o Elysium, no nos cuesta imaginar Mar Alto: una urbe de pleno confort y opulencia reservado a unos pocos. Tal y como nos pasó con La isla, de Michael Bay, apenas sabemos nada de esta “tierra prometida”, pero por lo poco que nos ha sido revelado en la primera temporada, no es oro todo lo que reluce. No obstante, el lugar ejerce de venda en los ojos para los que están dentro de la comunidad, como en El bosque, de M. Night Shyamalan: no hay crimen ni enfermedad que no pueda curarse en el denominado Extranjero.

Lo que se queda atrás

El quinto capítulo de 3% rompe momentáneamente con la historia principal para darnos un atisbo de las tensiones camufladas que existen al otro lado. Asistimos al pasado reciente de Ezequiel (supervisor jefe del Proceso), y vemos cómo su esposa es una de tantas mujeres que dejaron a sus hijos en El Interior al pasar las pruebas. Si al cumplir los 20 años el niño no resulta en el lado del 3 %, no volverá a verlo nunca. Y eso es algo que la turba al más puro estilo de Mal en Origen: se siente enjaulada en una utopía, un mundo “perfecto” creado para ellos, pero que no es el mundo real.

¿Qué nos depara la segunda temporada?

Cabría pesar que, después de contarnos el 104.º Proceso en la primera temporada y dejarnos a las puertas de Mar Alto en el último episodio, fuera en este lugar donde transcurriría la segunda entrega. Esto es cierto solo en parte, ya que a partir de ahora saltaremos de la isla al continente continuamente. Además, se prepara el Proceso n.º 105.

Si tiramos de cabos sueltos y de la información deducida de los trailers, veremos cómo La Causa pasa a la acción, y las lealtades se cuestionan en uno y otro bando. ¿Logrará la resistencia asaltar Mar Alto en un paralelismo con Sinsajo: Parte 2? ¿Será cierto que el hermano de Michele sigue vivo, o Ezequiel mintió? Y ya que hablamos de Ezequiel, sabemos que la segunda temporada ahondará en la historia de Los Fundadores, quienes crearon El Proceso (algo nos dice que Ezequiel no es el villanísimo, tal y como nos habían hecho creer). Por último, también esperamos conocer más en profundidad el funcionamiento y organización de La Causa y sus cabecillas. Solo Netflix nos dará las respuestas. ¡Se viene maratón!

Aitziber Polo

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