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Cuando descubrí que tenía que sacarme la camiseta, me entró el pánico, y comencé a ir al gimnasio. Van a filmarlo, a documentarlo, y mis hijos lo verán. No puedo pesar 100 kilos. Necesito un poco de músculo, sentenciaba Chris Evans hace ya quince años cuando le preguntaban por No es otra estúpida película americana, su debut cinematográfico. Doce años después, y con unos pectorales del tamaño de su cabeza, decía:Soy literalmente infeliz si paso una semana sin ir al gimnasio”.

Chris Evans es otra demostración (la enésima ya) de que en Hollywood tener una cara bonita y saber actuar de forma medianamente decente ante una cámara puede convertirte en estrella; pero si a esto le sumas un físico bien trabajado, el camino para llegar al éxito puede ser todavía más corto. Consciente de ello, y totalmente engullido por la maquinaria hollywoodiense, se ha sabido labrar una carrera en la que uno de los principales reclamos es su físico, y de paso se ha convertido en vigoréxico.

Su primer rol protagonista en aquella parodia del cine adolescente de principios del siglo XXI sentó unas bases que se repetirían a lo largo de su filmografía: aquel primer papel lo encasilló como el simpático y desvergonzado tío bueno. ¿A quién nos recuerda este personaje? Pues claramente a Ryan Reynolds: hay muchísimas similitudes en la carrera de ambos actores (mismo espectro de personajes, sin camiseta por contrato, primer intento de superhéroe fallido y arrollador éxito en el segundo…). En La puntuación perfecta, comedia de institutos sobre el robo de un examen, compartía plano con Scarlett Johansson (más adelante se verían de nuevo las caras en Diario de una niñera y todo el periplo Marvel), y en Cellular ya se había trabajado el torso lo suficiente como para que los mandamases de Hollywood se fijasen en sus cualidades físicas. Un año después consiguió el papel de Johnny Storm, también conocido como La Antorcha Humana, en aquel cementerio viviente que fue Los 4 fantásticos, con barra libre de chistes sobre su temperatura corporal y donde el actor volvía a interpretar al gamberro graciosete de siempre. Tras los decepcionantes resultados comerciales de su secuela, Los 4 fantásticos y Silver Surfer, Evans tuvo libertad para participar a tiempo completo en otro tipo de proyectos. Tras perder el papel protagonista de Elizabethtown (¿cómo de mal tuvo que ir su audición para que Orlando Bloom se hiciese con el papel?), intentó reconducir un poco su carrera participando en proyectos más adultos (Gente poco corriente, London, Sunshine, Dueños de la calle…), pero sin conseguir verdadera atención mediática. Ni siquiera su retorno a la comedia más desvergonzada, acompañando a Anna Faris en Dime con cuantos, tuvo el éxito esperado. Pero había luz al final del túnel.

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Fue la película Capitán América: El primer vengador la que le convirtió en una auténtica estrella. Aunque, según diversas fuentes, el actor llegó a declinar el papel varias veces por miedo a la futura presión mediática, fue el también superhéroe Robert Downey Jr. quien le convenció para convertirse en multimillonario (aunque el salario de Evans fue de “apenas” 300 000 dólares, se ha ido multiplicando en cada nueva película que ha protagonizado). Muchas, muchísimas horas de entrenamiento después, estaba listo para enfundar el traje del famoso superhéroe. Las grandes cifras de la cinta se vieron superadas por las de su secuela, Capitán América: El soldado de invierno, y su participación en la saga de Los Vengadores le ha convertido en un actor fijo en el universo de los superhéroes.

Para que nos hagamos una idea, las seis películas más taquilleras de su filmografía pertenecen al universo Marvel y suman la friolera de seis mil millones de dólares en entradas vendidas, mientras que la recaudación conjunta del resto de sus cintas apenas alcanza los seiscientos millones en todo el mundo.

A continuación, seleccionamos las cintas que, superhéroes aparte, nos parecen más interesantes en la muy irregular carrera del actor:

 

  1. SNOWPIERCER (Bong Joon Ho,2013)

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“Todos tienen su posición predeterminada y todos están en su sitio menos tú”.

La película más comercial de Bong Joon Ho trataba sobre la lucha de clases en el Snowpiercer, el tren que recogía a los últimos supervivientes de la especie humana y los resguardaba de un mundo helado. Chris Evans lideraba a los pasajeros de clase baja en una cinta trepidante, un videojuego a lo Scott Pilgrim donde, en vez de luchar contra los exnovios de Ramona para llegar al siguiente nivel, hay que sortear obstáculos y llegar a los primeros (y acomodados) vagones. Momentos trillados (la escuela infantil y su canción sobre la muerte), personajes extravagantes (Tilda Swinton adueñándose de la función caracterizada como una auténtica paleta), una dirección artística impresionante y un reparto totalmente multirracial (ay, Octavia Spencer, de qué poco te ha servido ese Oscar) hacen de Snowpiercer un ejemplo de cómo conseguir que un tema tan manido pueda ser apasionante. Y sin historia de amor (¡chúpate esa, Los juegos del hambre!). Además, Chris Evans contó con el mayor momento de lucimiento en toda su carrera: su monólogo sobre el canibalismo explotaba un registro dramático del actor que no habíamos visto hasta el momento, y eso que lo hacía a oscuras.

 

2. SUNSHINE (Danny Boyle, 2007)

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“Vais a morir. Toda la tripulación va a morir”.

Danny Boyle firmaba su primera epopeya espacial con un libreto escrito por Alex Garland (director de Ex machina) antes del nuevo auge del cine ambientado en el espacio (Moon, Gravity, Interstellar…). Un grupo de científicos y astronautas deben depositar una carga explosiva en el sol para impedir que este muera, pero no hay oxígeno suficiente para que todos puedan ver la misión cumplida. Heroísmo, miedo, sacrificio y culpa se dan la mano en un thriller reconvertido en survival gore con interpretaciones solventes, una BSO de escándalo y unos efectos visuales apabullantes (y eso que contaba con un presupuesto bastante ajustado). Aunque Sunshine es una de las obras menos reconocidas de su autor (muchos no le perdonan una discutible media hora final), sus aciertos son innegables, y es, sin duda, una de las mejores películas de su filmografía. Fans de Alien, Horizonte Final, Naves misteriosas o Esfera, no os la perdáis.

 

3. NO ES OTRA ESTÚPIDA PELÍCULA AMERICANA (Joel Gallen, 2001)

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“Yo soy el típico negrata, se supone que debo sonreír, no meterme en conversaciones y decir cosas como ‘Mierda’ o ‘Qué pasada’”.

El monumental éxito de Scary Movie propició un nuevo auge del cine paródico que había vivido su mejor etapa en los 80 con las imprescindibles Aterriza como puedas, Top Secret y Agárralo como puedas. Así, No es otra estúpida película americana llegaba en 2001, cuando el subgénero todavía no había tocado fondo (Epic-Disaster-Superhero Movie, Casi 300…), y lo hacía parodiando al cine adolescente de los noventa (Alguien como tú, Crueles intenciones, Nunca me han besado, Varsity Blues, A por todas…). Un montón de gags desternillantes (el prólogo, las animadoras blancas copiando la coreografía de las negras, la “transformación” de la protagonista, el icónico “Jamie tiene un arma”…), diálogos afiladísimos, la cantante albina más molona que hemos visto en pantalla y una histriónica Jaime Pressly debieron convertir la película en algo parecido a lo que es cualquier capítulo antiguo de Los Simpson: un tema de conversación recurrente en cualquier grupo de amigos que se precie.

 

4. THE ICEMAN (EL HOMBRE DE HIELO) (Ariel Vromen, 2012)

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“¿Por qué actúas como si todo te importase una mierda?”.

El tercer largometraje de Ariel Vromen versaba acerca de uno de los sicarios más populares de Estados Unidos en los años sesenta, cuyo número de asesinatos ascendió a más de 200. Aunque la cinta no cuenta nada que no hayamos visto anteriormente, un reparto plagado de nombres conocidos (Winona Ryder como abnegada esposa, Chris Evans irreconocible, James Franco o un Ray Liotta tan mafioso como siempre) es el mayor aliciente para descubrir la historia de este psicópata al que únicamente preocupa su familia (aunque nunca lo veamos pasar más de dos minutos con sus hijas) y al que da forma un imponente Michael Shannon, con una interpretación extraordinaria. Además de su portentosa actuación, la película cuenta con varias escenas para el recuerdo y una atmósfera tan turbia como el personaje al que acompañamos durante casi dos horas de metraje. A pesar de las buenas críticas y semejante plantel de actores, The Iceman (El hombre de hielo) no ha sido estrenada en España ni comercialmente ni en formato doméstico.

 

5. PUNCTURE (ADICTO) (Mark & Adam Kassen, 2011)

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Al menos tengo el valor suficiente para perder por lo que es correcto”.

Los hermanos Mark y Adam Kassen debutaban en el largometraje con Puncture, una cinta basada en hechos reales sobre dos abogados que se enfrentaban judicialmente a una gran corporación de suministros farmacéuticos. Aunque se rodó en 2011, hoy en día sigue sin ningún tipo de distribución en España. En su Erin Brockovich particular, Chris Evans ha encontrado su mejor vehículo de lucimiento hasta la fecha sin necesidad de renunciar a ser el hombre objeto de la película (aquí también tiene alergia a la camiseta). Su personaje está presentado como un abogado poco convencional (durante su primer juicio presume de pantalón blanco y camisa naranja) y con una vida personal al borde del abismo (recién separado, drogadicto). Uno de los grandes aciertos de una película de estas características es centrar la atención en el caso judicial (el tema de las jeringas en los hospitales es escalofriante), dejando en un segundo plano la historia personal de Evans (a su mujer solo llegamos a verla en un par de escenas cortas). Como recomendación, no veáis Puncture si estáis enfadados con el mundo, con las grandes corporaciones o si os da miedo ir al hospital.

 

Durante un tiempo se había rumoreado que Chris Evans planeaba dejar la actuación una vez que finalizase su contrato con Marvel para dedicarse a dirigir películas. Recientemente lo ha desmentido y ya ha tenido tiempo a filmar su debut, y de paso protagonizarlo: Before We Go es un drama romántico que no ha contado con el beneplácito ni de crítica ni público. Pero más allá de su ego dañado, este fracaso no le ha podido suponer demasiados quebraderos de cabeza a un actor que está en la cresta de la ola dentro de esa burbuja de superhéroes que, por el momento, no parece tener intención de explotar. Veremos qué pasa después.

 

Jose Cruz

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