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My Next Life as a Villainess harem
ANIME / MANGA OPINIÓN REDACTORES

MY NEXT LIFE AS VILLAINESS, LA MUESTRA DE UN HAREM SANO

En febrero de 2019 hablaba de Las quintillizas como una serie que se planteaba como una revolución para el harem. Lo mantengo. Negi Haruba construye una escena vista en cientos de obras que se sostiene por una base muy frágil pero que realiza malabarismos emocionales y cómicos sin pestañear mientras ilustra una idea del género que no da todo el poder a su personaje principal, sino que lo reparte de forma igualitaria entre todo su casting.

Porque los triángulos amorosos siempre han formado parte de la narrativa clásica y, pese a que considero que Domestic no Kanojo realizaba un juego inteligente con ellos y mostraba esa versión más fría y real de lo que representa un sentimiento compartido, el harem, en su esencia, siempre ha sido el comodín fácil. Casi como si resultase un género procedimental: se generan una serie de personajes con un interés romántico prefijado y todo lo que venga son fruto de la interacción.

Marcando el camino del cambio

Decir ahora que My Next Life as a Villainess: All Routes Lead to Doom! llega para cambiarlo todo quizás sea ir demasiado lejos. Porque quizás no lo cambia todo pero sí cambia la forma en la que observamos el género. Si la obra ya había marcado un pequeño antes y después con sus novelas ligeras y su posterior adaptación al manga, la llegada del anime ha sido una aparición explosiva en el medio que ha tumbado muchos de los estereotipos que asociamos al harem.

La llegada de Katarina (a la que el público ya se refiere como Bakarina en un maravilloso movimiento conjunto con la originación de su propio fandom) ha supuesto un golpe sobre la mesa y ha conseguido titulares en medios internacionales como Anime News Network tras conseguir hacerse con siete de los diez puestos en las votaciones de parejas de Anime Trending en una temporada que compite con series como Fruits Basket o Kaguya-sama: Love is war.

My Next Life as a Villainess es ya representante del movimiento fan. Porque si hablar de votaciones de parejas en una cuenta de Twitter es un raro avís, también lo es el hecho de que la obra haya abierto las puertas a una comedia romántica bisexual. Porque donde todo se entiende como un producto del espectro fan de internet, son precisamente estas valoraciones y evoluciones de audiencia las que marcan el camino a seguir para el género y el medio.

Destilando el género

El harem tiende a ser un género fácil. Por supuesto, hablamos de forma genérica, pero muchas de sus bases tienden a relacionarse con el fanservice. Porque el harem, en esencia, es fanservice. Es una idea, una materialización en forma de fantasía de ese sueño que tan fácilmente se identifica con el público al que apunta. How NOT to Summon A Demon Lord o High School DxD quizás cuenten con un mensaje que se entrelaza en su ficción, no lo dudo, pero su principal interés no son estas ideas, sino sus personajes. Y cuando hablo de sus personajes me refiero, por supuesto, a la fantasía de sus personajes.

Volvemos así a la idea del avatar y la fantasía. El chico débil que acaba por hacerse con un todo un harén de personajes femeninos que persiguen ciertos cánones de belleza diseñado con la idea de satisfacer a esos mismos avatares. Un recurso narrativo vago y que, si bien se entiende cuales son sus concesiones, acaba por chocar con las propias ideas del género, poniendo al frente de su entramado emocional a un personaje que no pretende resultar característico, sino representar a su público objetivo. Pero Katarina no es el reflejo de ese público.

Katarina es una muestra perfecta de cómo escribir harem. Pertenece a ese grupo de personajes a los que resulta imposible mirar con mala cara por su estupidez —de ahí la acotación del término Bakarina. Su misión no es otra que la de evitar ser exiliada o asesinada en los términos del juego en el que ha sido reencarnada, pero nunca plantea sus conquistas amorosas como parte de la fantasía que supone el mismo juego. La suya es una actuación tan natural y peculiar que atenta contra cualquier pretexto sin tener siquiera la intención de tirar abajo los ideales del género.

Más allá de eso, el carisma de Katarina y la dirección argumental de la obra consigue que no solo los cuatro intereses románticos masculinos del juego se interesen por ella, sino que hace lo propio con los personajes femeninos que servían como contraposición a la existencia de la verdadera Katarina. E insisto, es su estupidez el mecanismo que hace funcionar, por encima de todo, su acción. Porque mantiene su ternura y el tono cómico que hace resaltar la obra y, además, permite que el desarrollo emocional y romántico se produzca a las espaldas de la protagonista, sin necesidad de darle un espacio propio y exclusivo a cada una de sus relaciones.

El harem más sano

Entonces, ¿qué es lo que hace de My Next Life as a Villainess una representación del harem? Por supuesto, sus mecánicas y el hecho de fomentar las relaciones sin necesidad de depender de géneros son una parte esencial del mismo. Pero el verdadero potencial de la serie no se enfoca en ello, sino en cómo las relaciones interpersonales no son una excusa para realizar un desfile de personajes, sino una parte intrínseca de su desarrollo.

Y volvemos a Las quintillizas. Porque en la obra de Haruba todas y cada una de sus protagonistas tiene una personalidad definida, una vida, preocupaciones propias. Y hay fanservice, sí, pero lo que da fuerza a sus relaciones no la discusión sobre quién es “la mejor waifu”, sino conocerlas y entender su relación con Uesugi, el cómo han llegado a sentir algo por él y, por supuesto, que hay tras ellas.

En el caso de My Next Life as a Villainess ocurre algo muy similar. Todos sus personajes cuentan con un trasfondo diseñado exclusivamente para ellos. Geordo está destinado a ser un príncipe sádico, aburrido de su vida aristocrática, mientras que su hermano, Allan, acaba siendo consumido por su sentimiento de inferioridad. De igual forma, Keith y Maria son víctimas del bullying en sus historias particulares, mientras que Mary o Sophia corren una suerte parecida, la primera en relación a sus aficiones, mientras que la segunda sobre su físico.

Y es en este punto donde las acciones de Katarina cambian el transcurso de la obra. Porque más allá de conquistar todos los intereses románticos —incluso los no existentes originalmente—, la chica consigue cambiar la vida de todos gracias a sus acciones y a sus absurdas muestras incondicionales de cariño. Porque My Next Life as a Villainess destila un harem sano y tierno que evita recursos como el fanservice y que, en vez de ello, se centra en el cariño y la calidez de sus líneas.

Es, desde luego, otra forma de observar el harem. Una que no se ve condicionada por el factor más erótico. Una que no necesita de avatares y fantasías para hacer mover sus engranajes. Una que, insisto, no llega con la idea de cambiarlo todo pero que acoge nuevas corrientes que podrían ayudar a cambiar ciertos conceptos que ya han quedado demasiado anticuados. Porque las votaciones en redes sociales no son más que eso, votaciones, una muestra del aprecio de los seguidores por sus personajes. Pero que esas votaciones se midan en base a su relación y no sobre quién representa mejor las fantasías sexuales de su público siempre es algo a tener en cuenta.

Óscar Martínez

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.