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La maravilla del cine es que todo está permitido. Hasta divertirse con la muerte. Nada nuevo, pues es un recurso inventado desde antes de que la comedia negra se convirtiera en un género cinematográfico en sí mismo. La historia del séptimo arte está bien dotada de títulos extraordinarios donde el espectador se permite soltar carcajadas en situaciones impensables en la vida real. Desde Arsénico por compasión, la joya que Frank Capra estrenó en 1941, al cine irreverente de los hermanos Coen. O el estilo propio del mismísimo Quentin Tarantino.

La comedia más desvergonzada ha cumplido con la misión no encomendada de hacer reír al son de la crítica mordaz y la agitación de conciencias. ¿Algún motivo más para reivindicarla fuerte en estos tiempos que corren? Especialmente, porque lo más inteligente en una sociedad sometida a la dictadura de los políticamente correcto, hipersensible y dispuesta a ofenderse por absurdidades es reírse más alto, más fuerte. Al fin y al cabo, la alegría es salud. Que se lo digan a los espectadores que han asistido este viernes al pase especial de Free Fire en la Filmoteca Española. Más de uno y de dos se han carcajeado a pierna suelta con su extrema comedia negra.

Free fire ne El PalomitrónEl filme, ganador del Premio del Público en el Festival de Toronto el año pasado y producido por Martin Scorsese, estará disponible en DVD y Blu-Ray el próximo 6 de septiembre. Aunque, por lo pronto, volverá a proyectarse en el cine Doré el 16 de junio. Y la experiencia en pantalla grande merece del todo la pena.

La obra de Ben Wheatley (High Rise) es un artilugio carente de sutileza. Rebosante del humor negro más destructor, se ambienta en el Boston de la década de los 70. Precisamente basa parte de su encanto en homenajear con su estilo a las películas míticas de serie B de la época. Es más, su argumento recuerda al de aquellos clásicos largometrajes de acción. El líder de una banda que trafica con armas vende un cargamento a una pareja de irlandeses. Pronto el intercambio en un almacén abandonado se complica hasta el extremo y la película se convierte en un sangriento y desmedido combate de hora y media.

La batalla campal de disparos se sostiene gracias a un tiroteo paralelo de improperios verbales afilados entre unos y otros. Más dañinos a veces que las propias balas. Tan mordaces, crueles y sardónicos que no tienen término medio, o provocan la risa floja o hieren sensibilidades. Encerrar toda la acción en un único espacio también funciona para dar credibilidad a la atmósfera de demencia y claustrofobia. Sin embargo, en cine los excesos suelen pagarse caros. En un punto, tanta violencia indiscriminada y sin sentido simplemente deja de sacudir y empieza a descarrilar, a excepción de un par de escenas finales que caldean de nuevo el ambiente.

Free fire en El PalomitrónA pesar de los fallos, Free Fire cuenta con la baza de una buena técnica. También es fundamental su reparto bastante correcto con la ganadora del Oscar Brie Larson (La habitación), Armie Hammer (Operación U. N. C. L. E.), Cillian Murphy (Peaky Blinders), Sharlto Copley (Distrito 9) y Jack Reynor (Transformers 4), que ayudan a construir un producto digno. Eso sí, algo trivial.

No obstante, aunque sea una obra más adecuadamente pensada para entretener que remover (cometido que, desde luego consigue), cobra cierta trascendencia. Se materializa en una de las frases de los personajes: “Ya no sé ni en qué bando estamos”, dice el hombrecillo en un momento de lucidez entre la lluvia de munición. Con mucha razón. Como en la vida, cuando la pelea se vuelve vacía e irracional, lo más probable es que todos pierdan y ninguno salga ganando.

LO MEJOR:

  • El humor irreverente y desvergonzado.
  • La ambientación al estilo del cine de serie B de los 70.

LO PEOR:

  • La repetición de una fórmula de violencia y sadismo durante toda la película.

María Robert

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