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Crítica del anime de Tower of God destacada - El Palomitrón
ANIME / MANGA CRÍTICAS REDACTORES

TOWER OF GOD: UN CAMINO HASTA LAS ESTRELLAS

Incluso antes de comenzar su emisión, Tower of God consiguió destacar frente a la nueva apuesta de Crunchyroll apodada Crunchyroll Originals. Un proyecto que pretende dar luz a nuevos títulos y tender puentes hacia nuevos territorios. Y precisamente este es el caso de Tower of God, uno de los webtoons por excelencia escrito y dibujado por Lee Jong Hui bajo el sobrenombre de Slave in Utero (SIU), que nació hace más de 10 años en el portal virtual LINE Webtoon y cuya estela sigue más viva que nunca. Tal y como recogen diversos informes de los portales donde se puede leer este tipo de obras, Tower of God cuenta actualmente con más de 4.500 millones de visitas en todo el mundo. Una cifra que no ha pasado desapercibida por esta nueva iniciativa de Crunchyroll y que ha logrado que su adaptación animada sea una realidad en 2020.

Hace unos años era impensable que un webtoon tuviera un espacio apropiado en pantalla. Quizá por su contenido o quizá por cómo narran su historia. Pero en esta ocasión, Tower of God prende la mecha hacia un nuevo rumbo en la historia de la animación; una mecha que seguirá con otros títulos como The God of High School o Noblesse. Personalmente, espero que la fuerza de ese fuego recién encendido sea lo suficientemente fuerte para seguir este nuevo camino. Uno que nos dejaría descubrir multitud de títulos escondidos entre líneas de Internet y que, posiblemente, si no es por este tipo de acciones, no sepamos tan siquiera de su existencia. Es cierto que nos movemos ante un terreno escabroso tanto por la amplitud que asola como por la infinidad de obras que contiene; pero creo firmemente que las primeras apuestas están muy bien escogidas y, aunque no hayan prendido todavía la mecha de un atrevimiento más medrado, seguramente estos primeros pasos sean los más indicados para sumar el mayor número de seguidores frente a un género totalmente innovador en lo que respecta al campo de la animación. 

Crítica del anime de Tower of God Bam - El Palomitrón

Objetivos entrelazados 

Tower of God narra la historia del inicio y el final de Rachel, la joven que ascendió a la torre para poder ver las estrellas, y Bam, el joven cuyo único deseo era estar con ella. Ambos deberán luchar por llegar a lo más alto de dicha torre, un lugar que, si logras alcanzarlo, encontrarás todo lo que existe en este mundo, y todo puede ser tuyo. Una forma un tanto romántica y alejada de los estereotipos para lograr ser un dios. La pregunta es ¿lo conseguirán? 

Se dice que, si logras subir a la cima de la Torre de Dios, se te concederá cualquier deseo. Un aliciente que no hará más que motivar a uno de los personajes principales de la obra para dejar una vida hundida en la oscuridad. De esta forma, Rachel decide abrir esas puertas que dejarán atrás las tinieblas para iniciar un periplo de ascensión hasta la cima de la Torre. Un viaje que no realizará completamente sola pues Bam, un joven que ha estado con ella al otro lado, no puede abandonarla. Pero es al cruzar esos muros cuando sus caminos, en cierto modo, se disipan; y bajo un halo de calima e incertidumbre da comienzo el ascenso a la Torre de Dios. Un trayecto que viviremos a lomos de Bam y que nos permitirá conocer los secretos más taimados de dicha Torre

Crítica del anime de Tower of God Rachel y Bam 1 - El Palomitrón

Dejando de lado a una Rachel que podría pasar como macguffin —al menos en los primeros compases de la obra— el guion nos sitúa sobre un asustado pero decidido Bam. Aunque al poco de empezar su aventura descubre que ese ascenso del que tanto había oído hablar, y que supone un misterio total para él y para los espectadores de la ficción, es mucho más complejo y enrevesado que subir unas hipotéticas escaleras. Pocos minutos son necesarios para que Bam deje de estar solo y aparezca ante él una extraña criatura llamada Headon, quien le explica que tan solo podrá subir la Torre si demuestra tener la valía necesaria para hacerlo. Algo que se medirá a través de una serie de pruebas que, además de confeccionar los diferentes puntos narrativos de la obra, nos situarán ante la realidad de una ascensión que tiene como premio final el mayor de tus deseos.

¿Qué precio estás dispuesto a pagar?

Fácil en su propuesta pero eficaz en su resolución, Tower of God convierte ese ascenso en su mecánica principal para avanzar, tanto a nivel de trama como a nivel personal; pues será con el transcurso de las mismas cómo veremos progresar la historia. Es cierto que al principio podemos llegar a pensar en que la obra caerá en los tropos más habituales para enfrentar cada una de sus pruebas, pero desde la primera de ellas nos demuestra que hará uso de recursos originales e inteligentes para conformar el grueso de sus líneas. Desde vencer a una anguila con la pericia más hábil hasta sobrevivir a una salvaje ronda puramente salida de los clásicos battle royale, Tower of God nos dejará ante multitud de situaciones en las que veremos a Bam y otros personajes intentar alcanzar ese piso tan ansiado apodado, personalmente, deseo. 

Y es ahí donde entra otro de los puntos que modelan la obra: sus voces. Quizá no podamos huir de Bam en ningún momento, y por ende tampoco de su ingenuidad e inocencia, pero será gracias a él cómo llegaremos hasta otros personajes que pueden resultarnos incluso más interesantes o mejor construidos. Bajo un esquema bastante común, Tower of God cuenta con diferentes rostros para cada prueba. Pero serán los más destacables los que conseguirán quedarse junto a Bam, al menos en escena; ya que serán los objetivos personales los que harán que cada uno se posicione de un lado u otro. Porque si algo deja claro la obra desde el principio es que alcanzar tu sueño es algo inalienable. De esta forma, el título constituye una serie de equipos tras superar la segunda prueba correspondiente al segundo piso que podrían confeccionar los grupos de la serie, aunque para nada definidos hasta el final. Así, los primeros que se unirán a Bam serán el calculador pero curioso Khun y el basto pero entrañable Rak. Dos personajes de lo más dispares que nos mostrarán los distintos registros del título y cómo cada unidad actuará por su propio interés al no haber un fin común. 

Crítica del anime de Tower of God Galería 1A - El Palomitrón

Presentaciones hechas, a expensas de todos aquellos que faltan por venir y definirse a lo largo del tiempo, Tower of God ha demostrado funcionar como una obra de casos autoconclusivos definida por los propios pisos que conforman la Torre. Una historia que, a pesar de contar con un objetivo final y una trama que envuelve todo su ecosistema, no sabría avanzar si no es por el propio ascenso de la Torre y las victorias o derrotas de su protagonista. Por lo tanto, aunque su funcionamiento sea diferente y su propuesta pueda resultar refrescante y cuanto menos entretenida, es inevitable pensar en cómo títulos como Hunter x Hunter ejecutan una trama bastante parecida en su totalidad y cuya resolución me parece mucho más ingeniosa y palpable que en Tower of God. Quizá sea por el trato que tiene hacia sus personajes y el desarrollo de estos en la propia historia, pero aunque Tower of God quiera mantener el misterio como elemento constante, peca en silenciar muchos aspectos que la dotarían de mayor profundidad.

Aspectos que, de ser detallados, nos dejarían —con otros tintes y otro tono— ante un título contrapuesto a Made in Abyss. Una ascensión a los cielos mucho mejor construida y con mayor envergadura que, además de acción y entretenimiento, sería capaz de situarnos ante un elenco más interesante y con un trasfondo más labrado. Es cierto que Tower of God deja muy claras sus intenciones y con estos primeros compases de su serie animada es pronto para hablar, pero aunque posea una intrincada estructura para con las facciones, las escalas de poder o la propia estructura de la Torre, actualmente no va más allá de lo puramente material y nos deja ante una obra que se asemeja más a las bases de un isekai o un nekketsu de lo más tradicional que a un título que, sumando determinados puntos, podría englobar un trabajo final mejor ejecutado. 

Una invitación de lo más sugerente

Dejando de lado un punto crítico que preferiría tratar una vez concluida la serie o, en su defecto, leyendo el título homónimo en su totalidad; es complicado hablar de la adaptación animada de Tower of God sin mencionar cómo ha ejecutado el salto de su formato original a la pantalla. Uno de los procesos que parecían imposibles pero que gracias a los esfuerzos de Crunchyroll y Telecom Animation Film es una de las realidades que caracterizan este 2020 tan controvertido. A efectos de lo que pueda calar en el espectador la trama de la obra, debemos aplaudir cómo se ejecuta su acción en pantalla. Una combinación que sabe escoger lo mejor del trabajo original y añadir el movimiento y efectos necesarios para crear sensación en el espectador. Un trabajo que recae en Takashi Sano, Hirokazu Hanai y Erika Yoshida.

Posiblemente no estemos ante la mejor serie de animación del año, pero aunque no posea los tecnicismos más sobresalientes del campo, Tower of God se mueve realmente bien y no olvida en ningún momento de dónde proviene. Un trabajo que, bajo mi punto de vista, es muy encomiable y nos deja ante una puesta en escena de lo más atractiva donde no solo destacan unos diseños muy bien trasladados gracias a la labor de Masashi Kudo y Miho Tanino, sino que también apuesta por un montaje dinámico y fluido que nos mantendrá en activo a lo largo de todo el episodio. Algo que, además, se verá muy bien aderezado gracias a la paleta de colores empleada que no hace más que destacar el trabajo original. Por último, debo añadir que este trabajo no conseguiría destacar tanto si no fuera por uno de sus mejores elementos: la banda sonora. Una compuesta por el magnífico Kevin Penkin (Made in Abyss, The Rising of The Shield Hero) que nos acompañará en este viaje hasta las estrellas con la mejor de las sintonías. 

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Marisol Navarro

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Publicista aficionada de las películas, las series y el manganime. No tengo un género preferido, pero todo lo gore me apasiona. Me encanta viajar, y si algún día consigo ir a Japón sin duda para el trayecto tendré preparada toda la obra de Sui Ishida.