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Crítica de Gleipnir
ANIME / MANGA CRÍTICAS REDACTORES

GLEIPNIR, LA FORMA MÁS SUCIA DEL THRILLER ADOLESCENTE

¿Cómo se antoja un medio como el anime para aquellas personas que resultan ajenas al mismo? Es una pregunta tan recurrente como tópica, que se sostiene, a su vez, sobre una enorme cama de tópicos que definen la imagen de un medio asaltado por corrientes que, lejos de reflejar su totalidad, lo encasillan y representan.

Así como el Sex & Drugs & Rock & Roll de Ian Dury se convertía en el reclamo —que no en el representante de su totalidad— del género de marras, podríamos considerar que hay ciertos estandartes del anime que funcionan de la misma forma. Puntos reiterativos que lo hacen destacar, no tanto por su atractivo, sino por su factor exótico. Puntos que, en contra a lo dicho, se dan la mano en Gleipnir demostrar que dicho reclamo consigue brillar cuando se juega con la mano correcta.

Pervirtiendo el género

Definiendo los puntos de la obra, Steve Jones aseguraba que “Gleipnir podría atreverse a ser todo aquello a lo que aspirábamos a ver en Darling in the FRANXX”. Nada menos alejado de la realidad, lo cierto es que —manteniendo el juego de palabras—, la obra de Sun Takeda es ese riff de guitarra duro y agresivo que amenaza con devorar la pieza entera pero que resulta ser una perfecta muestra de su poder. Un rasgueo sucio, imponente, que rompe en sus inicios como una clara declaración de intenciones: la de cambiar el concepto del thriller adolescente en el anime.

Shuichi, su protagonista, es el primer paso para ello. Un personaje arquetípico en forma de estudiante de secundaria normal, sin particularidades destacables, más allá de su predisposición a convertirse en una suerte de bestia de peluche gigante con poderes sobrenaturales sobre los que tiene escaso control. Punto que el autor utiliza como metáfora de su propia falta de autocontrol y posible columna vertebral de la depresión en la que se encuentra sumido el chico, que lo deshumaniza —utilizando su transformación como medio para ello— y avoca al instinto sexual, llevando a desnudar a una chica tras salvarla de un incendio, realizando esa primera radiografía que muestra la naturalidad retorcida de la obra.

Un juego metafórico y social centrado en su evolución personal como adolescente y ampliamente ligada al sexo que le llevará a toparse con Clair (la chica en cuestión), suponiendo una clara y definida reversión de roles que lleva a la misma a convertirse en la parte dominante de la relación, suponiendo las veces esa mano controladora capaz de guiar, poseer y utilizar a Shuichi a voluntad que se lleva consigo misma la implacable ansiedad que crece en en el interior del mismo.

Un desarrollo interpersonal especialmente afilado que juega —con ciertas barreras al principio— con la psique de ambos personajes, decantando la obra hacia ese factor oscuro definido por la condición psicosexual de ambos (él, sumiso y reprimido; ella, valiente y dominante) y su particular evolución. Y esto, por supuesto, no es más que arañar la superficie de una obra que destroza los tropos sobre los que se encuentra definida para dejar atrás aquello en lo que Darling in the FRANXX, de nuevo, se perdía y abrazar una versión más madura del género donde el “ecchi” obtiene un carácter prácticamente pornográfico y la violencia se encuentra intrínsecamente presente sin necesidad de enmarcarla en un trasfondo épico. ¿El resultado? Una obra sin tapujos y un monstruoso potencial.

Una reversión de género total

La puesta en escena de Clair en la obra cambia por completo la forma en la que se mueven sus engranajes. Si bien el papel de los personajes femeninos en el medio han conseguido evolucionar y tenemos grandes ejemplos recientes, el caso de Gleipnir no es tanto que ella destaque sobre él, sino que lo domina por completo. Clair tiene convicciones propias, tan fuertes como, insisto, retorcidas. Su idea es clara: desentrañar el secreto que esconden las transformaciones y encontrar a su hermana mayor, que acabó con la vida de sus padres tras cambiar su forma. Un objetivo por el que no teme perder absolutamente nada.

Así Clair representa otra faceta de esta premisa de adolescente roto; abandonada y sola. Ella es, en esencia, el mayor atractivo de la obra. Porque mientras que es Shuichi el que ostenta el poder, es ella quien guía, manipula y orquesta. Sin embargo, Takeda los iguala a un nivel y situación emocional similar, de modo que la relación entre ambos se aplana y permite, a su vez, que ella pueda tomar el control con una mayor facilidad sin perder la oportunidad de exponer sus propios miedos e inseguridades —potenciado, además, por el remarcado trabajo de Pine Jam en su adaptación.

El hecho de que Clair tome posesión de Shuichi en su “forma animal” adentrándose en su interior es también parte de esa metáfora psicosexual con la que el autor se recrea continuamente, dejando claro que no solo domina ella, sino que, literalmente, le penetra. Es una relación que va más allá de la intimidad y que les permite compartir un enorme peso emocional —esperemos que sea un punto de partida para su futura evolución— pero que también se encuentra definida y delimitada por esta constante referencia a la maduración sexual con la que obra la serie.

No es más que parte de lo mismo el hecho de que la obra apunte a esa absoluta facilidad con la que representa los desnudos y la parte más controvertida de la protagonista, siempre atentando contra los impulsos adolescentes de Shuichi, retratándole como la parte débil y fiel que permite la guía de Clair, calmando su ansiedad y sirviendo las veces de escudo contra sus propias carencias psicológicas.

La dulce forma del horror

En esencia, Gleipnir es una obra que se evade de los tropos habituales del género para formular una escena obscena y sucia que, lejos de lo que puede entenderse a través de primeras impresiones, resulta ser una combinación tan explosiva como funcional. Una sorpresa total que, pese a todo lo que puede parece en sus primeros minutos, resulta consciente de sus actos y no los rehuye ni escenifica para las fantasías de un solo sexo, sino que trabaja con ello como parte de su mística.

Hablamos de una obra especialmente adolescente, que parece escribirse de improvisto, a medida que avanzan sus protagonistas. Sin ir más lejos, el primer combate de la dupla protagonista acaba en una violenta muerte —no sin antes realizar una pequeña retrospectiva que realza las capacidades generales de la obra en su apartado interpretativo— que no hace más que destacar su torpeza, mientras define los paradigmas de la obra. Con todo, su capacidad para enmarcarse en este contexto oscuro y observar el sexo y sus metáforas como algo natural consigue dotarla de una fuerza notable en la que las escenas desagradables consiguen ser realmente desagradables y el thriller, a su vez, consigue escenificarse sin grandes explicaciones.

Pese a todo, estas líneas solo representan un ligero recorrido a lo largo de algunas de las ideas que expone la serie en sus primeros tres capítulos. Gleipnir es una obra difícil, con un alto contenido explícito que no funcionaría sin su propia ración de potencial psicológico. Sin embargo, si consigues conectar con sus notas y sentir el ritmo en el que se mueven sus compases, se convierte en toda una sorpresa. Agresiva, directa y sin tapujos, Gleipnir consigue hacer suya una escena a la que todos gustan apostar pero que pocos consiguen dominar.

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Óscar Martínez

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1 COMENTARIO

  1. Creo que estás sobrepensando las cosas. Puede que sea tu opinión y si lo es refutare ant ello.

    Este anime no intenta ser nada más, prácticamente es como una película de Zack Snyder solo que no intenta ser pretencioso, pero si lo intenta ha fallado.

    El ritmo es muy rápido, los personajes no se desarrollan como se debe hasta incluso pueden llegar a ser bipolares, los personajes secundarios no son la gran cosa además de que los antagonistas son muy exagerados.

    La animación es decente, baja de calidad para ser fluida sin embargo algunas veces llega a ser lento incluso no se siente el impacto de los golpes. El sonido está bien, solo eso, no logra algo especial y aquellos misterios simplemente con usar un poco el cerebro puedes adivinar de que se trata.

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.