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Premios Forqué El Palomitron

El calendario de premios nacional arrancaba el fin de semana pasado en tierras aragonesas, en las que se celebraba por segundo año consecutivo la gala con la que EGEDA (entidad que está formada por los productores de nuestro cine) reconoce y premia los mejores trabajos de 2018: los Premios Forqué.

De nuevo Zaragoza, y de nuevo la sombra de maestros como el propio José María Forqué, cuyo recuerdo no desaparecerá jamás del imaginario colectivo gracias al acertado bautismo de los premios. Junto a él otros nombres propios como Luis Buñuel, José Luis Borau, Carlos Saura, Segundo de Chomón, Fernando Palacios o los contemporáneos Nacho G. Velilla y Paula Ortiz. Todos ellos fortaleciendo los lazos de Aragón con el cine, todos ellos apuntalando el compromiso de esta región con el cine. Pero también con las letras, con el teatro, y con cualquier disciplina ligada a la cultura, porque lo que cada año tenemos más claro es que las políticas de apoyo a la cultura de Aragón son bastante ejemplares. Acciones como el intrépido Desafío Buñuel o su protección constante de campos tan necesitados de manera permanente, mal que nos pese, como la literatura, abarcando prácticamente toda la cadena de valor del libro, avalan una gestión certera, y en muchos casos valiente, de un tesoro nacional que hoy es un regalo y mañana será un legado, la cultura. 

Hitos de una gala comprometida

Incuestionable. Así es la lectura de los 24 Premios Forqué si analizamos su compromiso con los valores que deberían imperar con mayor notoriedad en nuestra sociedad y en nuestro día a día. La película de Javier Fesser Campeones, contra todo pronóstico, se convertía en la gran ganadora de la noche al cosechar sendos premios en las categorías de Cine y valores y Mejor largometraje de ficción. Un doble triunfo que lejos de rubricar un 2018 sensacional para todo el equipo de la película, promete un 2019 quizá todavía mejor, pues es tiempo de recoger la cosecha, y la primera cita no podía haberles dado más alegrías a los jóvenes actores del elenco, que con permiso de Penélope Cruz se adueñaron de la alfombra roja y la zona de prensa, protagonizando los momentos más divertidos y entrañables de la noche. Todos ellos fueron despedidos, premio en mano, con aplausos por los periodistas. 

Antonio de la Torre, por fin, recogía su premio a Mejor actor por su papel en El Reino. El actor, que con el doblete de este año suma 13 nominaciones a los Goya solo consiguió llevarse a casa el cabezón con su primera nominación, allá por 2006, gracias a su trabajo en AzulOscuroCasiNegro. Nominado tanto en categoría de Mejor actor como en Mejor actor secundario, será complicado que no arranque su segundo Goya este 2019.

También merece una mención especial la emoción de Eva Llorach, que tras estar ligada al teatro y el cine independiente desde comienzos de este siglo, recogía uno de los premios más justos y con mejor sabor de la noche por su papel en Quién te cantará, dirigida con su oficio habitual por su inseparable Carlos Vermut.

Roma, por su parte, cumplía el guión sin sorpresas y Cerdita y El Silencio de los otros recogían también sus premios a Mejor cortometraje y Largometraje documental respectivamente.

La alfombra roja

Nutrida de muchas celebridades, y animada con los “triunfitos”, discurrió ágil y sin incidencias, con espacio para todos y voz para todos los medios, los grandes y los digitales, siempre más modestos pero muy volcados en esto de animar las alfombras. Las miradas (y sonrisas) más empáticas de la noche se las llevó de calle el séquito de Campeones, pero la estrella de la noche, sin duda y a varios años luz de distancia, fue Penélope Cruz, la última en desfilar, el premio a los que aún aguantaban cámara en mano en busca del disparo de la noche. Solo ver el revuelo que es capaz de armar la actriz tras el desfile previo de grandes (y populares) nombres de nuestra industria debe servir como garantía de que ella se mueve a otro nivel, le pese a quien le pese.

La gala: sus luces y sus sombras

Pese a los nervios previos de Elena Sánchez, conductora de la gala junto a Edu soto, lo cierto es que resultó muy dinámica (es cierto que solo 7 nominaciones ayuda mucho), beneficiándose mucho de las actuaciones musicales. Y aunque se pueda criticar la presencia y la acaparación de atención de los concursantes de Operación Triunfo, lo cierto es que su asistencia dinamizó la celebración, congregó a mucho público a las puertas del Palacio de Exposiciones, y a buen seguro habrá dotado de mucha más visibilidad a los premios en una hábil jugada por parte de la organización.

También cabe destacar la creatividad del guión del gala, que renunció a la linealidad para poner en escena un relato innovador y bastante imaginativo.

La sombra de la gala la debemos buscar en la incomprensible decisión de RTVE de emitirla en diferido, una jugada que lastró de manera definitiva lo que podía haber sido una noche casi perfecta. ¿Cómo es posible que una televisión pública decida emitir una gala en diferido, a partir de las 00:00, teniendo a su alcance la emisión en directo y en prime time? ¿Es esta la manera de apoyar a la cultura que tiene nuestra televisión pública? ¿Con su presentadora Elena Sánchez y el despliegue de medios de la cadena en Zaragoza cómo es posible que se opte por emitir una película en vez de estos premios? Desconocemos los motivos y no es este el soporte informativo ideal para buscar la respuesta, porque todo indica que esta decisión va más allá de la estricta naturaleza de las políticas de programación propias de una televisión con vocación pública. Lo cierto es que que resulta bastante chocante que la cadena no emitiese la gala en directo, máxime cuando es notable y palpable el esfuerzo económico y la ilusión volcada por la organización y las instituciones oficiales de Aragón.

Mucho más que cine

Y es que la agenda de prensa de los medios invitados a cubrir la 24 Edición de los Premios Forqué fue más allá de lo extrictamente cinematográfico, y contó con el Gobierno de Aragón como cómplice par ampliar y enriquecer la experiencia. Las actividades complementarias incluían una visita a una exposición que recorre la historia de Aragón y el legado artístico que encierran sus panteones reales a través de 144 piezas que por motivos de agenda no pudimos gozar como merece una exposición de tal calibre. Una visita a la carrera que gracias al buen hacer de su comisaria Marisancho Menjón pudimos disfrutar, y enclavada en el Edificio Pignatelli, formidable sede regional coronada por su iglesia antigua, una maravilla neobizantina que brilla con luz propia dentro de este complejo dominado por los patios abiertos propios de la Institución Benéfica de la Real Casa de la Misericordia.

Además, también fuimos testigos de la firma entre el Gobierno de Aragón y la alcaldía de Miami de un acuerdo de amistad para fomentar y promocionar proyectos culturales y deportivos, y apoyar intercambios educativos y comerciales.

Un fin de semana muy completo y difícilmente mejorable gracias también a la atención del personal del gobierno que nos acompañó en todo momento, y del buen ambiente que se respiró entre toda la comitiva de prensa. Experiencias gratas, que es menester recordar y destacar.

Alfonso Caro

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