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A finales de enero de este mismo año empezaba la primera crítica de Darling in the FRANXX hablando sobre Evangelion y Gasaraki. Sobre cómo el medio del mecha había evolucionado para encontrarse con Hideaki Anno y su deconstrucción del género. Incluso me atreví a afirmar, en aquellas líneas, que la obra de Trigger pretendía lo mismo que la de Gainax, aún a falta de la maravillosa A Cruel Angel Tesis como verso introductorio.

Casi veinte capítulos después parece que el panorama ha cambiado mucho. Darling in the FRANXX siente mucho por Evangelion, eso es innegable. Pero lejos de convertirse en un sucedáneo del mismo, la obra de Atsushi Nishigori es capaz de desplegar sus propias alas y volar por sí sola. Repasamos hoy su trayectoria, el paso de un título que ha conseguido llegar a ojos de todos por méritos propios. Pero no lo hacemos en su sentido estricto, sino sobre su simbolismo.

Levanta el vuelo, pájaro de Jian

De hecho, el inicio del primer capítulo ya es toda una declaración de intenciones. No solo hacia lo que la obra nos quiere mostrar. También es un mensaje personal, dirigido a ti, a mi, a cualquiera que vea la serie. El pájaro de Jian, la criatura mitológica que representaba el nexo entre hombre y mujer en la mitología china, es la elegida para protagonizar sus primeros compases. Es casi una referencia al dilema del erizo de Schopenhauer (el mismo que adaptaría Anno en su trabajo para hablar del amor y la aceptación), de como —como humanos— necesitamos de otras personas para sobrevivir, para alzar el vuelo.

Los modelos de Darling in the FRANXX no se han escogido al azar, son todos representativos. Hiro, el símil de Shinji, la persona rota incapaz de hacer lo que le piden. Lo que todos nos hemos sentido en algún momento. Zero Two, que se mueve entre lo equivalente a Rei y Asuka, la fachada de quien carga con un peso inhumano. El hecho de que se unan no es solo una representación del amor juvenil, es una extrapolación del deseo del ser humano por sentirse amado y querido. Y, de hecho, la obra cuenta con múltiples referencias que representan de igual forma la teoría del pensador polaco, sus juegos de luces y sombras, los giros de guión o los representativos títulos de episodios como “Tu espina, mi insignia” o “Castigo y confesión”.

La dinámica Hiro-Zero Two es la columna vertebral de la obra, la representación del amor —uno idealista y juvenil pero amor al fin y al cabo— en sí misma. La evolución de los personajes traza un arco que pasa por todas las convenciones del género pero que se muestra siempre sincero e inocente. Y es que Darling in the FRANXX no es más que un estudio de personajes. No solo como concepto a incluir en la crítica sino incluso dentro de su propio argumento. Los chicos, el escuadrón 13, son los últimos humanos reales. Los últimos mortales que se han escapado de las garras de los avances tecnológicos. Son parte de un experimento para comprobar si el ser humano puede, realmente, volver a sentir. Porque al final, el hecho de que la humanidad trascienda sus propios límites los ha convertido en poco más que la sombra de lo que una vez fueron.

Crítica de Darling in the FRANXX 05

Por eso es tan representativo el pájaro de Jian, porque representa la esperanza. El hecho de que la humanidad pueda dar el paso atrás y volar de nuevo. Algo que se transmite entre todos sus personajes a lo largo de su argumento con momentos gloriosos como las constantes preguntas sobre que significa ser adulto, sobre que quiere decir la palabra “beso” o el porque hombre y mujer deben unirse. No solo es una deconstrucción del género, es una deconstrucción del amor, de la persona en si misma.

La mec(h)ánica del FRANXX

¿Que es el FRANXX? Su tercer capítulo, “Títere de combate”, nos lo deja claro. Los FRANXX son necesarios para mantener a la humanidad con vida, los únicos capaces de combatir contra los klaxosaurios, la amenaza definitiva. Pero en realidad son mucho más que eso.

Son, primero, la representación del mencionado amor. Para pilotarlos no solo se necesitan hombre y mujer, se necesita una conexión. Los pilotos tienen que estar conectados entre ellos y es aquí donde surge el verdadero peso de la obra. Porque son humanos: tienen sentimientos, emociones. El homónimo sexto capítulo “Darling in the FRANXX” es una representación clara de esto, el momento en que Zero Two intenta controlar sola a Strelizia —llevando a su cuerpo al límite al no tener el apoyo de su compañero— o cuando Ichigo pierde el control de Delphinum al ver a sus compañeros morir.

Crítica de Darling in the FRANXX 09

Al final todo es una cuestión de sentimientos. No importa las veces que los robots salgan a combatir o como lo hagan porque siempre terminará igual, con un nuevo ataque definitivo de la pareja protagonista. Lo que importa realmente está en el camino, en lo que hay entre la salida y ese ataque. En como Ichigo, pese a estar enamorada de Hiro, se lanza en un ataque suicida para salvar a su compañero durante el noveno capítulo, “Bomba triangular” o en como Mitsuru e Ikuno son incapaces de conectar a nivel sentimental por la reticencia de él a sentir nada por nadie y el amor que siente la chica por su compañera en secreto.

Y es ahí donde la obra da en el clavo, cuando rompe el muro y nos demuestra que las conexiones, el amor, son totalmente libres. Cuando rompe el molde y nos muestra que Ikuno en realidad está enamorada de Ichigo y que el único peso que hay detrás no es el de que no sean una pareja de hombre y mujer sino de que los protagonistas han sido emparejados por un sistema totalitario que sirve de crítica a la sociedad actual. Y ocurre con lo mismo con el intercambio de parejas, en como Mitsuru y Kokoro dejan de lado a sus compañeros para enlazarse entre ellos, porque los FRANXX no lo son todo.

Es una realidad que los humaniza. Dejan de ser simples llaves para activar los robots de combate. Son, y lo son por encima de todo, personas. Y mientras que el mundo los ve como simples herramientas ellos consiguen desarrollar, capítulo a capítulo, consciencia sobre sus propios sentimientos. Se descubren a si mismos, descubren a sus compañeros y compañeras. Por eso capítulos como “Chicos x chicas” o incluso “Moratoria de estrellas fugaces” son mucho más que pausas banales. Son momentos de descubrimiento, son fragmentos personales que luchan contra la artificialidad del ser humano.

Crítica de Darling in the FRANXX 15

Incluso su, en el momento de escribir estas líneas, último episodio, “Inhumano”, se encaja dentro de este marco. Es un episodio dedicado a una sola persona. Uno que nos muestra detalles tan trascendentales como la evolución —si la podemos considerar como tal— del ser humano, de cómo el Dr. FRANXX rehuye de la inmortalidad que logran los avances científicos y falla en su cometido como ser humano, buscando la redención luego con la creación del escuadrón 13. Su obsesión con el amor, la de un hombre viejo solo en el mundo que no había sido capaz de sentir jamás. Un sentimiento enfermizo pero que se encuentra dentro de lo que representa al ser humano; la otra cara de la moneda. Y son detalles como este, el atrevimiento de dedicar un capítulo por completo al hombre —a mostrarnos como busca la redención por sus actos antes de que le llegue la muerte que él mismo ha querido abrazar— el que elevan a Darling in the FRANXX al estatus en el que se encuentra ahora mismo.

Ser humano o ser amado

Pero el simbolismo de Darling in the FRANXX va mucho más allá. “La bestia y el príncipe”, su décimo tercer capítulo, es la mayor muestra de ello. La historia, el origen, que se ve narrado con un magnífico uso de flashbacks intercalados y el juego con la narrativa personal. Un juego que nos invita a sentirnos como Zero two, a sentirnos como Hiro. A dejar de ser espectadores para convertirnos en bestia (ella) y príncipe (él). Un momento en el que la imagen nos muestra a la verdadera chica mientras su narrativa, ciega, nos cuenta cómo ella es humana.

Crítica de Darling in the FRANXX 15

Es un juego recursivo, al que acude la obra de forma constante. La dicotomía entre bestia y humana persigue a Zero Two a lo largo de todo el argumento, como si quisiese que su público no pudiese sentirse cómodo nunca. Un punto que explora hasta llevarla a la locura, todo por ser humana, por ser amada.

Algo que, de nuevo, no deja solo en manos de la chica. Lo explora con casi todos sus personajes. Porque en el fondo todos tienen el mismo problema: son humanos. Lo vemos en Nana y Hachi cuando explorando su pasado. Lo vemos en la historia del Dr. FRANXX. Lo vemos en cómo las relaciones de los protagonistas se bifurcan y se cruzan entre ellos. Es una representación personal, cercana, con la que quiere que nos identifiquemos. 

Crítica de Darling in the FRANXX 13

Hideaki Anno dijo una vez que su obra no estaba pensada para quien quisiese escapar de la realidad. Su trabajo quería ser veneno y antídoto a la vez, para representarnos y, por mucho que duele, ayudarnos a seguir adelante. Darling in the FRANXX no es Evangelion. Atsushi Nishigori no es Hideaki Anno. Quizás su idea no sea la misma y no se convierta en una terapia de choque. Pero el juego de las metáforas, el existencialismo que propone la obra se extrapola al espectador y te demuestra que es mucho más que una simple obra de mechas

Óscar Martínez

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