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LOS ANTECEDENTES

El palomitŕon

Antes de que se estrenara en nuestro país y, a la vez en Estados Unidos, The Prodigy no se dejó ver mucho: un trailer que homenajeaba al género, la incorporación de un par de rostros conocidos y mucho, mucho secretismo promocional. Al fin y al cabo, estamos en el mundo de Blumhouse y Jason Blum y cualquiera que se acerque al terror ha de hacerlo atendiendo al sistema mercadotécnico que marca el líder de la industria.

El último proyecto del director de El Pacto o Holidays, el valor en alza Nicholas McCarthy, prometía encontrarse una vez más con todo lo que ya hemos visto en su carrera: mucha construcción de ambientes, un halo de cine generacional y manga ancha con las escenas sádicas, no tanto por cantidad como por cualidad. Si a ello le sumamos que detrás del proyecto, orquestándolo como productor, está Tripp Vinson (El exorcismo de Emily Rose) parece que tenemos varios ingredientes para un gran “pelotazo” del género. Si encima contamos con un rostro femenino de primera plana como Taylor Schilling (Orange Is The New Black), poco podía fallar.


LA PELÍCULA

Poco podía fallar pero lo hace. Allá donde el excelente guion de Jeff Buhler (Pet Sematary) cumple con maestría con los cánones del género que marcaron en su momento La profecía o que se reinventaron en El Babadook, la dirección de actores de McCarthy se convierte en un despeñadero extraño: Taylor Schilling, a la que estamos acostumbrados a ver con cara de agobio en su faceta televisiva, no parece encontrarse nunca aterrada por el continuo de situaciones que se desarrolla en la película; y, su hijo en la ficción, Jackson Robert Scott, sí funciona como elemento discordante, pero falla en la asunción adulta que le presuponen sus “poderes”. Esto, que puede resultar confuso en un análisis puramente estético, tiene una traducción mucho más sencilla: las películas que mezclan niños y elementos sobrenaturales exigen, por su propia manera de concebir las relaciones de poder, una condescendencia intrínseca en la actuación, una sensación de superioridad moral que en The Prodigy queda en confusión. Esto, si bien podría ser un elemento diferenciador y oscilar más hacia un tratamiento al más puro estilo Sam Raimi, aquí se queda en gatillazo.

Si bien el pecado de The Prodigy es estético, no es estilístico, ya que el resto de la puesta en escena funciona a las mil maravillas. Más allá de destacar aspectos como la excelente mezcla de sonido  y una fotografía lúgubre muy arriesgada para los tiempos que corren en el género, la historia que nos intenta contar The Prodigy es interesante y su explotación fallida solo es la prueba de la ambición del proyecto. Quizás eso mismo, su concepción como filme “grande” la acaba lastrando, pero no deja de ser una película disfrutable en la que se trata al espectador como  persona consciente. ¿Es The Prodigy una película que quedará incomprendida en nuestra época y recuperaremos en unos años? Solo el tiempo dirá. O los remakes. O las secuelas. O los estudios. Vaya usted a saber.

ELLOS Y ELLAS

Cuando un guion está tan bien delineado como el de Jeff Buhler en The Prodigy, duele más apreciar un fallo de cásting. La carismática Taylor Schilling, si bien laboriosa, no consigue “dar el pego” como las grandes madres coraje de la historia del género. A la sazón: Ellen Burstyn en El exorcista o Essie Davies en El Babadook. Tampoco ayuda su recuerdo en la memoria colectiva como presa perenne, pero ahí ya lo subjetivo lo mancha todo. Por su parte, Jackson Robert Scott, al que vimos en el papel de Georgie en IT, sí cumple con la inocencia que demanda el rol, pero no con la parte malévola o adulta. Quién iba a pensar que tanto carisma en pantalla sería un problema.

LA SORPRESA

Como ya hemos mencionado, la construcción atmosférica es lo que mejor funciona en The Prodigy. Por lo tanto, cualquiera de los sustos, más o menos facilones, bien merece el disfrute del filme. Además, el giro final es hasta metafísico: ¿se imaginan una sorpresa que, de hecho, tenga sentido y no les haga querer tirar las palomitas a la pantalla? Pues eso.

El Palomitron

LA SECUENCIA / EL MOMENTO

A pesar de que el gran susto que vimos ya en el trailer queda a fuego en la retina, hay cierta escena con Brittany Allen que es perfecta. Enseñar poco, sugerir mucho.

TE GUSTARÁ SI…

Eres un apasionado del subgénero del niño inquietante y buscas una última vuelta de tuerca más allá de la implicación sentimental con los protagonistas.

LO MEJOR

  • La construcción de atmósferas
  • La mezcla de sonido y la fotografía inusualmente lúgubre
  • El potencial del guion de Jeff Buhler

LO PEOR

  • Lo maniqueo de las interpretaciones y la dirección de actores
  • El ritmo desacompasado
  • Lo fría que resulta como un todo

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