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reseña de Yona, Princesa del Amanecer #15
ANIME / MANGA REDACTORES RESEÑAS

BIBLIOTECA: YONA, PRINCESA DEL AMANECER #15

Mizuho Kusanagi ha evolucionado mucho a lo largo de su obra. Norma Editorial ha editado ya más de once tomos de la misma. Los cuales hemos leído y analizado hasta ahora, embarcandonos en la aventura de Yona y compañía. Descubriendo sus miedos y temores. Pero también sus sueños.

¡Sigue el viaje de Yona y sus compañeros junto a nosotros!

Mucho ha cambiado ya aquella pequeña princesa que vivía el exilio y el asesinato de su padre como el fin del mundo que la cubría. Pero también ha cambiado mucho para la mano que se encarga de mover los hilos. No solo es que Kusanagi haya logrado una notable mejora en la dirección de su arte —logrando ofrecer una nueva profundidad a ese estilo shojo que ya perfilaba en otras obras como Yoiko no Kokoroe o NG Life— sino que además consigue diseñar nuevos movimientos narrativos que hacen de Yona, Princesa del Amanecer una obra completamente única.

Yona, Princesa del Amanecer #15 abre de forma explosiva. Mizuho Kusanagi abandona la clásica pasividad que caracteriza sus líneas y decide hacer de este décimo quinto volumen la entrada más poderosa de toda la obra. Una entrada sorprendentemente capaz de seguir con fuerza el cierre anterior, apoderado de un sonoro cliffhanger y parte de la evolución de la propia Kusanagi a través del desarrollo de su magnum opus.

«Pero dentro de ese escenario es Yona quien ejerce de luna, de luz y guía en las tinieblas», decía en la reseña del volumen #14, lejos de imaginar que podría ir más allá de un simple destello y convertirse realmente en una luz constante a lo largo de todo el arco que atravesamos. Y lo hace. Lo hace con una Yona herida que acepta un primer plano tan poderoso como el que muestra en la portada de su capítulo número 83, evitando el desmayo por la pérdida de sangre y luchando con toda la fuerza que la princesa ha mostrado hasta ahora; llevándonos a la duda entre si hablamos de Yona o Hak.

E incluso cuando aparecen sus salvadores la chica tiene espacio propio. Incluso ante la sentencia de muerte que late en su propia piel, es ella quien hace lo propio sobre la frente de Hiyou. Un acto que se convierte en la columna vertebral de su propia evolución. De una que hemos vivido a lo largo de más de una decena de tomos pero que converge con todo su poder en este último. No olvida la batalla del séptimo volumen, no niega los hechos que se daban en su décimo tercera entrega. Pero pone contexto y fuerza sobre todo lo ocurrido hasta ahora.

Y es que, a riesgo de repetir mis propias palabras sobre entregas anteriores —al fin y al cabo es la magia que su autora aplica sobre las líneas a las que da forma con cada volumen—, Yona, Princesa del Amanecer #15 es una entrega repleta de matices. Pero no se establecen como juegos opuestos, sino que todos se unen para empoderar a una Yona que ya no solo dista leguas de ser la misma chica a la que vimos en los primeros compases de la obra, sino que ha cambiado totalmente. Ya no es la princesa.

El pequeño espacio que dedican a su subconsciente, aunque resulta quizás algo breve para el desarrollo que parece pedir a gritos necesitar, resurge en la idea más maternal de la chica. No solo sobre su evolución, sino como el viaje, cada paso en el camino, ha cambiado su forma de pensar y de actuar. La forma en la que se abraza a sus dragones la empodera. Como protectora, pero también como protegida. Un juego de contrastes que va más allá de la pura simplicidad que parece representar y toma formas diversas. Rompe con algunas de las cadenas del género para presentarnos un personaje polifacético que no solo busca ser protegida, pero que tampoco toma la venganza como poder único para seguir adelante por sí sola. Yona demuestra ser mucho más que eso. Más que simples conceptos y mecánicas narrativas.

Algo a lo que Kusanagi suma jugando con fuego e introduciendo de nuevo a Soo-Won en esta dinámica a la que nos ha acostumbrado ya desde su primera introducción en el cierre del séptimo tomo. Un recurso que ya entendemos como recursivo pero que se aplica con plena consciencia del hecho, dejando de jugar con las miradas lejanas y los choques de poder para formar, de una vez, la primera alianza entre ambos sujetos en todo momento por la tensión de la batalla que se avecina y el poder moral de su posición en dicho instante.

Un papel bien logrado que se supone como una de las grandes evoluciones narrativas de Yona, Princesa del Amanecer y que pretende jugar con el punto de vista ético de los lectores y lectoras, haciendo dudar —ahora más que nunca— de las intenciones y pretensiones del nuevo rey. Algo que, de nuevo, sirve como trasfondo principal del volumen, ofreciendo gran parte del desarrollo y abriendo tantas heridas y cicatrices.

Con todo, la parte más intensa del arco se mueve, inevitablemente, a su siguiente entrega. Una que se intuye incluso más portentosa que la actual y que se anuncia con un cliffhanger protagonizado por Hak y que se intuye especialmente poderosa. Por el momento deberemos esperar a ver como consigue sorprendernos Kusanagi al mover los hilos una vez más.

Yona regresa a la portada de este décimo quinto volumen para ocupar una de las más poderosas que hemos visto hasta ahora. No es la primera, desde luego, pero es importante destacar la fuerza de la princesa en una postura altiva que tanto recuerda a como la hemos visto durante estas dos últimas entregas mientras empuña un puñal — otro recordatorio de cómo ha progresado durante esta entrega, aprendiendo a utilizar la espada además del arco.

Lo hace acompañando a Lili, quién sujeta, junto a ella, el puñal de Yona. Un indicativo de cómo la hija del general se apoya en la figura de la princesa para convertirse en una verdadera figura de autoridad que, como Yona, lucha por salvar a sus habitantes. Para amplificar esa imagen nos encontramos ante una Yona de aspecto duro y fuerte, que sujeta a Lili indicando una vez más esa figura maternal y protectora que ha construido a lo largo del avance de la obra.

Por último, nos encontramos de nuevo con una portada rústica con sobrecubierta clásica en un formato de 11,5 x 17,5cm y un total de 192 páginas divididas en un total de seis capítulos. De igual forma que en su anterior publicación. El volumen está perfectamente localizado a nuestro idioma cortesía de Sandra Nogués (BRKDoll Studio).

Óscar Martínez

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.