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Reseña de Yona, Princesa del Amanecer #14
ANIME / MANGA REDACTORES RESEÑAS

BIBLIOTECA: YONA, PRINCESA DEL AMANECER #14

Mizuho Kusanagi ha evolucionado mucho a lo largo de su obra. Norma Editorial ha editado ya más de once tomos de la misma. Los cuales hemos leído y analizado hasta ahora, embarcandonos en la aventura de Yona y compañía. Descubriendo sus miedos y temores. Pero también sus sueños.

¡Sigue el viaje de Yona y sus compañeros junto a nosotros!

Mucho ha cambiado ya aquella pequeña princesa que vivía el exilio y el asesinato de su padre como el fin del mundo que la cubría. Pero también ha cambiado mucho para la mano que se encarga de mover los hilos. No solo es que Kusanagi haya logrado una notable mejora en la dirección de su arte —logrando ofrecer una nueva profundidad a ese estilo shojo que ya perfilaba en otras obras como Yoiko no Kokoroe o NG Life— sino que además consigue diseñar nuevos movimientos narrativos que hacen de Yona, Princesa del Amanecer una obra completamente única.

Hablar la obra de Kusanagi es, a cada volumen, algo más difícil. Parece que la autora consigue reinventarse constantemente sin dejar de jugar con los mismos componentes. Venganza, amor, libertad y deseo se dan la mano en un juego mortal que se adereza con humor, valentía y un amplio sentido ético y moral.

Un viaje que no solo se intuye en los cambios y la evolución de Yona sino que además tiene cierto sentido cíclico, descomponiendo sus cambios a través de los lugares que conoce y la gente que encuentra. Así este nuevo volumen tiene cierto sentimiento de cierre. Como si se completase un ciclo.

Viajar a lo largo de todo el reino de Koka ha servido para mucho. No solo reunir a los cuatro dragones, sino también como terapia moral. Yona ha abierto los ojos, ha mirado a la oscuridad y la ha afrontado. El encuentro con Soo-Won durante la batalla de ese brillante décimo tercer tomo es muestra de ello. De cómo Kusanagi ha recorrido el mismo camino que su protagonista y ha afilado su esgrima para realizar un cambio de aires que, en realidad, solo pone la vista en aquello que siempre ha estado ahí.

El encuentro es importante mucho más allá de lo que supone, porque nos deja ver —le deja ver a ella— como el enemigo es ahora el mayor aliado de su país. Por eso se entiende que este nuevo punto, la región del Clan del Agua, tiene cierto valor de cierre. Un juego de posiciones que trastorna los valores de la obra, no en un sentido metafórico, sino para demostrarnos que nada es es estático en Yona, Princesa del Amanecer. Koka no es lo único que está cambiando.

Lo demuestra al principio, cuando Jae-Ha cuestiona las raíces de sus sentimientos por la princesa. Un cambio que muestra cuan efectivo ha sido el viaje. Pero también sirve como contraste. Porque es esta nueva versión más inocente del dragón verde quien cae presa del nuevo enemigo. Pero también lo hace a través de su escenario. Porque es la región más bella del reino la que más teñida se encuentra por la podredumbre del hombre.

Y volvemos al sentido cíclico, a las metáforas y a los contrastes. Porque es el último punto que queda por visitar en Koka. También el más oscuro — casi como si la autora hubiese introducido este factor poco a poco, de forma progresiva para marcar los tiempos de la obra. Y más allá de eso, Lili, la hija del general del Agua, es la contraparte de Tae-Jun, así como Tetora y Ayura lo son de Heuk-Chi y Kil-Sung. Yona, Princesa del Amanecer se repliega sobre si mismo. No porque lleguemos a su final, sino porque quiere mostrarnos como ha cambiado.

Y así lo hace, pervirtiendo su mundo a un nuevo máximo. Llevándonos a una ciudad consumida por la droga y dominada por el ansía del hombre. Una noche eterna que se cierne sobre la misma, levantando nubes de prostitución, enfermedades y muerte. Pero dentro de ese escenario es Yona quien ejerce de luna, de luz y guía en las tinieblas. El más destacable de los contrastes que introduce su autora en esta nueva entrega y que dibuja de nuevo con esa Yona en forma de bailarina.

Sin embargo, resulta ser esa versión tan bella de Yona la más fuerte. La forma en la que propina esa patada rompe con la magia que se entiende por la figura de la chica como bailarina. Un golpe que recuerda a la fiereza de la misma en su séptima entrega y que sirve para demostrar de nuevo su verdadera fuerza.

«Cómo es que existe… ¿una chica como ella?»

Y es en este punto donde la autora se suelta del todo. Introduce una corriente aún más oscura, con esos hombres sin norte, intentando forzar a las chicas. La droga se convierte en el escenario por completo y Kusanagi lidera cada movimiento con asombrosa precisión, permitiéndose escenas más amplias y especialmente más dinámicas.

Tampoco se queda atrás en el apartado narrativo, haciendo de Lili un espejo de aquella temprana Yona mientras que empodera a esta última, mostrando de nuevo su lado más maternal. Muestra los cambios que ha vivido la obra en si misma a lo largo de un recorrido que parece estar cerca de vivir un nuevo e importante cambio

Yona, Princesa del Amanecer ha abandonado su juego meta narrativo durante las últimas entregas de su manga. Un espacio que antes dedicaba a la Princesa y que ahora abre a todos sus personajes, manteniendo una mayor coherencia y recordando que, pese a ser la protagonista, no es la única muestra importante de sus líneas.

Así, su décimo cuarto volumen se convierte en uno de los más completos en ese sentido. Los cuatro dragones se encargan de protagonizar la portada de un volumen que indica el cierre de un ciclo siguiendo los cuatro puntos cardinales. Pero además lo hacen sobre un escenario repleto de color y mostrando todos parte de su personalidad —como ese Jae-Ha sujetando el paraguas, demostrando que no es solo fachada o Kija, con su particular cara de malestar. Pero por el otro lado, su contraportada se convierte en el punto definitivo de la presentación, mostrando a Yona, el quinto dragón, en un plano totalmente diferente, asegurando su fuerza y capacidad por encima de sus guardianes.

Por último, nos encontramos de nuevo con una portada rústica con sobrecubierta clásica en un formato de 11,5 x 17,5cm y un total de 192 páginas divididas en un total de seis capítulos. De igual forma que en su anterior publicación. El volumen está perfectamente localizado a nuestro idioma cortesía de Sandra Nogués (BRKDoll Studio).

Óscar Martínez

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.