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BIBLIOTECA: YONA, PRINCESA DEL AMANECER #12

Mizuho Kusanagi ha evolucionado mucho a lo largo de su obra. Norma Editorial ha editado ya más de once tomos de la misma. Los cuales hemos leído y analizado hasta ahora, embarcandonos en la aventura de Yona y compañía. Descubriendo sus miedos y temores. Pero también sus sueños.

¡Sigue el viaje de Yona y sus compañeros junto a nosotros!

Mucho ha cambiado ya aquella pequeña princesa que vivía el exilio y el asesinato de su padre como el fin del mundo que la cubría. Pero también ha cambiado mucho para la mano que se encarga de mover los hilos. No solo es que Kusanagi haya logrado una notable mejora en la dirección de su arte —logrando ofrecer una nueva profundidad a ese estilo shojo que ya perfilaba en otras obras como Yoiko no Kokoroe o NG Life— sino que además consigue diseñar nuevos movimientos narrativos que hacen de Yona, Princesa del Amanecer una obra completamente única.

Lo hacia en el tomo anterior, expandiendo sus fronteras hasta el Imperio de Kai y dejando ver que en la obra hay mucho más espacio que el romanticismo o la comedia. Y es que Yona, Princesa del Amanecer #12 es una entrega extremadamente política. No es que sea una novedad, porque la trama inicia con un golpe de estado y Kusanagi cada vez tiene menos reparos en extender una crítica ideológica sobre aquellos que sostienen el poder.

Sin embargo, esta entrega se siente especialmente fuerte en ese sentido. Porque traza un nuevo arco argumental completo y, bajo las sombras de su narrativa, ata cabos con todos los puntos que ya había tocado hasta ahora.

El tiempo que su autora dedica a la estancia del grupo en las tierras del Clan del Fuego sonaba excesiva. Como si estuviese buscando la forma de conectar con lo que estaba por llegar. Incluso así estaba el arco de ‘El Dragón Oscuro y los Alegres Muertos de Hambre’ y el redentorio de Shin-Ah, pero parecía que faltaba algo. Lo mismo que ocurría con la última reunión de Soo-Won en el octavo volumen.

Ahora todo toma sentido y parece que cada pieza encuentra su lugar en el tablero. Se entiende el porqué la extensión del décimo tomo se dedica, casi en exclusiva, a Tae-Jun o porque era necesaria la pequeña parada en el pueblo de Kai.

Porque la política toma fuerza en forma de rebelión. El Clan del Fuego muestra su verdadera cara y marcha con un gran ejército hacia las inmediaciones del Castillo de Hiryu. Algo que Kusanagi justifica con una suerte de egocentrismo religioso, como si quisiera lanzar una crítica a las creencias extremas. No solo demuestra, una vez más, que sabe como dominar los movimientos militares y estratégicos —recordemos que estamos hablando de un manga Shojo— sino que, además, insisto, traza una conexión ineludible con todos los temas tratados anteriormente.

Jun-Tae, el aristócrata cobarde, se muestra ahora como un hombre. Defiende a su país y protege a los aldeanos antes de ser el primero en tomar un caballo y marchar hacia sus tierras. Por otro lado, El Dragón Oscuro y los Alegres Muertos de Hambre’ sirven ahora como justificación para que Yona y los suyos vayan a la guerra de forma anónima para proteger el legado que cae en los hombros de la chica.

Pero no es lo único que ocurre. Porque sirve las veces como enlace con la citada escena de So-Woon. El porqué el nuevo monarca había redirigido al Clan de la Tierra y actuaba de esa forma. Algo que permite, una vez más, quitar esa máscara deshumanizante que portaba en el momento del asesinato del Rey Il y que ya mostraba al encontrarse con Yona en la séptima entrega de la serie.

Incluso Kyo-Ga, el progenitor del Clan del Fuego, tiene su propio espacio. Se le revela como un punto medio entre su hermano y su padre. Lejos de la cobardía de uno; portando el honor que el otro olvida en representación de sus extremas acciones. En general, da la impresión de que Kusanagi gusta de romper máscaras, de mostrar ambas caras de cada persona. Porque el futuro líder del clan del fuego se mueve en unas líneas similares a las de Soo-Won.

Sin embargo, el summit de esta última entrega no es más ni menos que la propia Yona. La chica se ve atrapada entre la espada y la pared y la ansiedad que se vivía en el primer tomo resurge pero con una respuesta mucho más positiva. Casi parece que se trate de una prueba especialmente diseñada para que la princesa demuestre cómo ha cambiado.

Sin embargo, esto trae sus propias connotaciones. Porque ella no es más que un fantasma. Su país ha cambiado. Su mundo ha cambiado a su vez. y quizás la opción más simple sería dar media vuelta y cabalgar en dirección contraria al conflicto. Pero Yona decide seguir adelante. Carga con cada una de sus cicatrices, del encuentro con So-Woon, del baile cargado de pesar y melancolía que representaba un volumen antes.

La chica decide arrojarse al mismísimo abismo para demostrar que ella es la futura reina de Kouka. No solo por el hecho de enfrentar al ejército enemigo desde el más puro anonimato, sino también por la idea de acercarse a la casilla de muerte. A su antiguo hogar.

Con todo, Yona, Princesa del Amanecer #12 no quiere hablar sólo de política y de enfrentamientos militares. Sino que corta en forma de cliffhanger y, como ya es costumbre cuando su autora piensa que es necesario aliviar las tensiones, añade una sección dedicada al humor con su particular dosis de humanismo.

Algo que resume en un capítulo especial y del que no voy a revelar detalles para evitar spoilers, pero que resulta toda una muestra de la ternura que Kusanagi dedica y siente por cada uno de sus personajes en todo momento. Una forma de humanizar e igualar a todos sus actores y actrices, demostrando que todos tienen cicatrices de su pasado.

En líneas generales, Yona, Princesa del Amanecer #12 se plantea como un volumen transitorio. No por ello pierde fuerza y, de hecho, el giro argumental que se representa en el mismo es de los más importantes que ha trazado su narrativa hasta ahora. La espera hasta el siguiente será dura, pero promete llevar a Yona y sus compañeros —a su mundo— a un nuevo nivel.

Yona, Princesa del Amanecer #12 firma la apuesta por un nuevo modelo de presentaciones. Ya lo hacía en su anterior entrega pero esta sirve como confirmación de la evolución de la autora en este sentido. Porque, aunque en la anterior portada la chica se encontraba sola, se entendía que estaba arropada por las ropas de Hak y So-Woon, estableciendo así el triángulo moral/romántico que mueve los ejes emocionales de la obra.

Sin embargo, esta vez tenemos a una Yona combativa. La chica sujeta la espada con delicadeza, apostando por la que, a nivel personal, reconozco como la más visual y bella de toda su plantel. No obstante, se entiende que es una belleza mortal, la idea de todo lo que he pasado la chica hasta este punto. Su vestido, en tonos apacibles y remarcado con elementos florales, también juega en el terreno de la simbología. Porque representa, de nuevo, el cambio de la chica entre esta y la última vez vistió de forma ceremonial. Algo que cierra con una mirada perdida, impasiva, casi como una declaración.

Por último, nos encontramos de nuevo con una portada rústica con sobrecubierta clásica en un formato de 11,5 x 17,5cm y un total de 192 páginas divididas en un total de seis capítulos. De igual forma que en su anterior publicación. El volumen está perfectamente localizado a nuestro idioma cortesía de Sandra Nogués (BRKDoll Studio).

Óscar Martínez

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.