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Mizuho Kusanagi reinventa la demografía shojo. Podríamos pararnos a hablar de otras autoras que hacen mucho por ello —ahí tenemos a Masami Tsuda o Ichigo Takano, sin necesidad de irnos muy lejos—, pero incluso así, creo que Kusanagi lo hace desde otro punto. Uno mucho más poderoso. Norma Editorial nos invita a una visión diferente del género a través de Yona, Princesa del Amanecer.

¡Sigue el viaje de Yona y sus compañeros junto a nosotros!

No es solo que empodere el papel de la mujer. Que hable de cómo Yona pasa de protegida a protectora. Sino que, además, la obra pasa por una serie de puntos que la ensalzan y nos demuestran que las ideas preconcebidas de la demografía pueden romperse. Porque la idea de que la chica luche por recuperar su lugar en el mundo es una que casi se puede extrapolar y romper la cuarta pared para dirigir el transcurso de este estilo.

Precisamente, Yona, Princesa del Amanecer #10 es un claro ejemplo de esta reflexión. No es la primera vez que lo menciono y no me cansaré de decir que su séptimo tomo es toda una revolución. Pero este caso, este volumen, me parece el mayor acto de ironía narrativa que haya visto nunca. Porque la autora nos prometía en su anterior entrega —una que sabe cómo mezclar pausas con una dirección increíble de la escasa acción que necesita— volver a unas pautas más rápidas. No solo no lo hace, sino que las reduce a su mínimo exponente. Pero lo borda.

Hablaremos de ello más adelante, pero Mizuho Kusanagi nos deja entrever la jugada. Primero con el final de su noveno volumen y, luego, a través de la portada de este décimo, donde aparece Tae-Joon como principal invitado. Porque no hay más secreto que este, que el joven hijo del general de la Tribu del Fuego es el principal protagonista de un tomo, en toda su extensión. Un juego que de primeras puede sonar retorcido —especialmente, recordemos, con esa promesa de volver a los tempos anteriores— pero que imita al espacio designado a Soo-Won en su octava entrega para escenificar una clara evolución de esta vista en tercera persona que no pretende más que ahondar en el papel del enemigo.

La forma más simple de referirse a ello sería hablar de un cambio de perspectiva. Pero va más allá. Es una transfiguración enorme donde la autora pretende ponernos en la piel del soldado para hacernos ver y hacerle ver a él. Quizás no sea una herramienta narrativa revolucionaria, pero consigue dominarla para hacer del paso por Tae-Joon mucho más que un hiatus en el viaje de Yona y compañía.

La introspección toma forma desde el amor. Desde la obsesión. La obra observa al hombre de una forma despectiva. Hijo de un déspota, ciego ante el mundo que le rodea. Una persona obsesionada con un amor que, al menos por lo que vimos en los primeros tomos, no va más allá de la apariencia. Sin embargo los primeros compases tratan de humanizarlo. La idea de que busque a Yona tras creerla muerta —a sus manos— es una de redención.

Algo para lo que Kusanagi trabaja, como no podría ser de otra forma, con un arte particular. Porque es un inicio extremadamente cómico. La forma en la que se representa el encuentro con “Los Alegres Muertos de Hambre” es en esencia cómica. Un espacio donde la autora se ve capaz de explorar nuevas formas de movimiento y donde experimenta con las expresiones faciales que van más allá de esas normas invisibles que parecen delimitarse a través de cada demografía.

Tae-Joon representa así una dualidad. Es casi como una comparación propia que Kusanagi traza entorno a lo que presentaba en el primer volumen. Las expresiones rotas de Yona, las cómicas del hombre. La huida de ella, frente al acto heroico de él. Uno que surge del error. Porque no solo nos lo presenta como una persona ciega ante los factores morales sino que además es increíblemente torpe. Pero precisamente de su torpeza surge la idea de redimirse, de salvar a la princesa y sentirse mejor persona.

«¿Se consideraría traición que quisiera que la princesa siguiese con vida?»

El dilema ético que se propone en este inicio no es más que un contrapeso que no pretende sino elevar a Yona. Porque no solo hay un cambio de perspectiva, también hay un cambio de papeles. Tae-Joon se convierte en esa Yona frágil e indefensa; tiene que descubrir el mundo que le rodea, entender las injsuticias que se sufren en el país que gobierna. El cambio de la princesa sirve de guía espiritual para ello y nos muestra una nueva forma de tratar las relaciones románticas. De como no siempre tienen que ser un juego de reciprocidad, de pedidas e inseguridades.

Yona, Princesa del Amanecer #10 utiliza este elemento como algo redentor. Eleva a Tae-Joon convirtiéndolo en mejor persona. Pero también lo hace con Yona. Lo usa como bastón para explorar ese papel que ya ha salido a colación otras veces: el de la Yona maternal. Porque la chica acoge a su antes rival y le enseña. Le toma de la mano y le muestra el mundo que ella quiere crear y él, a través de esa enseñanza, consigue encontrar un camino por el que caminar. Una forma de sentirse completo.

Las expresiones cambian una vez más. La determinación, el miedo, la vergüenza surgen una y otra vez a lo largo del volumen. Una muestra de como puede desenvolverse sin necesidad de apelar a la acción. Siquiera a las grandes escenas. Solo con pequeños detalles. Con el cambio de Tae-Joon y las enseñanzas morales que propone.

«Me alegro de haber llegado a conocer a la persona que eres ahora… de verdad»

Es un juego simple, sin duda. Pero es terriblemente emocional. Porque consigue lidiar con esa falta de ritmo narrativo sin hacer grandes esfuerzos y el resultado es un trabajo increíblemente natural y que surge con fluidez.

El volumen cierra con una promesa. No hay más que silencio y esta vez Kusanagi no se pronuncia, pero es fácil leerlo entre líneas. Juega el papel de la muerte, la idea que el tiempo corre. Tae-Joon entiende la dicotomía entre el honor y la vida, pero cuando quiere hacer algo al respeto resulta ser muy tarde. «”Algún día” es demasiado tarde». Es una cita dolorosa pero que debe doler. Un golpe capaz de recordar que un pequeño acto no sirve para cambiar el transcurso de una nación arrasada por las decisiones de los poderosos.

Un nuevo viaje aguarda tras esta larga espera. Pero es imposible pensar que no ha sido merecida. El cambio de papeles no solo ha servido para entregar a un mejor Tae-Joon. También para demostrar que Yona es aquello con lo que el reino sueña, una soberana que no solo es capaz de gobernar con justicia, sino que también es capaz de enseñar a personas que crean como ella.

Yona, Princesa del Amanecer #10 estructura su mismo juego tanto en lo narrativo como en en lo estético. No solo mantiene esa regla que se había extendido a lo largo de los volumenes anteriores —donde siempre aparecer Yona junto a uno de los dragones— sino que aprovecha el juego narrativo del que hace gala en esta entrega y la aplica también a su portada.

El hecho de que aparezca Tae-Joon con ella, ofreciendo un ramo de flores, va más allá de la simple metáfora. Esta vez la autora ilustra la situación que se vive en la historia que ilustra y escenifica a ambos personajes de forma natural, pero también más humanos que nunca. Incluso sensibles. Casi una representación del cambio que viven. Una muestra que se desentiende de lo mostrado hasta ahora, representando así, quizás, el volumen más sincero que hayamos visto.

Por último, nos encontramos de nuevo con una portada rústica con sobrecubierta clásica en un formato de 11,5 x 17,5cm y un total de 192 páginas divididas en un total de seis capítulos. De igual forma que en su anterior publicación. El volumen está perfectamente localizado a nuestro idioma cortesía de Sandra Nogués (BRKDoll Studio).

Óscar Martínez

Banner inferior Norma Editorial octubre y noviembre - El Palomitrón

1 Comentario

  1. La obra de Mizuho Kusanagi se vio afectada en su continuidad debido al terremoto que hubo en la ciudad donde reside la autora. Me imagino que el comentario que ella hace con respecto al “parón” ha de estar relacionado a este evento, más que a la historia misma.
    Me gustan mucho tus artículos, no he podido parar de leerlos cuando encontré el primero por azar. Lo que más me suele agradar es el análisis que haces a las portadas, disfruté mucho cómo te detuviste en cada dibujo de los primeros tomos, algo que llegué a extrañar en tus artículos subsecuentes.
    Estaré a la espera de tus demás reseñas ^_^ .

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